El Vaticano contra los masones

La noticia de la formación de la Gran Logia de Londres en 1717, así como las actividades especulativas de los masones se difundieron rápidamente por todo el continente europeo. Si bien la masonería en Inglaterra estaba protegida por la realeza que a la vez era jefe de la iglesia, las sospechas sobre las actividades de los masones en Europa se transformaron en un motivo de ingreso por lo que despertó en el clero romano suspicacias hacia la nueva organización y sus fines políticos.

Pero la persecución hacia los librepensadores ya viene de mucho antes. el hermano Robert Ambelain, en "El Secreto de los Masones", precisamente lo detalla cuando cuenta que hacia 1189 ya la Iglesia de entonces condenó a las corporaciones, en el marco del Concilio de Rouen, por la supuesta existencia de secretos dentro del oficio, la práctica de extraños ritos tanto en la recepción como de iniciación de una obra.

En 1326 el Concilio de Aviñon renueva la condena precedente y censura la costumbre de canteros y albañiles de utilizar palabras secretas y signos, e igualmente posturas para reconocerse entre los miembros.

Gracias a la obra de Eduardo Callaey, "El origen monástico de la masonería", podemos tener acceso en al decreto Nº 37 del Concilio de Aviñon entre otras cosas dice: “…Además, en algunos cantones de nuestras provincias, hay gente, por lo general noble, a veces plebeya, que organiza ligas, sociedades, coaliciones prohibidas, tanto por el derecho eclesiástico como por el derecho civil, bajo el nombre de cofradías. Se reúnen una vez al año, en algún lugar, para realizar sus conciliábulos y reuniones; al penetrar en el recinto, se pronuncia un juramento por el cual deben defenderse entre sí de quien quiera que fuere excepto de sus Maestros, prestarse asistencia recíproca en cualquier ocasión, darse consejos y apoyarse recíprocamente. A veces, luego de vestirse con un uniforme, y empleando marcas y signos distintivos, eligen entre ellos a un superior, al cual juran obedecer en todo; la justicia se ve entonces perjudicada porque se comenten crímenes y robos”.

“Ya no hay paz ni seguridad; es la opresión para inocentes y pobres, iglesias y gentes de iglesia, que estos individuos consideran, por supuesto, sus enemigos; sufren tanto en carne propia como en sus bienes personales, en el ámbito de las leyes y los tribunales, injustificados de todo tipo con miles de prejuicios”.

“Como pretendemos aponernos de inmediato a esta nefastas empresas y a estos intentos perniciosos, brindar un remedio eficaz para esta situación y defender a nuestros fieles del pecado, según corresponde a nuestras funciones pastorales, en virtud de la autoridad del presente concilio, decretamos la nulidad, disolución y ruptura de todas las agrupaciones, alianzas, sociedades, conjuraciones, denominadas fraternidades y cofradías, fundadas por clérigos laicos, sin importar su grado, dignidad, estado o condición; de igual modo, declaramos nulos e inexistentes los pactos, convenios, ordenamientos que celebren entre sí. Decretamos que los juramentos que deben cumplir los individuos mencionados son ilícitos, sin valor alguno, nadie debe considerarse sujeto a su cumplimiento, bajo nuestra garantía quedan liberados de ellos. Sin embargo, han de recibir de sus confesores una penitencia para redimirlos de estos juramentos imprudentes y temerarios. En virtud de la autoridad mencionada, les prohibimos, bajo pena de excomunión (en la cual según nuestra los contraventores incurrirán ipso facto, cuando el presente decreto se haya publicado dos domingos seguidos en la iglesia de su parroquia), prohibimos de ahora en más que frecuenten dichas asambleas, agrupaciones, y se sometan a tales Obediencias, se presten ayuda y apoyo recíprocamente, vistan trajes que representen una actividad desde ahora prohibida y se llamen entre si hermanos, priores, abates de dicha sociedad. Además, dentro de los diez días a partir de dicha publicación, han de pedir individualmente a sus confesores (en la medida de lo posible), que los libere de los mencionados juramentos, y que cada uno declare públicamente que ya no quiere formar parte en el futuro de tales asociaciones”.

“Prohibimos este tipo de conjuraciones, conspiraciones, convenios, aún cuando no se denominen cofradías. Por otra parte, decretamos la disolución y la nulidad de facto de éstas, a partir del momento en que se las emprende y someteremos a aquellos que las emprenden a la sentencia de excomunión; sentencia que sólo podrá derogar el Concilio provincial, salvo en artículo mortis".

"En esta declaración, no tenemos la intención de reprobar las cofradías fundadas para celebrar a Dios, a la bienaventurada Virgen María y a otros santos para ayudar al pobre, cofradías en la que no se hacen pactos o juramentos de este tipo”.

La similitud con las bulas antimasónicas que surgirían a partir del Siglo XVIII es elocuente; más que una condena del espíritu, leemos una preocupación política.

Pero la Iglesia no fue la única en atarnos, también algunos gobiernos protestantes y católicos condenaron y prohibieron, en su momento, a la Masonería. En este sentido la “Santa Sede” o como se lee en los documentos de la época, la Corte de Roma, no fue la única en condenar en dicho siglo.

1738, el inicio de la persecución
La Bula "In eminente" del 28 de abril de 1738 no se dirige contra ningún dato preciso y se limita a ataques generales. Si prohíbe formar parte de la sociedad, favorecer su expansión, dar asilo en la casa o en otro lugar a sus miembros. Aquí recordamos la condena:
Clemente, obispo, servidor de los servidores de Dios, a todos los fieles de la Cristiandad y bendición apostólica.

“Como la divina providencia nos ha colocado, a pesar de no merecerlo, en la silla apostólica, con el fin de velar sobre los que nos han confiado y llenar los deberes de todo buen pastor, emplearemos, con la ayuda del todopoderoso, todo nuestro celo en impedir los errores, los vicios y mantener ante todo la pureza de la religión”.

“Hemos averiguado y el rumor público nos lo ha confirmado después, que hay ciertas sociedades, asambleas, reuniones o asociaciones que se forman y extienden con el nombre de Liberi Muratori, o sea Francmasones, o con otro cualquier nombre, según el idioma del país, y se componen de individuos de todas las religiones y de todas las sectas, los cuales, seducidos por una apariencia afectada de honradez natural, dan ellos mismos leyes y estatutos; se asocian y forman entre ellos lazos tan estrechos como indisolubles y sobre lo que practican con misterio reserva, ya en virtud de un juramento que prestan sobre la Santa Biblia, ya por severos castigos con que están amenazados, se comprometen a guardar un secreto inviolable. Sin embargo, como en la misma naturaleza del conocer, estas sociedades o conventículos han soliviantado los ánimos de todos los verdaderos creyentes, despertando sentimientos de sospechas y recelos hasta el punto que, para los hombres prudentes y ortodoxos, su nombre representa la tacha de herejía y la destrucción de las creencias: porque si sus principios fueran puros no buscarían la sombra y el misterio”.

“Esas asociaciones han sido apreciadas y juzgadas de la misma manera por otros antes que por nosotros, puesto que las autoridades de diferentes países las han condenado desde hace mucho tiempo como peligrosas para la seguridad del Estado; y han procurado prudentemente desembarazarse de ellas. En su consecuencia, y pesado los males que dichas sociedades, o asambleas pueden producir, y los peligros que puedan ocasionar, no solo a la paz del Estado, sino, aun más, a la salvación de las almas, y considerando que ni existen ni pueden existir pro virtud de ningún derecho civil o eclesiástico; como estamos llamados por el Señor para velar noche y día, como un servidor fiel y un guardián vigilante, por su rebaño, a fin de que estas clases no vengan a guisa de ladrones o minar los fundamentos de su casa, o asemejándose a las zorras, a destruir su viña querida; o, en otros términos, a fin de que no corrompan el corazón de los hombres sencillos, ni los traspasen con dardos envenenados, y para impedir que esa iniquidad se cometa impunemente, y por otros motivos justos y conocidos por nosotros, después de haber consultado a muchos de nuestros venerables hermanos cardenales de la Iglesia romana, y después de haber reflexionado con madurez y de haber adquirido en este punto una completa certeza; por nuestro propio instinto y en virtud de nuestro poder apostólico, hemos decidido condenar y prohibir las dichas sociedades, asambleas, reuniones, asociaciones conventículos constituidos con el nombre de Francmasonería o con cualquiera otra denominación, como las condenamos y prohibimos efectivamente por esta nuestra presente ordenanza, cuyo texto queremos que permanezca perpetuamente válido y eficaz”.

“Así es que prohibimos a todos y cada uno de los fieles de la cristiandad, cualquiera que sea su estado, su posición, su origen, las dignidades de que se hallasen revestidos, la orden a que pertenezca, lo mismo laicas que eclesiásticas, y del clero regular como el secular, y aunque pertenezcan a la clase más elevada; les prohibimos seriamente y recordándoles la santa obediencia, que bajo ningún pretexto, ni disfrazado con ningún color que quieran darle a su infracción, formen jamás parte de esas sociedades análogas, ni protegerlas, ni favorecerlas, ni recibirlas en sus moradas, ni en los establecimientos que les pertenezcan, ni ocultarlas, ni hacerse escribir, ni afiliarse, ni asistir a sus sesiones, ni procurarles la ocasión de reunirse en parte alguna, ni de facilitarles esas reuniones, ni de socorrerlos, ni venir en su ayuda ni aun con consejos, ni de ocuparse de ellos de cualquier otra manera públicamente ni en secreto directa o indirectamente por ellos mismos o por medio de otros; se prohíbe igualmente exhortar a otros para que se inscriban en esas sociedades, ni hacerse inscribir aunque no asistan, ni asistir a sus reuniones de ninguna clase, ni, por fin, favorecerlos de cualquier modo que sea. Se ordena a todos que permanezcan completamente extraños a estas clases de sociedades, asambleas, reuniones o conventículos bajo pena de excomunión contra los que se hagan culpables de las infracciones mencionadas aquí, y por el hecho mismo, sin que haya necesidad de tomar amplios informes para este objeto; excomunión de que ninguna persona podrá ser relevada ni recibir la gracia de la absolución, ni aun en el caso de muerte, ni por nosotros ni por ninguno de los pares que ocupen en el tiempo la silla de San Pablo”.

