En diciembre pasado llegó a mis manos el libro Hijos sin Dios que postula un estilo ateo de vivir y explica, con un lenguaje ameno y epistolar, cómo criar chicos ateos. El libro demuestra que criar hijos sin religión es enseñarles a ser dueños de sus actos, resposables de sus opciones de vida, protagonistas de su destino. Es ayudarlos a disfrutar de la vida que tenemos hoy, yendo más allá de un marco sostenido por la fe incuestionable y una tradición que promueve la repetición y la impostura. Sobre todo esto, escribí la nota: Cómo educar a los hijos sin religión.
Hoy el diario La Nación (Arg.) publica una entrevista con el autor del libro. Alejandro Rozitchner, un reconocido escritor y pensador que participa del diálogo público con originalidad y despreocupación. Que lo disfruten!
Alejandro entra en el bar y un mozo le pregunta: "¿Y? ¿Ya nació?" La sonrisa que se dibuja en la cara de Rozitchner borra el apuro con que se lo vio llegar. "Sí. Ayer", contesta este licenciado en filosofía de 47 años, autor de catorce libros y padre de Bruno, Andrés y, ahora, también de Félix. El mozo lo felicita con una palmada en la espalda.
Hijos sin Dios es su último libro, escrito junto con Ximena Ianantuoni, su esposa. "Quisimos abordar los problemas que surgen en la crianza cuando los padres son ateos", dice Rozitchner. "No porque surjan más que en la crianza religiosa, sino porque son problemas distintos acerca de los cuales todavía no se ha pensado demasiado."
Alejandro Rozitchner es uno de esos pocos pensadores que abandonaron el ámbito universitario y de las aulas, y se dedicaron a "buscarle la vuelta a la cosa". Es conocido por su estilo franco y, muchas veces, provocador. "Tuve una beca en el Conicet, pero me harté de todo lo académico", dice. "Entonces abandoné la beca y empecé a hacer cosas interesantes con el pensamiento." Esas cosas interesantes lo llevaron a dictar talleres, a trabajar como guionista para Antonio Gasalla, a colaborar en varios proyectos con Mario Pergolini, a escribir varios libros -entre ellos Ideas falsas , Malvinas, Amor y país , Argentina impotencia - y, por último, a sistematizar sus ideas acerca de lo que significa criar hijos sin religión.
"La perspectiva atea permite revalorizar la crianza", dice Rozitchner, "pero, al mismo tiempo, surgen algunos problemas". Los chicos que crecen en casas ateas les preguntan a sus padres: ¿nosotros qué somos, católicos, judíos, o qué? O cuando una amiguita toma la primera comunión quieren saber por qué ellas no pueden ponerse un vestido así y hacer una fiesta. "Mi mujer y yo estamos convencidos de que esas preguntas, legítimas, importantes, tienen una respuesta religiosa, pero también tienen una respuesta atea."
Ximena Ianantuoni es psicóloga, trabaja dando apoyo en tratamientos de fertilidad y haciendo consultoría en organización familiar. "Quise escribir el libro con ella porque para mí es una influencia muy fuerte en términos de pensamiento. Nuestro enganche pasa por lo sensual, como toda pareja, pero también por lo intelectual."
Rozitchner emana una vitalidad poco frecuente. A lo largo de la entrevista se ríe en varias ocasiones de su propia vehemencia y no deja de agradecer a cada una de los conocidos del barrio que interrumpen para preguntarle si el bebe ya nació.
-¿Qué significa, para vos ser ateo?
-Para empezar, ser ateo no quiere decir no creer en Dios. Un ateo no se define en relación con la religión, sino en función de su propia visión del mundo, que no requiere caer en un poder superior para encontrarle sentido a la vida. Para el ateo el sentido no viene dado por una realidad trascendente, sino que tiene sentido de por sí. La vida es avasallante, compleja, maravillosa e incomprensible. Para un ateo, que la vida no pueda comprenderse no quiere decir que haya que apelar a Dios. Hay que entender y aceptar que la vida no es un fenómeno para comprender, sino para experimentar, que es plena en sí misma y no va a dar a ninguna parte.
-¿Desde cuándo sos ateo?
-Desde siempre. Entiendo que haya gente que crea en Dios y que Dios existe como una idea inventada por el hombre, pero yo no fui educado en esa visión del mundo. No necesito la idea de un creador, una realidad trascendente que encierre los valores de todas las cosas.
-¿Nunca sentiste necesidad de creer?
-Para nada. La estructura de mi pensamiento no está basada en la fe. Las personas religiosas me dicen, "pero creerás en algo, aunque no sea en Dios". Pero yo no creo cosas: quiero cosas, sé que existo, y punto. Me gusta decir que en la frase "yo creo en Dios", la parte clave no es "dios", la parte clave es el "yo creo". Y es que los ateos no tenemos la estructura de la fe para encontrar el sentido de la vida. El sentido está en nuestra sensibilidad misma, en nuestro deseo, en nuestro cuerpo. Y no por eso somos inmorales o poco constructivos socialmente, tal vez justo lo contrario. Respeto a los creyentes, pero quisiera que se respetara de la misma manera a los ateos.
-¿Sin religión, qué postura ética se puede tener ante la vida? ¿En qué se asientan tus valores, si no los consideras trascendentes?
-Creo que el asiento verdadero de los valores es un pacto social: nos ponemos de acuerdo en qué nos parece bueno y qué malo, y hacemos leyes y normas de conducta basándonos en eso. Aun cuando muchas veces se aluda a los valores como si fueran algo trascendente, en realidad fueron fundados por personas que pensaron y sintieron cosas. Es un error pensar que para ser buena persona, o para tener valores, sea necesario creer en Dios. Si no crees en Dios tus valores se fundan en tu pensamiento, en tu deseo, en lo que vos sos, en lo que querés. Y entonces sos una persona mucho más real y verdadera.
-Sin religión, ¿cuál es el sentido de la existencia?
-La clave está en el deseo. La identidad no está dada ni por la historia, ni por el contexto. Está dada por lo que vos querés; eso es lo que te define. Yo soy mi deseo. Por supuesto que en ese deseo está presente mi historia, la historia del hombre, la de mi sociedad. Pero lo más valioso es el nivel de expresión que surge de la estela emotiva personal. La peculiar identidad de cada quien.
-Si alguno de tus hijos te pide tomar la Primera Comunión o hacer el Bar Mitzvá, ¿qué le vas a decir?
-Mi posición no es la de esos que dicen que hay que escuchar todas las campanas para después decidirse por una. Si fuera así, los dejaría probar cosas nocivas para que después decidieran si les hace bien o mal. Como padre, procuraré que no prueben aquello que sé que puede hacerles mal. Y como a mi juicio la religión es un sistema que debilita a las personas, trataré de que mis hijos no vayan por ese camino.
-¿Cuán importante es para vos ser ateo? ¿Podrías haberte enamorado de una mujer que practicara alguna religión?
-No es que yo tenga el dogma de decirme "no te relacionarás con gente religiosa". Tengo amigos católicos, tengo amigos judíos, y hasta tengo amigos peronistas. Para que veas lo abierto que soy. Quiero decir: está todo bien. No valoro a las personas porque sean ateas o no, pero cuando se arma una pareja es otra cosa. Ahí surgen acuerdos de sentido muy básicos que se dan de manera espontánea. Creo que el amor conlleva una visión del mundo similar y para mí era importante compartir esa visión.
- ¿Te parece que es mejor ser ateo que creyente?
-Sí, pero el libro no fue escrito con la idea de evangelizar ateamente a los creyentes. Cada uno tiene que sentir lo que siente, y eso se debe respetar. Lo que queríamos con el libro era abrir el espacio para que la experiencia del ateísmo fuera más libre entre los chicos y que ellos pudieran decir "soy ateo" y que eso fuera perfectamente asumido en la realidad escolar. El punto máximo sería lograr que la Constitución Nacional acepte que el presidente no tiene por qué tener ninguna religión. Me parece mal que el Estado argentino tenga una religión. Creo que es una falta de respeto para las personas. El Estado no tendría que tener religión.
-¿Cómo les explicás a tus hijos la muerte? ¿Adónde les dirías que van los seres queridos que se mueren?
-A ningún lado. Les diría que ese ser querido ya no está en ninguna parte, que si lo sentimos vivo es porque lo recordamos, porque en nuestro cuerpo persiste la emoción de amarlo y es difícil aceptar que ya no esté en ninguna parte. Les diría que las personas que han muerto dejan en nosotros su huella y mientras esa huella persista ellos no desaparecerán del todo.
-¿Qué ventajas tiene la crianza atea?
-Creo que hace a los niños más sensuales, más libres, más capaces de tomar decisiones y pensar por sí mismos. Una crianza atea significa mucho más que decirle no a Dios. Significa basarse en la experiencia de vivir como creadora de sentido, como suficiente en sí misma. Esto revaloriza la idea de crianza, la despoja de fantasmas. Una crianza atea es pura vitalidad.
-¿Te parece mal que otros eduquen a sus hijos en la religión?
-No, pero podríamos decir que criar hijos dentro de determinada religión es una especie de abuso, así como lo es hacerlo muy rápido socio de un club de fútbol. Es imponerles un modo de pensar aún antes de que ellos sean capaces de hacerlo. A los chicos religiosos les tiran encima un montón de planteos que convocan una cierta sumisión. La religión es un marco de comprensión que impide que las personas busquen su propio sentido de la vida.
-Pero cuando les enseñás tus valores a tus hijos, tus valores ateos, ¿no estás también sometiéndolos a tu modo de pensar?
