Los masones en los monasterios medievales

Para un estudio completo de la masonería operativa del medioevo sería necesario incluir un tratado de varias escuelas de arquitecturas y tendencias políticas y económicas que influyeron en su creación y desarrollo. En esta nota, el interés está circunscrito en la búsqueda de los constructores operativos que precedieron a los Colegios Romanos[1] para encontrar en ellos su implicancia como guardianes temporales de la ciencia especulativa de los Misterios.

Para comprender cómo se originaron las logias de los masones operativos hay que remontarse muy atrás. En el siglo V, el año 476, se produce la caída del Imperio Romano de Occidente. En aquellas fechas ya existían sociedades de constructores que se convirtieron en el refugio de las ideas más avanzadas y heterodoxas para su época, para preservarlas de la desaparición. Las logias desempeñaron un papel similar al de los monasterios, acogiendo una serie de conocimientos que corrían el peligro de perderse en una época de guerras por el poder, de persecución de ideas ajenas a las ortodoxas, de incendios que devastaban templos y bibliotecas.

Aquellos conocimientos tenían un contenido indudablemente científico, y resultaban en aquellos siglos incomprensibles para quienes vivían inmersos en el ambiente de oscura intolerancia que impregnaba la vida medieval.

Si existe un periodo de la historia difícil de estudiar, no solo por la cantidad de material y teorías presentadas, este es el de la época de la aventura occidental que va del siglo IV de nuestra era al siglo X. A primera vista, el cristianismo es la nueva fuerza espiritual que a menudo sabe apoyarse en poderes temporales.

Hacia el 313, Constantino hizo promulgar el edicto de Milán que concedía la libertad de culto a los cristianos y a los no cristianos. En realidad era una gran victoria de la nueva religión que gana la confianza del poder y se convierte en la fe oficial. El clero recibe mucho dinero, se construyen numerosas iglesias, los prelados ejercen una notoria influencia política.

Hacia 315, un monje egipcio llamado Pacomio[2] crea una institución que desempeñará un papel fundamental en el destino de la espiritualidad y el arte occidental: la comunidad monacal, donde unos hombres ávidos de Dios aprenden a vivir juntos al servicio del espíritu. Junto a los eremitas solitarios, los grandes monasterios pacomicos albergan de mil a dos mil monjes entre los que se encuentran albañiles y carpinteros. Son primero empleados en la construcción del propio monasterio, en cuyo interior les están reservadas casas especiales.

Luego de la caída de Roma (476) la institución monástica es la que permitió a los constructores sobrevivir y, mas tarde, desarrollarse. Sin los monjes, los masones de la Edad Media probablemente no habrían existido o, al menos, no habrían gozado de demasiada proyección.
En el siglo VI, Bizancio es la que da a las cofradías artesanales ocasión de expresar su genio: de 532 a 537, se erige Santa Sofía la Magnífica[3]. Bajo el reinado de Justiniano (522-565), las corporaciones gozan de numerosos privilegios y reciben abundantes encargos. En Bizancio se forma también un lenguaje artístico donde los símbolos procedentes de los viejos imperios de Oriente Próximo ocupan mayor lugar. Los escultores los incorporan a su alma; los transmitirán a sus hijos que preservarán su autenticidad hasta el siglo XII.

En el siglo VI se produce también la epopeya del monje Benito[4]. En el 529, funda el gran monasterio del Monte Casino cuyo vigor espiritual influirá en toda Europa. Curiosamente, ese sitio había sido antes uno de lo lugares de culto de Mitra; todo ocurre como si la tradición iniciática de Occidente afirmara, siempre y en todas partes, el personaje del abad, ese Cristo hecho visible para la comunidad de los monjes, ese Maestro que se ocupa de cada Hermano y le proporciona los alimentos espirituales y materiales. El abad es el primer Maestro de Obras de la Edad Media, el modelo del Venerable Maestro de la masonería, pues considera la herramienta como una fuerza sagrada y convierte el trabajo en una plegaria. Los monjes de san Benito trabajan la materia, repiten cada día las acciones de los santos y unen la inteligencia de la mano a la intensidad de su fe.

En 2004 el hermano Eduardo Callaey nos presentó Los orígenes monásticos de la francmasonería, obra que intenta recomponer el vínculo entre los gremios de constructores de la época de las catedrales y la antigua tradición de los arquitectos benedictinos, responsables de gran parte de las construcciones románicas diseminadas en Europa. En el prólogo de la obra se lee “que la comunidad monástica benedictina desarrollo rasgos operativos a través de la formación primaria de una organización artesano-gremial, asociada a la construcción del Templo, símbolo supremo de una estructura significativa atemporal”.

En el curso de su investigación, Callaey establece una estrecha relación entre la leyenda de Hiram y los documentos de época de la Orden benedictina, basados a su vez en la obra de un importante autor benedictino del siglo VIII, Beda “el Venerable”[5] (circa 673-735), De templo Salomonis Liber. El hallazgo de Beda en las fuentes masónicas es citado como documento importante en el Manuscrito Cooke[6] (circa 1420). Su anónimo autor lo menciona como una de las autoridades en la que basa su texto.

Existen numerosos testimonios que permiten afirmar la existencia de un nexo entre ambas tradiciones. La de aquellos frailes albañiles y la de los masones operativos. Deberíamos remontarnos a la dinastía iniciada por Carlos Martel (686-741)[7] quien impulsó una gran reforma de la iglesia franca, mediante la utilización de la regla benedictina. El impulso almacenado constituye una de las principales características de la dinastía carolingia.

Tiempo después, Carlomagno y su hijo Ludovico llegarán a controlar más de 700 monasterios. La construcción de estas nuevas abadías requirió un esfuerzo y organización solo posible a una estructura establecida. En ella los monjes constructores ocuparon parte del lugar que antaño habían tenido los Collegia Fabrorum.

Si leemos entre líneas a Callaey, encontramos la cantidad de documentos que atestiguan el protagonismo y la responsabilidad de la orden benedictina en la construcción de las grandes abadías y catedrales de los siglos X y XI.

En el 590, san Colombano funda el monasterio de Luxeuil. Bajo su dirección, los monjes construyen personalmente los muros que les albergarán. A finales de este siglo VI, favorable a las cofradías, los monjes se convierten en copistas y reproducen los grandes textos de la cultura antigua, que tan abundantemente utilizarán los albañiles de las catedrales de la Edad Media.

Hacia el 600, ese impulso prosigue de modo notable; bajo la dirección de san Agustin, los albañiles edifican la iglesia de Canterbury y muchas otras obras maestras. Maravillado por las obras, el papa Bonifacio IV les liberó, en 604, de todas las cargas locales y de los delitos regionales. En adelante, los albañiles podrán atravesar muy fácilmente las fronteras y viajar con pocos gastos. Esta decisión papal fue muy importante; ratifica ya el carácter original de las cofradías iniciáticas que, de 630 a 635, construyen la iglesia de Cahors cuyo Obispo, san Desiderio, es uno de los primeros constructores en piedra sillar.

