En simposio internacional desmontarán los falsos tópicos sobre la Masonería

Desde 1982 el Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española, encabezado por el jesuita José Antonio Ferrer viene trabajando científicamente para desmantelar los falsos criterios y mitos oscuros que envuelven a la organización de la Escuadra y el Compás. El próximo encuentro internacional se celebrará del 6 al 8 de julio en el Centro Cultural de Ibercaja, en La Rioja (España).

El simposio albergará a más de cien especialistas de universidades europeas y latinoamericanas quienes desmontarán los "falsos tópicos" de aquellos grupos que desprestigian a la Masonería, centrándose en la figura del jefe de Estado y masón Práxedes Mateo Sagasta, en homenaje a la proximidad del centenario de la muerte de este político que fue "la máxima autoridad de la masonería".


Ferrer, en conferencia de prensa destacó que, entre las ponencias, se incluye el análisis de personajes con los que se puede establecer un paralelismo. Aseguró que lo que se tratará "no tiene nada que ver con los panfletos de falsos historiadores y periodistas que fomentan los tópicos tradicionales de los masones". Preguntado por estos tópicos, se refirió a su unión con el comunismo, "cuando desde 1921 está prohibida para los comunistas" o su identificación con la comunidad judía.


Con referencia a los prejuicios que aun vive la Masonería por parte de la sociedad española señaló, que ella fue "un macho cabrío fácil para echarle la culpa de todo", como pasó, por ejemplo, señaló, "en la II República" y "ocurre ahora, que se intenta unificar con políticas que no tienen nada que ver con la masonería". Frente a esto, definió al masón como aquel que defiende "la libertad y los derechos humanos".

La Masonería estuvo prohibida en España por el absolutismo de 1738 a 1868 y fue, con el liberalismo, con el que pudo desarrollarse y, así, en veinte años nacieron 1.700 logias. "En algunos países", agregó, "ha sido símbolo de prestigio y, en otros, causa de todos los males" y ha sido, añadió, "mucho culpa de algunos periodistas". Con respecto a las “huellas” que encontramos actualmente de la masonería se refirió en la música a Mozart, en el cine a Disney, en la literatura a Blasco Ibáñez y, entre los inventores, el de la guillotina.


Las sesiones de trabajo
del Simposio empezarán el día 6 en el Centro Cultural de Ibercaja, aunque la inauguración oficial del evento tendrá lugar ese día en el Parlamento de La Rioja, donde se ha organizado una visita y en el que se ofrecerá un vino español. En las sesiones, se tratarán temas como “El pensamiento de Sagasta”, “Masonería y republicanos españoles”, “La masonería riojana a través del Banco de Datos” o distintos aspectos ligados al tema o el mensaje masón a través de la prensa.


Christian Gadea Saguier

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Nuevo Gran Maestro en Chile se juega por la apertura de la Orden

En mayo de 2005 estuve en Santiago de Chile participando como expositor del 1º Simposio Internacional sobre la Historia de la Masonería en esta parte de América. Una tarde estuve de visita en la sede de Marcoleta, donde están ubicadas las oficinas de la Gran Logia de Chile, y en la ocación tuve la oportunidad de dialogar en profundidad con el actual Gran Maestro de esa Obeciencia, Juan José Oyarzún, de 76 años, quien fue electo en segunda vuelta el fin de semana pasado En aquel momento trabajaba como Gran Secreatario. Resultado de aquella conversación, no me sorprende que declare en los medios chilenos "Me la voy a jugar por la apertura. Ése es mi interés".

Como el mismo lo sugiere, "este cargo es un honor y una carga". Un honor al representar a una Institución que ha realizado tanto por la República y la educacíon. Una carga, poque tendrá que dejar de lado sus intereses particulares, y velar para que la armonía y la fraternidad sean el eje de su mandato. La Masonería en Chile, comparada con sus pares en latinoamérica está mejor organizada y sus trabajos se ven reflejados, por medio de los hermanos, en todo el país. Una clara demostración de esta tendencia se observa en las declaraciones del nuevo mandatario, "en 2007, el eje serán la ética y el laicismo, para dejar el 2008 para la ética y la educación y más adelante la ética y los medios de comunicación, para dejar el último año a la ética y la política", manifiesta.

Uno de los temas masónicos tabú en esta parte de América será desconstruida por Juan José Oyarzún, pues se comprometió en trabajar para dejar a un lado esa especie de "leyenda negra" en cuanto al misterioso secretismo de la masonería, "Hasta el siglo pasado ésta era una organización secreta. Ahora somos una institución de estudio y de acción", dijo. Aclaró que se inicia con él una nueva etapa en su institución, que calificó de "aggiornamento". "Estamos en el umbral del tercer milenio y del siglo XXI; entonces, nuestros hombres deben adaptarse al mundo que viene".

No a mujeres, por el momento
Debemos entender que la Gran Logia de Chile está determinada por la corriente autodenominada "regular". Estas obediencias no admiten en su seno la participación de la mujer, pues el argumento es que en las Constituciones de Anderson, el oficio no estaba establecido para ella. Por ello, preguntado por un medio de prensa chileno sobre si existe la posibilidad de incorporar mujeres, dijo: "En estos momentos no, ninguna". Consultado si ello no va contra la corriente del país, en que justamente acaba de constituirse un Gobierno paritario con Michelle Bachelet a la cabeza, contestó que no, porque los cambios en su institución se harán por evolución y ojalá que así sea.

De todas formas en ese país ya existen corrientes mixtas de la Masonería, inclusive una gran participación exclusiva de las mujeres por medio de la Gran Logia Femenina de Chile, pero los masones de la "Gran Logia de Chile" son ampliamente mayoría en la República. Los miembros menores de 40 años son el 22%; entre 40 y 65 años, es el 55%, y el 23% restante está por sobre los 65 años. Esta corriente administra 207 logias en todo el país; incluso en la sede central de Marcoleta funcionan 50 nacionales y dos extranjeras.

Christian Gadea Saguier
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La Masonería en la formación cultural de las sociedades

Hasta el 3 de julio se realiza en Asunción (Paraguay) la Feria del Libro. Ya desde el año pasado, sus organizadores me invitan para hablar sobre la Masonería. Para esta duodécima edición de 2006, mi charla se basó en influencia de la Masonería en la formación cultural de las sociedades, pues, como en todo el mundo, también en el Paraguay la organización de la escuadra y el compás constituyó un hito histórico en la influencia de una organización en la construcción de un país.

La cultura es una de las dos o tres palabras más complicadas de la lengua, aunque el término que a veces se toma por su opuesto "naturaleza", parece llevarse la Palma. Pese a que hoy día se ha puesto de moda ver la naturaleza como un derivado de la cultura, la cultura, etimológicamente hablando, es un concepto derivado de la naturaleza. Uno de sus significados originales es "producción", o sea, un control del desarrollo natural. Pasa algo parecido con las palabras que usamos para referirnos a la ley y a la justicia, o con términos como "capital", "reserva", "pecuniario".

Así pues las palabras que usamos para referirnos a las actividades humanas más refinadas la hemos extraído del trabajo y de la agricultura, de las cosechas y del cultivo. Francis Bacon habló de "cultivo y abono de los espíritus", jugando con la ambigüedad entre el estiércol y la distinción intelectual. A esas alturas, "cultura" significaba una actividad, y eso fue lo que significó durante mucho tiempo, antes de que pasara a designar una entidad. Incluso así, hubo que esperar a Matthew Arnold para que la palabra se desprendiera de adjetivos como "moral" e "intelectualidad" y se convirtiera, sin más, en "cultura", o sea, en una abstracción.

Etimológicamente hablando, "cultura" designó un proceso profundamente material que luego se vio metafóricamente trasmutado en un asunto del espíritu. La palabra, pues, registra, dentro de su desarrollo semántico el tránsito histórico de la humanidad, del mundo rural al urbano, de la cría de cerdos a Picasso, de la labranza del campo a la escisión del átomo. Pero la inversión semántica también resulta paradójica: las personas "cultivadas" acaban siendo los habitantes del medio urbano, mientras que los que cultivan la tierra tienen menos posibilidades de cultivarse a sí mismos; la agricultura no deja tiempo libre para la cultura.