-Por supuesto. Lo que pasa es que yo no creo que los valores se enseñen diciendo "te voy a enseñar cuáles son mis valores". Al vivir expresamos nuestros valores aunque no tengamos conciencia de ello. Cada padre expresa sus valores y educa a sus hijos en esos valores y, en ese sentido, está perfecto que los creyentes eduquen a sus hijos en sus creencias. Sin embargo, cuando veo a padres criando a sus hijos de un modo religioso no puedo evitar sentir una especie de escozor. Pero supongo que a ellos les debe de dar escozor que yo deje a mis hijos a la intemperie, bajo el cielo infinito del universo, sin ningún tipo de constricción religiosa.
-En el libro ustedes dicen que "criar hijos ateos quiere decir enseñarles a creer en sí mismos sobre todas las cosas... transmitirles la sensación de que pueden confiar en sus decisiones sólo por el hecho de ser ellos quienes las toman". ¿No te parece que eso equivale a ponerse a sí mismo por encima de todo lo demás? ¿Hacer del individualismo casi una religión?
-Creo que la palabra "individualismo" es una palabra que describe el fenómeno al cual alude con mala conciencia. Yo celebro el individualismo actual, no me parece censurable. Creo que una de las claves está en la posibilidad de pensar que lo que veníamos llamando "egoísmo" es lo que se empieza a llamar "autoestima". Y en ese sentido no me parece nada mal que una persona esté muy contenta con las decisiones que toma. No está dicho que esas decisiones vayan en contra del interés social, por el contrario, creo que es muy importante que una persona se dé mucho valor; de esa autoestima surge lo mejor para una sociedad.
-¿La vida no pierde sentido al pensar que no hay nada después?
-No, para nada. Cuando te das cuenta de que no hay nada después, tenés que hacerte cargo de un montón de cosas. Es duro, pero nadie dijo que la vida fuera fácil. La vida es tremenda. Es dura y sensacional. Dura, entre otras cosas, porque nos vamos a morir y no tenemos forma de evitarlo. Todo eso le agrega valor a este asunto que es vivir.
Christian Gadea Saguier
Los Masones y el Presidente del Paraguay
El miércoles pasado, las autoridades de una de las instituciones masónicas instaladas en nuestro país visitaron a Duarte Frutos, y según la crónica del diario La Nación, "los masones dieron una evaluación positiva del gobierno de Duarte Frutos".
Es importante mencionar y aclarar a los ciudadanos que, ante la ignorancia general que reina sobre el tema de la masonería en Paraguay, ni Nemesio Lichi, gran maestro de la Gran Logia Simbólica del Paraguay, ni Carlos Quiñónez, representan a todos los masones del Paraguay, sino solo a una institución, de las más de siete que existen legalmente en el país.
La masonería en el Paraguay no es una sola institución, como la Iglesia Católica, sino que existen diferentes instituciones, cada una con sus autoridades y personería jurídica particular. Unas son dogmáticas, tradicionales y conservadoras; otras, donde soy miembro, librepensadoras, liberales y progresistas, por lo que nadie en Paraguay puede atribuirse la autoridad legal de hablar en nombre de todos los masones paraguayos.
Esta nota fue enviada a todos los medios de prensa en Paraguay para salvaguardar la libertad ideológica de los masones que pensamos diferente sobre la gestión de Duarte Frutos.
Christian Gadea Saguier
Es importante mencionar y aclarar a los ciudadanos que, ante la ignorancia general que reina sobre el tema de la masonería en Paraguay, ni Nemesio Lichi, gran maestro de la Gran Logia Simbólica del Paraguay, ni Carlos Quiñónez, representan a todos los masones del Paraguay, sino solo a una institución, de las más de siete que existen legalmente en el país.
La masonería en el Paraguay no es una sola institución, como la Iglesia Católica, sino que existen diferentes instituciones, cada una con sus autoridades y personería jurídica particular. Unas son dogmáticas, tradicionales y conservadoras; otras, donde soy miembro, librepensadoras, liberales y progresistas, por lo que nadie en Paraguay puede atribuirse la autoridad legal de hablar en nombre de todos los masones paraguayos.
Esta nota fue enviada a todos los medios de prensa en Paraguay para salvaguardar la libertad ideológica de los masones que pensamos diferente sobre la gestión de Duarte Frutos.
Christian Gadea Saguier
Temas tratados
masonería
Laicismo, Estado e Iglesia
A juicio de Benedicto XVI el laicismo es una postura agresiva de los no creyentes que pretenden arrinconar e incluso perseguir a la Iglesia, en la medida en que ésta predica una verdad absoluta y nosotros, los laicistas, no creemos en la existencia de ninguna verdad, pues somos relativistas. Y eso no es verdad, porque no debe verse relativismo alguno en el laicismo.
El laicismo llama a una postura universalista de respeto al pensamiento de cada quien y, particularmente, de su creencia religiosa o del hecho de no tener ninguna. La igualdad de los ciudadanos independientemente de su postura frente al fenómeno religioso, es parte indisoluble de la igualdad ante la ley y de un Estado de Derecho en el cual la legislación está por encima de los intereses particulares.
El Estado Laico implica además la autonomía del Estado, la independencia entre la ley civil y las normas religiosas o filosóficas particulares, por lo que el laicismo es parte de la soberanía del país. Caso contrario, nos ponemos por debajo de las decisiones de un organismo distinto a los elegidos por los ciudadanos, como puede ser el caso del Vaticano.
Una falsedad mantenida es que el laicismo es una imposición. Absurdo, pues permite por el contrario la libertad de conciencia y de cultos, no los impide ni pone uno de ellos por encima de otros sino que los garantiza, por supuesto siempre y cuando no atenten a los derechos humanos y a las leyes penales, pues no se puede justificar asesinatos o pedofilia como si se tratase de un asunto de fe. Así, toda fe religiosa y filosófica, incluyendo las ateas, agnósticas y otras, tendrán la misma posibilidad de expresar su pensamiento, de practicar sus ritos, si los tuvieren, y de sentirse en plena igualdad de condiciones con las demás.
Los opuestos al laicismo creen poseer la verdad indiscutible y se sienten con el derecho de imponerla a los demás. Los opuestos al laicismo tienen, por tanto, una inclinación autoritaria que explica que Bush acuda al nombre de Dios para invadir Irak, que Al-qaida también recurra al nombre de Dios para sus actos terroristas o que la cúpula del Vaticano haya pactado con Hitler, al que nunca desmintió cuando decía que mataba a judios en cumplimiento de un mandato bíblico. El debate es, entonces, entre laicismo o autoritarismo. Y todos sabemos que el autoritarismo no es democracia.
El laico, por el contrario, estará dispuesto a poner todo en la mesa de discusión, menos el derecho a disentir, a pensar diferente, a asumir como derecho personal y privado el derecho a ser parte o no de un credo. El laicismo no impone ni la fe ni la falta de fe, solo garantiza la separación entre una creencia personal y el Estado que nos debe cobijar a todos, con la diversidad que sea.
Uno de los derechos humanos es precisamente el de la libertad de culto. Siendo el Estado el obligado a garantizar la vigencia de los derechos humanos, la única forma de hacerlo es declarándose laico y eso significa neutral y separado de toda fe religiosa, sin apoyar a ninguna ni económicamente ni de otro modo, fortaleciendo la educación laica, renunciando al uso de todo símbolo religioso, ratificando la separación de las prácticas públicas y privadas, sosteniendo la igualdad ante la ley y evitando los conflictos de origen religioso que se dan cuando hay sentido de imposición de una fe sobre otra.
Una última aclaración es que el laicismo es una propuesta clara, que pone a todos los credos filosóficos y religiosos en la misma condición y la idea de que la ley debe cobijar a todos. Esto no puede expresarse como "Estado multiconfesional" porque este termina siempre en una suerte de comunidades cerradas, mientras el laicismo abre el diálogo y mutuo respeto.
En resumen, el laicismo es garantía de derechos humanos fundamentales, es condición de la vida democrática, componente de la soberanía y respeto real a las distintas posiciones de pensamiento.
Christian Gadea Saguier
El laicismo llama a una postura universalista de respeto al pensamiento de cada quien y, particularmente, de su creencia religiosa o del hecho de no tener ninguna. La igualdad de los ciudadanos independientemente de su postura frente al fenómeno religioso, es parte indisoluble de la igualdad ante la ley y de un Estado de Derecho en el cual la legislación está por encima de los intereses particulares.
El Estado Laico implica además la autonomía del Estado, la independencia entre la ley civil y las normas religiosas o filosóficas particulares, por lo que el laicismo es parte de la soberanía del país. Caso contrario, nos ponemos por debajo de las decisiones de un organismo distinto a los elegidos por los ciudadanos, como puede ser el caso del Vaticano.
Una falsedad mantenida es que el laicismo es una imposición. Absurdo, pues permite por el contrario la libertad de conciencia y de cultos, no los impide ni pone uno de ellos por encima de otros sino que los garantiza, por supuesto siempre y cuando no atenten a los derechos humanos y a las leyes penales, pues no se puede justificar asesinatos o pedofilia como si se tratase de un asunto de fe. Así, toda fe religiosa y filosófica, incluyendo las ateas, agnósticas y otras, tendrán la misma posibilidad de expresar su pensamiento, de practicar sus ritos, si los tuvieren, y de sentirse en plena igualdad de condiciones con las demás.
