El Rito Francés, "el más racional y adecuado a nuestra época"

Francia es el país donde han surgido la mayoría de los principales ritos masónicos, por lo que podríamos hablar de que, en realidad, todos ellos son ritos franceses.

El Rito Francés, rito utilizado por la mayoría de las Logias del Gran Oriente de Francia y por todas ellas en el momento de su creación, ha sabido conservar, en los aspectos fundamentales, los usos originales introducidos por los fundadores de la Francmasonería en el continente a principios del Siglo XVIII y desarrollar formas específicas, coherentes y adaptadas a nuestra propia idea de la Masonería y a sus evoluciones.

El Rito Francés es sin duda alguna el Rito más antiguo practicado en la Europa continental. Tiene la ventaja de tomar su fuente directamente del que se practicaba en la época de Anderson en torno a 1723 procedente de los que se denominaron los “modernos” lo que le confiere una legitimidad y en consecuencia una regularidad incontestable.

Origen y evolución
Existen en el mundo diversos sistemas masónicos, muchos de los cuales cuentan con altos cuerpos que determinan su doctrina particular, su organización, grados y rituales, a los que se les denomina Ritos.

Las primeras Logias francesas se establecieron probablemente después de 1646, casi siempre bajo el impulso de los partidarios de los Estuardo refugiados en Saint Germain de Laye, por lo tanto con una influencia escocesa e irlandesa. Pero los representantes de la Gran Logia de Londres, creada en 1717, tomaron rápidamente el relevo e impusieron sus reglas.

Parece que la masonería, en su origen, no conoció más que un sistema de dos grados: el grado de Aprendiz aceptado y el grado de “Compañero del oficio”.

Entre 1730 y 1740, el primer grado original se desdobla (Aprendiz, Compañero) y el segundo grado se convierte en el tercero (Maestro), aumentándose con la novedosa leyenda de Hiram, aparecida en los años 1720, drama que se convierte en el relato central, fundando el origen y la unidad de la cultura masónica. Esta división, el deseo de sacralizar el lugar de reunión y la necesidad de dar una profundidad al Oriente, harán modificar la organización del espacio utilizado.

Después de su periodo de implantación y con las evoluciones específicas en Francia, sobre 1740 aparecen algunas aportaciones herméticas y de influencia caballeresca y monásticas importantes. Esto va a traducirse, en particular, en el empleo de la espada en las ceremonias, la evolución del modo de recepción de los neófitos y en la llegada de nuevas palabras al argot masónico, así como por la importancia dada al tema del evangelio de San Juan y en general a la Biblia. En realidad, se hacen una multitud de innovaciones diarias, generándose una enorme diversidad ritual a partir de la mitad del siglo.

Varios hechos deben tenerse en cuenta para apreciar la unificación ritual que el Gran Oriente de Francia va a establecer a partir de 1773, fecha de su constitución como una Obediencia de un nuevo tipo. Todas estas etapas condujeron a constituir la Masonería tal y como la conocemos hoy.
La fundación del Gran Oriente de Francia, en mayo de 1773, introduce un principio de unidad y coherencia obediencial y ritual. Se puso fin a la inamovilidad de los Venerables y se instituyó un principio de autoridad democrático.

Serán necesarios trece años para lograrlo. La primera Comisión (constituida por Bacon de la Chevalerie, Stroganoff y Toussaint) y sobre todo, después de 1776, la segunda Comisión (con Guillotin, Morin, Brest de la Chaussée y Savalette de Langes), investigaron profundamente.
Roettiers de Montaleau quien dirigiera del Gran Oriente de 1795 a 1804 con el título de Gran Venerable en ausencia del de Gran Maestro, será quien fundamente este proceso con la compilación de un Ritual Unificado y Codificado que fue editado en 1801 con el nombre de “Regulador del Masón”.

Esta regulación global proporcionará a la inmensa mayoría de las Logias del país una herramienta a la que se puede calificar de síntesis razonable, sucinta y con formas rituales equilibradas.

El carácter laico
El ritual del Rito Francés será modificado dos veces en la segunda mitad del Siglo XIX. En primer lugar por Murat quien hizo una versión corta y, probablemente, la más auténtica y fiel. A continuación por Amiable en un tiempo influenciado por el racionalismo, el positivismo y el cientificismo.

En 1877, el Gran Oriente de Francia decidió suprimir de sus trabajos la fórmula que obligaba a consagrar los trabajos a "La Gloria del Gran Arquitecto del Universo" como manifestación institucional de la defensa irrestricta a la absoluta libertad de conciencia de sus miembros, quienes están en libertad de creer o no creer en lo que les plazca.

Esta resolución del Gran Oriente fue el resultado de una enconada lucha desarrollada durante muchos años en reacción a otra resolución del Gran Oriente, tomada en 1849, por la cual se incluyó un artículo en la Constitución, que establecía como obligación para ser admitido en la masonería la creencia en Dios y en la inmortalidad del alma.

