La herejía de los Templarios, el librepensamiento

Esta semana los diarios del mundo se hicieron eco de la publicación del libro Processus contra Templarios que recoge los documentos, hasta ahora desconocidos por el público, del proceso seguido en el siglo XIV contra la entonces influyente Orden del Temple.

La obra, de 300 páginas, en una edición limitada de 800 ejemplares es el tercer volumen de la serie Exemplaria Praetiosa, –las colecciones más significativas del Archivo Secreto Vaticano– realizada en colaboración con la editorial Scrinium.

El libro recoge facsímiles de los pergaminos originales, las actas del proceso a los Templarios (28 de junio 1308-1311) custodiadas en el Archivo Secreto Vaticano; mientras en otro volumen se presenta por primera vez en edición crítica la trascripción de esas actas.

El volumen cuenta con una edición facsímil del pergamino de Chinon, que recoge la absolución del papa a los caballeros, en agosto de 1308. Debido a un error de catalogación, se consideraba perdido hasta que la investigadora italiana Barbara Frale lo encontró entres los miles de estantes de la Biblioteca y Archivos secretos del Vaticano en 2001.

La nueva edición se reproduce en pergamino sintético y cuenta con una copia del sello papal lacrado y un comentario erudito, y se presenta en una caja de cuero blando. El original mide medio metro de ancho y dos metros de largo. Cada ejemplar cuesta unos 5.900 euros. Ya se han reservas solicitudes de bibliotecas y coleccionistas de todo el mundo, según ha señalado a la BBC Rosy Fontana, portavoz de Scrinium, la editorial que gestiona las ventas.

Auge y caída del Temple

Fundada al calor de la I Cruzada, la orden del Temple fue el primer intento de establecer una entidad que incorporara tanto el factor monástico con el militar en su vocación espiritual. De ahí que recibiera el apoyo entusiasta de san Bernardo y que no pocos reyes incluidos monarcas de los reinos españoles la miraran con agrado y la favorecieran. Los templarios se convirtieron en un ejército eficacísimo en la lucha contra el Islam al igual que sucedería poco después con los Hospitalarios. Sin embargo, a diferencia de éstos que se ocupaban de enfermos, necesitados y heridos, no contaron con ningún énfasis en cuestiones relacionadas con el ejercicio de la caridad y no tardaron en entregarse a funciones de carácter bancario que casaban mal con su vocación de monjes soldados. Por si fuera poco, algunos de los caballeros templarios no tardaron en sentirse atraídos por corrientes gnósticas orientales manteniendo unas relaciones sospechosamente cordiales con grupos como la secta musulmana de los hashishim o asesinos. En qué medida esta suma de elementos inficionó a la orden es difícil de establecer.

Que perdió buena parte de su carga espiritual primigenia y que no pocas veces funcionó más como una entidad crediticia que espiritual es innegable. Cuestión aparte es que, efectivamente, fuera culpable de los cargos formulados contra ella en el proceso orquestado por Felipe el Hermoso. De hecho, cuando la orden fue disuelta y se procedió a juzgar a sus caballeros en otras partes del mundo por regla general obtuvieron sentencias absolutorias. En España, por ejemplo, ninguno de los monarcas se opuso al proceso y, por el contrario, se permitió que los legados papales lo llevaran a cabo sin interferencias. El resultado fue que no se dictó una sola condena en el ámbito de Castilla, Navarra, Portugal o Aragón. Incluso puede añadirse que aunque los templarios tenían la posibilidad de cobrar una pensión procedente de los fondos de la disuelta orden y retirarse, prefirieron integrarse en su mayoría en otras órdenes militares, lo que no sólo no chocó con objeciones sino que recibió un inmenso apoyo.

Aún más. Cuando antiguos templarios dieron origen a nuevas órdenes como la de Montesa la iniciativa fue acogida favorablemente tanto por las autoridades eclesiásticas como por las civiles. En términos generales, por lo tanto, la orden del Temple no se había visto contaminada por los hechos que se le imputaban y así se entendió en la época. En términos generales porque excepciones de enorme relevancia las hubo. Por ejemplo, un grupo de templarios franceses marchó a Escocia donde Roberto el Bruce se enfrentaba con los ingleses un episodio reflejado en parte por la película Braveheart y se puso a su servicio. El rey Roberto los acogió entusiasmado no en vano eran magníficos guerreros y quizá incluso llevaban consigo fondos salvados del expolio de la orden y los utilizó para vencer militarmente a los ingleses y conservar la independencia de Escocia.

La orden había cobrado una fuerza inusitada. Acumulaba riqueza y propiedades en Europa y Oriente Próximo e incluso puso en marcha un sistema bancario internacional a través del que financiaron la guerra de algunos monarcas. Con el fin de las Cruzadas, su poder y secretismo levantaron sospechas entre las potencias europeas.

Uno de los que recelaban más era Felipe IV. Los historiadores consideran que tenía deudas económicas con la orden y que lanzó las acusaciones de herejía con la intención de arrebatarles sus riquezas. En 1307, Roma abrió una investigación contra los Templarios para esclarecer qué había de cierto en aquel escándalo.

La investigación concluyó cinco años después que los Templarios no eran culpables de herejía, sino de delitos menores contra la ley de la Iglesia. De hecho, el papa Clemente V absolvió a la orden en 1308 y pensó reformarla.

Cargos dirigidos contra los Templarios
Una de las principales acusaciones contra los caballeros era la de que practicaban ritos de iniciación blasfemos que incluían escupir sobre la cruz. Las actas revelan, según la historiadora, que los caballeros incluían estos actos en su entrenamiento militar como un recurso de defensa en caso de ser capturados por los ejércitos musulmanes.

Otras acusaciones habituales contra los Templarios fueron la de desobedecer a la curia Romana, aproximarse al Islam y a la herejía cátara, practicar la sodomía y abogar por un reino teocrático en Europa, encarnado en un monarca que concentraría el poder celestial y el temporal. Tampoco se vio con buenos ojos que se rodearan del aura de ser los conservadores del Santo Grial. Esta faceta de los caballeros ha servido de base para numerosas leyendas y obras de ficción, como el best-seller El código Da Vinci, de Dan Brown, o las novelas de Peter Berling acerca de los herederos de linaje de Jesucristo.

Para empezar, fueron relativamente pocos los templarios ejecutados, aunque los sometieron a tormentos insoportables para que confesasen. No muchos ardieron en la hoguera, aunque no deje de causar impresión que todo un Gran Maestro como Jacobo de Molay fuese tostado lento en la Île de la Citê, a la sombra de la catedral de Notre Dame de París. Pero hubo más miles de templarios y solo quienes se negaron a confesar o se retractaron de sus confesiones murieron. Sin embargo, ¿qué validez podría atribuirse a unos testimonios arrancados mediante hierros al rojo y cepos? ¿Y qué pretendían que confesaran?

El crimen más grave que confesaron los caballeros fue la supuesta adoración de una estatuilla. En el capítulo se veneraba a un “Bafometo”, un símbolo. Dependiendo de la inspiración que proporcionaba la tortura de aquellos desdichados, podría tratarse de una cabeza de piedra o madera, con o sin barba, unas veces tenía pie, otras no. ¿De dónde se originaban estas patrañas? En el estricto secreto con que se reunía el capítulo, por ejemplo: en un principio, tal vez por motivos militares, pues se tenía un cuidado especial para que nadie sin autorización tuviese acceso a las sesiones. Este secretismo debió dar pie a toda suerte de oscuras supersticiones, que, como es natural, los enemigos de la Orden no tardarían en aprovechar.