Los opuestos al laicismo creen poseer la verdad indiscutible y se sienten con el derecho de imponerla a los demás. Los opuestos al laicismo tienen, por tanto, una inclinación autoritaria que explica que Bush acuda al nombre de Dios para invadir Irak, que Al-qaida también recurra al nombre de Dios para sus actos terroristas o que la cúpula del Vaticano haya pactado con Hitler, al que nunca desmintió cuando decía que mataba a judios en cumplimiento de un mandato bíblico. El debate es, entonces, entre laicismo o autoritarismo. Y todos sabemos que el autoritarismo no es democracia.
El laico, por el contrario, estará dispuesto a poner todo en la mesa de discusión, menos el derecho a disentir, a pensar diferente, a asumir como derecho personal y privado el derecho a ser parte o no de un credo. El laicismo no impone ni la fe ni la falta de fe, solo garantiza la separación entre una creencia personal y el Estado que nos debe cobijar a todos, con la diversidad que sea.
Uno de los derechos humanos es precisamente el de la libertad de culto. Siendo el Estado el obligado a garantizar la vigencia de los derechos humanos, la única forma de hacerlo es declarándose laico y eso significa neutral y separado de toda fe religiosa, sin apoyar a ninguna ni económicamente ni de otro modo, fortaleciendo la educación laica, renunciando al uso de todo símbolo religioso, ratificando la separación de las prácticas públicas y privadas, sosteniendo la igualdad ante la ley y evitando los conflictos de origen religioso que se dan cuando hay sentido de imposición de una fe sobre otra.
Una última aclaración es que el laicismo es una propuesta clara, que pone a todos los credos filosóficos y religiosos en la misma condición y la idea de que la ley debe cobijar a todos. Esto no puede expresarse como "Estado multiconfesional" porque este termina siempre en una suerte de comunidades cerradas, mientras el laicismo abre el diálogo y mutuo respeto.
En resumen, el laicismo es garantía de derechos humanos fundamentales, es condición de la vida democrática, componente de la soberanía y respeto real a las distintas posiciones de pensamiento.
Christian Gadea Saguier
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¿Se puede prescindir de la religión?
El retorno de la religión adquirió, durante estos últimos años, una dimensión espectacular y a veces inquietante. Occidente no se encuentra a resguardo de este fenómeno. Lo que regresa es el dogmatismo, en muchas ocasiones acompañado por el oscurantismo, el integrismo y el fanatismo. Sería una equivocación que les regalásemos el terreno. El combate de la ilustración sigue vivo, pocas veces ha sido tan vigente. Se trata de un combate por la libertad. ¿Estás dispuesto a sumarte, o prefieres vivir de rodillas?
Durante la semana que los cristianos denominan "santa" y que en mi ciudad, Asunción, se estuvo lejos de vivir ese concepto, me tomé el tiempo, a raíz de éstos días feriados, de leer detenidamente El alma del ateísmo, de André Comte-Sponville, donde plantea, filosóficamente, tres preguntas: ¿Podemos prescindir de la religión? ¿Existe Dios? ¿En qué consiste la espiritualidad de los ateos? Argumenta con un lenguaje sencillo que lo verdaderamente importante no es Dios, ni la religión, sino la vida espiritual. Que lo fundamental no es la fe en algo cuya existencia desconocemos, sino la fidelidad, que es lo que queda de la fe cuando se ha perdido.
Esta nota se enfoca en la primera cuestión, donde resumo la noción general con las que Comte responde y sumo nociones personales al argumento. ¿El combate del que hablamos es contra la religión? Sería equivocarse de adversario. Más bien a favor de la tolerancia, el laicismo y la libertad de creencia o de incredulidad. El oscurantismo, el fanatismo y la superstición me producen horror. La espiritualidad, un bien demasiado precioso para dejar en manos de éstos. La tolerancia, otro bien para dejarlo en manos de la indiferencia. Este combate se denomina: Laicismo.
Comencemos por lo más fácil. Por definición lo absoluto nos supera. Las religiones, no. Estas son humanas y en cuanto tales accesibles al conocimiento y a la crítica. Ellas forman parte de la historia, la sociedad y el mundo, no sus doctrinas, todas mitológicas.
Sobre la posibilidad de vivir sin religión, supone primero que sepamos de qué hablamos al hablar de religión. Para ello necesitamos una definición. Se cita con frecuencia, por lo aclaratoria que es, la que daba Durkheim, en el primer cápitulo de Las formas elementales de la vida religiosa: "Una religión es un sistema solidario de creencias y prácticas relativas a las cosas sagradas; es decir, separadas o prohibidas, creencias y prácticas que reúnen en una misma comunidad moral, llamada Iglesia a todos aquellos que se adhieren a ellas". Así, todo teísmo es religioso, pero no toda religión es teísta.
La definición de Durkheim, centrada en las nociones de sagrado y de comunidad, nos ofrece el sentido amplio, sociológico de la palabra "religión".
Una segunda definión la plantea Comte, más teológica o metafísica. "Una religión es casi siempre una creencia en una o varias divinidades". Así, la necesidad de creer tiende a prevalecer sobre el deseo de libertad. Evidentemente el judaísmo, el cristianismo y el islamismo son religiones, en el sentido estricto que define el filósofo francés.
¿Cuál es la mayor fuerza de las religiones?, se plantea Comte y responde: No consiste en tranquilizar a los creyentes respecto de su propia muerte. Quizás necesitan un dios para consolarse, para escapar, este es el sentido de Kant, de los "postulados de la razón práctica" del absoluto y la desesperación, o sencillamente para dar una coherencia a sus vidas.
Sosteniéndose en Epicuro explica que la fortaleza está al afrontar la muerte de los seres queridos. Lo que la religión aporta no es únicamente un posible consuelo, la promesa de volver a encontrarse en el paraíso, sino también un ritual necesario, un ceremonial que ayuda a afrontarla, a integrarla, y en definitiva a aceptarla. La fuerza de la religión, en estos momentos, no consiste en otra cosa que en nuestra propia debilidad frente a la nada y más la debilidad de nuestros seres queridos.
Ante este escenario, ¿se puede prescindir de la religión? Desde el punto de vista individual, es a la vez simple y matizado: hay individuos, de los que formo parte, que se las arreglan muy bien sin ella. La tolerancia es la única respuesta satisfactoria para nuestra pregunta así entendida.
Pero la palabra "se", que da entrada al título, puede designar asimismo a una colectividad, una sociedad, e inclusive a la humanidad en su conjunto. La pregunta adquiere entonces un sentido muy diferente, menos individual que sociológico.
Aquí todo depende no ya de quién, sino de qué se habla. Todo depende de qué se entiende por religión. Si entendemos la palabra en su sentido occidental y restringido, como la creencia en un dios personal y creador, entonces la pregunta se resuelve históricamente. Una sociedad puede prescindir de religión. El confucianismo, el taoísmo y el budismo desde hace mucho lo han probado; así también la desaparición de grandes religiones, como el mitraísmo.
En cambio, si tomamos la palabra "religión" en sentido amplio o etnológico, la pregunta sigue abierta. La historia, por mucho que nos remontemos al pasado, no registra sociedad completamente desprovista de ella. No conocemos ninguna gran civilización sin mitos, sin ritos, sin sacralizar, sin creencias en fuerzas invisibles o sobrenaturales, en suma, sin religión. La diferencia de todas ellas con el cristianismo es que nadie en la antigüedad pretendió en serio que sus dioses fuesen personajes históricos. ¿Debemos concluir que siempre será así? Con la religión sucede lo mismo que con la bolsa; los resultados pasados no prejuzgan los resultados futuros.
Tal vez la etimología pueda echarnos alguna mano. ¿Cuál es el origen de la palabra "religión"?. La respuesta más frecuentemente escuchada me parece la más dudosa. Varios autores, desde Lactancio o Tertuliano, pensaban que el latín religio viene del verbo religare, que significaba "religar". Se dice entonces que la religión es lo que religa. Si se supone que todo vínculo es religioso, como sugiere la etimología, ninguna sociedad podría prescindir de la religión. La presuposición de que todo vínculo es religioso equivale a vaciar el concepto de religión de cualquier sentido razonablemente preciso y operativo.
Lo que vincula a los creyentes entre sí, desde el punto de vista de un observador ajeno, no es un dios, cuya existencia puede ser dudosa, sino el hecho de que comulgan en la misma fe. Esta definición, según Durkheim, es el verdadero contenido de la religión, pues favorece la cohesión social al reforzar la comunión de las conciencias y la adhesión a las reglas del grupo. A esto es lo que se llama la "comunión", comulgar es compartir sin dividir. Parece paradójico, de hecho cuando se trata de bienes materiales resulta imposible; en cambio, se puede comulgar en el placer de comer juntos una rica cena.
Considero, junto con Comte, que la segunda etimología es la más verosímil. Muchos lingüistas piensan, como hacía ya Cicerón, que religio proviene más bien de relegere que podía significar "recoger" o "releer". En este sentido, la religión es lo que se recoge o se relee: los mitos, los textos fundadores, una enseñanza, uno o varios libros, una lectura, principios, regla; en resumen, una revelación o una tradición pero asumida, respetada, interiorizada, al mismo tiempo, individual y común. La religión según esta etimología es el amor por una palabra, una ley, o un libro.
A base de recoger o releer las mismas palabras, se acaba por comulgar en las mismas creencias. Releemos, luego vinculamos. Sinceramente, ¿sentís la necesidad de creer en un dios para pensar que la sinceridad es preferible a la mentira; que el valor es preferible a la cobardía; que la generosidad es preferible al egoísmo. La fe es una creencia, la fidelidad, un compromiso y un reconocimiento.