Eugenn Lennnhoff nos dice al respecto: "En 1875, el obispo Dupanloup se dió de baja en la Academia en protesta de la elección del eminente positivista Littré, autor del Diccionario etimológico, quien contaba 74 años de edad y solicitó ingresar en el Gran Oriente. Preguntado antes de la iniciación si creía en Dios, respondió: "Un sabio de la antigüedad, a quien un rey preguntó lo mismo, reflexionó durante muchos días, y nunca se sentía capacitado para responder. Yo os ruego que tampoco de mí exijáis afirmación ni negación”.

“La ciencia no niega una Causa primordial, porque no halla en parte alguna nada que la niegue ni la demuestre. Todo saber es relativo. Cada vez hallamos nuevas esencias y leyes primordiales cuyo profundísimo fondo desconocemos”.

“Quien resueltamente diga que no es creyente ni ateo, no hace sino demostrar su incomprensión del problema del origen y fin de las cosas”.

“Dos años más tarde el Gran Oriente suprimió la fórmula del "Gran Arquitecto del Universo". El clérigo protestante Desmons había defendido la proposición encaminada a esta supresión, alegando la necesidad de que el principio de la libertad de conciencia quedase expresado tan claramente como fuese posible. Esto tuvo efecto mediante esta fórmula: “La Masonería tiene por principios la absoluta libertad de conciencia y la solidaridad humana. No excluye a nadie por razón de su credo”. (Eugen Lennhoff, op. cit., pag. 104)

El Rito Francés y la problemática social
Existen una característica que determinan la preocupación social de las obediencias, logias y masones de Rito Francés, el carácter intelectual de los trabajos de este Rito.

Este factor, muy propio de la masonería latina, difiere de las logias anglosajonas, que tienen una actividad fundamentalmente ritualística, por lo que han debido confiar la tarea intelectual a logias especiales de estudios e investigación. En la masonería latina, muchas logias, especialmente las que asumen con responsabilidad el desarrollo de sus programas de trabajo son verdaderas logias de investigación.

El carácter filantrópico de este rito puede ser entendido de diversas maneras, pero todas ellas llevan implícita la idea de amor a la humanidad, y amar implica dar y darse.

Y la forma de entregar nuestro aporte a los demás, a nuestra comunidad y sociedad, y sobre todos a los más necesitados, debe pasar necesariamente por un análisis de la realidad social para ver qué se necesita hacer y qué puede efectivamente hacerse en su beneficio en este momento y lugar claramente determinados.

Los altos grados
La masonería simbólica (denominada masonería azul), se refiere exclusivamente a los grados de Aprendiz, Compañero y Maestro y está consagrada a la adquisición de la habilidad en el uso de la herramienta masónica. Es solamente, cuando está en plena posesión de esta habilidad cuando el Maestro puede actuar eficazmente sobre él mismo y sobre la sociedad.

Los cuatro Órdenes siguientes se destinan entonces a la acción, acción que se vuelve fértil por la calidad de la herramienta forjada en los tres primeros grados.

La utilización de la herramienta va a ponerse en valor sucesivamente en cuatro ámbitos, correspondiendo a cada uno de los cuatro Órdenes.

1º Orden, “Elegido” : Tiene por tema fundamental el establecimiento de la justicia en todos los ámbitos.

2º Orden, “Gran Elegido”: Se refiere a la unión de los hombres y al logro de unos valores universales.

3º Orden, “Caballero Masón”: Dedicado a las dificultades de la edificación social y la reconstrucción.

4º Orden, “Perfecto Masón Libre”: Después de haber recorrido las etapas anteriores: establecer la justicia, trabajar por realizar la unidad de los valores y reconstruir, el masón se puede establecer en una sociedad justa y esclarecida.

A modo de conclusión
Son características esenciales del rito francés: su sistema de gobierno democrático, su carácter laico, tolerante y filosófico y su preocupación por la problemática social.

Por esto, en la actualidad el Gran Oriente de Francia, sin necesidad de ejercer ningún poder o presión internacional, se ha convertido en líder de la llamada Masonería Liberal en todo el mundo y el Rito Francés se ha constituido en el vehículo más adecuado de expresión y práctica de este tipo de masonería democrática, comprometida con la problemática social y con el progreso de la humanidad, por lo que un autor como Lorenzo Frau Abrines ya afirmó de él que "...dígase lo que se quiera, el Rito Moderno o Francés, dado el espíritu filosófico y de reforma progresiva que inspira su doctrina, es el más racional y adecuado a nuestra época, de cuantos en el día se practican...".

Christian Gadea Saguier
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El masón ante su entorno social

Para definir al masón de hoy partiré de aquel que asiste a una logia en donde se busca conformar al hombre de hoy y de mañana, y en donde la energía motora que mueve las grandes obras humanas, circula por la aportación de hombre libres y de buenas costumbres, que buscan practicar la hermandad y el cambio hacia el progreso humano y espiritual de quienes le rodean.

Al definirlo así, de paso estoy dando elementos para entender a ese gran prisma que es la masonería, la cual, al igual que un diamante, cada uno de sus miembros la observa y busca desde cada una de sus múltiples caras, así entonces, estoy hablando de un crisol donde se mezclan los caracteres y criterios más disímiles, lográndose de esto las aleaciones que un mundo como el actual requiere para satisfacer la creciente necesidad de líderes.


