Simón Bolívar y su calidad masónica

Hace unos tres años decidí investigar la pertenencia de Bolívar a la Masonería. Desde mis primeros pasos, escuché todas las leyendas sobre el Libertador, y en una estadía en Buenos Aires adquirí algunos libros que los utilizo como base para esta nota.

Simón es un personaje bastante singular, adelantado a su época, junto con los otros padres de la emancipación americana, pretendieron una sola América, principio tibio y un tanto mediocre que están realizando hoy nuestros políticos, pero en fin, el inicio de aquel sueño.

Tomo como punto de partida, el relato de uno los importantes biógrafos del Libertador, Jules Manzini, quien afirma que se inició en Cádiz en la logia mirandista Lautaro. Sobre esta base se abordarán las pesquisas.

Las logias mirandistas eran aquellas fundadas por el hermano Sebastián Francisco de Miranda Rodríguez, el verdadero precursor de la Independencia Americana, aquel hombre que le dio a Colombia el nombre del país, combatiente de un montón de batallas ganadas o perdidas, formó parte del contingente de hermanos franceses que lucharon al lado de los filadelfos de Franklin en la gesta emancipadora de Estados Unidos. Ese hombre universal, cuyo nombre figura en el Arco del Triunfo en París, soñador, libertario, incansable luchador, combativo, culto, intrigante y maquinador, fue realmente un masón creador de logias e instigador de sociedades secretas que conspiraban en pro de la libertad de América.

Iniciación
Luego de la muerte de su esposa, Maria Teresa del Toro, ocurrida a comienzos de 1.803, Simón José Antonio se encuentra en un gran estado de abatimiento "rayano en la desesperación". Buscando salidas a su situación interior, viaja a España. Se dice que en Cádiz, en la logia gaditana Lautaro, es reconocido, admitido y proclamado como aprendiz masón.

Aunque se insiste en que su iniciación se efectuó en 1.803, el Libertador no llegó a esta ciudad sino hasta diciembre de ese año, lo que hubiera obligado a golpear a las puertas de la Orden y a ser admitido en un lapso muy corto. Pero además, no había llegado a la mayoría de edad (debemos recordar la fecha de su nacimiento: 24 de julio de 1.783), lo que dificultaría aún más su recepción en los Templos en ese año. Igual dificultad enfrentamos con quienes afirman que su ingreso a la Orden no ocurrió sino hacia febrero de 1.804.

En tal razón, su Iniciación debió haber ocurrido luego del 24 de Julio de 1.804. Veremos más adelante que el año de 1.805 resulta más verosímil.

Por otra parte, se ha llegado a decir que Simón José Antonio fue iniciado no en la logia Lautaro, sino en una logia llamada Londres # 5 en 1.806, dato que resulta muy discutible sobre todo si tiene en cuenta que uno de los pocos documentos, claros y veraces, que se tiene de las actividades masónicas de Bolívar, el Trazado de su aumento de Salario fechado el 11 del mes 11 del año 1805.

Existirían unos argumentos un tanto peregrinos a favor de la fecha de 1.806, basados sobre todo en los calendarios masónicos versus los de la era vulgar, ya que el año masónico 1.805 inició el 24 de junio y terminó el 23 de junio de 1.806. No discutiré el tema ya que no tengo las bases suficientemente sólidas para considerar lo de la Logia Londres # 5.

Veamos entonces lo referente a la opinión más extendida, es decir su iniciación en 1.803. Para ello deberíamos aceptar la aseveración de Saurat, en el sentido que antes del segundo viaje a Europa, el Libertador ya se había puesto en contacto en Caracas con representantes de Miranda para buscar su iniciación a los pocos días de su llegada a Cádiz, ciudad a la que arribó en diciembre de ese año; ¿Qué tan posible es esto?

A falta de documentación, doy el paso a las condiciones psicológicas del Libertador. A su llegada a España se encuentra muy deprimido por su viudez. Un duelo de estas características impide o al menos dificulta la vinculación de una persona con actividades relacionadas con lo intelectual, debido a la fijación del pensamiento en el sujeto perdido, máxime si la persona se solaza en su tristeza como ocurrió con Bolívar. El afirma, recordando ese momento de su vida: "la pena de amor es un tormento, pero un tormento delicioso".

Bajo esas condiciones, con el conflicto de atracción hacia su sujeto perdido y al mismo tiempo repulsión frente a su pérdida que lo lleva ambivalentemente a dejar su casa en San Mateo, en donde vivió su idilio y su pérdida y al mismo tiempo a ir al encuentro de su suegro para llorar juntos, el pensamiento se encontraría fijado en su Maria Teresa, con dificultad para fijar su libido en nuevos sujetos cargados emocionalmente, como son por ejemplo, una iniciación. De modo que existe un determinante psíquico que creo difícilmente le permitiría acercarse a la Orden.