Los seres humanos no son meros productos de sus entornos, pero esos entornos tampoco son pura arcilla que pueden usar para darse la forma que quieran. La cultura transfigura la naturaleza, pero es un proyecto al que la naturaleza impone límites estrictos. La cultura, pues, es un asunto de autosuperación, pero también de autorrealización. La naturaleza humana no es en absoluto lo mismo que un campo de remolacha, pero necesita ser cultivada como un campo.

Ya en más de una oportunidad mencionamos en este espacio que la Masonería es una institución milenaria y que tiene por objeto construir un espacio de reflexión y hermandad para que los hombres descubran en sí mismos y proyecten a la sociedad sus mejores cualidades, privilegiando el ejercicio del intelecto y el cultivo de una moral digna para sí y para los que lo rodean, sin que los prejuicios o ataduras (en algunos casos dogmáticas) puedan limitar el ámbito de su racionalidad.

Para comprender la influencia cultural que tiene la Masonería, no se puede soslayar la participación que sus hombres tuvieron en el proceso histórico acaecido durante la independencia, formación y organización política de los estados de nuestro continente. Afortunadamente en estos días vemos cada vez con más fuerza la aparición de historiadores que echan luz sobre la verdadera acción que le cupo a la Masonería en dicho proceso.

Desde los mismos inicios de la República paraguaya, cuando Carlos Antonio López contrató a ingenieros y arquitectos europeos para construir el País, los masones tuvieron participación. Estos iniciados inmigrantes, unos 100 en total, se reunían en diversos lugares de Asunción, uno de los más conocidos fue la logia que trabajaba en la estación del ferrocarril en el centro de Asunción; en la misma medida también levantaron grandes edificios públicos como el Oratorio de la Virgen de Asunción parecida a los Inválidos de París, hoy Panteón de los Héroes, la residencia de los jóvenes López, el Teatro de la Opera inspirada en el Scala de Milán, el Club Nacional, , y diseñaron un vasto plan de empresas públicas de utilidad nacional como la ampliación de la Fundición de Ybycuí, construyéndose instrumentos de labranzas y maquinarias industriales.

Luego de la triste epopeya (la guerra de 1870), fueron nuevamente los masones quienes forjaron la cultura del país. No deseo caer en la frecuente tentación de mencionar la inacabable nómina de prohombres que la nutrieron, pero se debe tener presente que sus nombres se veneran entre los Padres de la Patria y que son muchos los que hicieron la historia de nuestro país, especialmente en los momentos en que nuestra nación se debatía entre la vida y la muerte.

Y así podemos seguir citando todas las obras y el desarrollo del Paraguay hasta que el último masón ocupara la Presidencia del País, José F. Estigarribia; luego volvieron los tiempos de anarquía y la caída durante 35 años de una aplastante dictadura que destrozó culturalmente al Paraguay.

A 17 años de la vuelta a la democracia, semanalmente, miles de masones paraguayos, se reúnen en numerosas logias a lo largo y ancho del país para buscar, afanosamente, soluciones y alternativas para sus comunidades, siendo concientes de la responsabilidad que les cabe en la formación cultural de esta nación que le debe su existencia.

Christian Gadea Saguier
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Vivir el solsticio

El 24 de junio representa simbólicamente la celebración del solsticio. Sobre los ellos podemos escribir libros enteros con énfasis en la astronomía, la cosmogonía, la filosofía, pero prefiero referirme al solsticio de invierno que celebramos en el Hemisferio Sur, desde lo simbólico, con un mensaje trascendental: Recordar el programa de vida masónico que se jura el día de la iniciación.

Cada profesional, desde su área puede conocer mejor que cualquier masón el valor del solsticio, pero lo que diferencia con aquellos profesionales es que los masones llevan el sentido simbólico del fenómeno a la vida misma, al mundo real, hacen del solsticio una actitud ante la vida.

El mundo vive tiempos de desesperanza, donde la única certeza es la incertidumbre y considero que deben ser lo masones los que lleven la antorcha de libertad y justicia para otorgar nuevas esperanzas a este mundo globalizado.

Pero, por qué este pensamiento en medio de una celebración de solsticio de invierno. Comparto estas ideas con ustedes porque de esto trata en su sentido trascendental: Es una fiesta de esperanza y testimonio, como así también de compromiso.

De esperanza, por la renovación de aquel fuego que hoy está en su mínima expresión, el cual volverá muy pronto para fecundar con sus rayos luminosos.

De testimonio, porque estaremos presentes para regocijarnos de su reaparición en la próxima primavera.

Y de compromiso, porque este es el momento en que cada uno debe adentrarse en lo más profundo de sí mismo para renovarse, al igual que los rayos del sol lo hacen en la tierra durante la primavera, para tomar un rol protagónico en la sociedad, aludiendo el despertar de la naturaleza y el nuevo nacimiento en cada uno.

No solo debemos recordar el solsticio o festejarlo, yo les invito a vivirlo. Hoy el hombre corriente vive alejado de la naturaleza y preocupado por dominarla, olvidando que es parte de ella. Y de la misma manera en que hoy vivimos el solsticio en el mundo, debemos vivirlo en el interior de nosotros mismos.

El solsticio de invierno marca un momento en que el tiempo se detiene, el presente se manifiesta en un instante de eternidad. Es un tiempo de silencio, de recogimiento interior y meditación. Un momento donde aquella semilla se pudre en el interior de la tierra, esperando pacientemente que llegue el tiempo para crecer y manifestarse. Es tiempo de afirmar nuestros valores y convicciones, para que cuando llegue la primavera podamos vivirla a pleno en la sociedad, esa sociedad que necesita de masones verdaderos y no de hombres vestidos con oropeles y grandilocuentes discursos.

Este fenómeno celeste que se reproduce cada año no es sino el motivo inspirador a través del cual se busca conciliar el sentido cósmico de la constante renovación, simbolizada por la doble cabeza de Jano, quien observa el pasado y mira el futuro, sin embargo su mirada esotérica, de un tercer tiempo, es el de quien contempla el presente con una nueva conciencia.
Así planteadas las cosas, los masones no estamos para vivir, celebrar o festejar el pasado, ni para soñar el futuro, sino para construir el presente con una nueva conciencia, teniendo al pasado por base y al futuro por meta.

Este fenómeno solsticial existe en la tierra antes que el hombre pudiera calcularlo y como no pudiendo cambiar el fondo, las cavilaciones han luchado por dotarla de una forma, pero jamás se podrá cambiar su sentido en el universo. Pero existe al menos un rincón en el universo que con toda seguridad podemos mejorarlo y ese lugar está en uno mismo.

Christian Gadea Saguier
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El fenómeno solsticial desde la óptica masónica

Hoy el hombre corriente vive alejado de la naturaleza y preocupado por dominarla, olvidando que es parte de ella. En lo que resta de esta semana, seremos testigos de un momento astronómico crucial del año que marca el inicio oficial de dos estaciones –verano e invierno – de acuerdo al lugar del observador.

En el hemisferio norte se producirá el día más largo y en el sur, el día más corto. Esta danza celestial es propiciada por la benevolente oblicuidad del planeta que habitamos. Este fenómeno, de inmensa importancia para los antiguos habitantes, se denomina solsticio.

El solsticio de verano del hemisferio boreal recae en el punto de la órbita en que el polo norte está orientado directamente hacia el sol; seis meses más tarde el solsticio de invierno marca el punto en que el polo norte está orientado en dirección opuesta al sol. Y, lógicamente para los que vivimos en el sur se produce el efecto contrario.