La negación de la divinidad de Jesús y la acusación de escupir a la cruz formaban parte de los crímenes que más a menudo declaraban. Todas las demás acusaciones, como despilfarro de los bienes de la Orden, una cierta falta de escrúpulos en los negocios, mantenimiento en secreto de la regla, atribución de funciones propias de sacerdotes, resultaban ser exageraciones.

Viendo así, con el beneficio de la perspectiva que otorga el tiempo, lo que consta acerca de las confesiones de los Templarios no carece de imaginación. Todo aquello parece absurdo en relación a la idea de que eran devotos caballeros de Cristo y defensores del ideal cristiano; cuanto más los torturaban, más resaltaba esa divergencia.

Baphomet, ni ídolo, ni dios. Símbolo
En cualquier caso, el círculo interior de la Orden no escatimó esfuerzos en proteger sus conocimientos secretos. Un prestigioso especialista en estudios bíblicos, Hugo Schonfield, ha demostrado que los Templarios utilizaron el sistema de codificación llamado cifra Atbash.

Con independencia de lo que pueda significar, el hecho por sí solo revela que el interés de este círculo interno por guardar sus secretos era tan grande que recurrieron a los métodos más ingeniosos. Schonfield explica cómo al aplicar el código al nombre del misterioso ídolo de cabeza cortada, idolatrado por los Templarios, el Baphomet, resulta la palabra griega Sophia. Como ha escrito Graham Hancock en The Sign and The Seal, “significa sabiduría, nada más”, y este pleno sentido aporta un matiz muy diferente a toda la raison d’éter de los Templarios.

A simple vista, Baphomet parece el símbolo de un monstruo. Se encuentra de pie sobre un altar, posee cornamenta, senos de mujer y las partes sexuales de un hombre. A veces tiene la barba de un hombre, la melena, las garras de un león, las alas de un águila y las pezuñas de un toro. En el Tarot, esta imagen es asociada en un primer momento a toda clase de calamidades y se transforma en una figura monstruosa y aborrecible, más cuando a esta imagen se le otorga el nombre de “Lucifer”.

Entre los israelitas se había prohibido dar a las concepciones divinas un cuerpo de naturaleza humana o animal. Ante esto, solo se podían esculpir figuras jerárquicas como son los querubines, y otorgarles formas mixtas, es decir, cuerpos de animales con cabezas humanas, de águilas o de leones. Estas figuras no iban en contra de la creencia del pueblo israelita en Yahvé, ya que estos híbridos —que ante nuestra concepción pueden parecer monstruosos— eran concepciones increadas de la divinidad misma. Los israelitas no adoraban al toro. Adoraban la representación de un pensamiento, el cual no tenía ningún parecido a los seres creados.

El toro, el perro, el águila, el macho cabrío y el león son símbolos herméticos que han permanecido en la intimidad de la tradición de Egipto y de la India. El toro, en alquimia, simboliza la tierra o la sal de los filósofos que debe licuarse y ascender en la evaporación en el proceso de la sublimación —no en vano es asociado muchas veces con el alma—. El perro es el mercurio de los sabios o el fluido que resulta de la combinación del aire y el agua. El águila es símbolo del proceso de la purificación alquímica. Representa las nueve fases del opus, la fijación de lo volátil y la volatilización de lo fijo, es decir, el equilibrio, la purificación de los elementos mediante el fuego y la elevación de la naturaleza instintiva humana. El macho cabrío representa el fuego y es el símbolo de la generación. El león —del cual el Baphomet posee las garras y la melena— simboliza tanto el sol como el oro, cuando es rojo. También simboliza la sutilización de lo denso en el Solve et Coagula o la purificación del espíritu en oro.

La figura del Baphomet además tiene otras características. En su cabeza posee una cornamenta doble y en medio de ellas arde una antorcha de fuego dirigida a las alturas.

El nombre mismo de “cuerno” se encuentra vinculado a la raíz indoeuropea KRN, que significa “corona”, que es otra expresión simbólica de esta misma idea, pues esas dos palabras —en latín cornu y corona— están muy próximas entre sí. Es demasiado evidente que la corona es la insignia del poder y es la señal de una jerarquía elevada. Por otra parte, encontramos una primera relación con los cuernos en el hecho de que estos también están situados en la cabeza, lo cual da bien la idea de una elevación.

La corona era primitivamente un aro cornado de puntas en forma de rayos; y los cuernos, análogamente, se consideran como figuración de los rayos luminosos. Está claro, por lo demás, que los cuernos pueden asimilarse a armas, incluso en el sentido más literal, y también así ha podido vinculárseles una idea de fuerza o potencia, como, de hecho, ha sido siempre y en todas partes. Por otro lado, los rayos luminosos son adecuados como atributo de la potencia, ya sea, según los casos, sacerdotal o real, es decir, espiritual o temporal, pues la designan como una emanación o una delegación de la fuente u origen.

Como sabemos, el fuego es un símbolo esotérico y místico muy antiguo. Dentro de su significado todas las tradiciones, ya sean griegas, romanas, indias, celtas, germanas, escandinavas, indoeuropeas, concuerdan en un punto: el fuego es el vehículo de la unión con la divinidad. El fuego es el símbolo del alma en perpetua sed de reintegración, es la síntesis de las transformaciones de los otros tres elementos —tierra, agua y aire—. El fuego se relaciona con el corazón, y también se identifica con el Sol, el vehículo de la luz que es propiamente el símbolo del alma. Es ahora fácil saber cuál es la verdad tras el mito del sabath, de las brujas de la Edad Media, un rito en torno al fuego. Sin duda, se trata de monstruosidades que fácilmente entran en la mente de la ignorancia y la mala interpretación.

La antorcha del Baphomet que resplandece entre sus cuernos es la dimensión instintiva del ser humano, elevada por encima de la materialidad. Extiende sus brazos, uno hacia lo alto y el otro hacia abajo. En ambos casos, sus manos realizan el signo esotérico universal. Ante su brazo en alto aparece una luna blanca y ante su brazo bajo, una luna negra. Este signo es el símbolo de la armonía de los contrarios, del equilibrio entre la dualidad, entre el masculino-femenino, el principio activo-pasivo, etc. Finalmente, nos recuerda que nos encontramos en este mundo con el fin de sintetizar en el ternario el equilibrio de los opuestos de la vida. Este símbolo también se corrobora en torno a las serpientes que rodean el caduceo. En ello debe verse una alusión a dos fuerzas o corrientes inversas que están respectivamente relacionadas con los dos polos. Estos polos representan una fuerza doble y opuesta en apariencia, pero que en realidad son una sola en su punto de emanación. Finalmente, lo aparentemente opuesto es uno en su punto de origen.

Baphomet en los Templarios
En algunos artículos relacionados con las acusaciones a los Templarios por parte del papado, podemos observar que se hace referencia a un culto ligado a una cabeza humana. En algunas iconografías se observan cabezas con tres caras o una sola. Estas eran fabricadas de madera o de metal y muestran rostros de aspecto bondadoso o malvado y de diferentes colores, barbudos o lampiños.

La cabeza de triple rostro formaba parte de un complejo sistema de iniciaciones practicado por los Templarios, iniciaciones que denotan un amplio conocimiento de la cábala hebrea.