“Queremos también y ordenamos y mandamos que los obispos, todos los otros prelados de la iglesia y todos los pastores encargados de la guardia de las almas, lo mismo que los inquisidores, instituidos para combatir la infección de la herejía, hagan uso de sus poderes para perseguir a los transgresores de cualquier rango, estado, posición o categoría como culpables de herejía, que les impongan los castigos que merezcan, pongan un freno a sus empresas, para lo que les concedemos todas las facultades necesarias a fin de que puedan proceder contra los infractores y aplicar las penas en que hayan incurrido reclamando cuando sea necesario el concurso de la autoridad civil”.

“Queremos, además, que todas las copias de la presente Bula se impriman y sean firmadas de mano de un notario público y selladas con el sello de un dignatario eclesiástico, para que todas tengan la misma fuerza y autoridad que la original”.

“Que ninguno se permita atacar nuestra presente declaración, condenación, orden, prohibición e información; y conforme a ella su conducta. Y sin embargo, si alguno tuviese esa temeridad, sepa que se atraerá contra el la cólera de Dios y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo”.

Dado en Roma, en Santa María la Mayor, en el año de la encarnación del Señor, 1738, el 28 de abril y el 8 de nuestro pontificado…

El Papa dotado de un inmenso poder, y pensando que podían verse afectados los basamentos que sostenían a la Iglesia romana no pudo obrar de otra manera, porque la Masonería, aparte de ser una sociedad de buenas costumbres, venía transformándose en el centro de unión fraternal de los hombres, convirtiéndose en el epicentro de la comunicación y fuente de pensamiento, albergando en su interior ideas dignas de la hoguera para la época, como los derechos del hombre y del ciudadano; la libertad de conciencia; la democratización del poder político y el antidogmatismo científico, con el racionalismo como método de conocimiento. Todos estos valores empiezan a socavar los zócalos de la “Santa Sede”.

Clemente XII por lo que nos deja leer, era un ardiente perseguidor de la orden masónica por cuya razón, como si la excomunión no fuese suficiente, hizo que su secretario de estado, el cardenal Firrao expidiese el 14 de enero de 1739 un edicto aún mas riguroso para los estados de su jurisdicción papal.

En mayo de 1751 el Papa Benedicto XIV (1740-1758) promulgó su constitución "Providas" en la que confirma la posición de Clemente XII aduciendo: “Primero: que en esta clase de sociedades y conventículos se reúnen en hombres de toda religión y de toda secta; Segundo: es el pacto estrecho e impenetrable secreto, en virtud del cual se oculta todo lo que se hace en esos conventículos; Tercero: es el juramento que hacen guardar inviolablemente este secreto, como si alguno les fuera permitido apoyarse en el pretexto de una promesa para no estar obligado, si es preguntado por la legítima autoridad a confesar todo lo que interroga para conocer lo que se hace en estos conventículos; Cuarto: es cosa sabida que estas sociedades son contrarias a las leyes tanto civiles como canónicas puesto que se reúnen sin el permiso de la autoridad”.

En definitiva, este momento de zozobra y persecución se reduce al secreto con lo que los masones de la época se envolvían. Los hombres en general suelen desafiar y hasta tener miedo de todo aquello que no llegan a comprender. Especulo que la creencia en el mal les hace suponer que allí debe esconderse algo indeseable, por lo tanto atribuyen malas intenciones aun donde no haya la menor señal de ellas.

Otro punto podría ser el juramento hecho bajo “severas penas” y finalmente a la jurisdicción de la época -basada en el Derecho Romano- por la que toda asociación o grupo no autorizado por el gobierno eran considerados ilícitos, centro de subversión y un peligro para el buen orden y tranquilidad de los Estados.

En el siglo XIX se experimenta un cambio notable. La aparición de las sociedades patrióticas que van a luchar por la unificación italiana con Giuseppe Garibaldi y Manzini como líderes, en la organización de los Carbonarios, la Masonería y la Joven Italia, serán objetos de la preocupación y ataques de Roma. De hecho el Papa de ese momento Pío IX (1846-1878) se negó a encabezar en 1848 el movimiento unitario italiano. Desde entonces, apareció como el defensor del orden y de la religión frente a la revolución, el liberalismo, el laicismo y el socialismo. Este periodo y el pontificio de León XIII (1878-1903) fueron la clave de la confrontación entre la Iglesia romana y la Masonería.

A fin de comprender las numerosas intervenciones de estos Papas contra las sociedades secretas, resumo en dos notas importantes. De la mano de Pío IX brotaron vehementes condenas. Suyas son estas palabras: “Entre las numerosas maquinaciones y medios con los cuales los enemigos del nombre cristiano se han atrevido a atacar a la Iglesia de Dios, y han intentado aunque en vano, destruirla o aniquilarla, es preciso contar a esta sociedad de hombres perversos vulgarmente llamada Masonería”.

Pero quizás la marca más representativa en torno a los supuestos males de la Masonería sea la encíclica "Humanum genus" (1884) de León XIII, donde se acusa a la Masonería de destruir hasta los fundamentos de todo orden religioso y civil establecido por el cristianismo, y de pretender separar a la Iglesia del Estado, excluyendo así las leyes y de la administración de la cosa pública, el muy saludable influjo de la Religión Católica.

En los años que siguieron a la publicación de la "Humanun genus" se multiplicaron los estudios y libros destinados a iluminar a la opinión pública católica. Se fundaron asociaciones, revistas y libros antimasónicos como la del monseñor George Dillon "La guerra del anticristo con la Iglesia y la civilización cristiana" (1885), publicado en la pasada década del setenta en la Argentina bajo el nombre de "El Gran Oriente de la Masonería sin máscara" (1977). Se reunieron en congresos antimasónicos entre los que son dignos de mención el internacional de Trento (1896) en el que tanta participación tuvo el famoso Leo Taxil , quien no tardaría mucho en hacer público el fraude que durante tanto tiempo había mentando respecto a la masonería y la Iglesia Católica.

Finalmente, entrado el siglo XX la postura de la Iglesia con respecto a la Masonería quedará expresada jurídicamente con la publicación del Código de Derecho Canónico, poco tiempo después de la muerte de León XIII, en mayo de 1917, promulgado por el Papa Benedicto XV (1914-1922).

Allí se recogería la doctrina hasta entonces expresada en especial la de Pío IX y León XIII. En concreto, el canon 2335 confirmaría las anteriores disposiciones pontificias, precisando la sanción al establecer que: “Los que dan nombre a la secta masónica contra la Iglesia o contra las potestades civiles legítimas, incurren ipso facto en excomunión simplemente reservada a la Sede Apostólica”.

Dejando de lado los otros cánones que de una forma directa o indirecta aludían a la Masonería, es claro que la excomunión quedaba centrada en los “que maquinan contra la Iglesia o contra las potestades civiles legítimas” que coincide con lo que a lo largo de todos los documentos pontificios de Pío IX y León XIII, sobre todo, resulta una idea constante “la lucha –por parte de la Masonería- contra la Iglesia y los poderes legítimos de los gobiernos”. Iglesia y gobierno que en aquella época, en Roma eran la misma persona: El Papa rey.

Los comentaristas del Código de Derecho Canónico, al determinar la figura del delito expresado en el canon 2335, aluden a una figura netamente política. En ningún momento se coloca en tela de juicio los valores, principios o métodos de conocimientos masónicos. Vemos: “son sociedades que maquinan contra la Iglesia o contra las potestades civiles legítimos que tienen por fin propio desarrollar una actividad subversiva valiéndose para ello de medios ilícitos”.

Por lo tanto, sólo podían incurrir en la excomunión aquellos católicos que se inscribieran en la Masonería u otras asociaciones que realmente maquinaran contra la Iglesia y los poderes civiles legítimos. El que estuviera de “buena fé” en la Masonería (no viendo en ella, por ejemplo más que una asociación de búsqueda de la fraternidad universal) no caería bajo la pena de excomunión. Y por la misma razón los católicos podían ingresar en la Masonería cuando esta no ejerciera con lo que erróneamente entendía el Derecho Canónico.

Así el primer movimiento de aproximación de la Iglesia Católica hacia la Masonería ocurriría hacia 1960, cuando asume como pontífice el cardenal Angelo Roncalli, nuncio de París, patriarca de Venecia, con el nombre de Juan XXIII, quien marcó su breve pontificado con la actualización de la Iglesia romana y con la convocatoria al Concilio Vaticano II (1962).

Hay quienes coinciden en que el cardenal Roncalli fue masón antes de llegar al papado. Hace unos años, el ilustre profesor Alfonso Sierra intentó publicar en los periódicos de la ciudad de México, una copia del supuesto acta de iniciación en una Logia de París, donde se deja constancia que los profanos Angelo Roncalli y Giovanni Montini (Paulo VI) habían sido elevados el mismo día para ser iniciados en los Augustos Misterios de la Masonería.
Otra fuente indica que en el año 1935 Angelo Roncalli es invitado a ingresar a una sociedad iniciática heredera de las enseñanzas Rosacruz y que tanta fuerza el dieran en el pasado Louis Claude de San Martin, el conde de Cagliostro y el conde Saint Germain. Así lo menciona Pier Carfi en su libro "Las profecías de Juan XXIII", donde además menciona de pruebas documentales de la iniciación masónica en Turquía de Angelo Roncalli.

En 1960 Juan XXIII da su avenencia para que se proceda la realización de estudios sobre las sociedades esotéricas e iniciáticas en sus relaciones con la Iglesia. Dos años después se desarrolla el Concilio Vaticano II, donde marcará un hito las intervenciones del Monseñor Méndez Arceo durante las 31 y 71 congregación general, en los que pidió se tratara la cuestión de la actitud de la Iglesia para con las sociedades secretas y en concreto con la Masonería. También se levantaron voces para modificar la posición de la Iglesia con respecto a la Masonería, suprimiendo textualmente canon 2335, con lo que la Masonería quedaba libre del veto de la autoridad eclesiástica. A partir de este momento la desconfianza eclesiástica hacia la Masonería comienza a desaparecer.