Pero, ¿qué importancia tiene este fenómeno para la Masonería en pleno siglo XXI, cuando desde Internet podemos estar en ambos hemisferios a la vez? La Masonería es más que una institución que agrupa a seres humanos, es mucho más que la práctica continua y exacta de sus rituales; ella, en profundidad, es una escuela misterica, donde se aprende el lugar del hombre en el universo, para desentrañar el puesto que ocupa el ser humano dentro de la evolución. En este estudio, que desarrolla toda una filosofía de vida, las alegorías, símbolos y fenómenos astronómicos adquieren vital importancia para explicar el programa de vida masónico.

Particularmente el fenómeno que convoca la redacción de esta nota despierta en el iniciado una actitud reflexiva y profunda que pretende obtener de la experiencia positiva en la observación del comportamiento de la tierra y su relación con el sol.

Así visto el fenómeno, aunque el verano sea considerado generalmente como una estación alegre y el invierno como una triste, por el hecho de que el primero representa en cierto modo el triunfo de la luz y el segundo el de la oscuridad, los dos solsticios tienen un carácter exactamente contrario.

Por paradójico que parezca, es muy fácil comprenderlo si se posee algún conocimiento sobre los datos tradicionales acerca del curso del ciclo anual. En efecto, lo que ha alcanzado su máximo no puede ya sino decrecer y lo que ha llegado a su mínimo no puede sino crecer. Así, el solsticio de verano marca el comienzo de la mitad descendente del año y el de invierno su mitad ascendente.

En verano el día adquiere un poder creciente sobre la noche, sin embargo superado el ápice solsticial vuelve a suavizarse en su enfrentamiento con la noche. Algo parecido a este fenómeno luminoso lo verificamos cuando observamos que los frutos de nuestro trabajo fueron resultados del esfuerzo realizado día a día y que del éxito alcanzado surge el inicio de otra carrera con todas sus dificultades y desafíos.

El invierno, es un tiempo de silencio, recogimiento interior y meditación. Justamente en este periodo el candidato a la iniciación toma un rol protagónico, aludiendo al despertar de la naturaleza y nuevo nacimiento en su persona. Es tiempo de afirmar los valores y convicciones para que cuando llegue la primavera se viva a pleno.

Este fenómeno celeste que se reproduce dos veces cada año no es sino el motivo inspirador a través del cual se busca conciliar el sentido cósmico de la constante renovación, simbolizada por la doble cabeza de Jano, quien, desde la perspectiva iniciática, es propiamente el Janitor que abre y cierra las puertas del ciclo anual. Un dios bifronte, con dos rostros que según la interpretación tradicional, se considera como representación respectiva del pasado y el porvenir.

Con este punto de vista, hablamos también de un tercer tiempo o un triple tiempo donde conviene añadir que el auténtico rostro de Jano es el de quien contempla el presente con una nueva conciencia. Este tercer rostro, oculto al mundo aparente, es el tercer ojo del despertar de conciencia, ojo que simboliza el sentido de la eternidad en la iluminación.

Los antiguos latinos reverenciaban a Jano como a un genio benéfico que velaba por la prosperidad de las familias y que impedía la entrada de genios maléficos en las moradas. Su rostro era colgado en las puertas como medida de protección. A través del tiempo esa disposición simbolizó el paso de un ciclo a otro.

Este fenómeno solsticial ocurre en la tierra antes que el hombre pudiera calcularlo y como no logró controlar su sentido en el universo, ha trabajado para dotarla de símbolos otorgando significado al fenómeno y descubriendo que existe al menos un rincón en el universo que con toda seguridad puede mejorarlo, y ese lugar es uno mismo.

Christian Gadea Saguier
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18 de junio de 1326, a 680 años de la condena a los masones por parte del clero romano

La noticia de la formación de la Gran Logia de Londres en 1717, así como las actividades especulativas de los masones que se difundieron rápidamente por todo el continente europeo, despertó en el clero romano suspicacias hacia la nueva organización y sus fines políticos. Si bien la masonería en Inglaterra estaba protegida por la realeza que a la vez era jefe de la iglesia, las sospechas sobre las actividades de los masones en el continente se transformaron en un motivo de preocupación que derivaría en la condena a la institución.

La persecución hacia los librepensadores ya viene de mucho antes. Ambelain precisamente lo detalla en su obra El secreto masónico donde relata que hacia 1189 ya la iglesia de entonces condenó a las corporaciones en el marco del Concilio de Rouen, por la supuesta existencia de secretos dentro del oficio y la práctica de extraños ritos.


Pero es el 18 de junio de 1326 durante el Concilio de Aviñon donde se formaliza la condena precedente y censura la costumbre de canteros y albañiles de utilizar palabras secretas, signos, posturas para reconocerse entre los miembros e inclusive estipula la supresión de radicar las sociedades, ligas, y conjuraciones, designadas bajo el nombre de cofradías.


El decreto Nº 37 del Concilio de Aviñon, traducida al castellano en la obra de Eduardo Callaey, entre otras cosas dice: “…Además, en algunos cantones de nuestras provincias, hay gente, por lo general noble, a veces plebeya, que organiza ligas, sociedades, coaliciones prohibidas, tanto por el derecho eclesiástico como por el derecho civil, bajo el nombre de cofradías. Se reúnen una vez al año, en algún lugar, para realizar sus conciliábulos y reuniones; al penetrar en el recinto, se pronuncia un juramento por el cual deben defenderse entre si de quien quiera que fuere excepto de sus Maestros, prestarse asistencia recíproca en cualquier ocasión, darse consejos y apoyarse recíprocamente. A veces, luego de vestirse con un uniforme, y empleando marcas y signos distintivos, eligen entre ellos a un superior, al cual juran obedecer en todo; la justicia se ve entonces perjudicada porque se comenten crímenes y robos”.

“Ya no hay paz ni seguridad; es la opresión para inocentes y pobres, iglesias y gentes de iglesia, que estos individuos consideran, por supuesto, sus enemigos; sufren tanto en carne propia como en sus bienes personales, en el ámbito de las leyes y los tribunales, injustificados de todo tipo con miles de prejuicios”.

“Como pretendemos aponernos de inmediato a esta nefastas empresas y a estos intentos perniciosos, brindar un remedio eficaz para esta situación y defender a nuestros fieles del pecado, según corresponde a nuestras funciones pastorales, en virtud de la autoridad del presente concilio, decretamos la nulidad, disolución y ruptura de todas las agrupaciones, alianzas, sociedades, conjuraciones, denominadas fraternidades y cofradías, fundadas por clérigos laicos, sin importar su grado, dignidad, estado o condición; de igual modo, declaramos nulos e inexistentes los pactos, convenios, ordenamientos que celebren entre sí. Decretamos que los juramentos que deben cumplir los individuos mencionados son ilícitos, sin valor alguno, nadie debe considerarse sujeto a su cumplimiento, bajo nuestra garantía quedan liberados de ellos. Sin embargo, han de recibir de sus confesores una penitencia para redimirlos de estos juramentos imprudentes y temerarios. En virtud de la autoridad mencionada, les prohibimos, bajo pena de excomunión (en la cual según nuestra los contraventores incurrirán ipso facto, cuando el presente decreto se haya publicado dos domingos seguidos en la iglesia de su parroquia), prohibimos de ahora en más que frecuenten dichas asambleas, agrupaciones, y se sometan a tales Obediencias, se presten ayuda y apoyo recíprocamente, vistan trajes que representen una actividad desde ahora prohibida y se llamen entre si hermanos, priores, abates de dicha sociedad. Además, dentro de los diez días a partir de dicha publicación, han de pedir individualmente a sus confesores (en la medida de lo posible), que los libere de los mencionados juramentos, y que cada uno declare públicamente que ya no quiere formar parte en el futuro de tales asociaciones”.

“Prohibimos este tipo de conjuraciones, conspiraciones, convenios, aún cuando no se denominen cofradías. Por otra parte, decretamos la disolución y la nulidad de facto de éstas, a partir del momento en que se las emprende y someteremos a aquellos que las emprenden a la sentencia de excomunión; sentencia que sólo podrá derogar el Concilio provincial, salvo en artículo mortis. En esta declaración, no tenemos la intención de reprobar las cofradías fundadas para celebrar a Dios, a la bienaventurada Virgen María y a otros santos para ayudar al pobre, cofradías en la que no se hacen pactos o juramentos de este tipo”.