Hacia inicios del siglo VIII en Francia se ve aparecer el tipo de abab laico, es decir, un superior de monasterio que no ha pasado por la vía eclesiástica. Carlos Martel alienta esta tendencia; bajo su reinado, se empieza a hablar mucho de un Maestro de Obras llamado Mamon Grecus, encargado de iniciar a los artesanos franceses en la albañilería. Directamente llegado de Oriente, habría llevado en su equipaje el antiguo simbolismo. No se trata, a mi entender, de una oposición marcada contra la Iglesia sino más bien una voluntad de independencia de las sociedades iniciáticas con respecto a todas las demás instituciones.

Bajo los merovingios, de 428 a 751, los artesanos se agruparon poco a poco, en las ciudades. La orfebrería es muy apreciada y los maestros fabrican numerosos objetos valiosos para la corte real.

Cuando Carlomagno[8] es coronado emperador en diciembre de 800, concibe la idea de un imperio grandioso en el que el arte, la política y la religión no estén disociados. Dora de nuevo el blasón de los monasterios donde exige, con la mayor diplomacia, que sean formados educadores, arquitectos, y administradores. Preñados de amor a Dios y respeto por el hombre, los monjes carolingios acogieron a los artesanos llegados de Oriente Próximo y será el nieto de Carlomagno, Carlos el Calvo, quien favorecerá la expansión de las cofradías de albañiles.

Durante todo el siglo IX la expansión de las abadías benedictinas siguen la austera regla de san Benito[9] y protegen a los artesanos sin restricción alguna. Los benedictinos reúnen una enorme masa de textos antiguos que se refieren a la arquitectura, la astrología, la medicina y las más diversas ciencias; los maestros de obras, educados en semejante clima, son cada vez más instruidos y abren su espíritu en contacto con los monjes que dirigen su vida espiritual.

Así, los esfuerzos realizados durante el periodo que va del siglo IV a comienzos del X se concretan de dos modos: primero, con la apertura de la primera gran escuela de canteros del Mont-Saint-Michel, luego con la fundación de la Orden monástica de Cluny[10], en 909. Cuando las obras de edificación de la enorme abadía se inician, los cluniacenses se referirán a la enseñanza pitagórica, que conocen perfectamente, y construirán los edificios de acuerdo con medidas simbólicas. Del geometra griego a la gran abadía occidental, se transmiten los secretos iniciáticos de los constructores. Esta vez, todo está en su lugar para permitir el inicio de la época de las catedrales.

Christian Gadea Saguier

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Notas

1-Los "collegia fabrorum" eran en Roma las agrupaciones corporativas de los artesanos que se ocupaban en la construcción. Los obreros, maestros y arquitectos que habían recibido la tradición de los arquitectos griegos y sus conocimientos sobre la forma de trabajar la piedra, que a su vez la habían recibido de los arquitectos del antiguo Egipto. Los miembros de los colegios podían ser de tres clases, que no se diferenciaban mucho de las tres masónicas. Además. Como los misterios ejercían su influencia, siempre se tenía presente el drama de la vida eterna.Sobre los símbolos de los Colegios, baste decir que, de nuevo, encontramos los sencillos útiles de la albañilería empleados para enseñar la verdad, para la vida y la esperanza para la muerte. En algunos sarcófagos romanos están gravados los compases, la escuadra, el cubo, la plomada.

2-Pacomio es contemporáneo de Constantino III el Grande y coincide por tanto con la época en que el cristianismo se convierte en la religión oficial del imperio Romano. Pacomio era precisamente uno de los soldados que luchó en el bando de Majencio. En un viaje a Alejandría, lo que más le admiró fue la caridad cristiana. Tanto que se convirtió al cristianismo, y a continuación, deseoso de llevar una vida lo más santa y austera posible, se retiró a hacer vida de ermitaño junto a uno de los templos de Serapis (el dios médico), ya en ruinas. Quizá se inspiró en los monjes egipcios de Serapis, o quizá quiso ofrecer una fórmula alternativa a la vida solitaria, el caso es que creó un nuevo concepto de vida religiosa en comunidad, basada en el trabajo. Los monasterios que creó eran auténticos centros fabriles. Su primer monasterio lo fundó en Tabennisi, junto a Denderath. Al morir dirigía nueve monasterios de monjes y dos de monjas. Un monasterio pacomiano era una pequeña ciudad, que contaba incluso con naves en el Nilo para acarrear la materia prima y llevar a los mercados los productos manufacturados por los monjes y monjas. Tuvo una gran aceptación la propuesta monástica de san Pacomio, porque era mucho más flexible que la vida eremítica en cuanto a austeridad y mortificación. Existían unos mínimos para todos los monjes, a partir de los cuales cada uno podía añadir lo que quisiera. El monasterio era un conjunto de construcciones rodeado por un muro.

3-Iglesia de la Divina Sabiduría o Hagia Sophia dedicada a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, es una de las obras cumbre del arte bizantino. Fue construida del 532 al 537, durante el mandato de Justiniano en Constantinopla, capital del Imperio bizantino (hoy İstanbul, Turquía).Sus arquitectos, Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto, cubrieron el edificio, de planta casi cuadrada, con una cúpula central sobre pechinas. Ésta reposa sobre cuatro arcos, sostenidos a su vez por cuatro columnas. Dos semicúpulas hacen de contrafuerte de la cúpula central y los muros abiertos están asegurados por contrafuertes. Posee además unos bellos mosaicos bizantinos. Fue utilizada como iglesia bizantina por 916 años, desde su construcción en el año 537 hasta la conquista de Constantinopla por los turcos en 1453, momento en que fue convertida en mezquita. En 1935 fue convertida en museo. Fue construida sobre la primitiva basílica de Constantino en tan sólo cinco años durante el imperio de Justiniano por los griegos Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto, matemático y arquitecto respectivamente, que trataron en palabras de Agatías de «aplicar la geometría a la materia sólida». Justiniano, según su cronista oficial Procopio de Cesarea, al ver Santa Sofía terminada exclamó: “Salomón, te he superado”.

4-San Benito de Nursia (Nursia, cerca de la ciudad italiana de Spoleto, 480 – Montecasino, 547), fundó la orden de los benedictinos y es considerado patrón de Europa y patriarca del monaquismo occidental. San Benito escribió una Regla para sus monjes que fue llamada "La Santa Regla" y que ha sido inspiración para los reglamentos de muchas otras comunidades religiosas. Su fiesta se celebra el 11 de julio.

5-Beda, también conocido como San Beda o Beda el Venerable (ca. 672 – 27 de mayo, 735), fue un monje en el monasterio de Saint Peter en Wearmouth (hoy en día parte de Sunderland), y de su monasterio adjunto, Saint Paul, actualmente Jarrow. Es conocido como escritor y erudito, teniendo como obra más conocida, Historia ecclesiastica gentis Anglorum (Historia Eclesiástica Del Pueblo de los Anglos) le valió el título de "Padre de la Historia Inglesa". Beda escribió sobre muchos otros temas, desde música a religión.