Concluyendo, una sociedad puede prescindir perfectamente de religión, en el sentido occidental y restringido de la palabra, quizá también podría prescindir de lo sagrado o de lo sobrenatural, pero no puede prescindir de comunión, ni de fidelidad. Esta exigencia es válida para todas las civilizaciones.
¿Creer o no creer en un dios? La cuestión de la fe no podría eclipsar a la cuestión de la fidelidad. Ya no es la religión la que funda la moral, sino la moral la que funda la religión. La pérdida de la fe no altera para nada el conocimiento: sopere aude, como decía Kant; atrévete a pensar, a utilizar tu entendimiento; atrévete a distinguir entre lo posiblemente cierto y lo ciertamente falso. Lo que le confiere valor a la vida humana no es el hecho de que la persona en cuestión crea o no en un dios. Lo que da valor no es la fe, tampoco la esperanza, sino la capacidad de amor, compasión y justicia de que somos capaces.
No esperemos a ser salvados para ser humanos.
Christian Gadea Saguier
Durante la semana que los cristianos denominan "santa" y que en mi ciudad, Asunción, se estuvo lejos de vivir ese concepto, me tomé el tiempo, a raíz de éstos días feriados, de leer detenidamente El alma del ateísmo, de André Comte-Sponville, donde plantea, filosóficamente, tres preguntas: ¿Podemos prescindir de la religión? ¿Existe Dios? ¿En qué consiste la espiritualidad de los ateos? Argumenta con un lenguaje sencillo que lo verdaderamente importante no es Dios, ni la religión, sino la vida espiritual. Que lo fundamental no es la fe en algo cuya existencia desconocemos, sino la fidelidad, que es lo que queda de la fe cuando se ha perdido.
Esta nota se enfoca en la primera cuestión, donde resumo la noción general con las que Comte responde y sumo nociones personales al argumento. ¿El combate del que hablamos es contra la religión? Sería equivocarse de adversario. Más bien a favor de la tolerancia, el laicismo y la libertad de creencia o de incredulidad. El oscurantismo, el fanatismo y la superstición me producen horror. La espiritualidad, un bien demasiado precioso para dejar en manos de éstos. La tolerancia, otro bien para dejarlo en manos de la indiferencia. Este combate se denomina: Laicismo.
Comencemos por lo más fácil. Por definición lo absoluto nos supera. Las religiones, no. Estas son humanas y en cuanto tales accesibles al conocimiento y a la crítica. Ellas forman parte de la historia, la sociedad y el mundo, no sus doctrinas, todas mitológicas.
Sobre la posibilidad de vivir sin religión, supone primero que sepamos de qué hablamos al hablar de religión. Para ello necesitamos una definición. Se cita con frecuencia, por lo aclaratoria que es, la que daba Durkheim, en el primer cápitulo de Las formas elementales de la vida religiosa: "Una religión es un sistema solidario de creencias y prácticas relativas a las cosas sagradas; es decir, separadas o prohibidas, creencias y prácticas que reúnen en una misma comunidad moral, llamada Iglesia a todos aquellos que se adhieren a ellas". Así, todo teísmo es religioso, pero no toda religión es teísta.
La definición de Durkheim, centrada en las nociones de sagrado y de comunidad, nos ofrece el sentido amplio, sociológico de la palabra "religión".
Una segunda definión la plantea Comte, más teológica o metafísica. "Una religión es casi siempre una creencia en una o varias divinidades". Así, la necesidad de creer tiende a prevalecer sobre el deseo de libertad. Evidentemente el judaísmo, el cristianismo y el islamismo son religiones, en el sentido estricto que define el filósofo francés.
¿Cuál es la mayor fuerza de las religiones?, se plantea Comte y responde: No consiste en tranquilizar a los creyentes respecto de su propia muerte. Quizás necesitan un dios para consolarse, para escapar, este es el sentido de Kant, de los "postulados de la razón práctica" del absoluto y la desesperación, o sencillamente para dar una coherencia a sus vidas.
Sosteniéndose en Epicuro explica que la fortaleza está al afrontar la muerte de los seres queridos. Lo que la religión aporta no es únicamente un posible consuelo, la promesa de volver a encontrarse en el paraíso, sino también un ritual necesario, un ceremonial que ayuda a afrontarla, a integrarla, y en definitiva a aceptarla. La fuerza de la religión, en estos momentos, no consiste en otra cosa que en nuestra propia debilidad frente a la nada y más la debilidad de nuestros seres queridos.
Ante este escenario, ¿se puede prescindir de la religión? Desde el punto de vista individual, es a la vez simple y matizado: hay individuos, de los que formo parte, que se las arreglan muy bien sin ella. La tolerancia es la única respuesta satisfactoria para nuestra pregunta así entendida.
Pero la palabra "se", que da entrada al título, puede designar asimismo a una colectividad, una sociedad, e inclusive a la humanidad en su conjunto. La pregunta adquiere entonces un sentido muy diferente, menos individual que sociológico.
Aquí todo depende no ya de quién, sino de qué se habla. Todo depende de qué se entiende por religión. Si entendemos la palabra en su sentido occidental y restringido, como la creencia en un dios personal y creador, entonces la pregunta se resuelve históricamente. Una sociedad puede prescindir de religión. El confucianismo, el taoísmo y el budismo desde hace mucho lo han probado; así también la desaparición de grandes religiones, como el mitraísmo.
En cambio, si tomamos la palabra "religión" en sentido amplio o etnológico, la pregunta sigue abierta. La historia, por mucho que nos remontemos al pasado, no registra sociedad completamente desprovista de ella. No conocemos ninguna gran civilización sin mitos, sin ritos, sin sacralizar, sin creencias en fuerzas invisibles o sobrenaturales, en suma, sin religión. La diferencia de todas ellas con el cristianismo es que nadie en la antigüedad pretendió en serio que sus dioses fuesen personajes históricos. ¿Debemos concluir que siempre será así? Con la religión sucede lo mismo que con la bolsa; los resultados pasados no prejuzgan los resultados futuros.
Tal vez la etimología pueda echarnos alguna mano. ¿Cuál es el origen de la palabra "religión"?. La respuesta más frecuentemente escuchada me parece la más dudosa. Varios autores, desde Lactancio o Tertuliano, pensaban que el latín religio viene del verbo religare, que significaba "religar". Se dice entonces que la religión es lo que religa. Si se supone que todo vínculo es religioso, como sugiere la etimología, ninguna sociedad podría prescindir de la religión. La presuposición de que todo vínculo es religioso equivale a vaciar el concepto de religión de cualquier sentido razonablemente preciso y operativo.
Lo que vincula a los creyentes entre sí, desde el punto de vista de un observador ajeno, no es un dios, cuya existencia puede ser dudosa, sino el hecho de que comulgan en la misma fe. Esta definición, según Durkheim, es el verdadero contenido de la religión, pues favorece la cohesión social al reforzar la comunión de las conciencias y la adhesión a las reglas del grupo. A esto es lo que se llama la "comunión", comulgar es compartir sin dividir. Parece paradójico, de hecho cuando se trata de bienes materiales resulta imposible; en cambio, se puede comulgar en el placer de comer juntos una rica cena.
Considero, junto con Comte, que la segunda etimología es la más verosímil. Muchos lingüistas piensan, como hacía ya Cicerón, que religio proviene más bien de relegere que podía significar "recoger" o "releer". En este sentido, la religión es lo que se recoge o se relee: los mitos, los textos fundadores, una enseñanza, uno o varios libros, una lectura, principios, regla; en resumen, una revelación o una tradición pero asumida, respetada, interiorizada, al mismo tiempo, individual y común. La religión según esta etimología es el amor por una palabra, una ley, o un libro.
A base de recoger o releer las mismas palabras, se acaba por comulgar en las mismas creencias. Releemos, luego vinculamos. Sinceramente, ¿sentís la necesidad de creer en un dios para pensar que la sinceridad es preferible a la mentira; que el valor es preferible a la cobardía; que la generosidad es preferible al egoísmo. La fe es una creencia, la fidelidad, un compromiso y un reconocimiento.
Concluyendo, una sociedad puede prescindir perfectamente de religión, en el sentido occidental y restringido de la palabra, quizá también podría prescindir de lo sagrado o de lo sobrenatural, pero no puede prescindir de comunión, ni de fidelidad. Esta exigencia es válida para todas las civilizaciones.
¿Creer o no creer en un dios? La cuestión de la fe no podría eclipsar a la cuestión de la fidelidad. Ya no es la religión la que funda la moral, sino la moral la que funda la religión. La pérdida de la fe no altera para nada el conocimiento: sopere aude, como decía Kant; atrévete a pensar, a utilizar tu entendimiento; atrévete a distinguir entre lo posiblemente cierto y lo ciertamente falso. Lo que le confiere valor a la vida humana no es el hecho de que la persona en cuestión crea o no en un dios. Lo que da valor no es la fe, tampoco la esperanza, sino la capacidad de amor, compasión y justicia de que somos capaces.
No esperemos a ser salvados para ser humanos.
Christian Gadea Saguier
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laicidad
Por la liberación de los masones, presos políticos, en Cuba
A inicios de la primavera boreal, pero un par de años atrás, me sume a la denuncia sobre la situación de los presos políticos en Cuba, particularmente preocupado por 11 hermanos privados injustamente de su libertad.