La similitud con las bulas antimasónicas que surgirían a partir del Siglo XVIII es elocuente; más que una condena del espíritu leemos una preocupación política. Sin embargo, a pesar del avance y desarrollo de la humanidad en diversos aspectos, en la actualidad no ha cambiado el juicio negativo de la iglesia respecto de las asociaciones masónicas; en consecuencia, la afiliación a las mismas sigue prohibida por el clero romano, una prohibición que no detiene a los católicos en su ingreso a la Masonería.

Christian Gadea Saguier
© Blog Los Arquitectos

Nexos entre el simbolismo masónico y la alegoría benedictina

La cuestión de esta nota es conocer el enorme vacío existente entre los Collegia Fabrorum y las corporaciones de masones operativos durante la Edad Media, ya que no sólo pueden explicarse con el surgimiento de los Magistri Comacini y la supervivencia del oficio en el sur de Europa.

Existe un criterio generalmente aceptado respecto del vínculo entre logias especulativas surgidas en el siglo XVII y las de los masones operativos de la Edad Media. Bastantes historiadores han reconocido que las corporaciones de constructores de catedrales de los siglos XIII y XIV son antecesores de las logias establecidas a partir de la fundación de la Masonería moderna, reglamentada por las Constituciones de Anderson. Un análisis comparativo de estas constituciones con los documentos medievales de los masones operativos que contienen la denominación “Antiguos Linderos”, permite probar esta continuidad, a pesar de algunas abstenciones como la participación de la mujer en el oficio.

Si bien los orígenes de la Masonería aun permanecen sujetos a controversia, presentándose una gran variedad de corrientes, resulta evidente que su desarrollo en Europa está influido profundamente por los Collegia Fabrorum, corporación de arquitectos fundada, según Plutarco, por Numa Pompilio hacia el siglo VII a.c. Sin embargo, esta Orden de arquitectos quedó abolida hacia el 378 d.c., y desde esa época a los inicios de las construcciones de los masones operativos, existe un gran vacío que en parte es abordado por el historiador masónico Eduardo Callaey, quien hace un par de semanas me envió su obra publicada en 2004 Los orígenes monásticos de la Masonería

Este libro, donde abundan comentarios alegóricos, provenientes de obras escritas en el siglo VIII por venerables maestros de la Orden benedictina, trata acerca de la relación entre las alegorías del cristianismo monástico latino y el simbolismo masónico. ¿Será posible esta relación? Al parecer de las fuentes que presenta y la interpretación del autor, existe una estrecha relación entre ambas.

Se debe comprender que tal relación se da en el uso de alegorías de la tradición hebrea, específicamente contenidas en la construcción del Templo de Jerusalén como por ejemplo: a) La tradición del Templo de Salomón; b) El simbolismo del templo; c) La idea de un Gran Arquitecto del Universo; d) El pensamiento simbólico-alegórico; e) El trabajo interior expresado en el exterior; y el fortalecimiento y creación de las órdenes de constructores. Queda fuera de lugar una similitud doctrinal, puesto que la Masonería no se arroja la propiedad exclusiva de la verdad y no tiene dogmas que sostener.

El nexo que se presenta entre estas dos obediencias, está contenido en el famoso Manuscrito Cooke (circa 1420), donde su anónimo autor menciona como autoridad en la materia a un tal Beda. El hecho de que este historiador inglés del siglo VII fuese reconocido como una “autoridad” fue uno de los indicios que llevó a Callaey a iniciar su investigación. Por lo que podemos saber de Beda, gracias a la obra del historiador argentino, es que fue el impulsor de la tradición hebrea en Inglaterra y el norte de Europa, merced a la influencia que ejercía en Alcuino de York, constituido en la máxima autoridad de las escuelas del imperio en tiempos de Carlomagno. Su importancia se basa en que escribió un trabajo fundamental sobre el famoso Templo de Jerusalén De Templo Salomonis Liber. Beda, a quien apoderan “El venerable”, nació en Northumbria hacia 672 y se crió entre monjes, con quienes fue ordenado diácono en el monasterio de San Pablo en Jarrow.

Se atestigua además en varios documentos el protagonismo y la responsabilidad de la Orden Benedictina en la construcción de las grandes abadías y catedrales del siglo X, XI y XII. Y no se trata solamente del proyecto y dirección de las obras, sino también el aporte del artesanato para llevarlos acabo. Así comprobamos los nexos existentes entre estas Órdenes, pero este contacto no constituye el único manantial de donde brotó la masonería operativa, sino un causa más que nos permite seguir en la búsqueda del origen de la Masonería y una demostración para la actual iglesia de Roma de que a pesar de contar con doctrinas distintas podemos converger en la humanidad.

Esta obra de Eduardo Callaey constituye un eslabón imprescindible en la labor del historiador por reconstruir o dar con lo que conocemos hoy por Masonería.

Christian Gadea Saguier
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La puerta entornada, hacia el misterio de los masones

La expectativa por el interés que encierra la Masonería no disminuye, por el contrario hoy más que nunca, numerosos autores bien informados se proponen escribir sobre la Masonería y no pasaron por alto ninguna especulación. Claro que tampoco lo hicieron las hilaras de embusteros y charlatanes que se han unido a la cacería. En esta nota nos detendremos en el umbral mismo de la Masonería, para comprobar la difícil decisión de convertirse en un militante de la Orden.

La Masonería significa algo más que un grupo social de personas que se permiten interactuar sobre temas intelectuales, sociales y políticos. Procura inculcar en sus adeptos el amor a la Verdad, el estudio de la moral universal, de las ciencias y de las artes. Tiende a extinguir los odios de raza, los antagonismos de nacionalidad, de opiniones, de creencias e intereses, uniendo a todos los hombres en bien de la humanidad. Para conocerla, es necesario cruzar la puerta misma de sus templos que por lado dan a la calle y por el otro a sus misterios encerrados.

La puerta desde los primeros orígenes del hombre ha sido considerada el paso de un mundo al otro. Simboliza la comunicación entre dos estados y, sobre todo, la posibilidad de acceso de uno al otro. Es la frontera que separa un ámbito interno de Luz, al que se aspira a acceder, de otro de tinieblas, de donde se viene. La puerta es la delimitación de dos mundos, el interior o sagrado y el mundo exterior o profano. Debemos recordar que la palabra “profano”, nombre con el que se denomina a los no iniciados, deriva de la raíz latina fanum que significa templo y de la cual se deriva la voz pro-fanum cuyo significado es todo aquello que está situado por fuera de las puertas del templo. En otro grado de significación, la Puerta, para el candidato que la busca, no tiene un significado de llegada sino, por el contrario, es el punto de partida hacia otra condición del ser.

El umbral es un escalón de piedra situado en la parte inferior de la puerta y en oposición al dintel colocado en la parte superior de la misma. El umbral es un lugar de tránsito a través de la Puerta, es el instante crucial de cambio, es el momento íntimo en el cual no se está ni en uno ni en otro estado. En el umbral no se puede permanecer, es sólo un lugar de paso, es un punto de no retorno. Atravesar el umbral es constatar una transformación de la condición del ser, e implica dejar atrás tanto lo banal y superfluo como lo recurrente y mundano, para recibir el aire nuevo de una influencia diferente. El umbral se puede traspasar en dos sentidos: entrando, con lo cual marca una dirección evolutiva; o saliendo, como reflejo de una involución. O dicho de otra forma, como inicio o final de un ciclo.

La puerta no es un elemento pasivo en la configuración de un templo masónico, no es la simple discontinuidad de una pared para permitir o impedir la entrada. Por el contrario tiene una función muy activa y la capacidad de transmitir un mensaje, como cualquier otro elemento simbólico del templo. La función activa de la puerta como símbolo se traduce en la capacidad de facilitar el paso o de impedirlo, es decir, el paso a su través es selectivo y requiere de un reconocimiento previo para entrar. Se desprende, también, una función de seguridad en el sentido de garantizar que el recogimiento del interior no será perturbado por ningún elemento ajeno a la logia.