6-El Manuscrito Cooke, conservado en el British Museum, debe su nombre a su primer editor, Matthew Cooke, History and articles of Masonry, Londres, 1861. Data de alrededor de 1410 o 1420, pero es la transcripción de una compilación que se remonta quizá a más de un siglo atrás. Se divide en dos partes: la primera, que consta de diecinueve artículos, es una historia de la geometría y de la arquitectura. La segunda es un "Libro de deberes" que incluye una introducción histórica, nueve artículos referentes a la organización del trabajo que habrían sido promulgados durante una asamblea general en la época del rey Athelstan, nueve consejos de orden moral y religioso y cuatro reglas relativas a la vida social de los masones.

7-Único mayordomo de palacio en nombre del rey merovingio Thierry IV. Como consecuencia de estos conflictos internos, el reino franco se ha visto muy menguado por lo que Carlos pondrá en marcha un programa "reconquistador". Los bávaros y los frisones son sometidos entre los años 730-734. Pero el peligro más inminente procede del sur, donde los musulmanes dirigidos por Abderrahmán se dirigen desde Pamplona hacia la Gascuña, Burdeos y Tours. El enfrentamiento entre francos y musulmanes tendrá lugar en Poitiers, en octubre de 732, saliendo victorioso Carlos y recibiendo el apelativo de Martel -martillo-. Occidente parece respirar aliviado aunque los musulmanes no serán expulsados definitivamente de tierras galas hasta el año 757.

8-Carlos I el Grande, llamado Carlomagno (747/748 según algunas fuentes) – 28 de enero de 814), rey de los francos (768 – 814), rey nominal de los lombardos (774 – 814) y Emperador de Occidente (800 – 814). Fundó el llamado Imperio Carolingio (considerado el Imperio Romano de Occidente restaurado), que se transformaría en el llamado Sacro Imperio Romano Germánico en 962, con la ascensión a la dignidad imperial de Otón I.

9-Benito de Nursia escribió a principios del siglo VI una regla destinada a los monjes de los monasterios. Cuando le destinaron al norte de Italia como abad de un grupo de monjes, éstos no aceptaron la Regla y además hubo entre ellos un conato de conspiración para envenenarle. Benito se trasladó entonces al monte Cassino, al noroeste de Nápoles, donde fundó el monasterio que sería conocido más tarde como Montecassino. Allí le siguieron algunos jóvenes, formando una comunidad que acató y siguió la Regla, conocida por las generaciones futuras como Regula Sancti Benedicti, de 73 capítulos, algunos añadidos y modificados después por sus seguidores. Esta regla benedictina será acogida por la mayoría de los monasterios fundados durante la Edad Media. El principal mandato es el ora et labora, con una especial atención a la regulación del horario. Se tuvo muy en cuenta el aprovechamiento de la luz solar según las distintas estaciones del año, para conseguir un equilibrio entre el trabajo (generalmente trabajo agrario), la meditación, la oración y el sueño. Se ocupó San Benito de las cuestiones domésticas, los hábitos, la comida, bebida, etc. Una de las críticas que tuvo esta regla al principio fue la "falta de austeridad" pues no se refería en ningún capítulo al ascetismo puro sino que se imponían una serie de horas al trabajo, al estudio y a la lectura religiosa, además de la oración.

10-La orden de Cluny es una reforma de la orden benedictina. Fue creada el 11 de septiembre de 909, Guillermo I, duque de Aquitania, donó la villa de Cluny al papado para que fundara un monasterio con doce monjes. El monasterio se situó en Mâconnais, en Saône-et-Loire. La donación hecha por Guillermo I no es gratuita, pretende obtener la protección y la garantía de la Santa Sede dado que su poder era muy escaso. Guillermo el Piadoso quería evitar el control de los laicos. En la Carta de la fundación de la abadía se establece la libre elección, por parte de los monjes, del abad; un punto de suma importancia en la orden benedictina. La Carta condena gravemente a los que transgredan este artículo. La donación de Cluny no es la única. En esta época, numerosos dominios son legados al papado, como Vézelay. El prestigio de los pontífices del siglo X es relevante. La reforma es apoyada por el monasterio de San Martín d’Autun y el de Fleury sur Loire. En el 914, se funda el monasterio de Brogne convirtiéndose en un centro de gran influencia junto con su fundador Gérard.

Masonería mixta, la restauración de una antigua tradición

La inspiración para abocarme a la realización de esta nota viene de una conversación con mi hermana Myrian, quien ocupa el cargo de Venereble Maestra en mi logia “Estrellas del Sur”, en la Orden Masónica Mixta Internacional Le Droit Humain – El Derecho Humano.

En la ocasión estábamos conversando sobre la problemática que tienen algunos hermanos de obediencias masculinas para reconocer y relacionarse con sus hermanas. Para ellos va esta nota y a todo aquel ser humano que desee conocer el último progreso de la Masonería en su historia milenaria, avance que no es otro camino que la restauración de los antiguos misterios.

La Masonería mixta se distingue del resto de las obediencias del mundo masónico por admitir en su seno a las mujeres, en igualdad de condiciones y términos con los hombres. Con ello no se introduce ninguna innovación en el cuerpo de la Orden, sino que se restaura una de las tradiciones importantes que en parte se habían olvidado durante la época de confusión de los Misterios con la Masonería operativa de la Edad Media.

Manifiesto en parte, porque de hecho se dio la participación de la mujer en la construcción de las catedrales durante la Edad Media. Las corporaciones de arquitectos y picapedreros, en la gran mayoría de los casos estaban integradas por hombres; sin embargo, existen también numerosos ejemplos de la presencia de mujeres en estas organizaciones antecesoras de la Masonería moderna.

EL ARTE OPERATIVO. En el siglo XIII era aceptada la pertenencia de mujeres a las cofradías profesionales, como es el caso de las hilanderas, integradas exclusivamente por mujeres, o incluso en profesiones identificadas en aquella época por hombres, como la Guilda (corporación) inglesa de los Carpinteros de Norwich 1375, a la que pertenecían los albañiles de York y se hacía mención a la pertenencia de "hermanos" y "hermanas".

Entre los constructores de Catedrales es muy significativo el caso de Sabine de Pierrefonds, hija de Hervé de Pierrefonds, más conocido por su nombre germánico de Erwin de Steinbach, constructor principal de la Catedral de Estrasburgo.

Sabine esculpió algunas de las notables estatuas de Notre Dame de París, y a su vez en tanto que maestra de obra, formó aprendices en su oficio. Y es probable que no fuera la única mujer en ser maestra del oficio.

En los archivos de la Logia de York N° 236, que perteneció a la antigua Gran Logia de toda Inglaterra, existe un manuscrito ritual de 1693 que refiriéndose al momento de la recepción en la logia dice: “Uno de los antiguos toma el Libro, y aquél o aquella que debe ser hecho masón posa las manos sobre el Libro, y le son dadas las instrucciones”.

En el libro Oficios del Preboste de Paris, que data de 1270, se detallan los oficios y corporaciones exclusivamente femeninas, las que presentaban en su construcción y funcionamiento, marcadas semejanzas con las de los masones operativos de la época. En este sentido, es particularmente destacable la cofradía de las Hilanderas.