En este sentido los obispos de Francia, en 1967, abordaron el tema de la Iglesia de la Masonería. Otro tanto hizo la conferencia episcopal escandinava a fines de 1967 al tomar la decisión de que los masones que desearan abrazar el catolicismo pudieran ser recibidos en la Iglesia si tener que renunciar a ser miembros activos de la Masonería. En su momento también, el obispo auxiliar de París, Monseñor Pezeril fue invitado a dar una conferencia en la Gran Logia de Francia (junio 1971)…

Y así podría citar otras experiencias llevadas a cabo, pero para no seguir citando les comento el documento que el cardenal Súper, ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fé, fechado el 19 de julio de 1974, en la que por primera vez desde la excomunión de 1738, la Santa Sede admitía públicamente la existencia de Masonerías exentas de contenido contrario a la Iglesia y por lo tanto, sobre los que su pertenencia no llevaba consigo la pena de excomunión. Dicho de otra forma, se reconocía que la excomunión lanzada hace tres siglos tenía su explicación en un contexto de problemas políticos y de luchas religiosas.

Con el documento del cardenal Súper se dejaba entender que la excomunión contra los masones solamente era válida en aquellas logias que obraran expresamente contra la Iglesia en sí o contra su misión. Y en este sentido gran parte de las conferencias episcopales más directamente afectadas por la problemática de los masones católicos, fueron suficientemente claras en sus manifestaciones para que no quedara duda sobre la posibilidad de compaginar el ser al mismo tiempo católico y masón, siempre y cuando la Masonería a la que perteneciese “no maquinara contra la Iglesia” que a fin de cuentas era la interpretación correcta mantenida desde hacía tiempo por los especialistas en la materia. “La ley penal –diría el cardenal Súper- hay que interpretarla en sentido restrictivo”. Por tal motivo se puede, con seguridad, enseñar y aplicar la opinión de aquellos católicos inscriptos en asociaciones que verdaderamente conspiran contra la Iglesia.

En el Código de Derecho Canónico, promulgado en enero de 1983 el canon 2335 ha sido sustituido por el 1374 que dice: “Aquellos que dan sus nombres a asociaciones que maquinan contra la Iglesia, serán castigados con una pena justa; aquellos que los promuevan o dirijan serán castigados con la pena de entredicho”.

Es decir, que ha desaparecido toda referencia a la Masonería, a la excomunión y a los que manquean contra las potestades civiles legítimas, tres de los aspectos básicos que sólo tenían razón de ser en el contexto histórico de un problema concreto italiano del siglo XIX, que, evidentemente, al no existir hoy resultaba anacrónico mantener.

Todas estas buenas intenciones y el esfuerzo en el entendimiento quedaron en borrajas ante el fruto de ciertos sectores fundamentalistas de la actual Iglesia romana, encabezada por el actual Papa Benedicto XVI, ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fé (el antes tribunal de la Santa Inquisición, nada menos). Ratzinger sorprendería el 27 de noviembre de 1983, coincidiendo con la entrada en vigor del nuevo Código de Derecho Canónico, a los nueve meses de su promulgación, publicando una declaración sobre la Masonería que coloca en estado de pecado grave a los católicos que son o ingresen a la Masonería.

El documento actualmente vigente expresa: “Se ha presentado la pregunta de si ha cambiado el juicio de la Iglesia respecto de la Masonería, ya que en el nuevo Código de Derecho Canónico no está mencionada expresamente como lo estaba en el Código anterior”.

“Esta Sagrada Congregación puede responder que dicha circunstancia es debida a un criterio de redacción, seguido también en el caso de otras asociaciones que tampoco han sido mencionadas por estar comprendidas en categorías más amplias”.

“Por tanto, no ha cambiado el juicio negativo de la Iglesia respecto de las asociaciones masónicos, porque sus principios siempre han sido considerados inconciliables con la doctrina de la Iglesia; en consecuencia, la afiliación a las mismas sigue prohibida por la Iglesia. Los fieles que pertenezcan a asociaciones masónicas se hallan en estado de pecado grave y no pueden acercarse a la santa comunión”.

“No entra en la competencia de las autoridades eclesiásticas locales pronunciarse sobre la naturaleza de las asociaciones masónicas con un juicio que implique derogación de cuanto se ha establecido más arriba, según el sentido de la Declaración de esta Sagrada Congregación del 17 de febrero de 1981”.

“El Sumo Pontífice Juan Pablo II, en la audiencia concedida al cardenal Prefecto abajo firmante, ha aprobado esta Declaración, decidida en la reunión ordinaria de esta Sagrada Congregación, y mandando que se publique”.

Roma, en la sede de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fé, 26 de noviembre de 1983
Cardenal Joseph Ratzinger
Prefecto

Una excomunión a la que hacen caso omiso los sacerdotes, altos prelados y católicos que se afilian actualmente a la institución masónica, sin tener en cuenta tal prohibición y demostrando la pérdida de poder del Vaticano ante sus feligreses.
Christian Gadea Saguier

El fenómeno solsticial en el ser humano

Solsticio es un término astronómico relacionado con la posición del sol en el ecuador celeste. El nombre proviene del latín solstitium (sol sistere o sol quieto).

Los solsticios son aquellos momentos del año en los que el sol alcanza su máxima posición meridional o boreal. En el solsticio de verano del hemisferio norte el sol alcanza el cenit al mediodía sobre el Trópico de Cáncer y en el solsticio de invierno alcanza el cenit al mediodía sobre el Trópico de Capricornio. Así las fechas del solsticio de invierno y del solsticio de verano están cambiadas para ambos hemisferios.

A lo largo del año, la posición del sol visto desde la tierra se mueve hacia el norte y el sur. Los solsticios son los momentos del año en los que la posición del sol sobre la esfera celeste alcanza sus posiciones más boreales o australes.

La existencia de los solsticios está provocada por la inclinación axial del eje de la Tierra. En los solsticios la longitud del día y la altura del Sol al mediodía son máximas (en el solsticio de verano) y mínimas (en el solsticio de invierno) comparadas con cualquier otro día del año. En la mayoría de las culturas antiguas se celebraban festivales conmemorativos de los solsticios, también se siguen conmemorando en la Masonería.

Jano y la celebración solsticial
En la antigüedad, los solsticios junto con los equinoccios eran llamados puertas del cielo (Janus Coello), pues éstos determinan el paso de las dos grandes fases donde la naturaleza ofrece sus frutos y los cambios más notables y opuestos.

Por ello, en su calidad de puerta, Jano, más que representar los solsticios, es el arquetipo de la actitud reflexiva y profunda que pretende obtener experiencia positiva y actual de la observación del comportamiento del sol y su relación con la tierra, la vida y el hombre, durante el día, el mes y el año. De ahí, su representación bifronte, teniendo al fondo el horizonte, donde se sobresale el sol y sobre éste la luna en cuarto creciente.

Desde tiempos de Numa Pompilio (h. 715 - 672 a.C.), el primer mes del año lleva su nombre (Januarius, Januario, Janvier, January, etc.). El día primero de este mes se ofrecía un sacrificio llamado Janual, compuesto de vino y frutos. Los próceres iban en procesión al capitolio y todos los ciudadanos se hacían mutuos presentes. Esta tradición ha perdurado hasta nuestros días a través de los aguinaldos de navidad y las felicitaciones de año nuevo (celebrado a los 7 días del solsticio de invierno).

Jano presidía los Collegia Fabrorum, depositarios de las iniciaciones que, como todas las civilizaciones tradicionales, estaban vinculadas con el ejercicio de la artesanía. Estos colegios, lejos de desaparecer con la antigua civilización romana, pervivieron sin interrupción en los gremios de canteros que, a lo largo de la Edad Media, mantuvieron el mismo carácter iniciático del cual hoy conserva la Masonería.

Jano, desde la perspectiva iniciática, es propiamente el Janitor que abre y cierra las puertas del ciclo anual, con las llaves que son uno de sus principales atributos. Un dios bifronte, con dos rostros que según la interpretación tradicional, se consideran como representación respectiva del pasado y el porvenir.

Con este punto de vista, hablamos, también, de un tercer tiempo o un “triple tiempo” donde conviene añadir que el auténtico rostro de Jano es el de quien contempla el presente con una nueva conciencia y no los dos visibles, solamente. Este tercer rostro, oculto al mundo aparente, es el tercer ojo del despertar de conciencia, ojo que simboliza el “sentido de la eternidad” en la iluminación.

El solsticio en la logia
En el interior de las logias encontramos las imagines del sol, la luna y de la bóveda celeste sembrada de estrellas, y puesto que la luz física viene desde el oriente, las logias, en las que se aúnan los esfuerzos más sublimes y generosos que tienden a enaltecer e ilustrar la inteligencia humana, vienen a convertirse simbólicamente en otros tantos focos de luz, o sea en otros tantos orientes. En la logia los solsticios se hallan representados por las dos columnas que se encuentran al occidente, a ambos lados de la puerta de entrada, marcando el límite de la marcha aparente del sol, durante los doce meses del año.

La puerta desde los primeros orígenes del hombre ha sido considerada el paso de un mundo al otro. Simboliza la comunicación entre dos estados y, sobre todo, la posibilidad de acceso de uno al otro. Es la frontera que separa un ámbito interno de luz, al que se aspira a acceder, de otro de tinieblas, de donde se viene. La puerta es la delimitación de dos mundos, el interior o sagrado y el mundo exterior o profano.

Debemos recordar que la palabra “profano”, nombre con el que se llama a los no iniciados, deriva de la raíz latina fanum que significa templo y de la cual se deriva la voz pro-fanum cuyo significado es todo aquello que está situado por fuera de las puertas del Templo. En otro grado de significación, la Puerta, para el candidato que la busca, no tiene un significado de llegada sino, por el contrario, es el punto de partida hacia otra condición del ser.