Para los Templarios, la cabeza poseía una gran importancia como símbolo de la regeneración iniciática, el sacrificio —que recordemos, es una palabra que tiene su raíz en el latín Sacrum Facere, que significa hacer sagrado, o bien hacer pasar un objeto o símbolo al plano divino, lo cual implica una elevación—. Por lo anterior, hablamos de una cabeza que simboliza la comunión humana con la divinidad. Finalmente y desde tiempos inmemoriales, la tradición primordial vinculada al simbolismo de la cabeza se encuentra íntimamente relacionada con la inmortalidad, el corazón, el receptáculo, el caldero o el Santo Grial.

La cabeza es el receptáculo de una energía para muchos misteriosa, ya que de ella emana la luz, el aura o la conocida aureola. Este símbolo implica la vinculación del ser humano con la divinidad y al mismo tiempo establece una cadena de unión indisoluble entre el mundo visible y el mundo invisible.

El Baphomet simboliza la cabeza del anciano o la sabiduría, el chokmak hebreo. La cábala lo identifica con el Adán kadmon u hombre celestial. Es el anciano que está constituido por tres cabezas, que son en realidad una sola y que tiene el atributo de la sabiduría. La cabeza de anciano es triple y alude a la perfección del ternario y al significado de las tres letras madres del alfabeto hebreo. Estas letras son el fundamento de la cábala YHV, las cuales se entrelazan en la palabra YAHVÉ, y nos hace pensar que los Templarios tenían dominio sobre la sabiduría de la cábala. Así, Baphomet no era un dios ni un ídolo, era un símbolo.

La figura del sabio se identifica con “El Ermitaño” del Tarot, el cual nos enseña sobre la necesidad de ocultar la búsqueda interior, ya que es en la prudencia donde se revelan los misterios y las experiencias místicas. No sin razón, muchas veces se denomina al ermitaño como “La lámpara velada”.

He aquí la esfinge del terror de la Edad Media, la imagen monstruosa que la Inquisición más temía y por la cual encendió hogueras de inocentes por toda europea y América. Aquí esta el Satán que no existe más que en la ignorancia de los hombres, el símbolo de la estrella de Salomón dividida en dos triángulos y que se transformó en la más absurda de las supersticiones, cuando en realidad solo representaba la dualidad y la reintegración.

Christian Gadea Saguier

El humanismo masónico

Esta semana terminé el proceso de edición de mi próxima obra que llevará el título de Los hijos de la Luz. El libro además inaugura las publicaciones de mi editorial. La obra devela la verdadera identidad de los maestros masones y la lucha del librepensamiento contra el dogmatismo para lograr el progreso humano. Trata sobre las poderosas sociedades guardianas del misterio de la Luz y desmiente las versiones que confunden las ideas liberales, el afán de progreso, el culto al trabajo y la búsqueda del conocimiento, con el culto diabólico del espíritu.

En este libro explico cuáles son las ideas, los pensamientos y la identidad de los hombres que participaron en la organización del mundo y qué influencias tienen actualmente en las decisiones de los Estados.

Con una prosa amena y precisa, en esta lúcida investigación filosófica descubro las relaciones entre los actos y las palabras de los “Hijos de la Luz” y su enfrentamiento con el dogmatismo. Indagar en sus identidades es una invitación a reflexionar sobre la evolución del conocimiento humano desde una perspectiva diferente donde propongo humanizar todo el simbolismo ecriptado que representa el Maestro Hiram en la Masonería.

El desenlace de Hiram
En la leyenda del grado, los que asesinaron al Maestro Hiram están personificados en la Mentira, la Ignorancia y la Ambición. La Mentira atacó primero y le pegó un golpe, símbolo de un velo que cubrió la cabeza y lo hizo desconocido. La Ignorancia asestó el segundo golpe, guiada por la Mentira, se encargó de impartir imposturas. La Mentira y la Ignorancia eran audaces y sus triunfos fueron rápidos. La Ambición, que había dirigido la trama, viendo la credulidad y la debilidad de los demás obreros, se dijo así misma: todo va bien, pronto ocuparé el lugar del Maestro.

La causa de nuestro acervo duelo es la contemplación de la mentira, la ignorancia y la ambición como elementos que amargan y matan la vida. Ellos alejan al hombre de los manantiales de regeneración y de fuerza que la naturaleza abre a todas las aspiraciones, como la madre derrama sus pechos en la boca sedienta del hijo, después que lo ha formado y nutrido en su sangre. De la vida universal venimos y a la vida universal volveremos, y en este tránsito solo estos malos hábitos nos apartan de las ondas claras y serenas del bienestar. Este es el sentido que resplandece en la leyenda simbólica del grado.

Unidos los tres asesinos en torno al cadáver de la inocente víctima y al contemplar ensangrentado y lívido el rostro de aquel Maestro tan bueno, puesto que era tan justo y laborioso, sintieron alzarse desde el abismo de su ser al no contar con la palabra que buscaban. Creyendo ocultar el homicidio, resuelven conducir el cuerpo a un pie de una montaña, donde lo entierran y, aturdidos, clavan en la fosa una rama de acacia para que no reconocieran que la tierra había sido removida. Luego, fueron a ocultarse en una profunda cueva, vana precaución, porque llevaban consigo sus propias conciencias horrorizadas, pues pretender que la razón no acuse al culpable es como impedir que la semilla no germine.

Así aparece la aurora del día siguiente, convocando a los obreros al trabajo. Y cuáles serán la sorpresa y la turbación al no encontrar en el Templo al querido Maestro, siempre el primero en concurrir, como siempre el último en retirarse al descanso. Lo buscan ansiosos, lo llaman con una congoja creciente. El Maestro Hiram no aparece ni responde. Donde el día anterior repercutían las alegres notas del trabajo, ahora todo yace envuelto en silenciosa tristeza de desolación. Se hace imposible trabajar en el desorden y la ignorancia. Hiram representaba la verdad que alumbra, la razón que guía y en la verdad inspirada.

Roto el acuerdo armonioso de la fraternidad, de la disciplina, no estimula, ni puede hacer fecundo el trabajo. Siete días transcurrieron en la más punzante zozobra. Presa Salomón de la misma pena, y participando de las sospechas del crimen, que también comenzaban a asaltar a los obreros, nombró en grupos de a tres una comisión de nueve maestros de completa confianza para que averiguaran el destino del inconsolablemente llorado Hiram.

Entretanto, aprovechándose de la confusión que sobrevino en el taller y para extraviar las sospechas, volvieron los tres compañeros asesinos al Templo y se mezclaron con los otros. Así, la Mentira, la Ignorancia y la Ambición se presentaron para consolar y dirigir a los mismos a quienes habían sumido en el llanto y, hasta imaginándose por el momento asegurada la impunidad, continuaron sus planes ambiciosos. Propusieron glorificar al Maestro levantándole altares para que le tributasen culto los hombres. Muchos se dejaron seducir, pero los prevenidos no entraron en el juego. La anarquía se produjo. Rota la cadena de unión, que era la fuerza de aquella sencilla y sincera familia, los buenos quedaron a merced de los malvados, sirviéndoles de instrumentos inconscientes contra su propia causa y propósitos.

Felizmente, la vegetación de la mentira y del error es efímera: crece a veces, rápida y avasalladora, pero su savia es débil y enfermiza, se agota al fin; mientras que la vegetación de la verdad y la justicia, aunque lenta, es indestructible. Inútiles fueron ya las intrigas, las persecuciones, todas las violencias y los recursos a que apelaron aquellos traidores, que bajo la careta de leales discípulos del Maestro buscaron fundar su despotismo personal.