Si la puerta garantiza la protección de una eventual acción externa, también protege de la posible pérdida de las energías generadas en el interior del templo durante la celebración del ritual masónico. En ese sentido, la puerta, herméticamente cerrada, guarda el calor de las energías y garantiza que los trabajos alcancen el punto de ebullición máximo, cuyos frutos son los secretos que deberán ser guardados en lugar seguro. Por lo tanto, este símbolo se puede considerar como el reflejo de la Puerta del Gran Atanor alquímico, el cual va a permitir la creación de un calor reverberado en su interior que transformará la materia.

En la Masonería sus grados y ritos no son de un siglo, tampoco se establecieron de una vez para siempre, sino que fueron apareciendo en épocas diferentes como pensamientos e ideas que gradualmente se desarrollaron y se unieron por una atracción natural. Claro que ella consiste en algo más que conferir grados, en la exacta repetición de las lecturas de cada grado, y en el familiar conocimiento de las fórmulas y palabras que se usan en la apertura y en la clausura.

La posesión de antiguos secretos que excitan la curiosidad de los hombres y atraen de una manera irresistible a sus templos, no le bastaría para afianzar perpetuidad y vitalidad perenne. Se desarrolla en los siglos porque sus fines son más nobles y elevados que la simple conmemoración de sus misterios secretos, porque requiere que ellos se conviertan de norma de vida de sus adeptos.

Christian Gadea Saguier
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Los masones en los negocios, una corriente basada en principios éticos

La Masonería sostiene como principio fundamental de su membresía el concepto de libertad y buenas costumbres. Entendiendo estas “buenas costumbres” desde un enfoque filosófico observamos que pueden delinearse en una ética fundamental. Razonaremos en esta nota sobre los valores expresados en esa ética, para demostrar que ser ético es un buen negocio.

Después del caso Enron, surgió una corriente en los Estados Unidos dirigida a difundir estilos de liderazgo basados en principios morales. Resultado de esta tendencia es el libro Inteligencia Moral donde sus autores muestran la férrea conexión entre los buenos negocios y los valores éticos.

Ya en su momento el Premio Nobel de Economía Amartya Sen subrayó: “Los valores éticos de los empresarios y los profesionales de un país son parte de sus recursos productivos”. Es decir, si son a favor de la inversión, la honestidad, el progreso tecnológico, la inclusión social, la integridad, serán verdaderos activos; si en cambio, predominan la ganancia rápida y fácil, la corrupción, la falta de escrúpulos, bloquearán el avance y desarrollo de la sociedad.

Si tuviéramos una vista aérea de la más novedosa organización moralmente inteligente, ¿qué veríamos? Ante todo, no veríamos personas tan sólo morales, o sociales o enfocadas en los aspectos tecnológicos de su trabajo, Veríamos valores morales en su hábitat natural, entrelazados con otros valores sociales y empresariales importantes para el éxito de una gran empresa. Veríamos líderes que creen en la existencia de valores morales que son propios de toda la humanidad, y en consecuencia los aplican en el trabajo y fuera de él. Veríamos líderes que hablan apasionadamente sobre esas creencias y sobre los valores que la compañía sostiene. También veríamos que los líderes tienen tanta competencia moral como dotes para la estrategia.

A medida que nos eleváramos para ver la organización entera, veríamos candidatos a ocupar ciertos puestos, que son examinados para garantizar que sus creencias y valores sean coherentes con los que sostiene la empresas. Veríamos empleados a quienes se brindan oportunidades de desarrollar competencias que traducen los valores en acción. Veríamos personas que resuelven problemas y toman decisiones coherentes con los valores de la organización. Veríamos directivos de todos los niveles que comparten sus valores personales y sus metas e invitan a sus pares y empleados a exigirles que den cuenta de ellos. Veríamos que los empleados son recompensados, no por su adicción al trabajo sino por sus resultados, que logran grandes resultados y reservan tiempo para su familia, para el servicio a la comunidad.

Más alto aún, veríamos una organización que no abandona sus valores cuando la economía pasa por una crisis, cuando una tecnología amenaza con causar problemas o cuando la azota un desastre natural. Veríamos una compañía que tiene un largo historial de desarrollo rentable. Veríamos que la organización dedica cierta cantidad de sus recursos a ayudar a miembros de la comunidad a la que pertenece.

Así planteada las acciones percibimos que la integridad importa. La integridad es lo que mantiene unidas a las organizaciones exitosas. Todas las organizaciones pasan periodos en los que su integridad enfrenta desafíos. Pero son los líderes quienes deben crear un ambiente de trabajo donde la integridad sea un valor importante y las consecuencias de no adherir a él sean graves. Si una organización actúa con integridad, aumenta su probabilidad de tener empleados valiosos y leales.

En cambio, como sostienen Lennick y Kiel, “si los valores están ausentes, se produce una disonancia. Si las brújulas morales de los empleados no se alinean con la conducta de la compañía es improbable que puedan brindar lo mejor de sí” Este libro (Inteligencia Moral) editado por Aguilar establece que las compañías deberían promover entre cuatro y ocho “valores fundamentales”, destacando entre ellos el valor de la integridad. A partir de esos valores fundamentales, las organizaciones pueden utilizar tres estrategias claves para promover y demostrar integridad.

En conclusión, las organizaciones cuyos valores reflejan esos principios tienen mayor probabilidad de ser exitosas en el largo plazo; en cambio las que van por el dinero fácil y corrupto bloquearán el desarrollo de su comunidad y al final tendrán que bajar las ventanillas. Esta corriente basada en principios éticos demuestra que ser íntegro es un buen negocio y que el mero reduccionismo economicista es una visión estrecha que lleva a políticas ineficientes.

Christian Gadea Saguier
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Los masones ante la tragedia educativa en chile

La educación es una de las cuestiones que más parecen preocupar a la sociedad contemporánea. Diariamente se dice que vivimos en la sociedad del conocimiento. Así la educación aparenta ser una prioridad, si se considera el discurso público de los dirigentes. Pero, ¿acaso ese discurso refleja una preocupación real, traducida en políticas y decisiones concretas que dan a la educación el lugar privilegiado que debe tener sobre todo en los países de América del Sur con vistas al futuro? Según afirma Guillermo Jaim Etcheverry en su libro La tragedia educativa, por lo menos “la acción concreta de la sociedad argentina no parece estar guiada por esas ideas”.

En estos días la sociedad chilena está viviendo una gran protesta estudiantil en busca del logro de una educación justa y de calidad, aspecto menos trabajado en los últimos 16 años, según reconoció la presidente Bachelet. En virtud al pedido, anunció que jóvenes formarán parte del Consejo Asesor para
la Calidad de la Educación integrada por otras 65 personas, entre ellas el Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, quienes revisarán la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza para hacerle los cambios correspondientes.

En una nota publicada el último jueves en un diario chileno el Q.H. Jorge Carvajal, Rector de
la Universidad La república y Gran Maestro de la Gran Logia de Chile manifestó que “desde el surgimiento de las primeras logias, han puesto especial interés en la educación y sus miembros han contribuido con acciones relevantes que serían largas enumerar las obras desde Bernardo O’Higgins y José Miguel Carrera fruto de sus actividades”. En abril pasado, se efectuó un nuevo congreso de educadores masones, cuyas conclusiones se entregarán al Gobierno.

La masonería chilena ha observado con detención el desarrollo del sistema educacional. En su oportunidad, denunció y advirtió públicamente las consecuencias negativas que traerían la municipalización de la enseñanza, el deterioro del Estado docente, la reducción y el debilitamiento de las grandes universidades nacionales y la carencia de gratuidad, asistencialidad y laicismo de la instrucción en el país.