La puerta no es un elemento pasivo en la configuración de un templo masónico, no es la simple discontinuidad de una pared para permitir o impedir la entrada. Por el contrario tiene una función muy activa y la capacidad de transmitir un mensaje, como cualquier otro elemento simbólico del Templo.

La función activa de la puerta como símbolo se traduce en la capacidad de facilitar el paso o de impedirlo, es decir, el paso a su través es selectivo y requiere de un reconocimiento previo para entrar. Se desprende, también, una función de seguridad en el sentido de garantizar que el recogimiento del interior no será perturbado por ningún elemento ajeno a la Logia.

Si la puerta garantiza la protección de una eventual acción externa, también protege de la posible pérdida de las energías recibidas en el interior del templo durante la celebración del ritual masónico. En ese sentido, la puerta, herméticamente cerrada, guarda el calor de las energías recibidas y garantiza que los Trabajos alcancen el punto de ebullición máximo, cuyos frutos son los secretos que deberán ser guardados en lugar seguro y sagrado.

Por lo tanto, éste símbolo se puede considerar como el reflejo de la puerta del Gran Atanor alquímico, el cual va a permitir la creación de un calor reverberado en su interior que transformará la materia.

Alegoría del fenómeno
En el solsticio de verano, aparece la naturaleza con su mayor esplendor, los rayos vivificantes del sol derraman, por donde quiera, brillantez, lozanía, hermosura y vigor, dando fertilidad a los campos, verdor a las praderas, colorido a las flores, existencia y calor a los seres vivos y diafanidad a los cielos.

En el solsticio de invierno, al alejarse el sol de nuestro cenit para prodigar sus rayos fecundadores en otro hemisferio, nuestros campos pierden su manto esmeralda, nuestro cielo se cubre de bruma, el cierzo paraliza el crecimiento de las plantas al detener la circulación de la savia que las nutre, y la tristeza tiende por todas partes su cendal grisáceo. El astro fulgente, que rige los destinos cósmicos de nuestro planeta, obedeciendo las leyes universales, llega a un grado de declinación meridional respecto a nuestro horizonte, que solo nos manda brillo apagado de mortecina luz.

El alejamiento del sol trae consigo una metamorfosis completa en las manifestaciones de la naturaleza, al grado de transformar en lóbrego y estéril desierto lo que antes era un oasis.

Así el olvido de nuestros deberes, el abandono de la virtud, la satisfacción sin freno de las pasiones, la corrupción de las costumbres, el egoísmo que domina el corazón degenerado por los vicios, hacen monstruosa un alma que antes era abrigo de nobles y elevados sentimientos, pero que, lo mismo que el prado, vuelve a florecer al sentir de nuevo las caricias del radiante sol.

Aquel espíritu esclavizado por la intemperancia y la perversión, recobra todo su imperio sobre las pasiones, y se levanta regenerado y libre a cumplir su alto destino al influjo potente de la sabia y morigeradora doctrina que le inculca la Masonería cuando lo admite en su seno amoroso, dándole calor y nueva vida con su luz.

Aunque el verano sea considerado generalmente como una estación alegre y el invierno como una triste, por el hecho de que el primero representa en cierto modo el triunfo de la luz y el segundo el de la oscuridad, los dos solsticios correspondientes tienen, sin embargo, un carácter exactamente contrario.

Por paradójico que parezca, es muy fácil comprenderlo si se posee algún conocimiento sobre los datos tradicionales acerca del curso del ciclo anual. En efecto, lo que ha alcanzado su máximo no puede ya sino decrecer, y lo que ha llegado a su mínimo no puede sino comenzar a crecer.Así, el solsticio de verano marca el comienzo de la mitad descendente del año, y el solsticio de invierno, el de su mitad ascendente.

En realidad, el periodo “alegre”, es decir, benéfico y favorable, es la mitad ascendente del ciclo anual, y su periodo “triste”, es decir, maléfico o desfavorable, es su mitad descendente.

El solsticio de invierno marca un momento en que el tiempo se detiene, el presente se manifiesta en un instante de eternidad. Es un tiempo de silencio, de recogimiento interior y meditación. Un momento donde aquella semilla se pudre en el interior de la tierra, esperando pacientemente que llegue el tiempo para crecer y manifestarse.

Es tiempo de afirmar nuestros valores y convicciones, para que cuando llegue la primavera podamos vivirla a pleno no en nuestros templos sino en la sociedad, esa sociedad que necesita de masones verdaderos y no de hombres vestidos con oropeles y grandilocuentes discursos.


Las fiestas solsticiales son el momento simbólico en que los masones se recogen hacia el interior de su microcosmos y advierten nuevas verdades morales y nuevas realidades espirituales que les permiten continuar con la “Gran Obra”.

Conclusión
Así planteadas las cosas, los masones no estamos para vivir, celebrar o festejar el pasado, ni para soñar el futuro, sino para construir el presente con una nueva conciencia, teniendo al pasado por base y al futuro por meta.

Este fenómeno solsticial existe en la tierra antes que el hombre pudiera calcularlo y como no pudiendo cambiar el fondo las cavilaciones han luchado por dotarla de una forma, pero jamás se podrá cambiar su sentido en el universo. Ahora, existe al menos un rincón en el universo que con toda seguridad podemos mejorarlo y somos nosotros mismos.

Garibaldi sin bronce, el hombre, el masón

La idea de escribir sobre este ilustre hermano me vio al recibir la formal invitación de los hermanos uruguayos del Gran Oriente de la Francmasonería Mixta Universal, quienes en este mes firmaron un reconocimiento con el Gran Oriente de Francia.

La invitación hace referencia al acto de celebración de los 200 años del nacimiento del "héroe de dos mundos", Giuseppe Garibaldi, que se realizará en la sala de conferencias del Hospital Italiano (Canning y Bulevar Artigas, Montevideo - Uruguay) el 21 de junio a las 19.30.

Giuseppe Garibaldi tiene una gran actualidad puesto que fue promotor de los ideales democráticos, liberales y republicanos que defiende la Masonería. Es un personaje absolutamente moderno y fuente de inspiración para resolver los problemas del futuro. Hay que sacarlo del bronce para traerlo a una realidad palpitante donde se necesita de su ejemplo de combatiente por el humanismo, la libertad, la unidad de los pueblos, la sensibilidad social, y por el cosmopolitismo que el encarna.

Giuseppe Garibaldi nació en Niza, ciudad actualmente situada en la costa francesa del Mediterráneo, cerca de la frontera italiana. Sin embargo, puede considerarse que era italiano, dado que en esa fecha la ciudad de Niza pertenecía al Reino del Piamonte —posteriormente incorporado al Estado italiano con la unificación— habiendo sido Niza cedida a Francia en 1860, a consecuencia de la guerra con Austria, indica en la página en español de Wikipedia.

Adolescencia y juventud
Era el segundo hijo de un pescador, de una familia oriunda de Liguria, en su juventud trabajó como marinero enrolado en diversas tripulaciones. Estudió de forma irregular, pero siempre le atrajo todo lo relacionado con el mar y la marina.

Con 15 años se enroló como grumete en un barco mercante, y también en esta época es ya considerado un héroe al salvar a una chica que había caído a un foso. Su padre lo enroló en la escuela marítima de Génova en 1821.

Durante estos primeros viajes estuvo rodeado de hombres de mar con grandes ideales e ideas, como el comandante del barco Constanza, Angelo Pesante, que le marcaron su personalidad. En 1827 formó parte del barco Cortese, que zarpó de Niza y estuvo viajando por el Mar Negro, Estambul y Galacia viviendo avatares como la guerra turco-rusa.

En 1832 fue capitán de segunda clase en la Clorinda también por el Mar Negro. Esta nave fue apresada por unos piratas turcos, incluso Garibaldi estuvo apunto de ser fusilado, aunque fue herido en la mano, con la ayuda de los demás tripulantes y su primo, consiguieron zafarse de los piratas. Después de 73 meses fuera, Garibaldi volvió de nuevo a Niza.

De marinero a revolucionario
1833 es un año decisivo para Garibaldi. De vuelta de su viaje a Levante, recaló en Marsella donde conoció a Guiseppe Mazzini y por su intermedio se afilió a la "Giovane Italia", una asociación política instituida en Marsella en Julio de 1831, donde comienza a desarrollar sus planes de conspirador por la libertad, entregando su vida a la patria y ganado los galones de capitán en la Marina del Piamonte.

Recibió el sobrenombre de Cleombroto un héroe espartano. Estuvo involucrado en la insurrección del Piamonte, donde tenía que aduñarse de la embarcación en la cual navegaba y apuntar sus cañones a Génova, viniendo su acción con la de los insurgentes de tierra para apoderarse de la ciudad y llevar la revolución a los estados sardos.

Los espías denunciarion el movimiento que debía estallar el 11 de febrero de 1834. El tribunal militar del rey Carlos Alberto de Savoia, constituído en aquella ciudad, lo había condenado a muerte en junio de 1834. Es considerado un bandido y tiene que huir, primero a Niza luego pasa por Marsella, se embarca desde aquí hacia el Mar Negro de nuevo, luego consigue irse a Sudamérica partiendo desde Marsella en el bergante Nautonnier con el nombre ficticio de Borrel, homenajeando al mártir revolucionario Joseph Borrel, afincándose en Rio Grande do Sul. Desde 1834 a julio de 1848 permanecerá en el exilio

Estancia y luchas en América
Giuseppe Garibaldi se embarca como segundo capitán en un barco que parte para Brasil y a su arribo pasa a servir en la Revolución Farrouphila Republicana de Río Grande del Sur, en la que están comprometidos varios exiliados italianos, como Livio Zambeccari, Rossetti y otros.

Sirve a la Revolución como jefe de la pequeña escuadra Riograndense. Luchó entonces contra Pedro I de Brasil en la revolución de la República Riograndense liderada por Bento Gonçalves da Silva. En estas acciones tomó junto al general Davi Canabarro la ciudad portuaria de Laguna en el estado de Santa Catarina lo que facilitó la creación de la República Caterinense o República Juliana.