De los nueve comisionados por Salomón, todos pagaron con la vida la lealtad y su denuedo, pero eran remplazados por otros igualmente animosos y convencidos de que sus esfuerzos no serían inútiles.

Cuando, ya desalentados y extenuados por el trabajo y la lucha, con el pensar del deber cumplido y legar a sus descendientes la prosecución de nuevas investigaciones, les llamó la atención un ramo de acacia que se agitaba de modo extraño sobre la tierra removida. Arrancaron el árbol, reconociendo con sorpresa que era como una planta viva, como un símbolo palpitante de la madre naturaleza. La ficción se revistió de realidad, y una intuición profunda llenó de luz los ojos de los obreros, a la vez que una fuerza soberana agitó sus cansados músculos.

Removieron la tierra y el hombre, aparentemente un cadáver, fue descubierto. Al lado de aquel hombre aparecieron una regla y un compás y sobre el pecho, la letra “G”. Levantaron el velo que cubría el rostro, y al verlo exclamaron en una explosión de suprema alegría.

La Era de la Luz
Así se presenta la leyenda de Hiram en cada ceremonia de exaltación a la maestría. Como podemos comprender, el doloroso drama del Maestro Hiram personifica el prototipo justo que triunfa sobre la muerte y la corrupción, la renovación de la vida individual más allá de la muerte aparente. El personaje de Hiram se presta a interpretaciones lo suficientemente amplias como la alegoría de los fenómenos de la naturaleza cósmica, gobernados por sus leyes de vida y de muerte en sus transformaciones periódicas. Esto es, tratándose de sociedades, por leyes de armonía y desorden, de composición y descomposición, de progresos y regresiones atávicas, así es sobre todo un símbolo moral.

Es el hombre de bien perseguido, el pensador vilipendiado, el inventor despreciado. Es Job en su féretro; Prometeo en su roca; De Molay en su hoguera; son los filósofos y herejes sacrificados por los esbirros de la Inquisición; los intelectuales arrojados al exilio por pensar diferente. Es todo aquel que sufre por una causa justa; todo libertador que sucumbe por la humanidad.

No obstante, Hiram no es solo el justo, sino también la justicia. Es la libertad violada. Es la civilización amenazada por la invasión. Es la cultura intelectual y moral de un pueblo minado por la superstición y el fanatismo. Es la idea de progreso, bajo todas sus formas, contenida tanto por los sofismas como por las persecuciones.

Pero la libertad y la justicia, la civilización y el progreso son fuerzas indestructibles que, como Hiram, pueden sufrir un eclipse momentáneo, pero que, al igual que los Hijos de la Luz, persisten y viven bajo la rama de acacia hasta que amanezca el día en que la humanidad toda desee romper las cadenas de la mentira, la ignorancia y la ambición que mantienen en vilo el progreso de la humanidad. A pesar del ritmo, de las detenciones y los retrocesos, la evolución marcha hacia un porvenir mejor.

La identidad de los masones
La Masonería procura inculcar en sus adeptos el amor a la verdad, el estudio de la moral universal, de las ciencias y de las artes. Tiende a extinguir los odios de raza, los antagonismos de nacionalidad, de opiniones, de creencias e intereses, uniendo a todos los hombres en bien de la humanidad. Impulsa a sus miembros a transformarse en elementos útiles para la sociedad.

Enseña mediante sus grados y ritos que no son de un siglo, tampoco se establecieron de una vez para siempre, sino que fueron apareciendo en épocas diferentes como pensamientos e ideas que gradualmente se desarrollaron y se unieron por una atracción natural y progresista de la civilización. Claro que la Masonería consiste en algo más que conferir grados, en la exacta repetición de las lecturas de cada grado, y en el familiar conocimiento de las fórmulas y palabras que se usan en la apertura y en la clausura de sus trabajos.

La misión principal de la Masonería es enseñar la ley de evolución y del progreso, el hombre hacia la perfección. No es posible hallar una verdadera interpretación de la Masonería si no se relaciona su sistema estrechamente con el proceso evolutivo de la humanidad. Todo en ella gira en torno de un progreso gradual de la oscuridad a la luz y todo lo que la luz trae aparejado.

La finalidad de sus grados consiste en presentar al masón objetivos de evolución en vida, no para el mundo de las ideas, sino para concretarlos en la Tierra, por lo cual debe esforzarse a implementar. El camino evolutivo, en el cual se funda la Masonería, es, desde todo punto de vista, práctico y útil. Significa, para el que recorre un progreso en capacidad mental, conocimientos, visión, sabiduría y fuerza espiritual que lo comprometen a volcarlos en bien de la humanidad.

La Masonería ofrece ayuda y guía para que nos volvamos cada día más conscientes de que nada puede detener el impulso que motiva el progreso humano en su peregrinaje de la oscuridad a la luz, de la irrealidad a la realidad, y de lo perecedero a lo imperecedero. Es un despropósito ser masón y no preocuparse por estos temas, que son individuales y a la vez colectivos.

Procura demostrarnos, en fin, que seremos esclavos de nosotros mismos y susceptibles a circunstancias limitadoras solo hasta que tomemos conciencia de que el hombre es un fin en sí mismo, no el medio para los fines de otros, y que la búsqueda del propio interés racional y de nuestra felicidad es el más alto propósito en la vida.

La posesión de antiguos secretos que excitan la curiosidad de los hombres y atraen de una manera irresistible a sus templos no le bastaría para afianzar perpetuidad y vitalidad perenne. La Masonería se desarrolla en los siglos porque sus fines son más nobles y elevados que la simple conmemoración de sus misterios secretos, porque requiere que ellos se conviertan en norma de vida de sus adeptos y que estas normas se cumplan a cabalidad. De lo contrario, ¿para qué sostener algo que no se practica?

En fin, la Masonería es una institución universal, esencialmente ética, filosófica, iniciática y progresista. Ella tiene por principio la libertad absoluta de conciencia y la fraternidad humana. Constituye el centro de unión para los hombres de espíritu libre de todas las nacionalidades y credos. Como institución docente formativa tiene por objeto el perfeccionamiento del hombre y de la humanidad. Promueve entre sus adeptos la búsqueda incesante de la verdad, el conocimiento de sí mismo y del hombre en el medio en que vive y convive, promueve el estudio de la moral universal, de las ciencias y las artes para alcanzar la fraternidad universal del género humano.


Christian Gadea Saguier

La cultura es lo que importa

¿De dónde vienen las reglas morales? De la razón, afirman algunos filósofos. De Dios, aseguran los creyentes. Rara vez se considera otra fuente como la que hoy defienden algunos biólogos: la evolución.

Una mirada a la selección natural y a la supervivencia de los más fuertes sólo parece confirmar los valores más egoístas. Pero para los animales que viven agrupados el egoísmo debe ser limitado o no habría ventaja en vivir en sociedad. ¿Puede la conducta desarrollada por los animales que viven en sociedad ser el fundamento de donde partió la moralidad humana?

En el libro Hipótesis de la felicidad , Jonathan Haidt, psicólogo moral de la Universidad de Virginia, construye una visión amplia de la moralidad donde rastrea su conexión tanto con la religión como con la política.

Haidt comenzó investigando la emoción de la aversión. Al probar las reacciones de la gente ante situaciones como la de una familia hambrienta que cocinó y comió a su perro luego de que éste hubiera muerto en una ruta, exploró el fenómeno en que la gente siente fuertemente que algo está mal pero cuyo porqué no puede explicar.