Shakespeare no sin razón dijo: "si has visto a un hombre, has visto gran cosa" y precisamente creo que el valor de nuestra Augusta Institución es que a través del estudio y la práctica consciente, da los elementos para ser cada día mejor como medio a influir positivamente en la sociedad.


Los masones de hoy, como los de siempre, son hombres de carne y hueso, que respiran y que tienen un gran cúmulo de defectos y de virtudes y precisamente es la fuerza de voluntad para devastar esas imperfecciones y multiplicar el efecto bienhechor de sus cualidades, lo que siempre ha distinguido a este género de hombres por sobre los demás.


En un Paraguay en donde contrastan la opulencia y la miseria, en donde la justicia es clamada por muchos, en donde los problemas económicos pesan cada día más sobre la clase media y baja que sobrepasan el mayor porcentaje de la población, en donde la corrupción es la madre de gran parte de nuestras dificultades, en donde mientras el aparato gubernamental habla de confianza y de un mañana mejor, la realidad no siempre lo demuestra, es ahí, donde la masonería tiene enclavados a sus hombres, enfrentando el reto del dictado de su conciencia.


El masón moderno es un hombre comprometido con su época, no importa la posición social, ni el lugar en donde se encuentre, ya sea desde una oficina, una fabrica, una escuela, un campo de cultivo, o un mostrador, el busca con su ejemplo que virtudes como la fraternidad, la justicia, la honradez, el trabajo, el estudio, el orden, la verdad, reinen entre quienes le rodean.


Es cierto y estimulante saber que en nuestra orden han habido hermanos que con sus obras han ayudado al progreso de la humanidad, de ellos hay que imitar su entereza, su perseverancia, su valor para enfrentar su posición e ideales ante sus detractores.


A ellos debemos tenerlos como ejemplo perenne de lo que podemos llegar a ser, pero también hay que recordar que entre nosotros han habido quienes han frenado ese progreso, de ellos en lugar de avergonzarnos y ocultarlos en lo más recóndito de nuestra memoria histórica, debemos conocer sus obras y analizar sus errores, eso también es valiosa enseñanza, pues nos enseñan a conocer caminos erróneos que hay que evitar.


Y ya hablando del presente, cuando de nosotros no nos hemos quejado alguna vez de esos hermanos que dentro de nuestra organización han extraviado sus instrumentos de trabajo y lejos de comprenderlo arremeten contra el bienestar interno sin darse con ello cuenta que están destruyendo lo que dicen amar, de ellos también debemos aprender para no ser así, ni dejar que quienes ingresan a la orden sean fácil presa de su mal ejemplo, sólo acorralándolos con organización, trabajo y armonía una logia puede proseguir su noble función generadora de positivas influencias.


Aquí de nueva cuenta surge al tema de ese potente juez que debe guiar la orden del masón y que es la conciencia, definida ésta como la capacidad intuitiva, sujeta a desarrollo y perfección por medio del raciocinio y la experiencia, que nos permite conocer el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar para conservación del individuo y de la especie humana. Es evidente que en cualquier individuo ésta minimamente funciona a dos niveles: el individual y el colectivo que en otras palabras son el "yo" y "los demás".


Dependiendo de la escala de valores de cada individuo, ambos pueden ser preponderantes:
Para quienes están sujetos a una angustia continua por sobrevivir o por dominar a quienes le rodean, el nivel "yo" es lo más importante, y salvo excepciones, considero que se trata de espíritus poco evolucionados que poco han hecho por avanzar.

El segundo grupo, personas que tienen en primer plano la conciencia colectiva (el "los demás"), considero son los que la humanidad requiere para progresar hacia la satisfacción de sus necesidades.


De ellos hay menos, pero que orgullo para la masonería si la mayoría obráramos haciendo un uso consciente de nuestra inteligencia para el bien de nuestra comunidad, con ello la justicia encumbraría mayores alturas en la mente de los demás.


Gente que piensa en el nivel "de los demás" es lo que la masonería requiere para responder a las necesidades del mundo, si solemos en orgullecernos de lo que han hecho los grandes masones por la humanidad y por el papel que ha jugado nuestra orden en la historia del hombre, mejor enorgullezcámonos actuando y permitiendo que ese presente que hoy vivimos, que es el futuro del ayer, sea mejor, porque la presunción no basta, hay que obrar en consecuencia, ¿de que le sirve a la masonería alguien que no estudia, que no une la acción a los ideales?, ¿de que le sirve alguien que en lugar de ayudar a progresar a los demás, busca frenarlos?, ¿de que le sirve alguien, que, cuando habla de masonería declama los más bellos y sublimes pensamientos sobre ella, si es abrumado por el peso de su mal proceder?


Incluso, buscar recuperar la preponderancia histórica de la masonería por buscarla, quizá no tenga caso alguno, es mejor preocuparnos por cerrar filas y hacer de nuestras logias un ejemplo viviente de eso que proclamamos, así y solo así, por efecto mismo de un ambiente favorable, los masones que en ellas se desarrollen serán cada día mejores hombres, mejores padres, mejores líderes, así y sólo así, sin buscar el fin, sino trabajando sobre los medios, la fraternidad será reconocida y elogiada por quienes han sido beneficiados a través de las obras de sus miembros.