En esta semana se conmemora el quinto aniversario de las detenciones de 75 disidentes en la oleada represiva de la primavera de 2003 realizada en Cuba. Cinco años después 55 de aquellos detenidos permanecen en la cárcel, uno falleció y 19 han sido excarcelados por cuestiones de salud, cuatro de ellos viajaron en febrero pasado a España por esta causa.
Esta estadística vale para denunciar la captura y solicitar la liberación de estos presos políticos, incluidos nuestros hermanos, entre ellos, Héctor Masera, quienes en marzo de 2003 junto a otras 64 personas fueron encarcelados por el régimen absolutista de Fidel Castro. Los hermanos son dirigentes y miembros de la disidencia política y pacífica interna, directivos de organismos no gubernamentales y monitoreadores de los Derechos Humanos, líderes sindicales independientes y periodistas alternativos, conocidos como los "Prisioneros de la primavera".
Injustamente acusados, por el dictador Castro, de servir a una potencia extranjera (EEUU), cometer actos contra la seguridad e integridad territorial y económica de Cuba cuando, en realidad, defienden nuestros derechos a la libertad de pensamiento, opinión y reunión.
Específicamente Héctor Masera fue condenado a veinte años de privación de libertad en un proceso judicial preñado de irregularidades de principio a fin, entre los cuales se puede citar: impedirle mantener una entrevista técnica con su defensor, previa al juicio y no presentarse verdaderas pruebas, sólo declaraciones por la representación fiscal que avaló las absurdas y festinadas acusaciones en su contra.
Aprovechando el nuevo gobierno cubano, los presidentes Zapatero y Bush se suman a la campaña y solicitan la liberación de los presos políticos, según informa hoy el diario español El País.
"Puede tener la seguridad de que España seguirá haciendo todo lo que esté en su mano para lograr la liberación de todos los presos políticos", dice el mensaje enviado por Zapatero a Laura Pollán, la esposa de Héctor Maseda. La misiva está fechada el pasado 28 de enero, según ha asegurado una fuente de la Embajada española en La Habana.
Por su parte el presidente estadounidense ha asegurado en la carta dirigida a Maseda que "seguiremos apoyando al pueblo cubano para que exija al Gobierno que respete las libertades fundamentales". Esta misiva también está fechada a finales de enero.
Laura Pollán ha dado a conocer estas cartas como parte de las protestas de las Damas de Blanco en el quinto aniversario de las detenciones de 75 disidentes en la oleada represiva de la primavera de 2003. Cinco años después 55 de aquellos detenidos permanecen en la cárcel, uno falleció y 19 han sido excarcelados por cuestiones de salud, cuatro de ellos viajaron en febrero pasado a España por esta causa.
Vestidas todas de blanco, en señal de que su actitud es pacífica, las familiares de los apresados marcharon el viernes pasado por el centro de La Habana hasta el Ministerio de Justicia y dejaron una carta dirigida al fiscal general, Juan Escalona, en la que piden la libertad de sus parientes.
Cartas íntegras
Desde España
Estimada Señora:
Le agradezco muy sinceramente su carta del pasado 20 de noviembre, así como el ejemplar del último libro que ha escrito su esposo, que ha tenido la cortesía de hacerme llegar. Muchas gracias también por la amable dedicatoria por la que su marido, el Sr. Hector Maseda Gutiérrez, ha querido obsequiarme su obra.
Puede tener la seguridad de que España seguirá haciendo todo lo que esté en su mano para lograr la liberación de todos los presos políticos y de conciencia, incluida de la su esposo.
Deseo también aprovechar la oportunidad para expresarle nuevamente mi admiración de la tenaz labor que realizan las Damas de Blanco, y expresarles el reconocimiento del Gobierno de España por el ejemplo de dignidad y coraje que todas Ustedes realizan.
Agradeciendo de nuevo su carta, reciba un cordial saludo
José Luis Rodríguez ZapateroPresidente del Gobierno de España
Desde Estados Unidos
Estimado señor Maseda Gutiérrez:
Gracias por su considerada nota y por el libro en el que documenta las crueles realidades a las que se enfrentan los presos políticos de Cuba. Admiro su valentía y su determinación para revelar al mundo estas realidades pese al gran riesgo que conlleva. Espero que su testimonio atraiga mayor atención sobre la indiferencia del régimen cubano hacia los derechos humanos básicos. Seguiremos apoyando al pueblo cubano en su petición al gobierno para que respete las libertades fundamentales. Su compromiso con una Cuba libre es una inspiración para todos nosotros. Mis pensamientos y mis oraciones están con usted, con su valiente y dedicada esposa Laura y con los demás miembros de su familia.
Sinceramente, George W. Bush
Desde la prisión
En 2004 Héctor Maseda nos envió esta nota cuyos extractos dice: …Afortunadamente pude recibir noticias de ustedes, mis queridos hermanos, por intermedio de un ángel, nuestro Venerable Hermano José Antonio. Ahora provecharé la ocasión en sentido inverso para hacerles llegar noticias mías. El portador será la misma persona. La foto que ustedes me enviaron, en la que aprecio a muchos Hermanos de vuestro Taller, visitadores de otras Logias y a José Antonio en el centro como honor especial ese delta delta que se encuentra junto a mí, encerrado en esta celda caribeña, permanentemente brindándome fuerza de voluntad, inteligencia, sabiduría y paciencia infinita…La carta completa se encuentra aquí.
La vigencia de la ilustración
La masonería está íntimamente ligada a la historia de Cuba. Se afirma que la independencia del colonialismo español en 1898 fue obra de masones. Cada símbolo nacional -himno, bandera y escudo- fueron concebidos por hijos de la Escuadra y el Compás. Masones fueron Carlos Manuel de Céspedes, considerado el Padre de la Patria; Ignacio Agramonte, Antonio Maceo,José Martí y la inmensa mayoría de los gestores de la república.
Al advenimiento del actual régimen, en 1959, la Masonería era una institución fraternal pujante, entidad inseparable de las clases vivas del país. Treinta y cuatro mil miembros aproximadamente, una universidad, tres asilos, varias escuelas, 340 logias y un majestuoso edificio, la Gran Logia de Cuba constituían su mayor patrimonio.
Aún en los albores del siglo XXI se sigue luchando por los valores de la Ilustración del siglo XVIII. En esta ocación por la libertad, a pesar de que su sentido sea tan antiguo como el hombre mismo.
Christian Gadea Saguier
En esta semana se conmemora el quinto aniversario de las detenciones de 75 disidentes en la oleada represiva de la primavera de 2003 realizada en Cuba. Cinco años después 55 de aquellos detenidos permanecen en la cárcel, uno falleció y 19 han sido excarcelados por cuestiones de salud, cuatro de ellos viajaron en febrero pasado a España por esta causa.
Esta estadística vale para denunciar la captura y solicitar la liberación de estos presos políticos, incluidos nuestros hermanos, entre ellos, Héctor Masera, quienes en marzo de 2003 junto a otras 64 personas fueron encarcelados por el régimen absolutista de Fidel Castro. Los hermanos son dirigentes y miembros de la disidencia política y pacífica interna, directivos de organismos no gubernamentales y monitoreadores de los Derechos Humanos, líderes sindicales independientes y periodistas alternativos, conocidos como los "Prisioneros de la primavera".
Injustamente acusados, por el dictador Castro, de servir a una potencia extranjera (EEUU), cometer actos contra la seguridad e integridad territorial y económica de Cuba cuando, en realidad, defienden nuestros derechos a la libertad de pensamiento, opinión y reunión.
Específicamente Héctor Masera fue condenado a veinte años de privación de libertad en un proceso judicial preñado de irregularidades de principio a fin, entre los cuales se puede citar: impedirle mantener una entrevista técnica con su defensor, previa al juicio y no presentarse verdaderas pruebas, sólo declaraciones por la representación fiscal que avaló las absurdas y festinadas acusaciones en su contra.
Aprovechando el nuevo gobierno cubano, los presidentes Zapatero y Bush se suman a la campaña y solicitan la liberación de los presos políticos, según informa hoy el diario español El País.
"Puede tener la seguridad de que España seguirá haciendo todo lo que esté en su mano para lograr la liberación de todos los presos políticos", dice el mensaje enviado por Zapatero a Laura Pollán, la esposa de Héctor Maseda. La misiva está fechada el pasado 28 de enero, según ha asegurado una fuente de la Embajada española en La Habana.
Por su parte el presidente estadounidense ha asegurado en la carta dirigida a Maseda que "seguiremos apoyando al pueblo cubano para que exija al Gobierno que respete las libertades fundamentales". Esta misiva también está fechada a finales de enero.
Laura Pollán ha dado a conocer estas cartas como parte de las protestas de las Damas de Blanco en el quinto aniversario de las detenciones de 75 disidentes en la oleada represiva de la primavera de 2003. Cinco años después 55 de aquellos detenidos permanecen en la cárcel, uno falleció y 19 han sido excarcelados por cuestiones de salud, cuatro de ellos viajaron en febrero pasado a España por esta causa.
Vestidas todas de blanco, en señal de que su actitud es pacífica, las familiares de los apresados marcharon el viernes pasado por el centro de La Habana hasta el Ministerio de Justicia y dejaron una carta dirigida al fiscal general, Juan Escalona, en la que piden la libertad de sus parientes.
Cartas íntegras
Desde España
Estimada Señora:
Le agradezco muy sinceramente su carta del pasado 20 de noviembre, así como el ejemplar del último libro que ha escrito su esposo, que ha tenido la cortesía de hacerme llegar. Muchas gracias también por la amable dedicatoria por la que su marido, el Sr. Hector Maseda Gutiérrez, ha querido obsequiarme su obra.