En 1836 ingresa en la logia masónica "Asilo della virtud" y se traza un plan de trabajo que tiene como punto básico la continuación de la lucha por la liberación de Italia.

En 1841 pasó a Uruguay, país que estaba en curso la guerra del presidente depuesto Manuel Oribe, apoyado por el gobierno de Buenos Aires de Juan Manuel de Rosas, contra el gobierno de facto presidido por el Gral. Fructuoso Rivera, instalado en Montevideo y que contaba con el apoyo de Brasil y de las flotas francesas e inglesas.

Montevideo se encontraba sitiada por fuerzas rosistas, apoyadas por las fuerzas leales a Oribe. En el Río de la Plata, operaba la flota rosista al mando del almirante Guillermo Brown, que intentaba bloquear el puerto de Montevideo.

En 1842 el gobierno de Montevideo designó a Garibaldi como sustituto del Cro. Coe al mando de la flota, librándose entonces, el 16 de agosto de 1842 un combate naval en el Río Paraná cerca de la localidad de Costa Brava. Las naves comandadas por Garibaldi fueron derrotadas por las fuerzas de Brown, superiores en barcos y hombres. Garibaldi incendió sus naves, evitando que cayeran en manos de los rosistas; y desembarcando a tierra, logró ponerse en salvo con sus tripulaciones y armas.

Garibaldi volvió a dirigir una escuadrilla naval, al frente de la cual logró impedir que las naves de Brown ocuparan la Isla de Ratas, en la bahía de Montevideo (que pasó entonces a llamarse Isla Libertad), logrando así impedir el intento de la flota rosista de bloquear Montevideo.Vuelto a Montevideo, en 1843 -y establecido por Oribe el sitio de Montevideo que habría de prolongarse hasta 1851- Garibaldi organizó una unidad militar que fue denominada “La Legión Italiana”, al frente de la cual se puso al servicio del Gobierno de Montevideo.
Además de su importante actividad revolucionaria, Garibaldi dio clases de matemáticas e ingresó en 1844 a la Logia francesa "Les Amies de la Patrie", según trazados que guarda la Gran Logia de la Masonería del Uruguay, en su Archivo Histórico.

Cuando el Gran Oriente de Uruguay obtiene su reconocimiento como potencia masónica regular el 17 de Julio de 1856 el “héroe de dos continentes” continúa relacionado con los masones del Río de la Plata, que le reconocen su trayectoria en la Orden y le designan miembro de honor de su logia madre, tal como surge de los Cuadros Lógicos que se exhiben en el Palacio Masónico de Montevideo.

Cabe recordar que, después de haber sido reconocida como Potencia Masónica Regular, la Masonería del Uruguay autorizó por varios años, la presencia en su territorio de dos Logias de origen extranjero: "Les Amis de la Patrie" (dependiente de Francia) y "Acacia" (dependiente de Inglaterra), según indica su stio web.

Después de diversos avatares y aventuras en este país se casa en 1842 con Ana Maria de Jesus Ribeiro, llamada después Anita Garibaldi. A ella la conoció en 1839 en Laguna, Santa Catarina, en lo que fue un auténtico amor a primera vista. Con ella tuvo cuatro hijos, Menotti, Rosita, fallecida con dos años, Tersita y Ricciotti.

Italiano de nacimiento, nunca dejó de sentir al Uruguay como una segunda patria. Su arraigo oriental estaba además sustentado en la contraversial discusión sobre su actuación y personalidad. Garibaldi se inserta en la vida política del Uruguay al calo que suscitaba la causa del risorgimiento en el Río de la Plata y en otros lugares del mundo.

Retorno a Italia y segundo exilio
Tras volver a Italia en 1848 emprendió numerosas batallas a favor de la independencia de los reinos y territorios italianos, ocupados por Austria y Francia, a las órdenes del ejército del Reino de Saboya. Se convirtió en un auténtico héroe para el pueblo italiano ávido de libertad.

Con apoyo francés, intervino en la guerra contra Austria, si bien el cambio de actitud de Napoleón III, apostando súbitamente por la negociación, truncó temporalmente los objetivos de Garibaldi. Se creó la República romana, pero esta fue derrotada. Tuvo que huir de Italia con 3.900 soldados y su esposa Anita, mientras eran perseguidos por un ejército de españoles, ranceses y napolitanos; sin embargo Anita murió en la fuga a consecuencia de una fiebre tifoidea el 4 de agosto de 1849.

En setiembre de 1851, desde América Central tomó un vapor que lo llevaría al Callao. Esa nave se detuvo temporalmente en Paita, puerto norteño del Perú, donde conoció a Manuelita Sáenz, quien había sido compañera y amante de Simón Bolívar.

Posteriormente sería capitán de navío mercante por el Océano Pacífico que lo llevaría a China.

Segunda guerra de la independencia
En 1854 volvió de nuevo a Italia, compró la isla de Caprera y estalló la segunda guerra de la independencia italiana, siendo mayor general de los Cazadores de los Alpes, compuestos por 3.000 soldados. Con ellos conquistó Varese, Como, Brescia y en las negociaciones de paz, Víctor Manuel II logró de Austria la anexión de Lombardía, tras la que vendrían las de Parma, Módena, Toscana y Romaña, al solicitar sus gobiernos provisionales su unión al Piamonte.

El siguiente objetivo de Garibaldi fue entonces lograr la liberación del reino de las dos Sicilias, en el que Francisco II de Nápoles ejercía una monarquía absoluta.

Ambicionando una Italia unida bajo un solo gobierno radicado en Roma, concibió la idea de marchar sobre los Estados Pontificios, defendidos por tropas francesas. Sin embargo, Víctor Manuel y Cavour, temerosos de perder lo logrado ante una radicalización del conflicto, evitaron el avance de Garibaldi.

El incidente no supuso un enfrentamiento entre el rey del Piamonte y Garibaldi; antes al contrario, el revolucionario reconoció a Víctor Manuel como rey de Italia el 26 de octubre de 1860.

En 1861 fue invitado por Abraham Lincoln para un puesto en el ejército federal en la Guerra Civil Estadounidense, pero Garibaldi desistió.

Ultimas aventuras
Garibaldi prosiguió incansablemente sus actividades militares en busca de la unidad de Italia, emprendiendo acciones sin éxito en 1862 al grito de "¡Roma o muerte!". La protesta de Napoleón, cuyas tropas custodiaban Roma, llevó al ejército de ocupación piamontés en Nápoles a repeler a Garibaldi, haciéndole prisionero en Aspromonte (sur de Nápoles).

En 1864 viajó hacia Inglaterra donde fue recibido por entusiasmo por la población y se reunió con el primer ministro Henry Palmerston. Tuvo durante esta época la ambición de liberar otras naciones ocupadas Croacia, Grecia, Hungría, pero nada de esto se hizo realidad.

En 1866 estalla la tercera guerra de la independencia italiana, en donde Garibaldi y 40.000 hombres de los Cazadores de los Alpes, con apoyo prusiano, lucharon contra los austriacos en la Batalla de Bezzecca, consiguiendo la única vitoria y toman la ciudad de Trento.

En 1867 realiza una nueva marcha hacia Roma aprovechando la retirada de tropas francesas, que se ven obligadas a desembarcar otra vez y a derrotar al italiano en Mentana.

Finalmente, lograda la unidad italiana en 1870, Garibaldi fue electo diputado al Parlamento, cargo al que posteriormente renunció al no concretarse en los hechos las ideas Republicanas por las que él lucho incansablemente.

Giuseppe Garibaldi era uno de los principales componentes del imaginario italiano, paradigma de la honestidad y desprendimiento bajo la aureola de radicalismo liberal que venía a insertarse también en las nuevas corrientes de izquierda. Pero no solo la izquierda, sino lo liberales, radicales y los que se oponían a la política absolutista de la iglesia sentían a Garibaldi como el paladín de las luchas por las libertades de todos los pueblos.

La unión de la Masoneria Egipcia
En setiembre de 1881 los Soberanos Santuarios de Menfis de los Estados Unidos y de Rumania, así como los Soberanos Santuarios de Menfis y Misraim de Gran Bretaña y Nápoles le concedieron el grado de Gran Hierofante General (es decir jefe mundial del Rito) a Giuseppe Garibaldi.

Al mismo tiempo que tenía lugar la unión del Rito en torno a Garibaldi, un intercambio de cartas y reconocimientos mutuos entre Yarker y Pessina permitió que se afianzara e institucionalizara la alianza entre Menfis y Misraim.

Según Gerard Galtier en su libro "La tradición oculta" parece que fue a partir de entonces cuando empezó a aparecer el "Rito de Menfis y Misraim" (que se convirtió después en Menfis-Misraim).

En cuando a Garibaldi, escribe Galtier, es cierto que era miembro de Menfis desde hacía mucho, sin embargo su nombramiento fue sobre todo honorífico, dado que su avanzada edad le impedía ejercer activamente.

La alianza en torno a él permitió una cierta reunificación de la Masonería del Rito egipcio, pero fue breve, pues, desde la muerte de aquel, otros se autoproclamaron su sucesor.

Garibaldi fué muchas veces designado como un verdadero ciudadano del mundo y también como "Caballero de la Humanidad". El fué ante todo un “unificador de tendencias”estimado por su sincera abnegación, su integridad y su corage.

Su gran sueño fué "Los Estados Unidos de Europa"; predicaba la unidad entre los hombres, y era un convencido de la necesidad de luchar "por la Humanidad y la Libertad en general". Adversario irreductible de la iglesia romana, reclamaba la separación de la Iglesia y el Estado. Queria introducir la educación obligatoria, gratuita y laica y suprimir las congregaciones religiosas; rechazaba sinembargo el ateismo, la indiferencia y el “miserable materialismo”.

Victor Hugo escribió de él "Garibaldi, ¿quién es Garibaldi ? Es un hombre, y nada más. Pero es un hombre en la acepción mas sublime de la palabra. Un hombre de libertad, un hombre de humanidad".