Ahora bien, luego de su salida de España, llega a París a comienzos de mayo de 1.804, ciudad en la que aparece una franca defensa maníaca orientada hacia el manejo de su tristeza: buena vida, baile, juego, juerga, mujeres, teatro, palco propio en la ópera, gastos excesivos de dinero, compra de caballos y de carruaje, sosteniendo públicamente una bailarina, cambio de pasión erótica cada 15 días, preocupación por la moda al punto de haber puesto en boga en París el sombrero “bolívar”; estas demandas narcisistas cuya satisfacción debía ser inmediata, esta presión instintiva, esta "borrachera dionisiaca" no es ciertamente el estado anímico más propicio para entregarse a una iniciación, ¿o si?.

Se podría argumentar que era un hipomaniaco y que tales personas se caracterizan por su hiperactividad física y mental teniendo la posibilidad de vincularse a múltiples acciones al mismo tiempo, pero personalmente creo que Simón José Antonio, esta aparente hipomanía se relaciona mejor con un trastorno fronterizo de la personalidad, más que con una enfermedad afectiva.

En todo caso, luego de algunos meses, su defensa se rompe y reaparece la tristeza que le lleva a un cambio en su estilo de vida, a buscar algo concreto de que asirse, algo que le brindara esperanzas y este algo llegó bastante entrado el año de 1.804 en la persona que le ofreció un punto de amarre durante su adolescencia, sin el cual no se hubiera sostenido. El mismo Libertador lo llama "el Sócrates de Caracas, un amigo mío que adoro", en su maestro Simón Rodríguez, quien era masón.

Al día siguiente del encuentro con Rodríguez, Simón José Antonio abandona su lujoso apartamento parisino y se instala en otro más modesto, en compañía de su querido maestro. A partir de este momento se presenta un cambio cualitativo en el Libertador, renaciendo su interés por Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Spinoza y los Enciclopedistas, entre otros.

Ya su estado anímico es más receptivo para una búsqueda masónica y creo yo, que estaban dadas las condiciones de edad y juicio interior para recibir las influencias del pensamiento masónico de su mentor y de buscar su admisión en la Orden.

Aumento de Salario
Ahora bien, Simón José Antonio llegó a París en la primavera de 1.804 y allí, a los 22 años de edad recibió su Aumento de Salario al grado de Compañero en la muy respetable madre logia de San Alejandro de Escocia, que se reunía el primer y tercer miércoles de cada mes. Todo indica que fue el día 11 de noviembre de 1.805, según un trazado original que conservaba el Supremo Consejo del Grado 33 para Venezuela, cuyos certificados de autenticidad pueden ser encontrados en el texto de Carnicelli.

Es una lástima que ese documento con la firma autógrafa del Libertador haya desaparecido por acción del fuego durante un incendio en 1.990. Sin embargo, existen copias como las que reposan en las Fundaciones John Boulton y Nectario María.

El Trazado está en francés y su traducción es la siguiente: "A la gloria del Gran Arquitecto del Universo, el 11 de noviembre de 1805 los trabajos de Compañero han sido abiertos al Este por el respetable hermano de Latour d'Auvergne, alumbrando el Oeste y el Sur por los respetables hermanos Thory y Potu: la lectura de la última plancha trazada ha sido hecha y aprobada, el Venerable ha propuesto que se eleve al grado de Compañero al hermano Bolívar recientemente iniciado a causa de un próximo viaje que está a punto de emprender. El parecer de los hermanos habiendo sido unánime para su admisión y el escrutinio favorable. El hermano Bolívar fue introducido en el Templo y después de las formalidades necesarias ha prestado a los pies del Trono la obligación usual; fue colocado entre los dos Vigilantes habiendo sido proclamado caballero Compañero masón de la respetable madre logia escocesa de San Alejandro de Escocia. Este trabajo ha sido coronado por un triple hurra y el hermano, después de haber dado las gracias, ha ocupado su lugar a la cabeza de la Columna del Mediodía. Los trabajos se han cerrado del modo acostumbrado".

Exaltación
Sobre la exaltación de Simón José Antonio al sublime grado de Maestro se tienen pocos documentos fidedignos.

Mientras se encontraba en Bucaramanga, en mayo y junio de 1.828, esperando los resultados de la convención de Ocaña, Bolívar le cuenta a su edecán, Perú de Lacroix, Grado 33, que había sido exaltado en París, dato confirmado por Edgar Perramón, historiador de la Gran Logia de Venezuela.