Un grave problema de muchas de nuestras logias es facilitar el ingreso de todo aquel que ha sobresalido en el ámbito social, económico o político, sin analizar como lo ha hecho y como lo está haciendo, esa gente sólo trae un beneficio inmediato, que pronto se diluye ante su público comportamiento, contrario a un verdadero proceder masónico resultando que lo único que se gana es acrecentar la negra idea popular de que la masonería está integrada por poderosos sin escrúpulos que lo mismo matan a los que ser alejan de ella, como son corruptores de todo orden establecido.


No. hermanos mejor luchemos por la imagen de nuestra Orden sea la de una fraternidad bienhechora y amante del progreso y que en lugar de recibir recompensas de las masas, reciba su admiración y respeto.


¿Como hacerlo? quizá esto no sea fácil, pero si no luchamos conscientemente por ello jamás lo lograremos; sólo proyectando al exterior gente formada con conceptos éticos bien definidos podremos hacerlo; y, para ello es de primordial importancia un análisis de conciencia sobre que somos y que queremos ser.


Si somos pusilánimes, temerosos, faltos de amor por el estudio y el análisis libre y critico de cuanto nos rodea, lo único que podemos producir es una masonería floja y apática que no aporte nada al progreso de su entono social.


Pero si decidimos ser estudiosos y aplicar ese estudio y superación a nuestras vidas, selectivos con nuestros candidatos para poder formar en ellos una conciencia de servicio y amor a los demás, tener presente que ante una responsabilidad social debemos actuar como masones ayudando a construir el gran edificio de la humanidad, sólo así estaremos haciendo una masonería fuerte y respetada.


Otro problema que se respira en algunas logias es la queja de los aprendices de que no todos los maestros de su taller son eso: maestros.


Eso ha sucedido porque un importante porcentaje de los masones nos preocupamos por coleccionar grados, más por vanidad que por amor al estudio, y sólo somos aplicados en la lectura cuando se busca llegar a compañero o maestro o ascender en los grados filosóficos.


Pero ya teniendo el grado respectivo jamás se vuelve a tocar un libro, por desgracia aún es frecuente ver a esos maestros que ocultan su ignorancia en la tan trillada frase "eso no es de tu grado, cuando llegues lo sabrás" y, ¿que pasa cuando uno llega? Se encuentra con un ambiente de poca profundidad intelectual.


De nueva cuenta se encuentra ante nosotros ese juez infalible que es la conciencia, y me pregunto siendo yo así, ¿puedo acaso aportar algo para que la masonería sea sana y fuerte?


Estoy seguro que la mayoría de los que la presente lean, han brincado esos escollos durante su estancia en la institución, y creo que estando conscientes de nuestras deficiencias humanas, a nosotros nos corresponde el reto de hacer una masonería competitiva.


Por ejemplo: ¿Cuándo se nos ha ocurrido estudiar profundamente como se comportan otros actores sociales y otras fuerzas reales, como los clérigos y ministros de muy diversos cultos; casi siempre satélites del exterior? No acaso será fructífero hacer un análisis formal del éxito de estas instituciones como rectoras sociales, que contentarnos lanzando quejas sobre su dañino proceder.


Como podemos frenar el efecto mediatizador de estas organizaciones si no tenemos ni un proyecto más claro como institución, ni actuamos individualmente como gente libre y de buenas costumbres.


Para concluir mi planteamiento diré que la masonería, siendo una fraternidad que busca edificar el gran templo de la humanidad, requiere que el masón sea un hombre más activo y comprometido con su época, que busque con afán hacer una sociedad más culta. Eso lo logra perfeccionándose día con día, con la finalidad de obtener la fuerza suficiente para crear lo que sea necesario y cambiar lo obsoleto, buscando conscientemente el bien de su medio, su país y su mundo.


Christian Gadea Saguier

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Robert Langdon, ahora investigará a los masones


Con más de 60 millones de copias vendidas, un éxito de taquilla a sus espaldas y habiéndose convertido en un auténtico fenómeno literario en todo el mundo, 'El código da Vinci' va camino de seguir cosechando éxitos. El autor Dan Brown retomará las aventuras de Robert Langdon para la secuela del libro. Un seguro nuevo bestseller que ultima el escritor y cuyos secretos están más cerca de los lectores de lo que estos creen.

La gran incógnita para los millones de lectores de El código da Vinci está clara: ¿cuál será la épica cruzada en la que se verá inmerso Robert Langdon esta vez?

"The Solomon key" (que podría traducirse como la llave o la clave de Salomón) fue el primer título oficial, posteriormente desmentido por la editorial Random House, de la esperada secuela.
Lo que sí es seguro es que en ella Brown ahondará en la historia de la sociedad secreta de los francmasones, y el vínculo entre ellos, los padres fundadores y el nacimiento de los Estados Unidos de América.