En el sistema de aprendizaje de oficios de las cofradías del Compañonage, efectuado por todo compañero desde el medievo, llamado Tour de France, la “Madre” ha sido la encargada o dueña de la posada o albergue en que pasan los “compañeros” su período de prueba del oficio, y la que organizaba sus vidas, velaba porque reine el orden, la justicia y el entendimiento fraternal entre todos.

La Guilda inglesa de los Carpinteros de Norwich, que data de 1375, guilda a la que también pertenecían los albañiles de York, recuerda que: “Todos los años, el sábado siguiente a la ascensión, los hermanos y hermanas se reunirán en un lugar determinado para recitar oraciones en honor de la Santa Trinidad, por la paz y la unión del país...si muere algún miembro de la guilda, sus Hermanos y Hermanas deben rezar por él ...”.

MIXTICIDAD EN LOS MISTERIOS. El objeto de los misterios, métodos de instrucción que utilizaban al símbolo como metodología de enseñanza para comunicar la doctrina oculta en la naturaleza, era universal en todos los pueblos, haciendo en todos los papeles de deidades, un hombre y una mujer. Estos fueron en Egipto, Osiris e Isis; en la India, Madera y Sita; en Fenicia, Thammuz y Astarte; en Frigia, Atys y Cibeles; en Persia, Mitras y Asis; en Samotracia y Grecia, Diosnisius y Rhea.

La mujer era tanto o más importante que el hombre en los cultos y creencias antiguas. Y ello adquirió también significado en la vida social e incipientemente comunitaria, hasta llegar a las diversas formas de matriarcado.

De la antigüedad, en la Mesopotamia y Egipto, el culto a la diosa Naturaleza pasó a la Europa mediterránea. Durante millares de años la religión del área mediterránea y Europa desde Anatolia hasta el Próximo Oriente, expresó el culto a la diosa, metáfora de la naturaleza, y sus ciclos representaron la vida, la muerte y la regeneración.

Respecto a los ritos de iniciación y las formas de sacerdocio, desde los más elementales a los culturalmente mejor elaborados, la mujer ocupaba un lugar de preferencia. En los tiempos pre-históricos, la mujer tenía activa participación en los cultos agrarios de fertilidad. Recordemos el culto a los “Diosas Madres" ya vigente en la etapa auriñacense (33.000 ante de la era actual).

En el antiguo Egipto, las mujeres tenían activa participación en los Misterios de Isis y Osiris, al igual que en Grecia en los Misterios de Eleusis y de Ceres. Sin emabrgo las invasiones de los indoeuropeos impusieron una estructura social patriarcal, y un panteón de dioses predominantemente masculinos, generando la sumisión de la mujer que se consolidó con las religiones de libro sagrado: el judaísmo, el islam, el cristianismo.

El cristianismo primitivo, y el judaísmo fueron religiones patriarcales, y a pesar de que Mahoma predicaba un ideal de igualdad entre hombres y mujeres, sus seguidores tomaron la posición primitiva de inferioridad de la mujer, que persiste hasta hoy.

San Agustín deja a las mujeres un legado difícil (la mujer es causa del pecado del hombre, y de todos los males, decía). Las cartas de san Jerónimo demuestran una antipatía por las mujeres que parece, a veces, demente. Tertuliano trata a las mujeres como tentadoras y perversas, un eterno peligro para el género humano.

Este conjunto de factores: comportamientos innatos y adquiridos, normas de derecho, usos y costumbres tradicionales y preceptos religiosos erróneos, mantuvieron a la mujer en grado de inferioridad en relación al hombre por mucho tiempo.

Con el Renacimiento y el Humanismo, se revaloriza la personalidad humana, su capacidad racional, su libertad y su historia. Ahora la verdad es buscada y encontrada, también fuera de la revelación. Desde el Renacimiento se fomenta la libre investigación en el ámbito de la historia, del espíritu y de las ciencias y se defiende el derecho a criticar las instituciones establecidas y sus tradiciones. El renacentista no espera favores divinos, sino que procura perfeccionar su trabajo personal aplicando su talento y habilidades. El individualismo se opone al misticismo medieval.

También se puede pensar en la recepción de las esposas de los Maestros, pues en las antiguas constituciones de los masones francos y aceptados, tomadas de un manuscrito escrito hace 500 años de J. Roberts, escrito en 1722, en la parte del reglamento de los Aprendices, dice: “No revelaréis los secretos o proyectos de vuestro Maestro o de vuestra Maestra ...”.

En los archivos de la Logia de York N° 236, que perteneció a la antigua Gran Logia de toda Inglaterra, existe un manuscrito de 1693, por el que nos enteramos que durante una recepción en el Siglo XVII: “Uno de los antiguos toma el Libro, y aquél o aquella que debe ser hecho masón posa las manos sobre el Libro, y le son dadas las instrucciones”. Incluso la iniciación femenina a la francmasonería aceptada se extendió a una soberana, Ana Estuardo, hija de Jacobo II, que reinó sobre Gran Bretaña e Irlanda de 1702 a 1714.

MASONERÍA DE ADOPCIÓN. Cuando surgió la masonería especulativa, o moderna, en el siglo XVIII, la mujer no estaba ni económica, ni social, ni políticamente emancipada, y las Constituciones de Anderson de 1723 que dieron el puntapié inicial de la Francmasonería Moderna no las tuvieron en cuenta.

Tal vez porque su redactor, masón Anderson, además era pastor anglicano, y, en esa doble condición, pudo haber pesado los prejuicios religiosos de la época. Felizmente, hoy la Iglesia Anglicana acepta el sacerdocio femenino. Sin embargo, la Masonería inglesa aun no ha incorporado a la mujer, aunque tenga a una reina como jefe de la nación inglesa.

Por el contrario, en Francia, en 1730, sólo cinco años después de la aparición de la Masonería especulativa en este país, comienzan a realizar gestiones para ser aceptadas en la Institución. Mientras, forman parte de asociaciones de tipo masónico, tales como la “Orden de los Caballeros y Caballeras del Ancla”, creadas en 1747, de los “Leñadores y leñadoras”, creadas también en 1747.

El 10 de junio de 1774, el Gran Oriente había tomado bajo su protección, en una Asamblea General, la Masonería de Adopción. En el año 1775, el marqués de Saisseval, ayudado por otros hermanos no menos ilustres, forman la Logia El Candor. Fue su primera Venerable la Duquesa de Bourbon, a quien siguieron la Princesa de Lamballe (1780), la Emperatriz Josefina (1805), Madame de Vaudemont (1807), Madame de Villete (1819), amiga personal de Voltaire. Y así como estos casos, hubo muchos más.

LA RESTAURACIÓN. Los miembros de la Masonería Mixta insistimos en el respeto de las antiguas tradiciones. La Orden Mixta de la Masonería deriva su sucesión de Soberanos Grandes Inspectores Generales del grado 33 de ciertos hermanos pertenecientes al Supremo Consejo de Francia, fundado por el conde De Grez-Tilly, en 1804.

En un material de J.I. Wedgwood, Universal Co-Masonery, What is it?, se presenta un relato de su fundación, que deriva de las minutas oficiales del Supremo Consejo, publicadas en la obra del doctor Georges Martin Etude de la Franc-Maconerie Mixte et de son Organization.