El nombre de Bolívar figura en los documentos de la logia San Alejandro de Escocia, de último en la Columna de Maestros, en un documento editado por esta Logia en diciembre de 1.805, lo que podría significar que le fue conferido el Grado en esta Logia al poco tiempo de su aumento de Salario. Pero no debemos olvidar el problema de las fechas masónicas y profanas ya esbozado.
Desconocemos la fecha exacta y la Logia en la que se realizó su exaltación. Se dice que fue en agosto de 1.806, pero no hay pruebas de ello.

Para otros, el Grado le fue conferido durante la misión a Londres en 1.810 en la logia mirandista La Gran Reunión Americana, pero van en contravía de las palabras del Libertador. Si ello hubiera sido así, debió ocurrir en algún momento entre el 10 de julio y el 21 de setiembre, fechas de llegada y partida de Inglaterra. Efectivamente, Bolívar conoció allí a Miranda y fue introducido a su grupo de amigos curiosamente durante un té que este ofreció en homenaje al Libertador.

Luego de su regreso a Venezuela, ingresó a La Sociedad Patriótica que era la parte visible de la masónica caraqueña, por lo que se podría pensar que estaba afiliado a alguna Logia. Debe anotarse que la Masonería Venezolana había comenzado en 1.808, con la logia San Juan de la Margarita, en la Isla Margarita viéndose reforzada en 1.810 con el triángulo masónico de Barcelona.

Altos grados
En el museo masónico de New York se encuentra el mandil y el collarín de Bolívar correspondientes a su Grado 32.

Se dice que fue investido en Caracas con el Grado 33 de manos de José Cerneau, Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del Hemisferio Occidental de New York, el 21 de abril de 1.824, figurando su nombre en la lista nominal que reposa en el Archivo General de la nación en Caracas.

Sin embargo, que haya sido investido por Cerneau es imposible, ya que para esa fecha, como se encuentra perfectamente documentado, Bolívar se encontraba en el Perú, específicamente en la ciudad de Jauja.

Ante esto, se ha mencionado que recibió su alta investidura en el Perú de manos del general de brigada, el puertorriqueño Antonio Valero de
Bernabé, pero el problema con esta afirmación es que el mencionado hermano, afiliado a la logia Fraternidad Bogotana # 1 y luego visitador de la logia Filantropía Bogotana # 16, tenía tan solo Grado 32, habiendo recibido el Grado 33 definitivamente con posterioridad a 1.843.

Efectivamente, Valero fundó varias logias en el Perú y a comienzos de 1.825 levanta columnas de la única logia militar ambulante que existió en el ejército del Libertador, la Unión Auxiliar. Es más, el Libertador teniendo problemas con él, lo saca del Perú y se queja del general ante el hermano Santander. "Últimamente ha dejado establecidas unas cuantas logias que no dejan de dar qué hacer".

Así las cosas, queda desvirtuada la versión que el realmente ilustre Valero hubiera conferido el Grado 33 al Libertador.

¿En ese caso no sería más probable que el Grado 33 se lo hubiera conferido su edecán Luís Perú de Lacroix, que como se mencionó, pudiera haber sido representante de algún Supremo Consejo?

No habiendo por el momento otros datos que aportar, con muchos puntos aun por resolver, queda por lo menos establecido que Simón José Antonio de la Santísima Trinidad si fue francmasón.

Christian Gadea Saguier
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Domingo Faustino Sarmiento, masón, estadista y educador

La pertenencia de Domingo Faustino Sarmiento a la Masonería es un dato reconocido y difundido por él mismo. Le recordamos esta semana porque el 11 de setiembre de 1888 fallecía en Paraguay, tal vez, una de las mentes más brillantes de la época.

Sarmiento pensaba que el gran problema de
la Argentina era el atraso que él sintetizaba con la frase "civilización y barbarie". Como muchos pensadores de su época, entendía que la civilización se identificaba con la ciudad, con lo urbano, lo que estaba en contacto con lo europeo, o sea, lo que para ellos era el progreso. La barbarie, por el contrario, era el campo, lo rural, el atraso, el indio y el gaucho.

Este dilema, según él, solo podía resolverse por el triunfo de la "civilización" sobre la "barbarie". Decía "Quisiéramos apartar de toda cuestión social americana a los salvajes por quienes sentimos sin poderlo remediar, una invencible repugnancia".


En una carta le aconsejaba a Mitre: "no trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos esos salvajes."