Así lo ha confirmado el propio autor, que una vez más vuelve la vista al pasado para contar una historia que incurre en los orígenes de su país, en cuya formación jugaron un importante papel nombres relacionados con la masonería. Entre ellos, el presidente George Washington, el político e inventor Benjamin Franklin y el considerado héroe nacional Paul Revere.

Jugando a detectives
En cualquier caso, todo lo relacionado con Dan Brown está ligado al enigma, y el lanzamiento de su nueva obra no podía ser una excepción.

De hecho, las declaraciones del autor no habrán resultado del todo novedosas para los lectores que, al más puro estilo Robert Lagdon, se aventuraran a descifrar las claves dejadas por Brown en la contraportada de El código da Vinci.

En la descripción redactada en la solapa interior del libro, algunas de las letras blancas emplean una sutil negrita, de forma que al unirlas forman la frase "¿No hay ayuda para el hijo de la viuda?”

La respuesta a tan enigmática pregunta la tiene Dan Burstein, estudioso de la obra de Brown y autor de “Secretos del código” y “Secretos de ángeles y demonios”, guías de lectura sobre los dos títulos más populares del autor.

"La frase – afirma – viene de la historia de la francmasonería y es una llamada de emergencia que un masón dirige a otro para decirle que está en peligro — es como 'Mayday'", señala Burstein, que ha supervisado la publicación de “Secretos del hijo de la viuda”, uno de los muchos libros ya publicados sobre lo que los lectores podrán encontrar en la secuela de El código.

Las claves del Código.
No es ese el único enigma que oculta El código da Vinci: otro de los acertijos que los lectores más observadores podrán descifrar en las tapas del libro (al menos en su edición americana) apunta a la inclusión de los padres fundadores en la secuela. En esta ocasión se trata de un anagrama en letras oscuras que al ser descifrado lee "E pluribus unum", un antiguo lema que significa "De entre muchos, uno".

Sin salir de la portada, una serie de cifras nos remiten a coordenadas geográficas que apuntan a la ubicación exacta de la escultura de Kryptos, que se levanta en el cuartel general de la CIA en Langley, Virginia. La escultura de bronce, que desde hace años ha intrigado a investigadores, criptólogos y al propio Brown, contiene varios cientos de caracteres a lo largo de un misterioso código que aún no ha podido ser descifrado.

Son más los símbolos presentes en la portada los que pueden asistir al lector en la resolución de un “misterio” que puede descifrarse on line; entre ellos, la pirámide inacabada al dorso de un billete de dólar (tomada de la historia egipcia pero utilizada también probablemente por los masones), el ojo derecho de la Mona Lisa y edificios masónicos como la Casa del Templo en Washington.

El propio Brown ha arrojado algo de luz a las especulaciones al precisar que la nueva novela se centrará en los asesinatos de políticos en Washington.

A este respecto tanto Shutgarts como otros estudiosos de Brown debaten la posibilidad de que la conspiración en torno a la cual girará la secuela se centre en el hecho de que muchos de los padres fundadores no fuesen cristianos sino deístas (aquellos que creen en un poder superior que creó la vida pero que no está presente o activo en el mundo y no interactúa con la raza humana).

Una posibilidad que chocaría con la creencia tradicional que apunta a que los padres fundadores practicaban la fe cristiana: "Los padres fundadores no pretendían crear una nación inmaculada y cristiana", señala Shutgarts. "Ellos tenían un profundo respeto por Dios pero perseguían que cada persona viviera ese respeto a su manera más que convertirlo en un gobierno cristiano. Puede que Dan Brown nos sorprenda sacando a la luz algunas de estas verdades inapropiadas".

En cualquier caso, y cualquiera sea el tema que trate, la anticipación rodea al nuevo libro de Brown, cuya publicación está inicialmente prevista para marzo del año próximo.

Christian Gadea Saguier
© Blog Los Arquitectos

Los Papas Masones

Para que no quede duda en el sentido de que la Francmasonería no se encuentra reñida con la religión, ni del tipo de enseñanzas que dentro de la hermandad se adquieren, señalaremos que el Papa Pio IX fue masón conocido en el mundo profano como Juan Ferreti. Hemos de aclarar que al ser elevado a sumo pontífice, desde un tiempo antes, había decepcionado a la hermandad y el 9 de noviembre de 1846, publicó una encíclica contra la francmasonería.

Hace unos años, el ilustre profesor y licenciado Alfonso Sierra Partida, intento publicar en los periódicos de la ciudad de México D.F., una copia del acta de iniciación en una Logia de París, donde se deja asentado que los profanos Angelo Roncalli y Giovani Montini habían sido elevados el mismo día para ser iniciados en los Augustos Misterios de la Francmasonería. La prensa de esa ciudad ni del País aceptaron dicha publicación, razón por la cual, el propio Maestro de su peculio mando sacar copias, las cuales circularon profusamente entre los círculos masónicos del País.

Angelo Rocalli y Giovani Montini, serian con el tiempo mejor conocidos como los Papas Juan XXIII y Paulo VI, quienes habrían de introducir grandes reformas a los cultos católicos con el fin de adecuarlos a los tiempos modernos en que vivían.