Este fenómeno lo llevó a ver a la moralidad conducida por dos sistemas mentales separados. Un sistema antiguo, que él llama intuición moral, se basa en las conductas con carga emotiva que se desarrollaron antes que el lenguaje. Un sistema moderno, que llama juicio moral, llegó después del lenguaje, cuando la gente pudo expresar por qué algo estaba bien o mal.

Las respuestas emocionales de la intuición moral ocurren de manera instantánea; son primitivas reacciones viscerales que evolucionaron para desarrollar decisiones intempestivas que ayudan a la supervivencia en un mundo peligroso. El juicio moral, por otro lado, llega más tarde, cuando la mente consciente desarrolla una racionalización para la decisión que llegó a través de la intuición moral, escribe Haidt.

La racionalización la educación
Jorge Werthein, es director de la Unesco en Brasil escribió esta semana para el diario argetnino La Nación, un artículo que coloca a la educación como valor supremo para el progreso humano.

“Hay que votar por la educación porque de esa manera se estará votando simultáneamente por el desarrollo sostenible y por la producción de más conocimientos: en la tarea pedagógica, en el ámbito de las ciencias, en la preservación del medio ambiente, en el control del sida, en la salud, en la creación de empleos, en la disminución de la muerte y violencia, en la seguridad, en los derechos humanos y en la construcción de una democracia plena.

También elegirán la educación los miles de padres y madres, los integrantes de las ONG socioeducativas, el gran número de empresarios que defienden la mejoría de la calidad de la enseñanza, los ministros provinciales de Educación, el titular de la cartera educativa nacional y sus colaboradores. Serán millones de votos.

Hay que votar por la educación porque sólo a través de ella se logra la verdadera inclusión social de la que tanto se habla. Otras áreas pueden prometer lo mismo, pero difícilmente consigan cumplirlo, por lo menos no con la misma eficiencia y estabilidad.

Hay que votar por la educación porque ella representa la inversión con más alto índice de retorno. Cada centavo invertido en la educación, y bien gestionado, representa millones de pesos en desarrollo y en ahorro y porque sustenta a otras áreas como las artes, la industria y el comercio. Con educación, la sociedad avanza como un todo.

Hay que votar por la educación porque sin ella no existirá el desarrollo científico y tecnológico. El conocimiento que ella proporciona fortalece y enriquece la democracia. La verdad es que no puede haber democracia sin educación de calidad para todos, a lo largo de toda la vida. Por el contrario, hay exclusión social en sus diversas formas.

Hay que votar por la educación porque es una de las principales salidas para disminuir las alarmantes disparidades internas, regionales y mundiales. Con recursos adecuados, con un eficiente sistema de gestión y con una política de discriminación positiva, la educación puede reducir –y, en el largo plazo, eliminar– la brecha interregional y las propias diferencias intrarregionales, que transforman a compatriotas en extranjeros en su propio país. La educación universal y de calidad puede garantizar igualdad de oportunidades para todos".

La educación nos trae libertad
Mario Vargas Llosa escribió hace par de semanas una nota para el El País, de España, donde presenta un caso del gobierno autónomo de Cataluña, donde ha obligado a un colegio público de Gerona a admitir a Shaima, una niña marroquí de ocho años, que desde hacía una semana faltaba a clases porque las autoridades del plantel le habían prohibido el ingreso mientras llevara el hiyab o velo islámico. El director fundó la prohibición en el reglamento del colegio, que rechaza en el atuendo de los alumnos “cualquier elemento que pueda causar discriminación”. Por su parte, la Generalitat considera que “el derecho a la escolarización” debe prevalecer sobre las normas internas de los centros educativos.

A diferencia de lo que ocurre en países como Francia o el Reino Unido, donde hay leyes sobre el uso del velo islámico en las escuelas públicas, en España no existe legislación al respecto y hasta ahora el permiso o la prohibición de llevarlo estaba librado al criterio de los propios centros de enseñanza. Lo ocurrido con la niña marroquí establece un precedente que, de prevalecer y extenderse, abriría las puertas de la instrucción pública al llamado multiculturalismo o comunitarismo. A mi juicio, semejante perspectiva es sumamente riesgosa para el futuro de la cultura de la libertad en España.

A primera vista, semejante afirmación parecerá a algunos exagerada o apocalíptica. ¿Qué puede tener de malo que una pobre criatura, acostumbrada por la religión y las costumbres de su familia a tocarse con el hiyab lo siga haciendo en las aulas escolares? ¿No sería una crueldad obligarla a destocarse y lucir los cabellos a sabiendas de que, para sus creencias y usos comunitarios, tal cosa sería tan traumático como para las niñas cristianas exigirles mostrar el busto o las nalgas? De allí a considerar que prohibir el velo islámico a las niñas en los colegios públicos es prejuicio antimusulmán o etnocentrismo colonialista y racista hay sólo un paso cortito.

Sin embargo, no es tan sencillo. El velo islámico no es un simple velo que una niña de ocho años decide libremente ponerse en la cabeza porque le gusta o le es más cómodo tener los cabellos ocultos que expuestos. Es el símbolo de una religión en la que la discriminación de la mujer es todavía, por desgracia, más fuerte que en ninguna otra –en todas ellas, incluso las más avanzadas, se discrimina aún a las mujeres–, una tara tradicional de la humanidad de la que la cultura democrática ha conseguido librarnos en gran parte, aunque no del todo, gracias a un largo proceso de luchas políticas, ideológicas e institucionales que fueron cambiando la mentalidad, las costumbres y dictando leyes destinadas a frenarla. Una de esas grandes conquistas es el laicismo, uno de los pilares sobre los que se asienta la democracia. El Estado laico no está contra la religión. Por el contrario, garantiza el derecho de todos los ciudadanos de creer y practicar su religión sin interferencias, siempre y cuando esas prácticas no infrinjan las leyes que garantizan la libertad, la igualdad y demás derechos humanos que son la razón de ser del Estado de Derecho.

Los colegios públicos de un Estado laico no pueden ser confesionales, porque si lo fueran y privilegiaran a una religión sobre otras, o sobre los no creyentes, ejercerían una discriminación inaceptable en una sociedad de veras libre. En ésta la religión no desaparece, se confina en el ámbito privado, fuera de las escuelas y las instituciones públicas. Los creyentes pueden constituir escuelas privadas de carácter confesional, desde luego, o impartir en las iglesias o en el seno de las familias todas las doctrinas y creencias en las que quieren educar a sus hijos. Pero la religión no puede invadir el dominio público sin que principios básicos de la cultura democrática, sobre todo la igualdad y la libertad de los ciudadanos, se resquebrajen y se establezcan privilegios y jerarquías abusivas.

El velo islámico en las escuelas públicas es una cabecera de playa con la que los enemigos del laicismo, de la igualdad entre el hombre y la mujer, de la libertad religiosa y de los derechos humanos, pretenden alcanzar espacios de extraterritorialidad legal y moral en el seno de las democracias, algo que, si éstas lo admiten, podría conducirlas al suicidio. Porque con el mismo argumento con que se pretende que el hiyab sea admitido en las escuelas se puede exigir, como han hecho y conseguido los islamistas en algunas ciudades de Europa, que haya piscinas municipales separadas para hombres y mujeres pues para las hembras musulmanas resulta impúdico compartirlas con los varones.

Y, si se trata de respetar todas las culturas y las costumbres, ¿por qué la democracia no admitiría también los matrimonios negociados por los padres y, en última instancia, hasta la ablación del clítoris de las niñas que practican tantos millones de creyentes en el Africa y otros lugares del mundo?