Lamentablemente el progreso no llegó para todos y muchos "salvajes y bárbaros" pagaron con su vida o su libertad el "delito" de haber nacido indios o de ser gauchos y no tener un empleo fijo.


Iniciado en Chile en 1854 en
la Logia Unión Fraternal de Valparaíso, fue uno de los fundadores y primer Orador de la Logia Unión del Plata Nº 1 de Buenos Aires en 1856.

Cuatro años después, en julio de 1860 tuvo lugar, en el segundo piso del antiguo Teatro Colón de Argentina, una magna Tenida Nacional. En ese encuentro se le otorgó el Grado 33, máximo del Rito Escocés Antiguo y Aceptado (REAA) junto a sus allegados Mitre, Derqui y Urquiza.


La intensión principal de este encuentro era llegar a un acuerdo entre Buenos Aires y
la Confederación que hasta el momento venían disputándose el poder en la Argentina. La Tenida fue organizada por los miembros del Gran Oriente Argentino, presidido en ese entonces por José Roque Pérez.

En 1862 su hermano Bartolomé Mitre, fundador del diario
La Nación, asumió la presidencia de la Argentina y se propuso unificar al país. En estas circunstancias Sarmiento asumió la gobernación de San Juan, ciudad donde había nacido. A poco de asumir dictó una Ley Orgánica de Educación Pública que imponía la enseñanza primaria obligatoria y creaba escuelas para los diferentes niveles de educación, entre ellas, una con capacidad para mil alumnos, el Colegio Preparatorio, más tarde llamado Colegio Nacional de San Juan, y la Escuela de Señoritas, destinada a la formación de maestras.

En sólo dos años Sarmiento cambió la fisonomía de su provincia. Abrió caminos, ensanchó calles, construyó nuevos edificios públicos, hospitales, fomentó la agricultura y apoyó la fundación de empresas mineras. Y como para no aburrirse, volvió a editar el diario "El Zonda".


En 1863 se produjo en la zona el levantamiento del Chacho Peñaloza y Sarmiento decretó el Estado de Sitio y como coronel que era, asumió personalmente la guerra contra el caudillo riojano hasta derrotarlo. El ministro del interior de Mitre, Guillermo Rawson criticó la actitud de Sarmiento de decretar el estado de sitio por considerar que era una decisión exclusiva del Poder Ejecutivo nacional. Sarmiento, según su estilo, renunció. Corría el año 1864.


En ese año, a pedido del Presidente Mitre, viajó a los Estados Unidos como ministro plenipotenciario de
la Argentina. También fue como representante de la Gran Logia y el Supremo Consejo Grado 33 de la Argentina.

Sarmiento llegó a Nueva York en mayo de 1865. Acababa de asumir la presidencia Andrew Johnson en reemplazo de Abraham Lincoln, asesinado por un fanático racista. Contactó con el presidente de
la Unión quien le regaló un distintivo masónico.

Sarmiento quedó muy impresionado con la vida de Lincoln y escribió "Vida de Lincoln". Frecuentó los círculos académicos norteamericanos y fue distinguido con los doctorados "Honoris Causa" de las Universidades de Michigan y Brown.


Mientras Sarmiento seguía en los Estados Unidos, se aproximaban las elecciones y un grupo de políticos le postuló para la candidatura presidencial. Los comicios se realizaron en abril de 1868 y el 16 de Agosto, mientras estaba de viaje hacia Buenos Aires, el Congreso lo consagró Presidente de los argentinos. Asumió el 12 de octubre de ese año.


Poco antes de asumir
la Presidencia de la República aprovechó la ocasión brindada en un banquete, organizado por los masones de Buenos Aires con motivo de haber sido electo Presidente de la República, para pronunciar su conocido discurso de 1868 en el que luego de ponderar las virtudes de la Orden, termina anunciando su separación provisoria de las prácticas de la institución mientras desempeñe el alto cargo republicano.

No debe interpretarse que en tal ocasión renuncia a su condición de masón, sólo decide "dormirse" hasta cumplir su período al frente del Ejecutivo por lo que cree una cuestión de incompatibilidad: "Un hombre público no lleva al gobierno sus propias y privadas convicciones para hacerlas ley y regla del Estado".


Termina su disertación afirmando que apenas baje de dicho puesto volverá a tomar su lugar de trabajo en la masonería. Cumplido su mandato presidencial Sarmiento volvió a la institución y en 1882 fue electo Gran Maestro de
la Masonería Argentina por el periodo 1882-1885, teniendo como pro-Gran Maestro a Leandro A. Alem.