La Francmasonería considera que el trabajo y la educación son las grandes herramientas de la humanización y del humanismo. Ambos han hecho posible la evolución que ha llevado desde el animal al hombre. Por el trabajo se dignifica y prospera; por la educación se mantiene y acrecienta la cultura, medio o hábitat del ser humano, se alcanzan niveles superiores del intelecto y el espíritu, así como posibilita el perfeccionamiento individual y la integración en la comunidad de modo productivo, con respeto por todos los hombres y sus ideas. Por eso, trabajo y educación deben ubicarse en los niveles superiores de la escala social y alcanzar, entre otros, la categoría de derechos fundamentales.

El fracaso escolar de nuestros jóvenes no es el fracaso del sistema educativo ni de la institución escolar: es, ante todo, el fracaso de un modelo cultural y de un sistema de valores que, si bien ensalzan las virtudes de la educación y del conocimiento, erigen como ejemplos de vida y de conducta justamente modelos opuestos.


La Gran Logia de Chile estima que se han de fijar políticas educacionales con el respectivo establecimiento de instituciones y acciones destinadas a alcanzar la excelencia de la enseñanza para todos los chilenos, la asistencialidad a quienes no poseen recursos y la recuperación de la instrucción pública y del rol rector y fundamental del Estado para establecer y regular una educación tendiente a lograr un modelo de mujer y hombre que no sólo se sirva a sí mismo, sino a los grandes propósitos nacionales.

Se trata de educación con fuerte base en los valores universales, especialmente los de tipo ético superior, capaces de hacer que los hombres y las mujeres se sientan solidarios con el resto y practicantes de una moral que convoque y no excluya, lo que no impide la consideración de pensamientos de sectores específicos que sustentan legítimos sistemas de ideas en materias en donde nadie puede afirmar que posee la verdad única.


Cuando nos escandalizamos porque nuestros jóvenes no leen o no comprenden lo que leen, debemos tener presente que quizá no comprendan lo que leen en los libros, pero comprenden muy bien lo que leen en la sociedad. La dirigencia de los países de esta parte de América ha desertado peligrosamente de su misión de constituirse en un modelo de vida que merezca ser imitado y que se corresponda con el discurso que sostiene con respecto a los valores. Estos mandatarios tendrían que giran sus rostros para observar como esta dama chilena está llevando el testamento de la educación, única herramienta que romperá las cadenas del subdesarrollo mental que mantiene en la ignorancia y pobreza a Sudamérica.


Christian Gadea Saguier

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Da Vinci, el primer científico

No hay nada en la Naturaleza que no sea parte de la ciencia y en ella el hombre no es único por su capacidad científica o artística, sino porque la ciencia y el arte, son igual, expresiones de la maravillosa plasticidad de su mente. Tal vez Leonardo da Vinci sea la mejor representación de este axioma.

Por ello, es preocupante que más allá de sus valores artísticos, "El Código Da Vinci", film que en estos momentos atrae a millones de espectadores a las butacas de los cines, deja una imagen bastante distorsionada del genio renacentista al utilizarlo como una excusa para elucubraciones esotéricas.

Lamentablemente, dada la poderosa sugestión que ejerce el cine, es probable que muchos abandonen las salas con una idea sesgada de este verdadero "gigante" cuyo talento asombra e ilumina.

A lo largo de su vida, hace cinco siglos, Leonardo produjo nada menos que 13000 páginas de apuntes poblados de bellísimas ilustraciones con sus ideas sobre temas tan diversos como la construcción de torres, el vuelo de los pájaros, el funcionamiento de los riñones y la visión, o los cráteres de la Luna.

Destruido y perdido en gran parte, hoy sólo se conocen unos 7000 folios de ese tesoro (entre los cuales los más famosos son los que componen el Codex Hammer , que Bill Gates compró en 1994 por 30 millones de dólares). Sin embargo, alcanzan para dejar trascender -además de un ingenio práctico fuera de serie- una creatividad científica que se adelantó dos siglos a su época.

Esta es la tesis que desarrolla Michael White en Leonardo: the first scientist (Leonardo: el primer científico, Plaza & Janes 2001), donde analiza sus asombrosos descubrimientos en los campos de la óptica, la mecánica, la anatomía y la geología, entre otros.

Por ejemplo, Leonardo desarrolló una antecesora de la cámara fotográfica (la camera obscura ), imaginó los lentes de contacto, explicó por qué el cielo es azul y desarrolló técnicas para la representación del cuerpo que sólo se verían nuevamente con la invención de la tomografía axial computarizada. ¡Hasta se dice que había inventado una forma de plástico!

Fue, además, el más grande anatomista del Renacimiento: se piensa que hizo por lo menos treinta disecciones completas de cuerpos humanos, y produjo miles de bocetos y estudios detallados de la fisiología animal.

"Lo formidable de Leonardo es que trabajó durante medio siglo uniendo distintas áreas del conocimiento con una inteligencia que le permitía expresarse igualmente bien como artista, experimentador, ingeniero y diseñador -escribe White. Y más adelante afirma:- En él, arte y ciencia alcanzaron las cumbres del intelecto humano."

Aunque la ciencia del Renacimiento está muy lejos de la actual, y frecuentemente se teñía de conceptos y prácticas místicas, el autor británico argumenta que si de explorar, cuestionar, imaginar y analizar se trata Leonardo puede considerarse un científico con todas las letras, ya que hizo sus propios experimentos y documentó sus observaciones.

Doscientos cincuenta años después de su muerte, figuras como Newton, Leibniz, Fermat, Huygens y otros redescubrieron sus percepciones, ya que sus escritos permanecieron durante esos años en la oscuridad para casi todos, excepto para un pequeño grupo de nobles y coleccionistas de arte.

Los caminos de la ficción son insondables... Pero los de la ciencia son, en este caso, incluso más apasionantes.

Christian Gadea Saguier
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El 666, la cifra del conocimiento

Hay temas como este que no deben ser tomados a la ligera porque están contenidos en lenguaje esotérico, comprensión ajena a la mayoría de las personas, pero para aquellos que están preparados es un tanto más sencillo. Aunque el camino que hay que transitar para poder llegar a ese estado sea largo y penoso como lo es toda senda iniciática, edité un trabajo de Carlos Sánchez-Montaña, donde les presento una visión del 666, desde una interpretación del Apocalipsis, libro donde se menciona la cifra.

El libro del Apocalipsis
Muy grande es la maldición que recae sobre esta cifra nombrada en el Apocalipsis y que ha estado sujeta a innumerables interpretaciones a lo largo de la historia. El contexto en que se menciona la "cifra maldita", el triple seis está expresada en Apocalipsis 13,11-18

Casi todos los estudiosos coinciden en señalar que este texto pertenece al siglo I d.C. y aunque todas sus interpretaciones son lógicamente posteriores a este momento, su autor, fuera quién fuera, necesariamente se refería de manera simbólica al significado de los números de la antigüedad, a lo que estos representaban con anterioridad al nacimiento de Jesús en Belén.

Seguramente si utilizamos las fuentes antiguas podremos acercarnos al verdadero significado de la "cifra satánica". Para ello permítanme utilizar la principal fuente científica de la que disponemos en Occidente, un compendio de las influencias caldeas y griegas en el mundo romano y que en alguno de sus libros recoge aspectos que nos pueden dar alguna luz sobre el simbolismo de los números en la antigüedad.

El número seis en la antigüedad
El texto "Vitruvvii De Architectura", conocido como Los Diez Libros de Vitruvio, poseía sin duda autoridad sobre la ciencia clásica en el momento que el Apocalipsis fue escrito. Sus referencias eran igual de validas para el mundo romano como el hebreo, ya que sus fuentes son las clásicas.

Escribe Vitruvio en el capítulo primero del libro tercero que los matemáticos afirmaron que el número perfectos es el número seis, pues posee diferentes variantes que lo posiciona en ese lugar. Además, menciona que en Grecia se consideró al número seis como el emblema propio de la naturaleza física, como generador del cosmos. Bien cierto es que en este capítulo Vitruvio recobra la tradición Caldea que desde la antigüedad determinaba que el número seis representaba la creación, y por ello se consideraba un número perfecto.