El multiculturalismo parte de un supuesto falso, que hay que rechazar sin equívocos: que todas las culturas, por el simple hecho de existir, son equivalentes y respetables. No es verdad. Hay algunas culturas más evolucionadas y modernas que otras y, aunque es verdad que aun en las culturas más primitivas existen prácticas, usos y creencias que han enriquecido la experiencia humana y enseñanzas que las otras pueden aprovechar, también lo es que en muchas culturas sobreviven prejuicios y conductas bárbaras, discriminatorias y hasta criminales que ninguna democracia puede admitir en su seno sin negarse a sí misma y retroceder en el largo camino de la civilización que lleva andado.

Francia, donde el tema del velo islámico es objeto de viejos e intensos debates, lo ha entendido así y ha dado un buen ejemplo al resto de los países democráticos prohibiendo por ley, desde 2004, “el uso de elementos ostentatorios de carácter religioso en las escuelas e institutos públicos del país”. Al principio, esta medida fue considerada por algunos supuestos “progresistas” reaccionaria y sustentada en un prejuicio contra los inmigrantes de origen musulmán. No lo era. Por el contrario, su razón profunda es dar las oportunidades a todos, extranjeras y nacionales, de cualquier raza, cultura o religión, de trabajar y vivir en Francia en un ambiente de legalidad y libertad que les permita seguir practicando todas sus creencias y costumbres que sean compatibles con las leyes vigentes. Y, desde luego, renunciando a las que no lo sean, como hicieron las iglesias cristianas en el pasado, cuando tuvieron que acomodarse a las sociedades abiertas.

Si se considera que la democracia ha significado un extraordinario avance sobre los regímenes despóticos y absolutistas de antaño, es difícil entender que ella pueda ser sólo válida para los demócratas y que los países democráticos, en nombre de la falacia de la equivalencia absoluta de las culturas, admitan en su seno enclaves antidemocráticos o prácticas reñidas con los principios básicos de la igualdad y la libertad. Quienes defienden el multiculturalismo y el comunitarismo tienen una idea estática y esencialista de las culturas que la historia desmiente. Ellas también evolucionan, de acuerdo con el avance de la ciencia y con los intercambios de ideas y conocimientos, que son cada vez más frecuentes en el mundo moderno y que, poco a poco, van transformando convicciones, prácticas, creencias, supersticiones, valores y prejuicios.

Un musulmán moderno de, digamos, el Líbano o El Cairo tiene muy poco que ver con los musulmanes fundamentalistas de Darfur, que arrasan aldeas y queman a familias enteras por ser paganas, y ponerlos dentro de la misma etiqueta cultural es tan absurdo como considerar idénticos, por ser cristianos, a los católicos generalmente tolerantes y democráticos de las sociedades abiertas de nuestros días con los inquisidores o los cruzados medievales que torturaban y asesinaban en nombre de la cruz.

Si los países democráticos quieren ayudar de algún modo a que la religión musulmana experimente el mismo proceso de secularización que ha permitido a la Iglesia Católica adaptarse a la cultura democrática, lo peor que podrían hacer es renunciar a logros tan importantes como el laicismo y la igualdad para no parecer etnocentristas y prejuiciosos. No hay etnocentrismo alguno, sino universalismo y pluralismo estrictos, en no hacer concesiones en la defensa de los derechos humanos y de la libertad.

El sistema francés me parece más claro y más eficaz que el adoptado por el Reino Unido, donde el Estado ha transferido a los colegios e institutos de enseñanza la decisión de autorizar o prohibir el uso del velo islámico en las aulas. Pero esta potestad sólo vale en lo que concierne a los estudiantes. En cambio, a las maestras les está prohibido dar clases veladas, según una decisión del Poder Judicial del año pasado, luego de que una profesora se presentara en el aula británica embutida en un niqab, especie de carpa vestuario que cubre el cuerpo femenino de pies a cabeza. ¿No es absurdo que se prohíba a las maestras lo que se permite a las alumnas, o viceversa?

Masonería y educación
Casi siempre que se pronuncian las palabras masonería y educación se tiende a pensar en la actuación de la masonería en el campo de la enseñanza, por medio de diversos tipos de instrumentos: centros docentes; presiones en la orientación de la política educativa; influencias de políticos con vínculos masónicos y con responsabilidades en la administración educativa. Sin restar importancia a tales aspectos centrados en la actuación de la masonería en el mundo externo a ella, quedarnos sólo en ellos sería conocer una parte de la realidad porque la educación puede y debe ser contemplada como una actividad interna de la masonería.

La masonería es, por definición, una sociedad iniciática y como tal, debe ser considerada como una escuela de formación de sus integrantes. Desde esa perspectiva educativa, el objetivo de la masonería no es inculcar a sus adeptos, un conjunto de conocimientos sino, fundamentalmente, principios filosóficos y un sistema de valores.

Según nos enseña la propia historia de la orden, el ideal de hombre que la masonería quiere formar debe estar en posesión de tres cualidades básicas. Ha de ser una persona ilustrada, moral y libre. Ilustrado para que pueda aportar con su estudio algo en la tarea de progreso que la masonería propugna. Moral para que distinguiendo el bien del mal, contribuya a la felicidad propia y de los que le rodean. Libre porque sin libertad no se puede ser responsable. Y sin responsabilidad no se puede afirmar la persona.

Otros sectores masónicos han dado un matiz especial a esta última cualidad, interpretando la libertad en el hombre, como la ausencia de presiones externas, fundamentalmente provinientes de la Iglesia Católica.

Para alcanzar esas metas la masonería dispone, prioritariamente, de los trabajos en las logias. Los masones integrados en una logia se reúnen en reuniones o tenidas. En esas asambleas los masones leen trabajos, confeccionados por ellos mismos, sobre la historia de la orden, ritualismo, posibles actuaciones en la vida profana, filosofía de la masonería, etc. Esos trabajos, llamados en el lenguaje masónico planchas, pueden ser encargados por el venerable maestro, presidente de la logia, o pueden presentarse a iniciativa de los hermanos, siempre que el venerable lo considere oportuno. El carácter formativo de las tenidas no debe ser pasado por alto. Uno de sus objetivos primordiales es proporcionar a los integrantes de la logia motivos de reflexión mediante esos trabajos.

El carácter formativo se vislumbra con claridad en otro punto clave de la organización interna de la masonería: los aumentos de salario. Esto es, el paso de los masones de un grado al superior. Los reglamentos de las obediencias masónicas especifican con detalle, algunos de un modo exhaustivo, esos procesos. Es regla común que para alcanzar el grado superior se debe permanecer un tiempo determinado en el inferior. El objetivo es que el aspirante aprenda y asimile los conocimientos suficientes para poder desempeñar correctamente las responsabilidades del grado superior.

También el masón aspirante a alcanzar el grado superior debe demostrar ante sus compañeros de logia sus avances en conocimientos masónicos. Para ello ha de presentar un trabajo sobre una temática ya preestablecida. De ese modo sus hermanos pueden comprobar si ha asimilado correctamente las enseñanzas de la orden y es acreedor del grado superior.

Aunque esta es la norma general, las excepciones no han sido infrecuentes. Hay casos de aumentos de grados sin respetar los plazos establecidos debido a intereses espúreos y a compromisos personales. Pero también se han localizado logias, en las cuales las exigencias para las ganancias de grados superaban, con creces, la normativa establecida en los reglamentos generales de la obediencia.