Cuando Sarmiento asumió la Presidencia todavía se combatía en el Paraguay (la guerra de 1865-70). La guerra iba a llevarse la vida de su querido hijo Dominguito. Sarmiento ya no volvería a ser el mismo, un profundo dolor lo acompañaría hasta su muerte.

Durante su presidencia siguió impulsando la educación, fundando en todo el país unas 800 escuelas y los institutos militares (Liceo Naval y Colegio Militar).


Sarmiento había aprendido en los EEUU la importancia de las comunicaciones en un país extenso como el argentino. Durante su gobierno se tendieron
5.000 kilómetros de cables telegráficos y en 1874, poco antes de dejar la presidencia pudo inaugurar la primera línea telegráfica con Europa.

Modernizó el correo y se preocupó particularmente por la extensión de las líneas férreas. Pensaba que, como en los EEUU, el tren debía ser el principal impulsor del mercado interno, uniendo a las distintas regiones entre sí y fomentando el comercio nacional.


Pero estos no eran los planes de las compañías británicas inglesas, cuyo único interés era traer los productos del interior al puerto de Buenos Aires para poder exportarlos a Londres. En lugar de un modelo ferroviario en forma de telaraña, o sea interconectado, se construyó uno en forma de abanico, sin conexiones entre las regiones y dirigido al puerto.


Este es un claro ejemplo de las limitaciones que tenían los gobernantes argentinos frente a las imposiciones del capital inglés. La red ferroviaria paso de
573 kilómetros a 1.331 al final de su presidencia.

En 1869 se concretó el primer censo nacional. Los argentinos eran por entonces 1.836.490, de los cuales el 31% habitaba en la provincia de Buenos Aires y el 71% era analfabeto. Según el censo, el 5% eran indígenas y el 8% europeos. El 75% de las familias vivía en la pobreza, en ranchos de barro y paja. Los profesionales sólo representaban el 1% de la población. La población era escasa, estaba mal educada y como la riqueza estaba mal distribuida.


Sarmiento fomentó la llegada al país de inmigrantes ingleses y de
la Europa del Norte y desalentó la de los de la Europa del Sur. Pensaba que la llegada de sajones fomentaría en el país el desarrollo industrial y la cultura. En realidad los sajones preferían emigrar hacia los EEUU donde había puestos de trabajo en las industrias. La Argentina de entonces era un país rural que sólo podía convocar, lógicamente a campesinos sin tierras. Y, para tristeza de Sarmiento, la mayoría de los inmigrantes, serán campesinos italianos, españoles, rusos y franceses.

Entre las múltiples obras de Sarmiento hay que mencionar la organización de la contaduría nacional y el Boletín Oficial que permitieron a la población en general, conocer las cuentas oficiales y los actos de gobierno. Creó el primer servicio de tranvías a caballo, diseñó los Jardines Zoológico y Botánico. Al terminar su presidencia 100.000 niños cursaban la escuela primaria.


Al finalizar su mandato en 1874 apoyó la candidatura del tucumano Nicolás Avellaneda. Se retiró de la presidencia pero no de la política. En 1875 asumió el cargo de Director General de Escuelas de
la Provincia de Buenos Aires y continuó ejerciendo el periodismo desde "La Tribuna". Poco después fue electo senador por San Juan.

En 1879 asumió como ministro del Interior de Avellaneda, pero por diferencias políticas con el gobernador de Buenos Aires, Carlos Tejedor, renunció al mes de haber asumido.


Durante la presidencia de Roca ejerció el cargo de Superintendente General de Escuelas del Consejo Nacional de Educación. En la época en que Sarmiento fomentaba la educación popular, el índice de analfabetos era altísimo. En el campo había muy pocas escuelas porque la mayoría de los estancieros no tenían ningún interés en que los peones y sus hijos dejaran de ser ignorantes. Cuanta menos educación tuvieran más fácil sería explotarlos.


Pero Sarmiento trataba de hacerles entender que una educación dirigida según las ideas y los valores de los sectores dominantes, lejos de poner en peligro sus intereses, los reproducía y confirmaba. "Para tener paz en
la República Argentina, para que los montoneros no se levanten, para que no haya vagos, es necesario educar al pueblo en la verdadera democracia, enseñarles a todos lo mismo, para que todos sean iguales, para eso necesitamos hacer de toda la República una escuela".

De todas formas, le costó muchísimo convencer a los poderosos de que les convenía la educación popular y recién en 1882, logró la sanción de su viejo proyecto de Ley de educación gratuita, laica y obligatoria, que llevará el número 1420.