De las grandes reformas que introdujo el Papa Juan XXIII, se encuentran en el Concilio Ecuménico Vaticano II, y vemos que dentro de las fundamentaciones que se hacen, muchos se basan en los Principios y Postulados francmasónicos. Vemos también o nos preguntamos.

¿Qué justificación tuvo Juan XXIII, para decretar la abolición de las Bulas excomulgatorias que hasta antes de su arribo al trono de San Pedro aun tenían vigencia?

En el año 1935 Angelo Rocalli, Arzobispo de Mesembria, delegado Apostólico en Turquía, por los tiempos de la guerra que corría, al igual que otros sacerdotes y religiosos, se ven obligados a vestir ropas de laico. Es precisamente en esa época en que es invitado a ingresar a una sociedad iniciatica heredera de las enseñanzas Rosacruz y, que tanta fuerza le dieran en el pasado Lois Claude de San Martin el Conde de Saint Germain y el conde de Cagliostro.

Pier Carpi, serio investigador periodístico y en un tiempo fuerte detractor de todo tipo de sociedades iniciaticas o secretas, es el, paradójicamente, quien habría de encontrar en el transcurso de sus pesquisas, las pruebas documentales de la iniciación masónica en Turquía de Angelo Roncalli (Papa Juan XXIII). Este gran periodista relato el proceso de esa iniciación y describe ampliamente el Ritual de la misma. Así mismo cuenta que en una de las Tenidas celebradas en Logia abierta, Angelo Roncalli cae en un trance místico de larga duración y es precisamente en estas circunstancias cuando dicta sus ya famosas profecías. Los detalles de esta historia se encuentran en la obra "Las Profecías de Juan XXIII" de Pier Carpi y publicada por ediciones Martínez Roca (España).

Las acusaciones de Lefevbre han llegado a establecer un vinculo cierto entre San Pedro y la Masonería. Il Borghese, Semanario de la extrema derecha italiana, también habló de una larga lista de prelados masones pellegrino, Arzobispo de Turín; el secretario de Estado Villoti; Poleti Vicarios de Roma; el belga Suenens y hasta el secretario privado de Pablo VI, Pascuale Macchi, que estaba inscrito en la masonería desde el 23 de abril de 1958, cuando era secretario del arzobispado de Milán monseñor Montoni entre otros.

El Gran Maestre de la masonería italiana, Lino Salvan, medico socialista, ha sido frecuentemente identificado como portavoz más escuchado de la organización masónica dentro del Vaticano y uno de los artífices de la paz entre ambos dominios, en septiembre de 1976.

Nunca se supo porque Pío XII le negó siempre a Gionani Montini (Paulo VI) el cardenalato. El 24 de noviembre de 1958, 20 días después de ser elevado al trono de San Pedro, Angelo Roncalli (Juan XXIII) nombra 23 nuevos Cardenales entre ellos se encuentra Giovani Montini.

Juan XIII en 1960 da su anuencia para que se proceda a que se realicen estudios sobre las sociedades esotéricas e iniciáticas y sus relaciones con la Iglesia. Durante el transcurso de las investigaciones se detecto que las claves de los TEMPLARIOS, ROSACRUCES, organizaciones Masónicas y Martinistas, nunca se extraviaron o se perdieron para siempre, sino que de vagar de una organización a otra, siempre estuvieron celosamente guardadas en el seno de la propia Iglesia.

En el pasado existieron pontífices que tuvieron una estrecha relación con sociedades esotéricas y de tradición eminentemente oculista, como lo fueron Benedicto IX (1032 - 1034) Bonifacio VII (984 - 985).

Fueron católicos y fieles practicantes los mas grandes maestros de la tradición esotérica de alta escuela: Nostradamus (Ocultista y Astrólogo); Cornelio Agrippa (Ocultista y esoterista); San Alberto Magno (astrólogo); Santo Tomas De Aquino (mago blanco y discípulo de Alberto Magno) Leonardo Da Vinci (mago esoterista, ocultista y diseñador)

En el caso muy particular de Cagliostro que fue perseguido por la Inquisición, siempre defendió la intima relación y validez entre lo esotérico y lo exotérico. Prosiguió los debates teológicos con el respetado Gran Maestro Manuel Pinto de Fonseca, a cuya presencia le condujeron el alquimista Fray Umile y su guía espiritual Alhotas. Debate que continuaría con el Papa Clemente XIII, del que se hiciera gran devoto amigo.

La prueba vital de que existe mas información sobre esoterismo, magia y ocultismo y Francmasonería en bibliotecas no masónicas, la tenemos en la persona de Alphonsse Lois Constant, mejor conocido entre los estudiosos de esoterismo como Eliphas Levi Zahed, el cual estudio y se ordeno sacerdote en el seminario de Saint Sulpice. Por esta situación tan especial, tuvo acceso a todas las bibliotecas de conventos y seminarios de la época.

El hecho de poseer una amplísima cultura y el de hablar varios idiomas le facilito el poder consultar antiguos y raros documentos que supuestamente la inquisición había hecho pasto de la llamas. Por esta razón y su espíritu liberal, pronto fue considerado como peligroso dentro de la propia iglesia católica. Siendo repudiado por ella en el año 1841. Perteneció a diversas organizaciones masónicas, entre las que podemos enumerar "la fraternidad masónica del Gran Oriente de Francia"; "La Hermandad de la Luz" y la "Sociedad Rosacrucians De Anglia".