El actitud masónica hacia el progreso humano
La educación, a partir de consideraciones estrictamente pedagógicas está encaminada a la alfabetización y capacitación académica del hombre, pero si nos referimos a los condicionamientos filosóficos, religiosos, sociales y políticos inextrincablemente unidos a las consideraciones pedagógicas, nos llevan a concluir que la connotación moderna de la educación rebasa la concepción eminentemente popular de la misma para adentrarse en el campo de la ciencia; es decir, no basta con enseñar científicamente el objeto, sino que el análisis debe hacerse con el auxilio de un método científico que permita su verdadero conocimiento.

El empleo de este método científico en la educación es lo que va a marcar la necesidad de una educación laica, que enseñe sin dogmatismo. Este criterio de laicidad, así entendido, es el que caracteriza la educación que defendemos los masones, la que debemos predicar y practicar.

Precisamente, José Pedro Varela, educador uruguayo, sintetizó admirablemente este concepto cuando en su obra La educación del pueblo dice: “En lo filosófico no se trató más del espiritualismo metafísico de la conciencia romántica sino del evolucionismo laico de la conciencia positivista que marcó toda una etapa en la historia de la enseñanza laica.”

Y desarrolla, a partir de criterios como el transcrito, la tesis de que en lo socio-político no bastan el igualitarismo y democratismo, que eran base del ideal de la enseñanza gratuita y obligatoria que se da a finales del siglo XIX y comienzos del XX, sino que requiere de una posición realista, antropológica y sociológica que considere además el sentido y fin de la educación en relación con el entorno geopolítico y cultural, las circunstancias, necesidades y oportunidades del hombre. La educación así concebida fortalece el concepto de igualdad que debe darse en toda sociedad humana y que tan caro es al ideario masónico.

Christian Gadea Saguier

El hogar de la ideología, dios y el alma, nuestro cerebro

La corriente conservadora y tradicional de la Masonería liderada por la Gran Logia Unida de Inglaterra impone a sus miembros la creencia en un ser supremo y en la inmortalidad del alma, temas que por tradición no están sujetos a debate. Sin embargo, desde el Gran Oriente de Francia y la Orden Masónica Mixta Internacional Le Droit Humain rechazamos toda afirmación dogmática y trabajamos por lograr el mejoramiento material y moral, y el perfeccionamiento intelectual y social de la humanidad. Nuestra corriente es esencialmente filosófica y progresiva, tiene por objeto la búsqueda de la verdad, el estudio de la moral y la práctica de la solidaridad.

Haciendo honor a esta “búsqueda de la verdad” vengo investigando sobre el fenómeno de las neurociencias y sus investigaciones al cerebro humano. El tema es bien controversial pues vivimos una época en que lo esotérico y la creencia en fenómenos paranormales se encuentran en franco apogeo y coexisten con las más altas cotas de desarrollo científico y tecnológico de la historia de la humanidad.

De la misma manera, el progreso en las ciencias del cerebro en las últimas décadas ha sido enorme, siendo el paradigma incuestionable (por la abrumadora evidencia que lo apoya) el hecho de que la mente no es un ente inmaterial separado del cerebro, sino que es el mismo cerebro “en acción” (mente sería sinónimo de función cerebral). Pues bien, la religiosidad en sus diferentes versiones mantiene un espléndido estado de salud, si bien las religiones oficiales mayoritarias pierden terreno ante nuevos cultos “alternativos”. Algunos piensan que esto es debido a que ciencia y religión abordan aspectos diferentes de la realidad, o lo que es lo mismo, que la ciencia no puede dar respuestas a las preguntas esenciales de la vida.

Los autores de un trabajo publicado recientemente en la revista Nature Neuroscience aseguraban haber hallado diferencias en el funcionamiento de un cerebro liberal frente a otro conservador. En pocas palabras: el primero reacciona mejor ante los cambios, mientras que el segundo es más rígido.

Los investigadores hicieron electroencefalogramas a 43 hombres y mujeres diestros mientras reaccionaban ante un estímulo que solía repetirse, pero a veces cambiaba. Cuando ocurría esto último, en la gran mayoría de los sujetos que previamente se habían declarado liberales se detectaba una actividad más intensa en un área de la corteza cerebral relacionada con los conflictos, lo que sugiere "una mayor sensibilidad neurocognitiva" a los cambios, escriben David Amodio y su grupo en su artículo. Se ve, por tanto, la firma de la ideología en el cerebro.

"Esta investigación demuestra que se empieza a dilucidar cómo un producto abstracto, aparentemente inefable de la mente, como la ideología, tiene su reflejo en el cerebro humano", dice Amodio. ¿Alguien se escandaliza por esta afirmación? ¿Alguien piensa que es absurdo que pueda verse algo así en un escáner cerebral? No los neurocientíficos, desde luego. Para ellos está clarísimo, y es perfectamente esperable, que cerebros que piensan distinto, que reaccionan distinto ante un mismo estímulo, funcionen de forma diferente; medir esa diferencia es sólo cosa de tener el instrumento adecuado.

"Todo, y todo es todo, está en el cerebro", dice Alberto Ferrús, director del Instituto Cajal de Neurociencias del CSIC, en Madrid, según una nota publicada en El País. "La sensación de estar enamorado o enfadado, la religión... todo se traduce en moléculas, en algo físico que hay en el cerebro".

En los años noventa, cuando aparecieron las primeras técnicas para estudiar el cerebro humano en vivo y en directo -en acción-, se supo que la corteza cerebral de muchos ciegos muestra diferencias apreciables respecto a la corteza de personas que ven; que el cerebro de los taxistas tiene más sitio para información espacial; o cómo actúa el cerebro de los ajedrecistas al jugar. ¿Qué hay de raro en dar un paso más y buscar la marca de la mentira o la espiritualidad? Nada de nada, dice Ferrús en la nota.

Pero volvamos al trabajo sobre los cerebros políticos. En él se hacen las siguientes analogías: pensamiento menos rígido equivale a ideología liberal; pensamiento menos rígido equivale a más actividad en áreas cerebrales implicadas en afrontar conflictos; y, por tanto, más actividad en áreas cerebrales implicadas en afrontar conflictos equivale a ideología liberal.

Puestos a analizar, dicen los expertos, el eslabón frágil del razonamiento no es que un estilo de pensamiento tenga su sustrato biológico, sino lo no absoluto del término liberal. En el trabajo de Nature Neuroscience la mayoría de los autodefinidos liberales votaron por John Kerry, y los conservadores por Bush. Y en un país musulmán, ¿quiénes tienen el cerebro flexible y quiénes rígido?.

Ahora bien, no hay que equivocarse: que haya un sustrato biológico no implica ni que ese hardware nos ha sido transmitido genéticamente, ni que es inmutable. "Nosotros no examinamos si la orientación política se hereda, si nos viene dada de nacimiento", explica Amodio. "El cerebro es maleable, así que incluso si nacemos con un sistema neural más sensible a información conflictiva, es posible que este sistema neural cambie con el tiempo". Y ¿es fácil de cambiar el hardware que nos viene de fábrica? En otras palabras, ¿Qué pesa más, lo heredado o el ambiente?

"Puede que esa no sea la manera correcta de formular la pregunta", responde Amodio. "Los genes proporcionan unos mecanismos de base para la supervivencia. Pero lo bonito es que la expresión génica es muy sensible al ambiente".