Puede tener la seguridad de que España seguirá haciendo todo lo que esté en su mano para lograr la liberación de todos los presos políticos y de conciencia, incluida de la su esposo.
Deseo también aprovechar la oportunidad para expresarle nuevamente mi admiración de la tenaz labor que realizan las Damas de Blanco, y expresarles el reconocimiento del Gobierno de España por el ejemplo de dignidad y coraje que todas Ustedes realizan.
Agradeciendo de nuevo su carta, reciba un cordial saludo
José Luis Rodríguez ZapateroPresidente del Gobierno de España
Desde Estados Unidos
Estimado señor Maseda Gutiérrez:
Gracias por su considerada nota y por el libro en el que documenta las crueles realidades a las que se enfrentan los presos políticos de Cuba. Admiro su valentía y su determinación para revelar al mundo estas realidades pese al gran riesgo que conlleva. Espero que su testimonio atraiga mayor atención sobre la indiferencia del régimen cubano hacia los derechos humanos básicos. Seguiremos apoyando al pueblo cubano en su petición al gobierno para que respete las libertades fundamentales. Su compromiso con una Cuba libre es una inspiración para todos nosotros. Mis pensamientos y mis oraciones están con usted, con su valiente y dedicada esposa Laura y con los demás miembros de su familia.
Sinceramente, George W. Bush
Desde la prisión
En 2004 Héctor Maseda nos envió esta nota cuyos extractos dice: …Afortunadamente pude recibir noticias de ustedes, mis queridos hermanos, por intermedio de un ángel, nuestro Venerable Hermano José Antonio. Ahora provecharé la ocasión en sentido inverso para hacerles llegar noticias mías. El portador será la misma persona. La foto que ustedes me enviaron, en la que aprecio a muchos Hermanos de vuestro Taller, visitadores de otras Logias y a José Antonio en el centro como honor especial ese delta delta que se encuentra junto a mí, encerrado en esta celda caribeña, permanentemente brindándome fuerza de voluntad, inteligencia, sabiduría y paciencia infinita…La carta completa se encuentra aquí.
La vigencia de la ilustración
La masonería está íntimamente ligada a la historia de Cuba. Se afirma que la independencia del colonialismo español en 1898 fue obra de masones. Cada símbolo nacional -himno, bandera y escudo- fueron concebidos por hijos de la Escuadra y el Compás. Masones fueron Carlos Manuel de Céspedes, considerado el Padre de la Patria; Ignacio Agramonte, Antonio Maceo,José Martí y la inmensa mayoría de los gestores de la república.
Al advenimiento del actual régimen, en 1959, la Masonería era una institución fraternal pujante, entidad inseparable de las clases vivas del país. Treinta y cuatro mil miembros aproximadamente, una universidad, tres asilos, varias escuelas, 340 logias y un majestuoso edificio, la Gran Logia de Cuba constituían su mayor patrimonio.
Aún en los albores del siglo XXI se sigue luchando por los valores de la Ilustración del siglo XVIII. En esta ocación por la libertad, a pesar de que su sentido sea tan antiguo como el hombre mismo.
Christian Gadea Saguier
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Qué hacemos en nuestras logias
-Me compré tu libro para conocer qué hacen en sus logias, me dijo una señora el fin de semana pasado, mientras tomaba un café en una cafetería de Asunción. Ante su interrogante le respondí: -Simplemente buscamos ser mejores personas. No quedó totalmente convencida.
El hecho que los masones nos encerremos para realizar nuestras reuniones tiene el mismo propósito que la reunión de cualquier organización civil, guardar y preservar la intimidad o asuntos particulares lejos de aquellos que no forman parte de la asociación.
Pero, de inmediato surge la pregunta: Si buscan ser mejores personas, ¿por qué no dan la posibilidad a todos? La respuesta es simple. La masonería es una institución iniciática, es decir que no basta la voluntad del interesado, sino debe sumarse el interés de los miembros en escoger a esa persona. ¿Cuál sería la escala para decir sí o no?
La Masonería es una organización esencialmente formativa de un mejor ser humano. Para el logro de esta empresa se necesario que el o la interesada posea un nivel mínimo de educación que le permita la comprensión y desarrollo del pensamiento abstracto. Esta cualidad es imprescindible pues toda la doctrina masónica se expresa por medio del estudio simbólico.
El estudio de los símbolos y los rituales no son meramente formales, o una repetición mecánica, una especie de rutina o mera costumbre. Por el contrario, cada nueva reunión produce un efecto en el interior del ser humano que lo transforma, permitiéndole el crecimiento interior. Así, el rito y el símbolo son la representación de ideas que se esconden detrás de símbolos con apariencia formal.
Los rituales de cada grado deben ser estudiados en tres niveles. Primero: un estudio literario, directo, del texto con su significado corriente, lo que podríamos definir como el sentido exotérico del ritual. Segundo: Por medio del significado simbólico de los términos que figuran. Tercero: una lectura esotérica para consolidar su mensaje en la mente de cada iniciado y llevar a la práctica diaria.
El simbolismo masónico no es solamente de carácter teórico y especulativo sino también práctico y operativo. El símbolo actúa en el interior cada uno pero sólo en la medida de lograr su compresión. Tiene el poder de actuar en la vida cotidiana con profunda acción transformadora.
El trabajo especulativo que tiene el iniciado gira en torno al estudio, comprensión y explicación de los símbolos que se mencionan en el ritual, a modo de pasar al estadio operativo con la incorporación del símbolo a la vida cotidiana. Cuando logren percibir la realidad sin la venda de la ignorancia, superstición, fanatismo y ambición, es cuando la luz masónica ha llegado.
La misión principal es enseñar la ley de evolución y progreso. No es posible hallar una verdadera interpretación de la Masonería sino se relaciona su sistema, estrechamente con el proceso evolutivo de la humanidad.
Todo en ella gira en torno de un progreso gradual de la oscuridad a la luz y todo lo que la luz trae aparejado. Sus ceremonias se caracterizan por viajes circulares, indicando ciclos evolutivos de oriente a occidente y de occidente a oriente, o sea de la oscuridad a la luz. Para cada grado simbólico tiene pasos progresivos hacia el oriente de la luz.
La Masonería muestra, simbólicamente, el drama de la evolución humana. Muestra el objetivo de realización del individuo; enseña el camino del crecimiento espiritual y las leyes a que obedece este crecimiento. Empero tenemos que recorrerlo palmo a palmo; el progreso depende de nosotros.
Este es un camino de experiencias que nadie puede vivir por nosotros. No tiene atajos, requiere el roce de la vida que ningún libro o maestro puede otorgarnos. A diferencia de todos los otros seres en el mundo material, el hombre es el único que tiene la capacidad para tomar su evolución en sus propias manos. De ahí su posibilidad de autorrealización. El puede acelerarla o retardarla. Pero sea cual fuere su duración, tiene que pasar, indefectiblemente, por las tres etapas del proceso natural de la síntesis que caracteriza el proceso evolutivo:
1) la siembra de la semilla
2) su germinación y crecimiento
3) su fructificación como resultado de la fusión o unión de dos polaridades.
Los límites fijan los principios básicos de estos tres grados evolutivos. Tratándose de una evolución en conciencia, este proceso va encaminado a la adquisición del elemento más valioso y más importante para el hombre y para la masonería: ¡La Luz! (conocimiento) Aquello que se conoce como la luz de la conciencia, o del conocimiento, una síntesis emergente de las experiencias vividas.
Tratándose de cualquier tipo de evolución, es indispensable la existencia de grados sucesivos de realización. Efectivamente, en lo que concierne al desarrollo de la luz de la conciencia en los seres humanos, éste consiste en tres etapas, comprendidos en el sistema masónico por sus tres grados simbólicos.
La masonería nos ofrece ayuda y guía para que nos volvamos cada día más conscientes de que nada puede detener el impulso que motiva el progreso humano en su peregrinaje de la oscuridad a la luz, de la irrealidad a la realidad, y de lo perecedero a lo imperecedero.
Para entender qué hacemos en nuestras logias no basta leer los títulos que se publican sobre nuestras actividades, es insoslayable vivirlo. Si lo anterior no es preferido, tengan presente que nada de lo que hacemos es vano o fortuito. Si así les parece, si los creen sin fundamento, es sólo porque la superficialidad de sus costumbres aún impide la visión.
Christian Gadea Saguier
El hecho que los masones nos encerremos para realizar nuestras reuniones tiene el mismo propósito que la reunión de cualquier organización civil, guardar y preservar la intimidad o asuntos particulares lejos de aquellos que no forman parte de la asociación.
Pero, de inmediato surge la pregunta: Si buscan ser mejores personas, ¿por qué no dan la posibilidad a todos? La respuesta es simple. La masonería es una institución iniciática, es decir que no basta la voluntad del interesado, sino debe sumarse el interés de los miembros en escoger a esa persona. ¿Cuál sería la escala para decir sí o no?
La Masonería es una organización esencialmente formativa de un mejor ser humano. Para el logro de esta empresa se necesario que el o la interesada posea un nivel mínimo de educación que le permita la comprensión y desarrollo del pensamiento abstracto. Esta cualidad es imprescindible pues toda la doctrina masónica se expresa por medio del estudio simbólico.