Para los Caldeos la reunión de todos sus dioses se representada por el número 666, que evocaba al panteón babilónico. Para este antiguo pueblo la reunión de todas sus divinidades, su panteón, representaba el lugar donde residía el conocimiento. Encontramos en la identificación de la cifra del triple seis con la reunión de las divinidades caldeas el primer simbolismo histórico. Es el 666 la representación del conocimiento absoluto.

El seis para Pitágoras
Es el propio Vitruvio en su texto quién nos recuerda otra mención sobre el triple seis cuando en su libro V intenta justificar la estructura de su tratado y que aun reconociendo la dificultad de los términos científicos cree haber encontrado una formula que permita la fácil comprensión. Así la explica Vitruvio:
"Por tanto, explicaré con breves palabras esta oscura terminología y las complejas medidas de las partes de los edificios, con el fin de que se graben bien en la memoria; así, todo se irá recordando sin ninguna dificultad...."

También Pitágoras y los pitagóricos mantuvieron esta opinión. Les pareció bien escribir sus teorías y sus reglas en unos volúmenes de estructura cúbica "cybicis rationibus": fijaron el cubo como el conjunto de 216 versos, donde cada norma no sobrepasase tres versos.

Parece que tomaron la analogía al comprobar que tal número de versos, como sucede con el cubo, de cualquier forma que los considere la mente consigue una estabilidad inamovible en la memoria. Es el número 216 de los pitagóricos el que se obtiene al elevar el número 6 al cubo. Tres veces seis. El 666.

Vitruvio menciona como resultante de la aplicación de la "Cybicis Rationibus", (transcrito por los diferentes traductores como "estructura cúbica" "principios del cubo" "cubical arrangement"). Es precisamente en el centro de su tratado, en el proemio del Libro V, donde Vitruvio hace mención a la "Razón Cúbica" y al número 216 como "cybum CCXVI versus", el soporte para escribir sus teorías y sus reglas.

Vitruvio proyecta la razón cúbica "cybicis rationibus" en el "corpus" de su tratado para poder alcanzar la correcta disposición de los conocimientos en él y así poder ser entendido por los arquitectos que lo leyesen. "Así no habrá ningún obstáculo que impida su comprensión" menciona.

Como podemos comprobar el triple seis, bien como simple cifra, bien como resultado de su formalización geométrica se identifica en la antigüedad con el conocimiento científico.

Rescatemos la lapidaria frase del Apocalipsis: "¡Aquí está la sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666." Desde la interpretación "vitruviana" esta sentencia tiene un sentido directo conforme a lo explicado hasta este momento, salvo claro esta, la mención aterradora de la palabra "Bestia".

El 666 como lugar donde reside la sabiduría según el ideario Caldeo. El panteón de sus dioses. El seis como cifra de un hombre según el ideario griego y como tal mencionado por el arquitecto romano.

La Bestia y el Leviatán
Leviatán (del hebreo liwyatan, enrollado) fue una bestia marina del Antiguo Testamento, a menudo asociada con Satanás por los católicos, el término Leviatán ha sido reutilizado en numerosas ocasiones como sinónimo de un gran monstruo o criatura.En el Génesis, la palabra Leviatán es mencionada en el comentario de Rashi sobre Génesis 1:21: "Dios creo los grandes monstruos marinos - Taninim" en hebreo.En este verso Rashi declara: "De a cuerdo a la leyenda esto se refiere al Leviatán y su pareja. Dios creo un Leviatán varón y uno mujer, entonces mato a la fémina y la salvó para los honestos, ya que si los leviatanes llegaran a procrear, entonces el mundo no podría interponérseles." Jastrow traduce la palabra "Taninim" como "monstruo marino, cocodrilo o gran serpiente".

Leviatán aunque traducido por La Bestia de manera interesada, en hebreo antiguo significaba "gran animal surgido del mar". Aún hoy en hebreo moderno se utiliza para nombrar a las ballenas.El enviado desde el mar. Leviatanes eran en la antigüedad tanto las ballenas como los cocodrilos y los grandes peces. Los enviados del mar. Los grandes súbditos de Poseidón y Neptuno.

Conclusión
El anatema que el 666 ha recibido desde la antigüedad ha ocultado de manera interesada su verdadero simbolismo.

En el momento en que el Apocalipsis fue escrito esta cifra era la representación del conocimiento, de lo que hoy podemos llamar de manera general ciencia en el más amplio sentido de la palabra y que en los orígenes de la humanidad, en el Summer, fue representado por la leyenda del hombre-pez Oanes. La serpiente Oanes, mitad hombre y mitad pez, civilizó, ayudado por algunos hermanos, a los sumerios, ese fascinante pueblo, no semita, en el que se originó la verdadera cultura. Oanes fue quien les enseñó a construir, a cultivar, a escribir y a trabajar los metales, entre otras artes propias de pueblos civilizados.

Juan describe en el capítulo 13 como el conocimiento que durante el "Siglo de Oro" de Augusto el pueblo romano puso en práctica y le rescato de su posible final, como su mundo herido por las luchas civiles se recuperó y pudo así gobernar el mundo.

No debemos de olvidar que desde el punto de vista de los hebreos el poder de Roma en el siglo I d.C. se identificaba de manera muy exacta con el yugo que en Babilonia habían sufrido en la antigüedad, por lo que el mito de Oanes, como el Leviatán que surge del mar y apoya a sus enemigos, es una clara identificación con el triple seis y el panteón caldeo. Es posible que los hebreos adoptaran el monoteísmo durante su cautiverio en Babilonia, y así como los hebreos vivían cautivos en Babilonia, los cristianos vivían como esclavos en Roma.

En el texto de Juan se manifiesta la impotencia del pueblo elegido frente al poder que el conocimiento técnico ofrece a sus enemigos. El pueblo caldeo en la antigüedad, el romano en el momento de la escritura del Apocalipsis.

Los enemigos del pueblo hebreo, el pueblo romano que apoyado en el conocimiento del Leviatán Oanes gobierna el mundo. Roma utiliza lo enseñado por Oanes, las bases de nuestra cultura occidental: el urbanismo, la arquitectura, la escritura, la analística, la cronística histórica, los mitos, los catastros, la matemática, la geometría, la astronomía...

Roma por medio del Leviatán representado por el 666 gobernaba el mundo, de aquí su interpretación maléfica desde el Apocalipsis

Christian Gadea Saguier
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¿La Masonería piensa en un dios? ¿Puede hacerlo? si puede ¿Cómo lo hace?

Ya en la nota anterior he demostrado el perjuicio que ha traído a la humanidad las guerras de religión, tratando cada una de ellas de imponer su teología. Qué futuro nos depara si no apartamos el tema sobreponiendo lo humano por lo divino en la tierra, el único lugar que tenemos para vivir, hasta el momento. De seguro, como mínimo la vuelta de las Cruzadas, pues la Yihad ya está presente.

Pero teniendo a la humanidad como medida de todas las cosas ¿La Masonería piensa a Dios? ¿Puede hacerlo? si puede ¿Cómo lo hace?. El hecho que parte de la Masonería coloque al Gran Arquitecto del Universo (GADU) en el centro de sus trabajos es, por sí mismo, una respuesta positiva a la primera pregunta, y eso conlleva una cantidad de consecuencias interesantes y estimulantes.

Los debates filosófico-religiosos que agitaron la segunda mitad del siglo XIX alcanzaron también la esfera masónica y suscitaron en las Logias la querella del GADU, especialmente vívida en los países católicos.Esperando poder apaciguar los ánimos, el
Supremo Consejo de Francia propició la reunión un Convento Universal que tuvo lugar en Lausana en setiembre de 1875. Los Delegados de los once Supremos Consejos participantes decidieron no identificar al GADU con el concepto del “Dios” de las religiones, sino proponer formulaciones con proyección universalista:
Creador Superior
Principio Creador

Fuerza Superior

Esta posición sitúa a los masones del Rito Escocés Antiguo y Aceptado en un plano espiritual abierto y tolerante, no limitando el Espíritu al contexto único de las religiones del Libro. Esta postula posibilita la apertura de las puertas de sus Templos a fieles de todas las confesiones, no necesariamente de matriz judeo-cristiana como los Hinduistas, a los secuaces de Zoroastro, a los Budistas, a los Sintoístas, a los Sikh, etc.