Otra posible pregunta sobre este trabajo es si los cambios sociales globales -el cambio de postura respecto a la homosexualidad, el divorcio o el trabajo femenino-, implican un cambio colectivo en el funcionamiento del cerebro. ¿Tenemos todos un cerebro más liberal? "Tal vez", responde Amodio, para quien sin embargo la sociedad tiende ahora hacia un mayor conservadurismo -una prueba más de lo confuso de estos términos-. Pero "no está claro si estos cambios a gran escala tienen algo que ver con cambios heredables. Podrían estar más relacionados con la globalización y los cambios culturales".

En cualquier caso, lo cierto es que a la luz de los tentáculos que está desarrollando la neurociencia la intimidad empieza a emerger -también- como un concepto de lo más borroso. Con lo que ello implica, como señala Carlos Belmonte, director del Instituto de Neurociencias de Alicante: "Los problemas éticos que plantea la capacidad de analizar la actividad del cerebro vinculada a conductas, o la capacidad de modular desde fuera esa actividad cerebral, de encender o apagar genes, la neuro-estimulación, son importantes". Se podría llegar a descubrir cómo es el cerebro de un maltratador, por ejemplo, y entonces "¿Estaría bien tratarle para que no llegue a serlo? ¿Hasta dónde podemos llegar? Se van a plantear debates muy serios, y vamos a una velocidad espeluznante", dice.

Las células del alma
La base del “alma” humana, o al menos nuestra conciencia del yo, no es más que el producto de una simple reacción bioquímica en el cerebro, según el doctor Francis Crick, uno de los descubridores de la doble hélice del ADN.

Este famoso investigador ha publicado un estudio en el que presenta una explicación científica de lo que tradicionalmente se conoce como “alma”, y atribuye la conciencia humana a un conjunto de neuronas del cerebro. Francis Crick asegura que él y su equipo de investigación han descubierto el grupo de células que generan la conciencia y el “sentido del yo”.

Su descubrimiento, que el plano de la vida y de la evolución se encuentra en una simple molécula, aún es considerado una amenaza contra la religión por ciertos grupos, como el de los creacionistas. De confirmarse, la nueva teoría de Crick representaría otro gran triunfo de la ciencia sobre la religión. La aparente incapacidad de la ciencia de explicar de dónde proviene el sentido del yo de los humanos ha sido interpretada por algunos líderes religiosos como una prueba de la existencia del alma eterna.

El estudio describe cómo distintas partes del cerebro se interrelacionan para producir la conciencia. "Por primera vez disponemos de un esquema coherente sobre las correlaciones neuronales de la conciencia en términos filosóficos, psicológicos y neuronales", añade el informe.

"La conciencia en sí podría ser la expresión de sólo un reducido número de neuronas, en particular de las que se proyectan desde la parte posterior del córtex hasta el córtex frontal”.

Christof Koch, profesor de neurociencia en el California Institute of Technology y coautor del último informe de Crick, declaró lo siguiente: “Está claro que la conciencia surge de procesos bioquímicos dentro del cerebro”. Colin Blakemore, profesor de neurociencia de la Universidad de Oxford, apoya la teoría de Crick de que la conciencia surge de reacciones bioquímicas. “La ciencia y la religión están en conflicto porque ambas intentan explicar el mundo físico, pero la mayor parte de las religiones sugieren que la vida es parte de un grandioso proyecto del que no hay pruebas. La religión es una hipótesis que no puede ponerse a prueba», opina este investigador”.

¿La ciencia contra la religión?
En los debates sobre la existencia de dios que uno puede mantener con un creyente o incluso con un agnóstico siempre termina surgiendo esa frase hecha de que “la ciencia no puede demostrar la no existencia de dios”.

En los últimos años varios científicos o filósofos de la ciencia del mundo anglosajón se han levantado en armas contra esa afirmación y han aparecido varios libros mostrando pruebas acerca de la improbabilidad de la existencia de dios.

El último exponente de este movimiento es sin duda Richard Dawkins y su The God Delusión que acaba de ser traducido y editado al castellano con el “políticamente correcto” título de El Espejismo de Dios, segú indica una nota del blog Las pirámides del cerebro. Posiblemente este es el motivo de que la revista Muy Interesante haya dedicado la portada de su número de abril 2007 a este tema con el titular “Ciencia contra religión, ¿Son incompatibles?”

El artículo más extenso dedicado a este tema es el titulado “Dawkins contra Collins, dos formas de entender la relación entre la fe y la ciencia.” Francis Collins, responsable del proyecto Genoma Humano, es un ferviente creyente cristiano que publicó el libro The Language of God en el que intenta contrarrestar la ofensiva de los científicos ateos. El artículo está basado en un debate publicado en la revista Time entre Dawkins y Collins el año pasado en noviembre y que también mereció la portada de la revista con el menos afortunado titular “God vs Science”. El debate ha sido comentado en Numenware (TIME magazine on Science vs. God ) y en eSkeptic (traducido en Delenda est Carthago) pero merece la pena leerlo porque Collins revela sus argumentos fundamentales dejando clara la debilidad de su posición.

¿Sobrevivimos a la muerte?
Esta pregunta se hizo también Bertrand Russell y lo respondió en un artículo publicado por primera vez en 1936, en un libro titulado Los misterios de la vida y de la muerte; sin embargo en la actualidad forma parte de su libro Porque no soy cristiano (edhasa, 2007) donde afirma que “antes de que podamos discutir provechosamente si continuamos existiendo después de la muerte, conviene aclarar en qué sentido un hombre es la misma persona que fue ayer. Los filósofos solían pensar que había substancias definidas, el alma y el cuerpo, cada una de las cuales duraba un día para otro; que el alma, una vez creada, continuaba existiendo por siempre, mientras que el cuerpo cesaba temporalmente desde la muerte hasta su propia resurrección”.

Russell aseguraba que nuestros recuerdos y hábitos están unidos a la estructura del cerebro del mismo modo que un ría está unido a la estructura de su cause. El agua del río cambia siempre, pero sigue el mismo curso porque las lluvias anteriores han abierto un canal. Igualmente los acontecimientos anteriores han abierto un canal en el cerebro y nuestros pensamientos corren a lo largo de dicho canal. Esta es la causa de los recuerdos y de los hábitos mentales. Pero el cerebro, como estructura, se disuelve con la muerte, y por lo tanto es de esperar que la memoria se disuelva también. No hay más razón para pensar lo contrario que el esperar que un río siga su mismo curso después de que un terremoto haya levantado una montaña donde solía haber un valle.

A la vista de estos hechos tan familiares, parece poco probable que la mente sobreviva a la destrucción total de la estructura cerebral que supone la muerte. No son los argumentos racionales sino las emociones las que hacen creer en la vida futura, asegura Bertrand.

La más importante de esas emociones es el miedo a la muerte, útil instintiva y biológicamente. La naturaleza es indiferente a nuestros valores y sólo puede ser entendida olvidando algunos conceptos del bien y mal. El universo puede tener una finalidad, pero nada de lo que nosotros sabemos sugiere que, de ser así, ese propósito tenga alguna semejanza con los nuestros. Nuestros sentimientos y creencias sobre el bien y el mal son, como todo lo demás que hay en torno a nosotros, hechos naturales desarrollados en la lucha por la existencia y que no tienen ningún origen divino ni sobrenatural.

En conclusión, la mayoría de la gente cree en dios porque le han enseñado a creer desde su infancia, y ésa es la razón principal. La razón más poderosa e inmediata después de ésta es el deseo de seguridad, la sensación de que hay un gran hermano que cuidará de uno.

Christian Gadea Saguier