Después del resultado de las investigaciones ordenadas por el Papa Juan XXIII y complementando los estudios de Levi Zahed, daría inicio al proceso que condujo a la eliminación de las Bulas de excomunión de la Francmasonería.

Christian Gadea Saguier
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Francisco de Miranda, el padre de la masonería latinoamericana

Continuamos con el propósito de retratar a los padres fundadores de Latinoamérica, con el propósito de entender el proceso libertario de esta parte del mundo y comprender el verdadero protagonismo de la masonería en esta campaña.

En varias ocasiones ya apunté que la masonería no está para vivir del pasado, sino para construir el futuro de las naciones por medio de las acciones del presente. Tampoco está para constituirse en un club social de grandes banquetes y negocios empresariales.

Ella debe de ser la cantera de donde provengan las ideas renovadoras para hacer de Latinoamérica una zona del mundo libre de la injusticia social, la ignorancia y el populismo, enemigos que mantienen en vilo a las naciones que componen las antiguas colonias españolas.

En esta oportunidad, presento a Francisco Miranda, el padre intelectual de la masonería latinoamericana, comprometida en la lucha por lograr la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Primero pasos
Francisco de Miranda y Rodríguez, nació en Caracas el 28 de marzo de 1750. Era el primogénito del canario Sebastián Miranda y Robelo y de la criolla Francisca Antonia Rodríguez y Espinoza.
Desde muy niño recibió esmerada educación. Estuvo en la Academia de Santa Rosa y después en la Universidad. En 1771 viajó a España para completar sus estudios. Ingresó al ejército, donde obtuvo el grado de Capitán del Regimiento de Infantería de la Princesa. Sirvió en el norte de África, demostrando talento militar y extraordinario valor en la guerra contra los moros.

Estudioso y con facilidad para aprender idiomas, no tardó en hablar fluidamente inglés, francés y alemán. Después de algunas incidencias, en 1780 fue enviado a la guarnición de Cuba, como ayudante del coronel Cajigal. Destacó rápidamente por su excelente preparación militar y su afición a la lectura. Pero las intrigas y la envidia política le hicieron caer en desgracia. Lo acusaron por su actuación en Jamaica, donde dicen que pronunció discursos para incitar a la libertad de las colonias españolas.

Cargado de grillos, en 1782, fue enviado a la cárcel de La Habana, pero gracias a la mediación y ayuda del comandante de la guarnición y amigo personal, el coronel Cajigal, logra salir airoso de esta situación, partiendo inmediatamente hacia los Estados Unidos de Norteamérica.

El ingreso a la hermandad
Al tiempo de haber llegado, se instala en Filadelfia, donde gracias a su dominio del idioma inglés, y sus ideas republicanas, conoce y entabla, una gran amistad, con los generales Washington y Lafayette, uniéndoseles a su gesta libertaria que ya habían iniciado en contra de la corona Británica.

Varios historiadores masónicos norteamericanos y franceses aportan valiosa información sobre la actividad masónica del caraqueño Francisco de Miranda, de quien aseguran que se inició en 1783, en una logia de Filadelfia, muy frecuentada por el famoso general francés Lafayette.

No hay datos sobre el día y el mes. Por las contingencias derivadas de la guerra, al parecer se perdieron los archivos de la logia donde Miranda recibió la luz masónica. De lo que se sabe es que Lafayette fue su padrino de iniciación. Existen muchas referencias sobre la asistencia de Miranda a logias de Nueva York y de sus tertulias con George Washington en locales masónicos.
Por esa vaguedad en la fecha de iniciación de Miranda, en Filadelfia, algunos historiadores demasiado ortodoxos, han puesto en duda la iniciación del precursor en los Estados Unidos. No faltan quienes inclusive la rechazan de plano.

Sin embargo, investigaciones posteriores a la publicación de los dos volúmenes de Américo Carniccelli, arrojan bastantes evidencias sobre los contactos de Miranda con Lafayette, que culminaron en su iniciación en una logia de Filadelfia, en 1783.

Otros investigadores aseguran que Miranda se inició en la masonería en París, Francia, en 1797, meses antes de su regreso a Londres. Pero esas teorías se desmoronan solas con las referencias publicadas por diarios ingleses en 1785, donde hablan de las reuniones masónicas de Miranda con intelectuales y personajes de la nobleza.

Al citar esas evidencias, un historiador británico, llegó a la conclusión de que Miranda se inició en Filadelfia, Estados Unidos, en 1783; recibió el grado de compañero en Londres, en 1785; y el grado de Maestro, en París, en 1797. Esa cronología parece la más ajustada a la verdad, ya que guarda relación con el periplo del precursor por esos países.

El regreso a Europa
Una vez vencidos los ingleses, y luego de haber reconocido la independencia de sus colonias en Norteamérica, decide seguir su camino, partiendo de nuevo a Europa en donde hizo derroche de valor y de sus dotes de gran estratega militar, en todas las campañas en las que participó.