“La Orden Mixta Internacional es el primer cuerpo masónico que ha intentado establecer una Orden en escala mundial en el que se admitan en pié de igualdad con los hombres a las mujeres. Su carrera empezó en 1882. Existía entonces un cuerpo que se llamaba Gran Logia Simbólica Escocesa de Francia. Contaba con varias logias que se habían apartado del Supremo Consejo de Francia, y que se constituyeron en una Gran Logia. Pero solo fue un antecedente de lo que las otras logias bajo el Supremo Consejo hicieron en los años 1894-97, cuando se organizaron en la actual Gran Logia de Francia, y que absorbieron, con una sola excepción, a las demás logias de las Gran Logia Simbólica Escocesa de Francia. Este último cuerpo, que es el que nos interesa, casi inmediatamente después recibió el reconocimiento del Gran Oriente de Francia”.

Una de las logias que salió de este tronco fue la llamada Les Livres Penseurs, y que se reunió en Pecq, cerca de París. Esta logia, que entonces pertenecía a una obediencia masculina, decidió iniciar a una mujer, María Desarrimes, conocida escritora y conferencista, que se había distinguido en actividades humanitarias y en el movimiento feminista francés. Así lo hicieron el 4 de junio de 1882.

Con ella y el doctor Martin nacía la Orden Masónica Mixta Internacional Le Droit Humain – El Derecho Humano y con esta acción quedó restaurada la práctica mixta de los antiguos misterios.

Christian Gadea Saguier

La influencia masónica en la independencia del Río de la Plata

El tema de esta nota surgió cuando recibí el libro “La cruzada de los Caballeros Orientales”, de Luis Alberto Lagomarsino. El material llegó a mis manos hace unas semanas gracias al fraternal envió un hermano que conocí en el verano 2005 en Punta del Este (Uruguay). Debo confesar que hace más de un par de años que tengo la intención de realizar una investigación sobre la participación de los masones en el proceso de emancipación de la corona española y este libro me inspiró para volver al proyecto.

Para desarrollar el trabajo su autor hurgó en múltiples libros y transcribió parte de esas consultas, que relatan o describen qué pasaba en las Colonias antes de la revolución latinoamericana, cómo los librepensadores de Norte América transmitieron sus ideas a pesar del atraso cultural del Nuevo Mundo, cómo se gestaron algunos de los hechos históricos que pautaron la actitud de los patriotas americanos, así como también quiénes fueron y cómo se manejaron los personajes que llevaron adelante tales conquistas.

En la misma línea metodológica se enfoca por encontrar los orígenes del pensamiento antigüista, así como los de San Martin, O`Higgins, Bolívar y otros hombres de la época. El libro aborda la génesis de la presencia masónica en esta parte de América y especialmente en Uruguay, para lo cual el autor se basa en otros estudios.

En el no se encuentra nada de lo que la masonería guarda como arcano, su docencia interna, ni sus concepciones espirituales, que sólo podrán ser sospechosas por la calidad de sus obras, pero sí se expone aquello que ha servido de sustento y que fue integrado a la vida social y política de Uruguay.

Hecha las argumentaciones de este post, vamos hacia el trabajo en sí. El Río de la Plata es el estuario creado por el río Paraná y el río Uruguay, formando sobre la costa atlántica de América del Sur una "muesca" triangular de 290 km. de largo. La cuenca combinada del Río de la Plata y sus afluentes tiene una superficie de aproximadamente 3.200.000 de km², según datos contenidos en Wikipedia. La extensión contiene a Paraguay, Argentina y Uruguay.

FUNDACIÓN. El primer no americano en navegar sus aguas fue Juan Díaz de Solís, en 1516, mientras intentaba hallar un pasaje desde el océano Atlántico al océano Pacífico. Desembarcó junto a un grupo de hombres en costas de lo que hoy es el departamento de Colonia (Uruguay) y fueron atacados por los indígenas (probablemente guaraníes aunque por mucho tiempo se ha adjudicado el hecho a los charrúas). Sobrevivió uno sólo de ellos, llamado Francisco del Puerto, grumete de 14 años de edad, en función de que la cultura de tales indígenas prohibía matar mujeres, niños y ancianos. Otras versiones señalan a Américo Vespucio como su descubridor.

Años después, desde un navío al mando de Sebastián Gaboto, divisaron "un indígena enorme haciendo señas y dando voces desde la costa"; al desembarcar se encontraron con aquel sobreviviente, educado como guerrero charrúa. Retornó con los españoles para, finalmente y al cabo de un tiempo, volver a la nación indígena, sin que hayan quedado registros de su vida a partir de ese momento.

El primer asentamiento fue la actual ciudad de Buenos Aires, fundada por Pedro de Mendoza el 2 de febrero de 1536, abandonada y fundada nuevamente por Juan de Garay el 11 de junio de 1580.

En 1680 los portugueses fundan, sobre la ribera oriental del río, la Colonia del Sacramento, frente a Buenos Aires. Colonia fue objeto de disputas entre españoles y portugueses por cerca de un siglo, cambiando varias veces de manos y obligando a los españoles a colonizar la Banda Oriental, hasta entonces mayormente ignorada. Colonia es asaltada y ocupada por las fuerzas virreinales españolas el mismo año de su fundación, para ser devuelta a Portugal en 1681. Para detener el avance lusitano, Felipe V ordenó la construcción de Montevideo y sus fortificaciones sobre la banda oriental del río. Esta tarea se realizó entre 1724 y 1730.

PRIMEROS PASOS. Marcial Ruiz, publicó en 1977 “Primitiva Masonería en el Río de la Plata” donde manifiesta, entre otras cosas, que en 1773 la Gran Logia de Inglaterra designa a Randolph Took como su representante con poderes para actuar en América del Sur y lo autoriza a iniciar profanos. Sin embargo, con los elementos de juicio con que se cuentan, no se encuentra una explicación atinada que justifique tal autorización. Tampoco se tiene constancia de que se haya realizado alguna iniciación en el Río de la Plata en ese tiempo.

De acuerdo con el libro de Fabián Onsari “San Martin, la Logia Lautaro y la Francmasonería” (1951), la instalación de las primeras logias en el Río de la Plata data de los años 1794 a 1797, coincidiendo su fundación con la de las primeras asociaciones que agrupaban a los patriotas.

Se tiene certeza que en 1804 se produjo en Buenos Aires el nacimiento de la Logia “San Juan de Jerusalén de la felicidad de esta parte de América”, fundada por Juan de Silva Cordeiro, portugués de origen, iniciado en la Logia “Matritense” de Madrid, según consta en varios estudios.

Respecto a lo que sucedía en ese tiempo en Montevideo, el profesor Mario Dotta -a quien tengo el gusto de conocerlo, pues nos encontramos en Chile en un simposio internacional sobre la historia de la masonería en América- en su libro “Caudillos, Doctores y Masones” (2006), escribe: “… la Hermandad de Caridad, a cuyo cargo estaban ciertos servicios públicos y esencialmente el cuidado y admiración del Hospital Caridad, constituyó por la forma secreta de sus actividades una logia masónica, por los símbolos que ostenta el edificio y la capilla del Hospital, además de otras características”.