Christian Gadea Saguier

Salvador Allende y su legado masónico

"Yo, Salvador Allende Gossens, de mi libre y espontánea voluntad, y bajo mi palabra de honor, me ofrezco como candidato a la sociedad masónica deseando ser útil a la Humanidad".

De esta manera, en julio de 1935, Salvador Allende, el que fuera presidente del Gobierno chileno, solicitó su ingreso en la Logia Progreso #4, de Valparaíso. Tras la solicitud, se sucedieron las entrevistas e informes de rigor que culminaron con la iniciación de Allende el 16 de diciembre de ese mismo año, a las 18.30.

Mi contacto con Salvador Allende ocurrió en París, en 2004, cuando estuve trabajando para Radio Francia Internacional. En esa época frecuentaba las logias del Gran Oriente de Francia y en una oportunidad, recorriendo la biblioteca y el museo, me topé con el mandil del hermano Allende.

Ser nieto de un ex Serenísimo Gran Maestro de la Gran Logia de Chile e hijo de otro masón fueron elementos excepcionales en su candidatura, a los que se sumaron sus cualidades personales y su deseo constante de trabajar por la sociedad.

Salvador Allende nació en Santiago de Chile el 26 de junio de 1908. Después de vivir en varias ciudades se radica en Valparaíso y en 1926 ingresa en la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile.

Su vida universitaria se caracteriza por una gran actividad desarrollada en torno a los ideales de los estudiantes de aquella época, integrando dos grupos de opinión: Avance y El Vanguardia. En una de sus actuaciones fue expulsado como estudiante de Medicina y readmitido un año después, terminando sus estudios en 1933.

Su connotación política estuvo determinada por su admiración por dos grandes masones chilenos: Marmaduque Grove, muy vinculado a su familia y fundador del Partido Socialista; y por su abuelo, Ramón Allende Padín, conocido por sus ideas revolucionarias y fundador de la primera escuela laica de Chile.

La concepción masónica, el compromiso político y la actividad médica de Salvador Allende constituyeron los tres pilares fundamentales de una vida cuyo objetivo era aportar algo a los demás, tal y como lo expresó durante su iniciación masónica: "El hombre es sólo un engranaje del conglomerado social, por lo tanto, su vida debe estar a su servicio, o sea, al serviciode sus semejantes".

De esta manera, su aspiración a la justicia social se manifiesta nítidamente a través del respeto al derecho de los demás y a los afanes por impulsar el perfeccionamiento espiritual, moral y material de la sociedad.

Sin embargo, su compromiso político causó alguna reticencia en su ámbito masónico, lo que no impidió que él se sintiera siempre masón, con una sensación que él mismo manifestó tras el momento iniciático: "Cuando la venda cayó de mis ojos y pude observar las espadas dirigidas a quien veía por primera vez la luz masónica y oía las palabras del Venerable Maestro, pude entender que esa era una expresión de profunda y honda solidaridad, para hacerle presente al iniciado que sus hermanos estarían prestos para acudir en su ayuda si el caso así lo requiriera".
Desde aquel momento, Allende intentó trasladar sus ideales masónicos a su acción en el mundo profano, visualizando en sus compromisos ideológicos una identidad muy cercana entre los principios de libertad, igualdad y fraternidad que propugna la Masonería no como concepciones abstractas sino como enfrentamientos con la realidad. Así, los objetivos de sus ideas socialistas buscaban la justicia social aplicando los mismos principios.

Persiguiendo este fin, se afianzó en el Partido Socialista, que lo llevaría como diputado al Congreso Nacional en el año 1937, para ocupar el Ministerio de Sanidad durante el Gobierno del también masón Pedro Aguirre Cerda.

Pero estas ocupaciones lo alejan de Valparaíso, por lo que para continuar su actividad masónica solicita cambio de Logia, afiliándose a la Logia Hiram #65, en Santiago de Chile, el 8 de noviembre de 1940. En ella alcanzará el grado de Maestro y se verá acompañado en sus venidas por un buen número de hermanos de militancia socialista.

Sin embargo, ocurrió algo aparentemente contradictorio. En un Congreso del partido realizado en Chillán, algunos sectores presentaron una moción por la que declaraban la incompatibilidad entre la militancia socialista y la pertenencia a la Masonería, olvidando, por ejemplo, que dos de los fundadores del socialismo chileno habían sido masones: Grove y Matte. Ante esta situación, Allende intervino demoliendo los argumentos de antimasonería y dando una lección iniciática y de socialismo. En 1965 escribiría: "Tengo conciencia de que, dentro y fuera de los talleres, me comporté como un masón".

Sus problemas no terminarían ahí y una crisis sobre la filosofía masónica y la realidad le llevaron a un periodo de reflexión tras el que en 1965 presentó una carta renunciando a su afiliación masónica. Pero los hermanos de la Logia Hiram rechazaron unánimemente su renuncia, invitándolo a permanecer en sus filas, tras lo cual Allende no persistió en su renuncia y continuó dentro de la Institución.

A lo largo de su vida, Salvador Allende argumentaría las razones que le llevaron a ingresar en la orden masónica: "De ambiente familiar sin prejuicios dogmáticos y atraído por el papel de los masones desde los albores de la independencia; por la dura tarea de la Orden en su inalterable lucha con el mal y por el bien; por la acción profana de las instituciones en sus afanes de eliminar la desigualdad social; por sus esfuerzos para barrer la intolerancia y superar el oscurantismo y por imponer un régimen de igualdad de derechos y de expectativas para todos los hombres, ingresé en la Orden".

Hasta su muerte, el 11 de setiembre de 1973, Salvador Allende intentó llevar a la práctica su deseo de ser útil para la humanidad y, pese a las discrepancias propias del género humano, se puede decir que lo consiguió como masón, político y médico, pero, sobre todo, como hombre.

La carta de Allende
"Pienso, mirando hacia el comienzo de mi vida, y aún joven, que no recibí con facilidad el derecho de ser miembro de la Gran Logia de Chile, porque había sido un estudiante rebelde.

Y si golpeé las puertas de la logia Progreso #4 de Valparaíso, lo hice con la profunda convicción y teniendo el acervo de los principios masónicos inculcados en mi hogar y com mi padre, el querido hermano Ramón Allende Padilla Huelvo, quien fue Serenísimo Gran Maestro de la Gran Logia de Chile y fundador de la logia cuyas puertas se abrieron para mí en Valparaíso, siendo la segunda en el país.

Tengo plena conciencia de que la Orden no es ni una secta, ni es un partido. Que al desbastar el hombre la piedra bruta, se preparará para actuar en el mundo profano y es obligación de los masones actuar en él sobre las bases de los principios permanentes de la masonería.

Por eso no diré para agradecer, porque me parece que ese es un término impropio entre hermanos, sino para testimoniar el contenido generoso de las palabras del Soberano Gran Comendador y del Serenísimo Gran Maestro para un hermano que tengo que recordar también la noche de mi iniciación, cuando oí por vez primera, en el ritual, que los hombres sin principios y sin ideas arraigadas, son como las embarcaciones que roto su timón, se estrellan contra los arrecifes.

También supe que en nuestra Orden no había ni jerarquías sociales ni fortunas. Por eso desde el primer instante se fortaleció mi convicción de que los principios de la Orden, proyectados al mundo profano, podían y debían significar una contribución al gran proceso renovador y bullente, que buscan los pueblos en todo el orbe y, sobre todo, los pueblos de este continente cuya dependencia política y económica acentúa la tragedia dolorosa de los países en vía de desarrollo.

Por eso, teniendo la seguridad de que la tolerancia es una de las virtudes más profundas y sólidas, a lo largo de mi vida masónica, que alcanza ya a los 33 años, planteé en las planchas masónicas en las diversas logias de mi patria la seguridad, cierta para mí, de que podía coexistir dentro de los templos con mis hermanos, a pesar de que para muchos era difícil imaginar que lo pudiera hacer un hombre que en la vida profana públicamente dice que es marxista.

Este hecho, comprendido dentro de las logias, fue muchas veces incomprendido en mi propio partido. Más de una vez en los congresos del partido que fundara nada menos que un ex Serenísimo Gran Maestro de la Orden Masónica de Chile, Eugenio Matto Hurtado, se planteó la incompatibilidad entre ser masón y ser socialista. Es más dura la intolerancia en los partidos políticos.

Yo sostuve mi derecho a ser masón y ser socialista. Manifesté públicamente en esos congresos, que si se planteaba esa incompatibilidad, dejaría de ser militante del partido socialista, aunque jamás dejaría de ser socialista en cuanto a ideas y principios; de la misma manera, sostuve que el día que en la Orden se planteara, cosa que no me podía imaginar, la incompatibilidad entre mi ideario y mi doctrina marxista y ser masón, dejaría los talleres, convencido de que la tolerancia no era una virtud practicada.

He podido sortear esta realidad y creo que tan solo puedo ofrecer a los hermanos de la Gran Logia de Colombia una vida leal a los principios de la Orden, dentro de ella, y en el mundo profano.

Durante muchos años, desde estudiante, que supo de la cárcel y de la exclusión de la universidad y de la relegación, hasta hoy, he sido consecuente con mis convicciones. Mis batallas en un mundo político convulsionado, pero en un país que políticamente ha alcanzado altos niveles, a veces sin ninguna posibilidad y seguro de ello, de llegar al solio de los presidentes de Chile.

Me interesaba abrir un surco, sembrar una semilla, regarla con el ejemplo de una vida esforzada para que algún día diera su fruto esta siembra, no para mí, sino para mi pueblo, para el de mi patria, que necesita una existencia distinta.

Chile, si bien es cierto que es un país que políticamente ha alcanzado - como lo dijera hace un instante - niveles más altos en el desarrollo político que otros países de este continente; si bien es cierto que Chile, es un país donde la democracia burguesa ha permitido el desarrollo de todas las ideas; si bien es cierto - repito - que esto es así, ello se ha alcanzado por la lucha de los sectores populares, a fin de que se respete el derecho del hombre y las conquistas alcanzadas por el pueblo y que han sido logradas en heroicas batallas por la dignidad y por el pan. Si bien es cierto que Chile ha logrado en lo político ser un país independiente, desde el punto de vista económico no lo es; y nosotros pensamos que es fundamental alcanzar esa independencia económica para que sea nuestro país auténticamente libre en lo político.