En 1785, la presencia de Miranda en Londres fue resaltada por la prensa británica. Se lo presentó como infatigable campeón de la libertad. Su nombre adquirió prestigio. Frecuentaba los salones de la realeza y se codeaba con los más brillantes intelectuales.

Con ansias de glorias y deseoso de acumular experiencia y conocimientos, visitó Holanda, Alemania, Italia, Grecia, Francia, Dinamarca y Polonia. En 1787 llegó a San Petersburgo, la fastuosa ciudad de la nobleza rusa. Allí fue presentado a su Majestad Imperial, Catalina II.

El porte gallardo y los modales refinados del militar venezolano, llamaron la atención de la poderosa Catalina, quien se enamoró de él, llenándolo de halagos y condecoraciones. Miranda vistió el uniforme de oficial del ejército zarista, disfrutó del esplendor de la corte y recibió el grado de Coronel del Ejército de Coraceros de San Petersburgo.

Pero ávido de nuevas aventuras y con el deseo de organizar la lucha por la independencia de Venezuela, volvió a Londres en 1790. Sus gestiones para conseguir la ayuda de la Corona Británica, fueron infructuosas. El gobierno inglés debido al Tratado firmado en el Escorial, evitaba a toda costa la posibilidad de un conflicto con España.

En 1791, Miranda tomó parte activa en la Revolución Francesa. En París, él se hizo amigo de los girondistas Jacques Pierre Brissot y Jérôme Pétion de Villeneuve, y sirvió brevemente como general en la una sección del Ejército revolucionario francés que lucho en la campaña de 1792 para conquistar los Países Bajos llegando al grado de Mariscal de Francia, bajo el mando de Charles François Dumouriez.

Arrestado varias veces durante el reinado del terror, Miranda fue amenazado con ser deportado después una medida del Directorio de la Monarquía y los Girondistas. A pesar de todo, su nombre permanece grabado en el Arco de Triunfo que fue construido durante el primer imperio.

La Gran Reunión Americana
En 1798, regresó a Londres, donde fundó la logia la Gran Reunión Americana. Febrilmente trabajó para preparar la expedición libertadora de Venezuela. Esta logia es cuestionada por algunos historiadores masones, porque se salía de los rituales, para dar preponderancia a los ideales de la causa republicana.

Miranda otorgaba grados de Maestros a los que destacaban por sus dotes intelectuales y por su amor a la libertad y la causa de la independencia americana. Les tomaba un juramento especial, que siempre terminaba con "el repudio a todos los tiranos y las tiranías".

Los trabajos en la "Gran Reunión Americana", no versaban tanto sobre simbología o el catecismo masónico, como sobre las ideas de la Revolución Francesa y la necesidad de libertar a las colonias españolas en América.

Esto critican los ortodoxos a Miranda. Afirman que se olvidaba de los rituales, para hacer foros sobre la importancia del sistema republicano y la reforma de las estructuras sociales en las colonias que deseaba libertar.

Lo que no dicen los críticos de Miranda, es que todos los próceres de la independencia americana, daban prioridad en las logias, a discusiones sobre táctica y estrategia de la lucha que libraban, porque de ello dependía en gran parte del destino de los países donde actuaban.

El Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, según refiere en un libro el historiador masón boliviano, Ángel Salas, en la logia de Chuquisaca que visitaba, discutía sus planes de gobierno. Por ese motivo, que se sepa, nadie nunca puso en duda la identidad masónica del extraordinario cumanés.

En las reuniones de la logia Miranda tuvo la oportunidad, de conocer al joven chileno, Bernardo O’Higgins, con el cual entabló una especial amistad, siendo entre otras cosas su maestro de matemáticas.

Luego de más de un año de cordial amistad, Miranda le expone a O’Higgins, con detalle, todos los planes libertarios que por tanto tiempo había estado madurando. Sorprendido por la afinidad de criterios y opiniones sobre el tema, el joven chileno le narra a Miranda, la historia y hazañas de Lautaro, el gran cacique Araucano, que defendió y reconquisto el suelo de Arauca, venciendo al propio conquistador de Chile, Don Pedro Valdivia, batalla en donde Lautaro pierde la vida en defensa de la libertad de sus hermanos de raza.

Nació entonces la idea en Miranda, que luego llevaría a los hechos de homenajear al héroe Araucano, fundando la logia Lautaro, teniendo con el tiempo filiales en varias ciudades europeas, siendo la de mayor importancia, la de la ciudad de Cádiz, en la cual fueron muchos los sudamericanos que allí se iniciaron como Masones.

Todos de la mano de Francisco de Miranda, abrazaron y juraron con devoción y entusiasmo patriótico, cumplir con los preceptos, que promulga la Masonería: la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, para luego partir, cada uno a su patria, a emprender sus respectivas gestas que culminaron con la liberación e independencia de toda la América.

De no haber sido porque Miranda sembró en los corazones de todos estos jóvenes la semilla de libertad y los preceptos de la augusta orden, difícilmente se hubiese podido realizar una empresa libertaria de esa magnitud.

¡Salud, Francisco de Miranda!

Christian Gadea Saguier
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