También existen otras publicaciones y evidencias de la vigencia de logias masónicas con anterioridad a las invasiones inglesas (1806-1807), así como de su influencia en la Revolución de Mayo. Tal como se presupone ocurrió en Inglaterra, también en Francia el Gran Oriente dio cartas patentes a logias y grandes logias de Chile, Perú y Venezuela.

Los padres de la patria, San Martin, Bolívar, Belgrano, Alvear, O`Higgins y tantos otros tenían una visión continental con respecto al Río de la Plata y para lograr la independencia y conservarla consideraban que la zona debería estar unida frente al avance enemigo, sean españoles, ingleses o portugueses, inquietudes que hacían suyas las logias masónicas en América y Europa.

EL PRECURSOR. La gran visión de una América libre se acunó en Francisco de Miranda, quien según varios historiadores masónicos norteamericanos y franceses se inició en 1783, en una logia de Filadelfia, muy frecuentada por el famoso general francés Lafayette.

No hay datos sobre el día y mes. Por las contingencias derivadas de la guerra, al parecer se perdieron los archivos de la logia donde Miranda recibió la luz masónica. De lo que se sabe es que Lafayette fue su padrino de iniciación. Existen muchas referencias sobre la asistencia de Miranda a logias de Nueva York y de sus tertulias con George Washington en locales masónicos.

Por esa vaguedad en la fecha de iniciación de Miranda, en Filadelfia, algunos historiadores demasiado ortodoxos, han puesto en duda la iniciación del precursor en los Estados Unidos. No faltan quienes inclusive la rechazan de plano.

Sin embargo, investigaciones posteriores a la publicación de los dos volúmenes de Américo Carniccelli, arrojan bastantes evidencias sobre los contactos de Miranda con Lafayette, que culminaron en su iniciación en una logia de Filadelfia, en 1783.
Otros investigadores aseguran que Miranda se inició en la masonería en París, Francia, en 1797, meses antes de su regreso a Londres. Pero esas teorías se desmoronan solas con las referencias publicadas por diarios ingleses en 1785, donde hablan de las reuniones masónicas de Miranda con intelectuales y personajes de la nobleza.

Al citar esas evidencias, un historiador británico, llegó a la conclusión de que Miranda se inició en Filadelfia, Estados Unidos, en 1783; recibió el grado de compañero en Londres, en 1785; y el grado de Maestro, en París, en 1797. Esa cronología parece la más ajustada a la verdad, ya que guarda relación con el periplo del precursor por esos países.

LOGIAS POLÍTICAS. En 1798, regresó a Londres, donde fundó la logia Gran Reunión Americana. Febrilmente trabajó para preparar la expedición libertadora de Venezuela. Esta logia es cuestionada por algunos historiadores masones, porque se salía de los rituales, para dar preponderancia a los ideales de la causa republicana.

Miranda otorgaba grados de Maestros a los que destacaban por sus dotes intelectuales y por su amor a la libertad y la causa de la independencia americana. Les tomaba un juramento especial, que siempre terminaba con "el repudio a todos los tiranos y las tiranías".

Los trabajos en la Gran Reunión Americana, no versaban tanto sobre simbología o el catecismo masónico, como sobre las ideas de la Revolución Francesa y la necesidad de libertar a las colonias españolas en América.

Esto critican los ortodoxos a Miranda. Afirman que se olvidaba de los rituales, para hacer foros sobre la importancia del sistema republicano y la reforma de las estructuras sociales en las colonias que deseaba libertar.

Lo que no dicen los críticos de Miranda, es que todos los próceres de la independencia americana, daban prioridad en las logias, a discusiones sobre táctica y estrategia de la lucha que libraban, porque de ello dependía en gran parte del destino de los países donde actuaban.

El Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, según refiere en un libro el historiador masón boliviano, Ángel Salas, en la logia Chuquisaca que visitaba, discutía sus planes de gobierno. Por ese motivo, que se sepa, nadie nunca puso en duda la identidad masónica del extraordinario cumanés.

En las reuniones de la logia Miranda tuvo la oportunidad, de conocer al joven chileno, Bernardo O’Higgins, con el cual entabló una especial amistad, siendo entre otras cosas su maestro de matemáticas.

Luego de más de un año de cordial amistad, Miranda le expone a O’Higgins, con detalle, todos los planes libertarios que por tanto tiempo había estado madurando. Sorprendido por la afinidad de criterios y opiniones sobre el tema, el joven chileno le narra a Miranda, la historia y hazañas de Lautaro, el gran cacique Araucano, que defendió y reconquisto el suelo de Arauca, venciendo al propio conquistador de Chile, Don Pedro Valdivia, batalla en donde Lautaro pierde la vida en defensa de la libertad de sus hermanos de raza.

Nació entonces la idea en Miranda, que luego llevaría a los hechos de homenajear al héroe Araucano, fundando la logia Lautaro, teniendo con el tiempo filiales en varias ciudades europeas, siendo la de mayor importancia, la de la ciudad de Cádiz, en la cual fueron muchos los sudamericanos que allí se iniciaron como Masones.

Todos de la mano de Francisco de Miranda, abrazaron y juraron con devoción y entusiasmo patriótico, cumplir con los preceptos, que promulga la Masonería: la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, para luego partir, cada uno a su patria, a emprender sus respectivas gestas que culminaron con la liberación e independencia de toda la América.

De no haber sido porque Miranda sembró en los corazones de todos estos jóvenes la semilla de libertad y los preceptos de la augusta orden, difícilmente se hubiese podido realizar una empresa libertaria de esa magnitud.

EL DESEMBARCO. En enero de 1812 un grupo de oficiales se embarcaba en la fragata George Canning con destino al Río de la Plata. En marzo, según cuenta Lucía Galvez en “¿Cómo Dios manda?”, la Gazeta de Buenos Aires publicaba el nombre de los militares que “venían a ofrecer sus servicios al gobierno”. Ellos eran: San Martin, Alvear, Zapiola, entre otros quienes decidieron instalar en Buenos Aires la logia Caballeros Racionales, cuya finalidad sería “mirar por el bien de América y de los Americanos”. A ella se incorporaron los dirigentes de la Sociedad Patriótica y otros vecinos, vinculados a logias existentes.

En Montevideo hacia 1818 se da inicio a la organización de los Caballeros Orientales, una poderosa orden política revolucionaria que tenía, según relata Lagomarsino, el objetivo de ordenar y proteger a quienes anhelaban y luchaban por la independencia de la Banda Oriental (Uruguay). De esta formación surgieron muchos de los hombres que hicieron posible también la existencia de los partidos tradicionales en el escenario político uruguayo.

En Paraguay no hay antecedentes masónicos sino hasta 1845 cuando la masonería paraguaya inicia sus trabajos en secreto y en la clandestinidad, durante la era del Presidente Carlos A. López, a través de las logias de ingleses e italianos llegados con los técnicos contratados para la construcción del nuevo país. Una de ellas trabajaba en tierra firme, la de los italianos, bajo la veneratura de Enrique Tuba.