El cargo de Gran Maestro de
la Masonería Argentina lo asume el 5 de mayo de 1882, luego de ejercer en 1881 la superintendencia de Consejo Escolar, trabándose en ruidosas polémicas con el resto de sus miembros que respondían a la línea conservadora católica del entonces ministro de Instrucción Pública, Culto y Justicia, Manuel D. Pizarro.

Siendo arbitrariamente destituido de dicho cargo por el Presidente Roca, se encuentra al frente de la redacción de “El Nacional”, desde donde da una doble y dura pelea contra el roquismo, por un lado, denunciando su maniobra de concentración de todo el poder en sus manos y por otro, en pro de la implantación de educación común laica, en réplica constante contra el sector ultramontano militante que tiene su órgano de prensa combativa en “
La Unión”.

Su período de Gran Maestre debería haber durado hasta 1885, sin embargo, en setiembre de 1883 renuncia al mismo, siendo reemplazado por el Pro Gran Maestre -a la vez que amigo, discípulo político y compañero de causa en la lucha contra el régimen y a favor de la enseñanza laica-, Dr. Leandro N. Alem.


Su renuncia al cargo se inicia con la contestación pública que Sarmiento da al Presidente del Club Liberal, quien a través de la prensa lo había convocado como Gran Maestre de
la Masonería a participar en la Manifestación que se estaba preparando para el 16 de setiembre de 1883 en pro de la enseñanza laica, pidiéndole a su vez que oficiase de intermediario para que concurriesen a ella las logias de su obediencia.

Lo cierto es que el sanjuanino al asumir el cargo en el seno de los "hermanos", al pronunciar un discurso masónico que es una pieza oratoria brillante, había ordenado y mandado reiteradamente que guardaran el más estricto silencio sobre la investidura que acababa de asumir.


Era obvio, que siendo su meta central colaborar a la sanción de la ley de educación común laica, la trascendencia de su cargo de director de
la Masonería, institución a la que los clericales pretendían presentar como la mano tenebrosa que alentaba ocultamente una supuesta campaña contra el catolicismo, le hubiera brindado a tales adversarios un poderoso argumento para descalificar la luminosa e incontrastable prédica de Sarmiento agitando los prejuicios de la época contra la Orden.

Por eso no duda en responderle al Club Liberal a través de las columnas de “El Nacional” que agradecía la invitación pero se disculpaba por no poder aceptarla, rechazando tanto el tratamiento que se le da en ella -el de Gran Maestre- como el pedido de invitación a las Logias, no sólo por hallarse desligado de ellas sino además porque sus mismos estatutos les impedían actuar corporativamente en tales asuntos.


Y con clarividencia meridiana pone al descubierto el accionar roquista tendiente a generar conflictos artificiales: "Pesaría una inmensa responsabilidad sobre el que se encargue de poner en cuestiones políticas y religiosas masones contra iglesias, extranjeros en este carácter contra argentinos o nacionales".


Esta contestación despierta fuertes censuras de los masones contra él y el Supremo Consejo Grado 33 y Gran Oriente de
la Argentina. Reunido en asamblea debe tratar el caso en sucesivas y agitadas jornadas, donde las opiniones no son uniformes. El pleito en el seno de la masonería se trasunta en algunos casos deformadamente en los diarios de la época, particularmente en “La Prensa”, revelando la obvia infidencia de algún infiltrado en aquellas reuniones secretas, tal como se hace notar en el mismo Libro de Actas de las mismas.

En verdad, la mayoría de los hermanos masones desconoce el trasfondo político que sustenta la actitud de Sarmiento, quien había penetrado con su aguda mente el meollo de la estrategia roquista y quería salvar a la masonería de caer en sus redes. Por eso brega denodadamente por que no se confundiera la sincera adhesión a una legislación liberal con el apoyo a un sistema de gobierno que desquiciaba las instituciones democráticas conquistadas en Caseros, en el que una clase dirigente sin principios utilizaba arbitrariamente el poder recurriendo al fraude y la intimidación, malversaba los fondos públicos y derrochaba la tierra, sembrando entre los ciudadanos "una desmoralización sin esperanza que destroza la vida nacional", según denunciaba Sarmiento, quien no dudaba en traducir el lema del Presidente: "paz y administración" en su verdadero significado "rémington y empréstitos".


Ante las severas críticas que recibió por algunos miembros de
la Orden, que violaban la obediencia que se le debía por su alta investidura, el 5 de octubre de 1883 Sarmiento renuncia a la Gran Maestría, consciente de que nadie podía cuestionar su actitud ejemplar de masón.

Una de sus últimas actuaciones públicas data de 1885. El presidente Roca prohibió a los militares emitir opiniones políticas. Sarmiento, que no podía estar sin expresar su pensamiento, decidió pedir la baja del ejército, y opinar libremente a través de las páginas de su diario "El Censor".