Y pensamos que es fundamental que ello se logre, como pueblo, nación o país; así como es fundamental que el hombre de mi tierra pierda el temor a la vida, rompa con la sumisión, tenga derecho al trabajo, a la educación, a la vivienda, a la salud y a la recreación. Pensamos que el hombre de Chile tiene que vivir el contenido de palabras tan significativas y que constituyen la tríada de los fundamentos masónicos: Fraternidad, Igualdad y Fraternidad.

Hemos sostenido que no puede haber igualdad cuando unos pocos lo tienen todo y tantos no tiene nada. Pensamos que no puede haber fraternidad cuando la explotación del hombre por el hombre es la característica de un régimen o de un sistema. Porque la libertad abstracta debe dar paso a la libertad concreta. Por eso hemos luchado.

Sabemos que es dura la tarea y tenemos conciencia de que cada país tiene su propia realidad, su propia modalidad, su propia historia, su propia idiosincrasia. Y respetamos por cierto las características que dan perfil propio a cada nación del mundo y con mayor razón a las de este Continente. Pero sabemos también, y a la plenitud de conciencia, que estas naciones emergieron rompiendo el correaje por el esfuerzo solitario de hombres que nacieron en distintas tierras, que tenían banderas diferentes, pero que se unieron bajo la misma bandera ideal, para hacer posible una América independiente y unida.

La historia nos enseña que unas pocas logias, como las Lautarianas, fueron la semilla y la simiente de las luchas emancipadoras, y aquí, en la Gran Logia de Colombia, puedo recordar con profunda satisfacción que Bolívar escribió a O´Higgins directamente desde Sucre, y que su palabra encontró eco en el padre de la patria nuestra, que "entregara la lección de tenacidad" cuando supo de las derrotas, pero supo también de la entereza para resarcirse de ellas; y en tierra hermana argentina buscara junto a San Martín, la posibilidad de la batalla decisiva que liberara a Chile; y tuvo la visión en el Cono Sur de la América que tuvo Bolívar en su ansia justa, para el resto del Continente.
Por eso, un día 20 de agosto, desde la Rada de Valparaíso despidió con estas palabras a los barcos de la expedición libertadora del Perú: "De estas cuatro tablas depende el porvenir de América".

Fueron soldados de Chile y Argentina los que contribuyeron a la liberación del Perú. Por eso, con modestia en la dimensión de la realidad, y sabiendo que en el mundo contemporáneo, más que el hombre, son los pueblos los que deben ser y son los actores fundamentales de la historia, busqué la posibilidad de hacer que este pueblo, el de Chile, tomara conciencia de su propia fuerza y supiera encontrar su propio camino.

No ha habido, por lo tanto, más que un aporte en lo personal. Han sido las masas populares chilenas, las mayorías nacionales, integradas por campesinos y obreros, por estudiantes, empleados, técnicos, profesionales, intelectuales y artistas; han sido ateos y creyentes, masones y cristianos, laicos; han sido hombres con definición política en partidos centenarios, como el radical, o sin domicilio político, los que convergieron en un programa que levantó la voluntad combatiente de las masas chilenas, para enfrentar al reformismo de la democracia cristiana y a la candidatura que representaba lo tradicional del capitalismo del señor Jorge Alessandri.

Chile, por lo tanto, vivió la etapa prolongada y no estéril de los gobiernos típicamente capitalistas. Digo no estéril, porque he sostenido que nuestro país ha sido o es uno de aquellos en que la democracia burguesa ha funcionado propiamente como tal.

Las instituciones chilenas tienen una firmeza más que centenaria; y este año el congreso de mi patria, del cual formé parte durante 27 años, dos años como Diputado y 25 como Senador, va a cumplir 160 años, casi en ininterrumpida labor. Yo diría de ininterrumpida labor. Por eso no renegamos de lo que antes se hizo, pero comprendemos que el camino de ayer no puede ser el mismo camino de mañana. Por eso en el proceso político al viejo sistema sucedió la brillante esperanza, sembrada demagógicamente, de una revolución y libertad caracterizadas por el reformismo de la democracia cristiana.

Tampoco niego que ese gobierno, al cual sucede el gobierno del pueblo, no hiciera avances en el campo económico, social y político; pero siempre están en pié los grandes déficit que caracteriza la existencia de pueblos como los nuestros: vivienda, trabajo, salud,educación. No hay ningún país en vía de desarrollo que haya logrado solucionar cualquiera estos rubros esenciales y menos en este continente donde un vasto sector humano ha sido negado y desconocido; sean los descendientes de Atahualpa o los hijos de Lautaro en mi Patria, el heróico arauco, el mapuche, el indio, el mestizo; han sido y, lamentablemente, a pesar de que dieron la simiente de nuestra raza, preteridos, postergados y aún negados en muchos países.

Por eso nuestro combate y nuestra decisión tenían que ser no un cambio político, no el traspaso del gobierno de un hombre a otro, sino la entrega de un régimen a un pueblo que quiere la transformación profunda en lo económico, en lo político y en lo social. Para abrir el camino dentro de su legitimo derecho al socialismo, Chile - he dicho, Serenísimo Gran Maestro - tiene su propia historia, como la tienen los otros pueblos con sus propias características. Y Colombia sella como Chile su vocación democrática y libertaria.

Pero nosotros vivimos en 1938 una etapa distinta a todos los pueblos de este continente y a la mayoría de los pueblos de Europa y de otros continentes. Chile fue uno de los tres países del mundo en que hubo un "Frente Popular". Y un masón radical, Pedro Aguirre Zerda, alcanzaba el poder por las fases políticas del entendimiento entre el partido radical, más que centenario, y los partidos marxista, comunista, socialista y el partido democrático.

En mi Patria, y más allá de mi Patria, se combatió la posibilidad de la victoria del Frente Popular. Se echaron a vuelo las campanas del terror y del pánico. Se habló de los " tontos útiles" para decir que los comunistas y los socialistas se aprovecharían de los radicales para instaurar una dictadura. Y Aguirre Zerda, radical de derecha, se engrandeció en el ejercicio del poder porque vitalizó el contacto con el pueblo y su lealtad hacia él.

Y cuando un día aciago, soldados que no respetaron el compromiso contraído con su conciencia y con la Constitución política, se levantaron con el pretexto fútil de que un trapo rojo ondeaba en la Moneda de Chile, porque un pabellón partidario se había apoyado en su muralla, fue el pueblo el que rodeó los cuarteles. Fue el pueblo sin armas el que los obligó a rendirse, sin que sus heroicos soldados dispararan un solo tiro frente a una multitud dispuesta a defender a un radical masón, pero maestro y estadista.

Por eso en la raíz del proceso de la evolución política chilena, hay antecedentes que no tienen otros paralelos, y por eso se hace difícil entender lo que hoy acontece en mi Patria; y por eso es raro que hoy se tema la presencia de un masón o de un socialista en el gobierno de Chile. La verdad es, Serenísimo Gran Maestro, que nadie en mi Patria, ni más allá de las fronteras, puede llamarse a engaño.

Durante más de un año dimos a conocer el programa de la Unidad Popular- repito- integrada por laicos, marxistas y cristianos, por hombres de la pluma, del arado y del riel. Nadie que lo quiso, dejó de conocer por qué luchábamos y para qué luchábamos. Siempre sostuve que era difícil ganar en las elecciones, que era más difícil asumir el gobierno, que aún era más difícil construir el socialismo.

Siempre expresé que esa era tarea que no la podía hacer un hombre o un grupo de partidos, sino un pueblo organizado, disciplinado, consciente, responsable de su gran tarea histórica, y los hechos han comprobado lo que yo sostuviera. Fuimos tan combatidos como en el año 38. Y yo, que he sido varias veces candidato, tengo la experiencia de hasta qué métodos se recurre para impedir el avance de los pueblos.

Una impresionante cruzada se gestó en el 69 para diseminar el pánico de la persecución religiosa, el temor de que fueran eliminadas las fuerzas armadas de Chile, de que fuese suprimido el Cuerpo de Carabineros; argumentos sencillos, pero capaces con su maldad encubierta, de ser asimilados para negarnos los votos que necesitábamos.

Siempre sostuve que cada país, de acuerdo con su propia realidad, debía buscar el camino. Por lo tanto, agregué que, desde el punto de vista teórico, para mí por lo menos, el foco guerrillero, la insurgencia armada, el pueblo en armas o las elecciones, eran caminos que podrían elegir los pueblos dentro de su propia realidad. Yo no tengo ambages en decirlo.

Hay países en que nadie se puede imaginar que puede haber elecciones porque no hay congreso, ni partidos ni organizaciones sindicales. Por eso pisamos ese sendero dentro de las leyes de la democracia burguesa, comprometidos a respetarlas, pero al mismo tiempo a transformarlas, para hacer posible que el hombre de Chile tenga una existencia distinta y que Chile sea auténticamente una Patria para todos los chilenos.

Hemos planteado una revolución auténticamente chilena, hecha por chilenos, para Chile. No exportamos la revolución chilena, por razones muy sencillas: porque algo sabemos de las características de cada país. Para exportar democracia y libertad tiene que haber algunas condiciones que no tienen la inmensa mayoría de los pueblos latinoamericanos.

Por eso es que entre hermanos, en la Gran Logia de Colombia, pueden darse cuenta ahora de la sinceridad de nuestra postura de no intervención. Es la entrega franca del planteamiento de un Hermano, frente a Hermanos. La batalla nuestra es muy dura y muy difícil porque, indiscutiblemente, para elevar las condiciones de vida de nuestro pueblo, necesitamos hacer las grandes transformaciones revolucionarias que hieren intereses: intereses foráneos, el capital extranjero, intereses imperialistas, intereses nacionales de los monopolios y de la alta banca.