Por su parte en 1853, los ingleses a bordo del buque Locust, en el que venía el primer diplomático británico ante el gobierno del Paraguay, Charles Hotham, para reconocer y ratificar la independencia y la firma de algunos tratados de comercio, se inician iconos militares y marinos paraguayos que posteriormente desempeñarán gran papel en la política del país.

Teniendo ante mi vista las actas masónicas en idioma portugués de la Logia Fe, en bonita letra gótica inglesa rubricada por el gran secretario de la logia, soy testigo de la iniciación de paraguayos que tendrán un papel determinante en la reconstrucción del Paraguay después de la guerra (1865/70). Cirilo A. Rivarola, Cayo Miltos, Juan B. Gill, Cándido Bareiro, Adolfo Saguier, Bernardino Caballero, Juan A. Jara y otros más trabajaron cada uno en su tiempo y oportunidad fraternalmente para la creación del Colegio Nacional de la Capital; el Ateneo del Paraguay; el Instituto paraguayo; la Universidad Nacional; la Academia de Lengua y Cultura Guaraní; la Academia de Historia Militar; los tradicionales Partidos Políticos: Liberal y Colorado, ocupando en la mayoría de las veces la presidencia de la República, creando una nueva constitución que otorgó un segundo nacimiento a un país muerto.

Christian Gadea Saguier

El origen de los ritos masónicos egipcios














Para muchos de nosotros la fascinación por Egipto seguramente nació en nuestra infancia, mientras hojeábamos las viejas ilustraciones que habían dibujado los sabios franceses que acompañaron a Napoleón en su campaña de Egipto. Si Grecia fue la cuna del pensamiento y la cultura occidentales, Egipto no podía ser otra cosa que sus desconocidos padres. Así, todo intento por conocer Occidente debe comenzar con Egipto.

Plutarco, sacerdote del siglo I d.C., fue uno de los pocos iniciados en el sacerdocio egipcio que escribieron de los Misterios para un público que ignoraba y desconocía el sentido profundo de la tradición egipcia. En este sentido se podría pensar que fue un iniciado que violó el juramento de silencio en relación con los sagrados ritos egipcios.

Oriundo de Queronea, fue en Delfos donde Plutarco recibió la iniciación en los antiguos Misterios egipcios de Isis y Osiris, y él mismo revistió altas funciones en este santuario. Como escribió su libro Isis y Osiris en la misma Delfos, podríamos considerar que tal vez no incumplió ningún juramento, pues en tal caso nada le habría resultado más fácil al sacerdocio del templo que suprimir el texto y castigar tan grave traición. Pero como, por otra parte, es indudable que su obra contiene gran cantidad de informaciones secretas sobre los Misterios de Isis y Osiris, a primera vista parecen incompatibles tales revelaciones con el voto de silencio.

El libro en cuestión recoge una serie de comentarios sobre los Misterios. En ellos se examinan diferentes aspectos relativos a diferentes niveles de iniciación y a la mitología arcana. La obra está dedicada a Klea, sacerdotisa e iniciada en Delfos. Esta circunstancia nos permite entrever que su intención no fue la de transgredir ningún voto de silencio; tal vez sólo se trataba de instruir a una hermana iniciada en el mismo culto.

No se sabe cómo sus escritos llegaron al dominio público. No sabemos cómo ocurrió esto, ni si el mismo Plutarco los escribió con intención de publicarlos alguna vez. Tampoco nos consta que recibiera castigo alguno por parte de los iniciados del Templo de Delfos, como seguramente hubiese ocurrido si hubiera quebrantado un secreto.

Para conocer un poco mejor este mundo enigmático de los misterios egipcios, la revista Hermética (www.revistahermetica.org) en su último número, le dedica toda la publicación al tema. No obstante, humildemente, comparto con ustedes mi entusiasmo por Egipto, obtenido de basta bibliografía.

El interés por la tradición egipcia surge con mayor certeza con la Academia Platónica de Florencia, fundada en 1450. Traducido por primera vez del griego al latín en 1471 por Marsile Ficino, el Corpus Hermeticum conoce un amplio éxito, ya que se realizaron más de treinta y dos ediciones. Más tarde llegó el interés por los jeroglíficos.


La egiptomania progresó en particular con la obra de Athanase Kircher (1652), Oedipus Aegyptiacus. Uno de los ballets de Rameau se titula El nacimiento de Osiris (1751). El abad Terrasson, helenista y miembro de la Academia francesa, editó en 1728 una novela seudo-iniciática, Set o la Vida extraída de los monumentos y anécdotas del antiguo Egipto. Las antiguas iniciaciones en tierras egipcias se contaban con mucha fantasía.

Dos alemanes, von Köppen y von Hymmen, lo imitaron publicando Crata Repoa en 1770. Se difundió ampliamente un grabado con autoría de Lenoir que representaba las ceremonias iniciáticas, dentro de la Gran Pirámide. Se podrían citar muchos más autores, pero estos cuantos ejemplos muestran el auge del baño cultural egipcio en dicha época.

Un trabajo de Manuela Garijo, muy bien documentado y publicado en la Revista Hermética, Origen de los ritos masónicos egipcios sugiere que el hermetismo y las Escuelas de Misterios nacen en Alejandría, en una villa cosmopolita ubicada en Egipto pero fundada por los griegos y donde un tercio de la población es de procedencia judía.

Según la autora, utilizan la terminología de los mitos procedentes del antiguo Egipto (Osiris, Isis, etc.), que restituyen en un marco muy influenciado por la cultura griega. Durante el transcurso de los dos siglos que precedieron a la era cristiana circulaban textos, atribuidos a Hermes – dios griego – que pretendían revelar la antigua sabiduría egipcia. Reunidos más tarde bajo el nombre de Corpus Hermeticum, garantizaron el desarrollo de las ciencias herméticas: magia, alquimia y astrología.

Pero el Egipto que redacta dichos textos herméticos y al que hacen referencia los ritos masónicos egipcios, no es precisamente el Egipto faraónico, sino un mundo griego-egipcio, asegura Garijo. Como la datación exacta de los textos herméticos ha sido obviamente posterior a su traducción, no podemos reprochar a los ocultistas y a los ritos masónicos egipcios haberse confundido, considerando que el Egipto al que se referían era el Egipto faraónico, explica.

Sin embargo, C.W. Leadbeater en su obra La Masonería, la historia secreta, sostiene que el culto de los Misterios se origina en el mismo periodo en que se construyeron las pirámides, tiempo que atribuye al año 7525 a.C., una teoría un tanto estirada de los pelos, para mí.

Considero que es en el siglo XVIII, donde la antigüedad se transforma en uno de los componentes del discurso masónico, como la caballería o la fraternidad. Incluso en Inglaterra, el pastor Anderson y el caballero de Ramsay hacen referencia a los antiguos Misterios, tan antiguos que se pierden en la oscuridad de la noche.

A comienzos del siglo XIX, Egipto se convierte en el tema central de los autores de la Orden, siguiendo las huellas de la campaña napoleónica de Egipto.