El estudio de los símbolos y los rituales no son meramente formales, o una repetición mecánica, una especie de rutina o mera costumbre. Por el contrario, cada nueva reunión produce un efecto en el interior del ser humano que lo transforma, permitiéndole el crecimiento interior. Así, el rito y el símbolo son la representación de ideas que se esconden detrás de símbolos con apariencia formal.
Los rituales de cada grado deben ser estudiados en tres niveles. Primero: un estudio literario, directo, del texto con su significado corriente, lo que podríamos definir como el sentido exotérico del ritual. Segundo: Por medio del significado simbólico de los términos que figuran. Tercero: una lectura esotérica para consolidar su mensaje en la mente de cada iniciado y llevar a la práctica diaria.
El simbolismo masónico no es solamente de carácter teórico y especulativo sino también práctico y operativo. El símbolo actúa en el interior cada uno pero sólo en la medida de lograr su compresión. Tiene el poder de actuar en la vida cotidiana con profunda acción transformadora.
El trabajo especulativo que tiene el iniciado gira en torno al estudio, comprensión y explicación de los símbolos que se mencionan en el ritual, a modo de pasar al estadio operativo con la incorporación del símbolo a la vida cotidiana. Cuando logren percibir la realidad sin la venda de la ignorancia, superstición, fanatismo y ambición, es cuando la luz masónica ha llegado.
La misión principal es enseñar la ley de evolución y progreso. No es posible hallar una verdadera interpretación de la Masonería sino se relaciona su sistema, estrechamente con el proceso evolutivo de la humanidad.
Todo en ella gira en torno de un progreso gradual de la oscuridad a la luz y todo lo que la luz trae aparejado. Sus ceremonias se caracterizan por viajes circulares, indicando ciclos evolutivos de oriente a occidente y de occidente a oriente, o sea de la oscuridad a la luz. Para cada grado simbólico tiene pasos progresivos hacia el oriente de la luz.
La Masonería muestra, simbólicamente, el drama de la evolución humana. Muestra el objetivo de realización del individuo; enseña el camino del crecimiento espiritual y las leyes a que obedece este crecimiento. Empero tenemos que recorrerlo palmo a palmo; el progreso depende de nosotros.
Este es un camino de experiencias que nadie puede vivir por nosotros. No tiene atajos, requiere el roce de la vida que ningún libro o maestro puede otorgarnos. A diferencia de todos los otros seres en el mundo material, el hombre es el único que tiene la capacidad para tomar su evolución en sus propias manos. De ahí su posibilidad de autorrealización. El puede acelerarla o retardarla. Pero sea cual fuere su duración, tiene que pasar, indefectiblemente, por las tres etapas del proceso natural de la síntesis que caracteriza el proceso evolutivo:
1) la siembra de la semilla
2) su germinación y crecimiento
3) su fructificación como resultado de la fusión o unión de dos polaridades.
Los límites fijan los principios básicos de estos tres grados evolutivos. Tratándose de una evolución en conciencia, este proceso va encaminado a la adquisición del elemento más valioso y más importante para el hombre y para la masonería: ¡La Luz! (conocimiento) Aquello que se conoce como la luz de la conciencia, o del conocimiento, una síntesis emergente de las experiencias vividas.
Tratándose de cualquier tipo de evolución, es indispensable la existencia de grados sucesivos de realización. Efectivamente, en lo que concierne al desarrollo de la luz de la conciencia en los seres humanos, éste consiste en tres etapas, comprendidos en el sistema masónico por sus tres grados simbólicos.
La masonería nos ofrece ayuda y guía para que nos volvamos cada día más conscientes de que nada puede detener el impulso que motiva el progreso humano en su peregrinaje de la oscuridad a la luz, de la irrealidad a la realidad, y de lo perecedero a lo imperecedero.
Para entender qué hacemos en nuestras logias no basta leer los títulos que se publican sobre nuestras actividades, es insoslayable vivirlo. Si lo anterior no es preferido, tengan presente que nada de lo que hacemos es vano o fortuito. Si así les parece, si los creen sin fundamento, es sólo porque la superficialidad de sus costumbres aún impide la visión.
Christian Gadea Saguier
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masonería
El precio del velo
El velo, un simple pedazo de tela, se ha convertido en la manzana de la discordia en Europa, un continente amenazado por el envejecimiento de la población, que, para sobrevivir, les abre a regañadientes las puertas a millones de inmigrantes, entre ellos miles de mujeres musulmanas que, por tradición o imposición, se cubren.
Giuliana Sgrena, veterana feminista y corresponsal de guerra del diario de izquierda Il Manifesto, que viajó a varios países islámicos, no tiene dudas: "El velo es el primer paso para la reducción de los derechos de la mujer".
Autora de El precio del velo. La guerra del islam contra las mujeres, recientemente editado en Italia, Sgrena saltó trágicamente a la fama tras ser secuestrada en Bagdad en febrero de 2005 por un grupo islámico que nunca la obligó a cubrirse porque no era fundamentalista, según contó a La Nación (Argentina) en una entrevista mantenida con Elisabetta Piqué, corresponsal en Italia.
Cuando fue liberada, en marzo del mismo año, gracias a los servicios secretos italianos, vivió otra pesadilla: el auto en el que se dirigía al aeropuerto de Bagdad junto con dos agentes italianos fue acribillado a tiros por soldados estadounidenses. En el ataque murió el agente Nicola Calipari.
Comprometida a dar a conocer lo que considera una realidad dramática, Sgrena está convencida de que el velo representa, y no sólo simbólicamente, "la opresión de la mujer en el mundo islámico".
Afirma que detrás de su imposición no se esconde solamente el intento de las fuerzas más fundamentalistas de "reislamizar" la sociedad, sino, además, una verdadera guerra contra las mujeres, y en contra de su cuerpo, visto como el terreno de batalla sobre el cual afirmar principios y costumbres que poco tienen que ver con la tradición islámica, sino con un "nuevo" retorno al orden machista y reaccionario.
"Sólo una interpretación fundamentalista del islam dice que hay que llevar el velo. Tanto es así, que en los tiempos de Mahoma no se llevaba el velo", afirma Sgrena, que condena duramente el "relativismo cultural" de la izquierda, e incluso de varias feministas de Occidente.
"Mientras la derecha considera a estos pueblos salvajes, por lo que es mejor mantenerlos alejados de nosotros, la izquierda, que también tiene una actitud distinta en cuanto a la inmigración, cae en la trampa de considerar el velo de las mujeres musulmanas «parte de su cultura, parte de su tradición», y no va al fondo del problema, que es que el velo no es el fruto de una elección libre de la mujer, sino una condena".
En su libro, una investigación a fondo, llena de datos, Sgrena denuncia la violencia, las infamias, las muertes y la tremenda discriminación que sufren las mujeres. Además, se rebela ante lo que pasa en la misma Italia, y en otros países europeos, con las mujeres musulmanas.
Muchas de estas, que creen haber alcanzado finalmente la libertad al llegar al Viejo Continente, chocan con el hecho de que son "doblemente discriminadas", como inmigrantes y como musulmanas. Y pasan a vivir un verdadero infierno, al terminar solas y olvidadas en virtuales guetos, donde la opresión de los hombres, que las encierran en sus casas y las obligan a veces a usar velo, o incluso burka (la tristemente célebre túnica afgana con una rejilla a la altura de los ojos), termina siendo aún mayor que la de sus países de origen.
Hace dos años la opinión pública italiana vivió con gran conmoción el caso de Hina, una joven paquistaní que vivía como una occidental, y que, por este motivo "de honor", fue brutalmente asesinada por su propio padre. Pero Sgrena considera que en Italia "hay muchas Hinas".
"Yo no lo sabía, pero es altísimo el número de mujeres que han sido asesinadas en Italia porque no respetaban las reglas impuestas por la familia o por la comunidad. ¿Cómo podemos aceptar que en nuestro país pasen cosas de este tipo?", se pregunta.
"Reislamización"
Para Sgrena, estamos frente a un claro proceso de "reislamización". "Antes, cuando iba a Argel, a Amman o a El Cairo veía poquísimas mujeres con velo, salvo en los barrios populares, donde usaban el tradicional. Pero si uno viaja ahora, no encuentra mujeres sin velo, porque hay un proceso de «reislamización», impulsado por los Hermanos Musulmanes, que establecieron que las mujeres deben llevar el velo. Si no, corren gravísimos riesgos", afirma la periodista.
Pero en su libro pueden leerse otras cifras que hablan de una situación espantosa: 50.000 mujeres se suicidan al año en todo el mundo forzadas por sus familias para limpiar su honor, según datos de la ONU.
Hace cuatro años, cuando Francia prohibió el velo y otros símbolos religiosos en las escuelas, Sgrena era escéptica. Pero cuando viajó allí para hacer un reportaje y ver cómo se había implementado, quedó muy sorprendida. Según el Ministerio de Educación francés, sólo 47 estudiantes en todo el país habían abandonado las escuelas públicas, entre ellas algunas que decidieron matricularse en escuelas católicas y otras que optaron por seguir cursos por correspondencia.
Para Sgrena, en cambio, la reciente ley aprobada por Turquía, que permitió el uso del velo en las universidades, es un paso atrás. "Es cierto, el velo es un pedazo de tela, pero la verdad es que en todos los países siempre se empieza con el velo", afirma. "Por eso, para mí, es el primer paso de Turquía hacia la «reislamización»", dice.
Christian Gadea Saguier
Giuliana Sgrena, veterana feminista y corresponsal de guerra del diario de izquierda Il Manifesto, que viajó a varios países islámicos, no tiene dudas: "El velo es el primer paso para la reducción de los derechos de la mujer".