En el invierno de 1888 se trasladó al clima cálido del Paraguay junto a Aurelia Vélez, la hija de Dalmacio Vélez Sarsfiled, autor del Código Civil. Aurelia fue la compañera de Sarmiento durante los últimos años de su vida. Murió el 11 de septiembre de ese año, en Paraguay, como su hijo Dominguito.


Pocos años antes había dejado escrito una especie de testamento político: "Nacido en la pobreza, criado en la lucha por la existencia, más que mía de mi patria, endurecido a todas las fatigas, acometiendo todo lo que creí bueno, y coronada la perseverancia con el éxito, he recorrido todo lo que hay de civilizado en la tierra y toda la escala de los honores humanos, en la modesta proporción de mi país y de mi tiempo; he sido favorecido con la estimación de muchos de los grandes hombres de
la Tierra; he escrito algo bueno entre mucho indiferente; y sin fortuna que nunca codicié, porque era bagaje pesado para la incesante pugna, espero una buena muerte corporal, pues la que me vendrá en política es la que yo esperé y no deseé mejor que dejar por herencia millones en mejores condiciones intelectuales, tranquilizado nuestro país, aseguradas las instituciones y surcado de vías férreas el territorio, como cubierto de vapores los ríos, para que todos participen del festín de la vida, de que yo gocé sólo a hurtadillas".

¡Chapeau querido hermano!


Christian Gadea Saguier

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La masonería y la independencia del Brasil

En estos días se conmemoró el grito “independencia o muerte” formulada por Pedro I en 1822. La historia de la independencia de este país está íntimamente ligada a la fundación del Gran Oriente del Brasil, obediencia madre de la masonería brasileña.

A pesar de la falta de material documental existente y la disponibilidad de algunos libros, poco se ha publicado sobre el papel importante, decisivo e histórico que la masonería, como institución, tuvo en los actos que precipitaron en la proclamación de la independencia política brasileña.

El objetivo principal, sin dudas, de la creación del Gran Oriente fue liderar con la masonería la lucha para la independencia del Brasil. Tan relevante fue su propósito que una vez logrado el objetivo, el Gran Oriente entró en un periodo de relativa calma en su participación pública.

Desde que fue conquistado en 1500, el Brasil fue una colonia portuguesa, siendo controlada desde la metrópolis de Portugal, Lisboa. No tenía por lo tanto libertad económica, administrativa y mucho menos libertad política.

184 años después en 1684 se inician las rebeliones conocidas con el nombre de “Movimientos nativistas”. El primero de ellos se llamó la revuelta de Bekman.

Con el inicio del siglo XVIII y con el desenvolvimiento económico e intelectual de la colonia, algunos grupos empezaron a pensar en la independencia política del Brasil, de forma que los brasileños pudiesen elegir sobre su propio destino. Ocurrió entonces la “Inconfidencia Mineira” (1789) que marcó la historia por el temperamento de sus seguidores; luego siguió la “Conjuracao Baiana” (1798) y la “Revolucao Pernambucana” (1817), todos ellos reprimidas por las autoridades portuguesas. En todos estos movimientos la masonería estuvo presente a través de logias masónicas.

Retomaremos en adelante algunos hitos importantes para establecer el clima donde surgiría la independencia. Hacia 1808 toda la familia real portuguesa se instala en Brasil, huyendo del avance de las tropas francesas. Durante esta época se produce un notable progreso de la colonia y pasa a tener una gran organización administrativa idéntica a un estado independiente. La familia decreta la apertura de los puertos, pero el aspecto económico pasa a ser cada vez más controlado por el capitalismo inglés.

Hacia 1810 las tropas inglesas expulsan a los franceses de Portugal y comienza a dominar el territorio portugués con el consentimiento de su rey, radicado en Brasil, todavía. Diez años después, cansados de la dominación inglesa y decadencia económica del país, los portugueses inician una revolución que obliga al rey partir hacia Lisboa, nombrando como regente del Brasil a su primogénito de 21 años, Pedro.

A pesar de haber logrado todas sus pretensiones, los portugueses veían con malos ojos el devenir favorable de su antigua colonia y desde el Brasil empezaban, de nuevo, los primeros cuestionamientos al primogénito portugués.

Uno de los primeros en salir al frente de la situación por el masón Cipriano José Barata, denunciando la trama contra el Brasil. Otro masón José Joaquín da Rocha funda, en su propia casa, el “Club de la Resistencia”, después transformado en el “Club de la Independencia”, donde se desarrollarán verdaderas reuniones masónicas.