Estamos convencidos de que no podremos derrotar el retraso y la ignorancia, y la miseria, moral y fisiológica, si no utilizamos los excedentes que produce nuestra propia economía para sembrarlos en escuelas, caminos, haciendas trabajadas con técnica moderna, para hacer posible - repito - el rendimiento en nuestra propia patria, de lo que legítimamente nos pertenece.

Solo puedo ilustrar, para que se entienda nuestra posición, el caso de Chile, con el cobre, por ejemplo: riqueza fundamental, pilar de nuestra economía, representa el 82% del presupuesto de divisas del país, y nos da el 24% del ingreso fiscal, Serenísimo Gran Maestro. Y esto ha estado manejado por manos que no son chilenas.

La inversión inicial de las compañías americanas del cobre no superó hace 50 años los 13 millones de dólares; y a lo largo de estos años han salido de Chile 3.200 millones de dólares para ir a fortalecer a los grandes imperios industriales. En estas condiciones, ¿cómo podemos progresar? ¿Cómo un pueblo que tiene las más grandes reservas de cobre del mundo y la más grande mina del mundo que es Chuquicamata, no puede controlar ni los precios, ni los niveles de producción, ni los mercados, cuando la variación en un centavo en el precio de la libra de cobre representa un mayor y nuevo ingreso para Chile de 12 millones de dólares? ¿Cómo es posible, que ese que yo he llamado con razón el sueldo de Chile, sea manejado por manos que no son chilenas?.

Yo declaro que en esta actitud nuestra de rescate de nuestras riquezas fundamentales no hay, queridos hermanos una actitud ni discriminatoria ni contraria a los pueblos. Respetamos a los Estados Unidos como nación; sabemos su historia y comprendemos perfectamente bien la frase de Lincoln cuando dijo: "Esta nación - refiriéndose a su patria - es mitad esclava y mitad libre". Esa misma palabra, esa misma frase, puede aplicarse a nuestros pueblos aparentemente libres
pero esclavos en la realidad moderna. Por eso hemos luchado y por eso somos combatidos.

He puesto el ejemplo del cobre y podría hablar del hierro, del acero, del carbón y del salitre, y podría hablar de la tierra. En un país que puede alimentar a 20 millones de habitantes o más, se tiene que importar todos los años carne, trigo, grasa, mantequilla y aceite, por un valor superior a los 180 o 200 millones de dólares. Si continuara el proceso de aumento vegetativo de la población a razón del 2.9% al año, y no aumentara la producción agrícola, en el año 2000 Chile tendría que importar mil millones de dólares en alimentos. Y todo el comercio exterior de Chile en este instante, Serenísimo Gran Maestro, son 1.200 millones de dólares, de los cuales el cobre representa 1.030 millones.

En estas condiciones tampoco podría estar ausente de la mente nuestra, la necesidad de un profunda reforma agraria, que es parte del proceso de desarrollo económico de un país, y que no es sólo el cambio de propiedad de la tierra sino la elevación del nivel intelectual y moral del trabajador de la tierra. Nosotros hemos hecho nuestra la frase de Tupac-Amaru, el cacique del Perú, cuando dijo a sus indios: "El patrono no comerá más de tu hambre".

Hemos querido efectivamente que el trabajador de la tierra sea el que tenga derecho también a comer lo que la tierra produce. Y yo, que soy médico, y que he sido cinco años Presidente del Colegio Médico de Chile, siendo combatiente senador socialista, que sé lo que es la vida gremial, y que puedo decir con satisfacción a mis hermanos que los médicos de mi Patria me respetaron y me respetan, puedo señalar con dolor chileno, lo que seguramente también pasa en otros pueblos: 600.000 niños de mi patria, Serenísimo Gran Maestro, que ha alcanzado el nivel político que he mostrado aquí, son retrasados mentales, porque no recibieron proteínas en los primeros seis meses de su existencia.

Frente a estas realidades no cabe el conformismo. Frente a este panorama cabe la explicación en el mundo profano de los principios que a mí me enseñaron y aprendí en la Orden. Por eso he combatido, y por eso, no en lo personal, sino en función de vocero de un pueblo, soy Presidente de mi Patria, para cumplir sin vacilaciones el programa que levantara la frente al pueblo; porque tengo un compromiso ante mi conciencia, y es un compromiso de un masón frente a la conciencia de un masón, y tengo un compromiso con la historia y tengo un compromiso con mi Patria.

Esto va significar represalias. Herir intereses es duro, y que esos intereses se defienden, lo sabemos y ya lo estamos viendo. Pero, ¿hasta dónde los pueblos de este Continente van a aceptar que seamos manejados por control remoto? Durante 20 años se ha hablado del Fondo Monetario Internacional, de la convertibilidad de la moneda en oro.

Y de la noche a la mañana, cuando le interesa al país hegemónico, se cambian las reglas del juego y se golpean nuestras débiles economías. Durante 15 o 20 años hemos visto que a las Naciones Unidas no puede ingresar la República Popular China, país de 900 millones de habitantes. Pero cuando conviene al problema interno de un país, en vísperas de elecciones, se puede decir que se reconocerá a China y puede viajar el Presidente de los Estados Unidos a conversar con Mao Tse Tung.

Pero nosotros no podemos hacerlo antes. ¿Hasta cuándo no vamos a ver nosotros que tenemos derecho a trazar nuestro propio camino, a recorrer nuestro propio sendero, a tomar las banderas libertarias de los próceres de este Continente para convertirlas en realidad, porque esa es la tarea que nos entregaron? Si eso es ser revolucionario, yo lo soy, pero si eso es ser masón, también sostengo que lo soy.

Por eso puedo decirles también a los queridos hermanos de la Gran Logia de Colombia: en mi patria no hay un hombre encarcelado; en mi patria no hay un preso político; en mi patria se respetan todos los derechos. Y esta noche he tenido el agrado de llegar a este Templo acompañado del Embajador de Chile en Colombia, querdio hermano Hernán Gutiérrez. Viene también con nosotros el Director General de Carabineros, General José María Sepúlveda que es también un hermano nuestro, y él sabe perfectamente bien, como lo sabe el Q:. H:. Gutiérrez, que es cierto lo que estoy diciendo.

Y si hubiere todavía que buscar un testimonio, aquí está presente un H:. que vio aquí la luz masónica, porque es colombiano, que es embajador de Colombia en Chile, que no ha olvidado que es masón y que yo tuve el agrado y la suerte de estrechar su mano después de ser triunfante en las urnas, dentro de un Templo Masónico, donde llegó siendo diplomático como llega Gutiérrez a cumplir en las Logias con su obligación masónica.

Por eso sostengo que frente al clima artificial creado antes o durante la elección, seguirán hechos mucho más duros, que tenemos que confrontar. Pero si hay gobernantes o gobiernos que creen que es legítimo defender los intereses de unos pocos, por muy grandes que sean, yo sostengo el derecho a defender el interés de mi pueblo y de mi Patria frente a los intereses de unos pocos.
Si alguien piensa que, a estas alturas de la vida, la amenaza material puede doblegar a los pueblos, se equivoca. Estados Unidos tiene que aprender la lección de Vietnam. Y la lección de Vietnam es una lección para todos los países pequeños, porque es la lección del heroísmo y la dignidad.

Y nosotros debemos entender que hay países que gastan cien mil millones de dólares al año en una guerra, en un continente que no es el suyo, para impedir que un pueblo se dé el destino que quiera, frente a una América Latina que tiene que estar con manos tendidas e implorantes, para conseguir empréstitos pequeños, gotas de leche de la gran ubre del país más poderoso del capitalismo; en circunstancias que de este Continente, en la última década, han salido muchos más millones por amortización de las utilidades e intereses, que los que ingresan como aporte de capitales. América Latina, continente pobre, es exportador de capitales, frente a la realidad del país más poderoso del mundo, del capitalismo internacional.

Es por eso que ésta es nuestra lucha, y es por eso que uso éste lenguaje que es un lenguaje de claridad, como es la obligación de hacerlo frente a mis Hermanos. Es una lucha frontal que no sólo será en Chile; que está dándose en todas partes del mundo, porque vivimos el minuto trascendente en que los viejos sistemas crujen, y es obligación nuestra mirar con ojos abiertos lo que va a ocurrir mañana, para analizar si somos capaces de encontrar los cauces que permitan a las grandes masas continuar un camino que no sea el de la violencia innecesaria y del costo del capital elevado.

Yo lo he dicho en mi país, y lo repito aquí en el seno de los Hermanos de Colombia: yo no soy una represa, pero sí soy el cauce para que el pueblo pueda caminar con la seguridad de que sus derechos serán respetados. No pueden detenerse las avalanchas de la historia.

No pueden las leyes represivas calmar el hambre de los pueblos. Transitoriamente podrán aplazarse algunos años; y quizá hasta una generación, pero tarde o temprano se rompen los diques y la marea humana inunda, pero esta vez con violencia - y a mi juicio justa - porque también su hambre y sufrimiento son más que milenarios en algunas partes, y centenarios, por lo menos en nuestro Continente.

Si viejas instituciones como la iglesia ven transformarse el contenido de su propia existencia; si los obispos reunidos en Medellín hablan un lenguaje que pudiera haber sido revolucionario hace 5 o 10 años atrás, es porque comprenden que el verbo de Cristo tienen que recuperarlo para que la iglesia se salve como institución, porque si la ven siempre comprometida con los intereses de unos pocos, nadie va a creer mañana en la verdad de la enseñanza del que la dio: el Maestro de Galilea, considerado por mí, por lo menos como hombre.

Es por eso que yo pienso y sueño. Sueño en la noche de la iniciación, cuando recordaba estas palabras: que los hombres sin ideas arraigadas y sin principios, son como las embarcaciones, que perdido el timón, encallan en los arrecifes.

Yo quiero que los hermanos de Colombia sepan que no voy a perder el timón de mis principios masónicos. Es más difícil hacer una revolución en que no haya costo social y es duro estrellarse contra poderosos intereses internacionales y poderosos intereses nacionales.

Pero lo único que quiero es llegar mañana, cumplido mi mandato, y entrar por la puerta de mi templo, como he entrado ahora siendo Presidente de Chile.

Christian Gadea Saguier