Esta interpretación a-religiosa del GADU como un Principio imposible de definir o de negar, preserva de vanas especulaciones al respecto. Así cada uno de los miembros conserva total libertad de conciencia por lo que concierne a su concepción personal de algún dios. De esta forma la Masonería conservadora puede recibir a todo hombre libre y de buenas costumbres, fueren cuales sean sus opiniones.

Recordando la nota anterior, mencionamos que a lo largo del siglo XVIII se esparció sobre el continente europeo un movimiento cultural denominado Iluminismo donde la religión que aquellos masones practicaban, se identificaba con la religión natural adogmática, de cual hablará Voltaire en su Diccionario Filosófico.

El dios de los filósofos de las Luces que constituía el denominador común de la mayoría de los masones franceses, era un Ser Supremo que se revelaba a través de las leyes de la naturaleza y del cosmos, sin que fuese, por lo tanto, reconocer manifestaciones sobrenaturales. El Gran Oriente de Francia (GOF) representó hasta 1877 esta posición deísta y tolerante en relación a “Dios”. La propia iniciación de Voltaire en la Logia Nuve hermas en 1778, representó la adhesión de la élite masónica francesa a esta concepción religiosa.

Pero teniendo presente que El Gran Oriente de Francia es la obediencia masónica más liberal y progresista, realizó un Convento en 1877 para estudiar la suspensión de toda referencia al GADU dentro de sus trabajos, sin pretender hacer una profesión de ateísmo o materialismo, sino establecerse como institución abierta y progresista, saltando la valla dogmática y dejando su consideración para las religiones y teólogos.

En aquel Convento, el Hermano Fréderic Desmons, un pastor protestante de Gard que posteriormente fue Gran Maestro del GOF argumentó que muchos profanos con el deseo de pertenecer a la Masonería se veían imposibilitados de hacerlo por la imposición dogmática de “creer” en un Ser Superior, demandó por lo tanto la supresión de esta fórmula porque le pareció sobremanera, inútil y extraña a la finalidad de la Masonería.

De las discusiones acaloradas, el Convento adoptó que “la Masonería es una institución esencialmente filosófica, filantrópica y progresista, que tiene por objeto la búsqueda de la verdad, el estudio de la moral universal, de las ciencias y de las artes…Ella tiene por principio la libertad absoluta de conciencia y la solidaridad humana”. Esta redacción perdura sin muchas modificaciones hasta nuestros días.

No es mi intensión proponer una reflexión estrechamente histórica sobre estas diferentes obediencias sino más bien una reflexión general de interés común, aclarando que la Masonería no es una religión; por eso no existe un "Dios masónico" y tampoco una "teología masónica".

El Gran Arquitecto del Universo permanece en un concepto general y universal que la Masonería no puede ni debe delimitar, porque de por sí es inexpresivo e indefinible en el contexto de una institución que se propone ser el lugar de encuentro de todas las diversidades para la construcción de la humanidad. Esta entidad representa por lo tanto un concepto individual que debe ser interpretado directamente en cada hermano, según su propia y libre conciencia.

Christian Gadea Saguier
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La valla dogmática que impide el progreso humano

Antes del nacimiento de la Masonería moderna, creer en "Dios" en Occidente era como creer en la salida del sol; la respuesta a todas las grandes cuestiones de la vida era "Dios" (independientemente de que un individuo dado estuviera inclinado a obedecer a o no). La Biblia era la fuente del conocimiento acerca de Él, especialmente el Antiguo Testamento, porque allí uno podía aprender, entre otras cosas, la historia de la humanidad, los propósitos divinos y aun las cuestiones políticas debían ser resueltas por el Antiguo Testamento.

Este concepto del "Dios" bíblico no existía hace unos 30.000 años, pero su concepto tomo vida y forma al tiempo que los humanos desarrollaron el pensamiento lógico y se percataron que el universo tenía vida en sí mismo y a esa vida la llamaron "Dios". Las pruebas arqueológicas evidencian que el primer "Dios" generador / controlador fue concebido y reconocido como mujer durante más de 20.000 años y que no hubo más divinidad que la Gran Diosa hasta que entre los milenios VI y III antes de la era actual, por necesidades socio-económicas, apareció el concepto de "Dios" varón.

Desde esa época se entendía que todo operaba según el plan de Dios. Los sucesos de la historia no eran hechos aleatorios, sino sucesos que servían para llevar a cabo la voluntad de Dios. El universo era relativamente joven, había sido creado por Dios unos 4.000 años antes de Jesús y era mantenido en operación gracias a la participación inmediata de Dios. La Tierra era el centro físico del universo; dado que el hombre era el nivel más alto de la creación, era claro que los propósitos de Dios estaban centrados en él.

Así el mundo que conocemos ha sido supuestamente modelo por ese "Dios" bíblico pero la cuestión fundamental en esta nota es saber si la obra es atribuible a un dios que existe y actúa mediante actos de su voluntad revelada, o es un dios conceptual que sólo adquiere realidad en el hecho cultural de las sociedades.

Del primer tipo de dios se ocupan las religiones y según ellas, no admite discusión ni precisa de pruebas, pues tienen la verdad revelada. Del segundo tipo de dios, en cambio, se ocupa la historia, arqueología, filosofía y antropología, las demás disciplinas científicas y sociales.

Cuando surge la Masonería durante el siglo XVIII se esparció sobre el continente europeo un movimiento cultural denominado Iluminismo y la religión que aquellos hombres practicaban, se identificaba con la religión natural adogmática, de cual hablará Voltaire en su Diccionario Filosófico cuarenta años después de la primera redacción de las constituciones.

Las constituciones de Anderson son para los masones el texto fundador de la Masonería moderna, ante todo porque en ella se consagra la superación de las divergencias religiosas entre los hombres que generaron las guerras de religión durante toda la historia. Su primer artículo habla de la religión y de los hombres; entre otras palabras, legisla que se deben guardar para uno las opiniones particulares en materia de religión y comprometerse en ser un hombre de bien y leal, hombres de honor y honestos sin importar las creencias que puedan distinguirlos.

Con esta actitud a-religiosa la Masonería no pretende hacer una profesión de ateísmo o materialismo y sino establecerse como institución abierta y progresista, saltando la valla dogmática y dejando su estudio para las religiones y teólogos. Por ello sostiene el principio de libertad absoluta de conciencia y de este modo se convierte en el centro de unión fraternal del mundo.

Pero los difíciles momentos de cambio que estamos viviendo indican que ha llegado la hora de repensar si es posible liberar a las sociedades de las moralinas que en nombre de lo divino atentan contra la misma existencia de la humanidad. En el mundo posterior al 11 de setiembre de 2001, la religión ha salido de lo privado para estar presente en el espacio público más que nunca. Las investigaciones sobre el origen del cristianismo y el legado de Jesús están socavando los cimientos que durante 2.000 años ha sostenido al Vaticano. También desde el Medio Oriente llegan los fuertes discursos contra la cultura occidental vista por fundamentalistas del Islam.

Así el retorno de lo religioso se hace presente y la teoría del Choque de civilizaciones que predijo Samuel Huntington está más cerca que nunca. Por lo tanto, ha llegado el momento de reconfigurar el humanismo independiente de sus confesiones religiosas y reinstalar una fuerte presencia de la laicidad como principio de las Repúblicas.

Quienes pretendan anular este trabajo para aplicar el adoctrinamiento religioso en los ámbitos de la República, atentan contra uno de los principios más elementales del ser humano, el del libre albedrío expresado como la libertad individual, que a fin de cuentas, le permite a cada uno tener su idea de dios.

Christian Gadea Saguier
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