El 17 de junio de 1822, la logia masónica “Comercio y Artes na idade de ouro”, en sesión memorable decide crear dos logias mediante el desdoblamiento de sus cuadros a través de un sorteo, surgiendo las logias “Esperanca de Niteroi” y “Uniao e tranquilidade”. Estas logias posibilitaron la creación del “Grande Oriente Brasílico o Brasiliano”, que luego pasaría a ser denominado “Grande Oriente del Brasil” (GOB).

Para entonces Pedro I había convocado a una constituyente para elaborar la Constitución más adecuada para el Brasil. El objetivo principal de la creación del GOB fue instalar la masonería como institución en la lucha por la independencia política del Brasil, conforme consta de forma explícita en las primeras actas de las reuniones.

En agosto de 1822 el príncipe Pedro I, ya masón, tomó la medida más dura en relación a Portugal, declaró enemigas las tropas portuguesas que desembarquen en el Brasil sin su consentimiento.

El 14 del mismo mes y año, parte hacia el interior del País para apaciguar los descontentos y en la madrugada del 7 de setiembre se encontraba en la cima de la colina Ipiranga. En ese momento, y en acuerdo al momento político, proclamó al Brasil independiente de Portugal.

Christian Gadea Saguier
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Los rituales en la masonería

En las logias medievales, terminado el proceso de aprendizaje, el neófito solicita a su admisión en una de ellas. Llegado el día de la misma, el neófito, a quien se había entregado un símbolo que habría de reproducir posteriormente en todas sus obras, se presentaba en el lugar de reunión, convenientemente acondicionado para la ceremonia.

Tras adoptar el aspecto de un mendigo, desnudándole el pecho y el pié izquierdo, se le vendaban los ojos y era conducido a una puerta que se le abría tras llamar con fuerza tres veces. El aspirante era conducido ante el maestro, ante quien se arrodillaba y escuchaba una plegaria a Dios; después, daba tres vueltas a la habitación, se colocaba ante la puerta con los pies en ángulo recto daba tres pasos hacia el maestro y extendía su mano derecha sobre una mesa sobre la que se encontraba, abierto, el libro de los Evangelios, además de una escuadra y un compás; entonces, juraba obedecer las leyes de la cofradía, cumplir con sus obligaciones y guardar en secreto lo que ya sabía y pudiera aprender en el futuro.

Acabado e juramento, se le quitaba la venda, se le entregaba un mandil nuevo y se le comunicaba la contraseña, el saludo y el toque de los aprendices masones.

Cada Rito de la masonería moderna, y hay muchos, posee su propia variante de este ritual y un número de grados que le es propio; desde los 3 de la Masonería Azul a los 99 del Rito de Menfis y Misraim, pasando por los 7 del Rito Escocés Rectificado y los 33 del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Los grados de cada Rito tiene sus propios ritos, juramento, símbolos, etc.; cada uno de ellos es una etapa que el masón alcanza en su recorrido. Pese a la innumerable variedad de grados que existen de unos Ritos a otros, todos ellos comparten y tienen como base tres grados fundamentales, que conforman la llamada Masonería Simbólica y son: Aprendiz, Compañero y Maestro.

El grado de Aprendiz está relacionado con la falta de conocimiento. El neófito es introducido en la logia con los ojos vendados y desprovistos de metales, pues se trata de un lugar de paz. Al igual que en el rito medieval, lleva el pie y el pecho izquierdos desnudos en señal de pobreza, humildad y, tras pasar las pruebas de la tierra, el aire el agua y el fuego, se le quita la venda y, de un modo simbólico, es entonces cuando ve la luz del conocimiento.

El grado de Compañero está relacionado con esos viajes de formación que antaño realizaban algunos albañiles a la búsqueda de los nuevos conocimientos que pudieran brindarle otros compañeros masones. En este grado, el masón debe viajar simbólicamente en pos del conocimiento y a descubrir el mundo.

El tercer grado, el de Maestro, está relacionado con la muerte y la resurrección; la figura central del mismo es Hiram, un personaje experto conocedor del trabajo de los metales que trabajó para Salomón en la construcción del templo de Jerusalén. Asesinado por tres discípulos a quienes no quiso confiar su secreto de maestro, fue enterrado por éstos, quienes plantaron sobre su tumba una acacia. Localizada y arrancada la acacia por los grupos que partieron en busca del maestro desaparecido, este resucitó en el espíritu de quienes los encontraron. El rito de paso al grado de Maestro reproduce la muerte, debida a la ignorancia y el fanatismo, y la resurrección mediante el saber y la tolerancia.

Christian Gadea Saguier
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