En mayo de 1798, Napoleón Bonaparte embarca con una fuerza de 38.000 hombres, repartida en 335 navíos, y zarpa hacia Egipto. Se ampara de Alejandría el 1° de setiembre y vence a los mamelucos delante de las pirámides. Pero lo más importante fue el despliegue de eruditos y de investigadores que se unieron a la campaña y que pudieron de este modo ponerse manos a la obra.

Visitan los sitios sagrados, lo anotan todo, realizando bocetos, dibujos, reuniendo documentos, recuerdos y las más diversas informaciones sobre el antiguo Egipto. Copian a mano cantidad de textos jeroglíficos. Entonces llegó el descubrimiento de la piedra de Roseta.

El capitán Bouchard encuentra una estela con un decreto en tres lenguas: en jeroglíficos, en egipcio demótico y en griego, lo que permite a Jean-François Champollion descifrar, por primera vez, los textos del Egipto faraónico. Su primera comunicación, respecto al alfabeto egipcio se celebró el 17 de diciembre de 1822.

Como lo recuerda Jean Mallinger, la campaña de Egipto tuvo también otra consecuencia. El entusiasmo general por Egipto produjo que muchas logias masónicas del continente europeo, modificasen el marco social de celebración de sus actos que hasta la fecha había sido aquel de los ingleses.

La masonería introducida por los británicos, que con frecuencia se reunían no en templos, sino en tabernas o restaurantes, se limitaba a recitar los rituales, iniciándolos y clausurándolos con cantos, todo ello acompañado por los placeres de la mesa.
La campaña de Egipto fomenta un movimiento ya presente en la Europa continental, cuya ambición era la práctica de ritos eficientes por iniciados reunidos entorno a un local que recordase los templos de la Antigüedad.

El iniciado estaba considerado como una piedra viva, cuya talla se realizaba a lo largo de los trabajos, en un ámbito de estudio y de mutuo afecto. Como lo demuestran La alta Masonería egipcia de Cagliostro, en su vertiente hermética y la Orden de los “élus-cohen” (elegidos cohen) de Martinès de Pasqually, respecto a la gnosis judeocristiana. Ninguna de ambas vertientes sobrevivió a sus fundadores. Pero la calidad de su posterior desarrollo iba a revelarse impresionante.

La moda de lo egipcio no dejó de expandirse durante todo el siglo XVIII. En 1751, Rameau escribió una ópera-ballet, La naissance d` Osiris. De 1773 a 1784, Antonie Court de Gébelin hizo aparecer los nueve volúmenes de su Monde primitif, una amplia enciclopedia mitológica y “alegórica” en la que revela el origen de las religiones, los símbolos, los calendarios, los juegos de cartas, las lenguas, las escrituras… Como no podía ser de otro modo, la concedía una gran importancia a los cultos y divinidades del Egipto antiguo.

Según él, la etimología de París era Bar Isis, es decir, “Barca de Isis” y el emplazamiento de la catedral de Notre Dame habría sido primero el de un templo de esa diosa egipcia. Court de Gébelin quien, además de miembro de muchas academias de eruditos, era pastor protestante, adepto a los Ritos de los Filaletes y de los Elegidos Cohen, tuvo una influencia inmensa en la sociedad intelectual de su tiempo.

La moda egipcia, según nos cuenta Gerard Galtier en su espléndida obra La Tradición oculta, no se limitó a Francia; la encontramos en Italia, Gran Bretaña y en los países germánicas. La célebre ópera masónica de Mozart, La Flauta Mágica, se representó por primera vez en viena en 1791; sabemos que describe el camino de la iniciación a través de los misterios de un Egipto místico. En 1795, el escritor Eckartshausen publicó su novela, La voyage de Kosti, en el cual el héroe, hijo de un príncipe indio, sigue un fabuloso peregrinaje iniciático que le lleva a penetrar en la gran pirámide de Menfis.

Uno de los primeros Ritos egipcios es el rito de los “Arquitectos Africanos”, creado en Berlín hacia 1767 por Friedrich von Copen (1734-1797), oficial del ejército prusiano, quien también fue el autos de Crata Repoa (1770), una obra en alemán que pretendía reproducir la iniciación a los antiguos misterios de los sacerdotes de Egipto.

Según Galtier, el principal iniciador, real o mítico, de los ritos de la masonería egipcia y de muchas corrientes rosacruces sigue siendo el conocido conde Alexandre de Cagliostro (en realidad llamado Joseph Balsamo, 1743-1795), quien en diciembre de 1784, inauguró su “Rito de la masonería egipcia Superior”, en el marco de la logia madre La Sabiduría triunfante de Lyon.

Entre los ritos esotéricos del siglo XVII, hay uno, menciona Galtier, que tiene gran importancia para la historia de la masonería egipcia, el Rito Primitivo de la logia de Los filadelfos de narvona, del cual los ritos franceses contemporáneos de Menfis-Misraim se consideran sucesores suyos.

Además del Rito de Cagliostro, el Rito Primitivo de Carbona y del Rito de los Arquitectos Africanos, durante el siglo XVII hubo otros pequeños ritos egipcios. Sin embargo, explica Galtier, se los conoce mal, pues a menudo su interés principal residía en el secreto que los rodeaba.

El origen del Rito Misraim o de Egipto es bastante misterioso. La primera logia francesa de Misraim, bien atestiguada, fue fundada en 1814-1815 en París por los hermanos Bédarride. Este Régimen masónico, que llegaba de Nápoles en Italia, poseía 90 grados y reivindicaba una tradición egipcia de las más antiguas. Robert Ambelain asegura que el rito habría nacido en Venecia en 1788 en forma de logia fundada por un grupo de hombres a los que Cagliostro habría entregado una patente de fundación.

Según la primera versión de la historia oficial del Rito de Menfis, tal cual la relata desde 1839 su fundador Jacques Étienne Marconis de Nègre (1795-1868), la ciencia masónica había sido trasmitida por los templarios, quienes lo habrían recibido mediante un descendiente de un sabio egipcio convertido al catolicismo por San Marco. Sin embargo, Marconis de Nègre no explicaba cómo se había transmitido el Rito de Menfis hasta él, ni por qué no había comenzado a manifestarse más que en 1838.

Según los actuales dirigentes de la Orden de Menfis-Misraim, el Rito de Menfis había nacido de la fusión llevada a cabo entre, por una lado, diversos Ritos esotéricos de origen occitano, sobre todo los Ritos Herméticos de Aviñon, Primitivo de Carbona y de los Arquitectos Africanos de Buerdeos y, por otro, un rito agnóstico de origen egipcio.

En 1881-1882, a instigación de John Yarker, Gran Maestro de Menfis en Gran Bretaña y de Giambattista Pessina, Gran Maestro de Misraim en Nápoles, proclamaron al general Giuseppe Garibaldi Gran Hierofante Mundial de todos los Ritos de Masonería Egipcia. De esta unión nació el nuevo Rito de Menfis-Misraim.

En la actualidad, y por medio de la transmisión en 1985 de Robert Ambelain, Gérard Kloppel se transformó en el Gran Maestro perpetuo del Rito.

Christian Gadea Saguier