Autora de El precio del velo. La guerra del islam contra las mujeres, recientemente editado en Italia, Sgrena saltó trágicamente a la fama tras ser secuestrada en Bagdad en febrero de 2005 por un grupo islámico que nunca la obligó a cubrirse porque no era fundamentalista, según contó a La Nación (Argentina) en una entrevista mantenida con Elisabetta Piqué, corresponsal en Italia.
Cuando fue liberada, en marzo del mismo año, gracias a los servicios secretos italianos, vivió otra pesadilla: el auto en el que se dirigía al aeropuerto de Bagdad junto con dos agentes italianos fue acribillado a tiros por soldados estadounidenses. En el ataque murió el agente Nicola Calipari.
Comprometida a dar a conocer lo que considera una realidad dramática, Sgrena está convencida de que el velo representa, y no sólo simbólicamente, "la opresión de la mujer en el mundo islámico".
Afirma que detrás de su imposición no se esconde solamente el intento de las fuerzas más fundamentalistas de "reislamizar" la sociedad, sino, además, una verdadera guerra contra las mujeres, y en contra de su cuerpo, visto como el terreno de batalla sobre el cual afirmar principios y costumbres que poco tienen que ver con la tradición islámica, sino con un "nuevo" retorno al orden machista y reaccionario.
"Sólo una interpretación fundamentalista del islam dice que hay que llevar el velo. Tanto es así, que en los tiempos de Mahoma no se llevaba el velo", afirma Sgrena, que condena duramente el "relativismo cultural" de la izquierda, e incluso de varias feministas de Occidente.
"Mientras la derecha considera a estos pueblos salvajes, por lo que es mejor mantenerlos alejados de nosotros, la izquierda, que también tiene una actitud distinta en cuanto a la inmigración, cae en la trampa de considerar el velo de las mujeres musulmanas «parte de su cultura, parte de su tradición», y no va al fondo del problema, que es que el velo no es el fruto de una elección libre de la mujer, sino una condena".
En su libro, una investigación a fondo, llena de datos, Sgrena denuncia la violencia, las infamias, las muertes y la tremenda discriminación que sufren las mujeres. Además, se rebela ante lo que pasa en la misma Italia, y en otros países europeos, con las mujeres musulmanas.
Muchas de estas, que creen haber alcanzado finalmente la libertad al llegar al Viejo Continente, chocan con el hecho de que son "doblemente discriminadas", como inmigrantes y como musulmanas. Y pasan a vivir un verdadero infierno, al terminar solas y olvidadas en virtuales guetos, donde la opresión de los hombres, que las encierran en sus casas y las obligan a veces a usar velo, o incluso burka (la tristemente célebre túnica afgana con una rejilla a la altura de los ojos), termina siendo aún mayor que la de sus países de origen.
Hace dos años la opinión pública italiana vivió con gran conmoción el caso de Hina, una joven paquistaní que vivía como una occidental, y que, por este motivo "de honor", fue brutalmente asesinada por su propio padre. Pero Sgrena considera que en Italia "hay muchas Hinas".
"Yo no lo sabía, pero es altísimo el número de mujeres que han sido asesinadas en Italia porque no respetaban las reglas impuestas por la familia o por la comunidad. ¿Cómo podemos aceptar que en nuestro país pasen cosas de este tipo?", se pregunta.
"Reislamización"
Para Sgrena, estamos frente a un claro proceso de "reislamización". "Antes, cuando iba a Argel, a Amman o a El Cairo veía poquísimas mujeres con velo, salvo en los barrios populares, donde usaban el tradicional. Pero si uno viaja ahora, no encuentra mujeres sin velo, porque hay un proceso de «reislamización», impulsado por los Hermanos Musulmanes, que establecieron que las mujeres deben llevar el velo. Si no, corren gravísimos riesgos", afirma la periodista.
Pero en su libro pueden leerse otras cifras que hablan de una situación espantosa: 50.000 mujeres se suicidan al año en todo el mundo forzadas por sus familias para limpiar su honor, según datos de la ONU.
Hace cuatro años, cuando Francia prohibió el velo y otros símbolos religiosos en las escuelas, Sgrena era escéptica. Pero cuando viajó allí para hacer un reportaje y ver cómo se había implementado, quedó muy sorprendida. Según el Ministerio de Educación francés, sólo 47 estudiantes en todo el país habían abandonado las escuelas públicas, entre ellas algunas que decidieron matricularse en escuelas católicas y otras que optaron por seguir cursos por correspondencia.
Para Sgrena, en cambio, la reciente ley aprobada por Turquía, que permitió el uso del velo en las universidades, es un paso atrás. "Es cierto, el velo es un pedazo de tela, pero la verdad es que en todos los países siempre se empieza con el velo", afirma. "Por eso, para mí, es el primer paso de Turquía hacia la «reislamización»", dice.
Christian Gadea Saguier
El estado del laicismo en España
España no es, ciertamente, un Estado confesional, como lo fuera durante el nacionalcatolicismo. Pero tampoco es un Estado ateo que persiga a las religiones, o laicista que las recluya en los espacios de culto o en la esfera privada. Todo lo contrario, las manifestaciones públicas de la religión católica están a la orden del día: desde las declaraciones de obispos y otros colectivos cristianos hasta las procesiones, pasando por los actos religiosos celebrados en espacios públicos como la concentración por la familia cristiana en la plaza de Colón. Así lo revela Juan José Tamayo, director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Desde la heterodoxia. Reflexiones sobre laicismo, política y religión, en una tribuna que publica hoy El País.
Tampoco es un Estado laico que haya logrado la total separación entre la Iglesia y el Estado y la autonomía de la política respecto a toda tutela religiosa. Quedan todavía importantes restos de confesionalidad en la vida pública y continúa el trato de favor de los distintos Gobiernos de la democracia hacia el catolicismo, incluido el actual, como reconocen los propios dirigentes socialistas.
El ejemplo más palmario contra la laicidad del Estado ha sido el acuerdo estable e indefinido de financiación firmado por la Santa Sede y el Gobierno español, por el que se incrementó la asignación a la Iglesia católica a través de la recaudación del IRPF. ¡Sorprende la facilidad con que la Iglesia católica ha conseguido lo que, tras años de lucha, no han logrado las organizaciones no gubernamentales, que vienen reclamando en vano el 0,7% para proyectos de desarrollo en el Tercer Mundo!
Este incremento contradice el propio acuerdo económico entre la Santa Sede y el Gobierno español de 1979, en el que "la Iglesia católica declara su propósito de lograr por sí misma los recursos necesarios para la atención de sus necesidades" (artículo 2.5). Con la fórmula actual vamos en dirección contraria a la autofinanciación. Además, el actual modelo de financiación incumple el principio de igualdad, reconocido en la Constitución, y es discriminatoria para con las otras confesiones religiosas, a las que los declarantes que lo deseen no pueden destinar el 0,7% en su declaración de la renta. Si el Acuerdo de 1979 era anticonstitucional, el incremento actual lo es por partida doble.
La elección del cardenal Rouco Varela como presidente de la Conferencia Episcopal Española va a dificultar todavía más el camino hacia el laicismo en nuestro país, asegura Tamayo. Así lo demuestran su oposición numantina al Gobierno socialista, su alianza con el PP y su cruzada contra determinadas leyes adoptadas en la legislatura recién terminada, como la del matrimonio homosexual, la de Memoria Histórica, la de Educación para la Ciudadanía, el divorcio exprés o la LOE.
Hace un par de meses, José Blanco afirmaba que el comportamiento del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero con la Iglesia católica "ha sido exquisito", y que el acuerdo de financiación "ha sido cuestionado por buena parte de la sociedad y por muchos votantes del PSOE, y nada tiene que ver con el trato a la Iglesia católica en la Unión Europea". José Bono ha ido más lejos todavía al declarar que "no hay ningún país en el mundo que trate a la Iglesia católica mejor que España".
Otro ejemplo de trato favorable al catolicismo es la Ley Orgánica de Educación, que mantiene la oferta obligatoria de la religión en todos los colegios -públicos, concertados y privados-, y que en todos los niveles de la enseñanza escolar, desde la infantil hasta el bachillerato, considera la asignatura evaluable y mantiene la alternativa.
En una muestra más de injerencia clerical y de transgresión de las normas de acceso del profesorado a la docencia, los obispos siguen detentando el privilegio de nombrar y cesar a los profesores de religión, cuando es el Estado el que los contrata y paga.
La influencia de la Iglesia católica en el Parlamento se ha demostrado en la elaboración de la ley que regula la asignatura de Educación para la Ciudadanía que, según confesión del embajador de España en el Vaticano, Francisco Vázquez, fue negociada con la Santa Sede "para obtener una pax con Roma" (¡Ya sabemos lo que implicaba la pax romana!). Para ello hubo que eliminar del temario de la nueva asignatura los puntos que pudieran entrar en colisión con la doctrina y moral católicas, como el aborto o el matrimonio homosexual. A estas concesiones hay que sumar otra más preocupante todavía: la adaptación de la asignatura al ideario de los centros católicos para evitar el boicot con el que amenazaron los colegios confesionales.
Tampoco dice mucho a favor de la laicidad del Estado la reiterada presencia de representantes de las distintas instituciones públicas -estatales, autonómicas y municipales- en ceremonias religiosas de profundo significado simbólico, como procesiones, funerales católicos llamados "de Estado", elevación de obispos españoles al cardenalato, canonizaciones, beatificaciones, etcétera. Esa presencia choca con la no menos reiterada ausencia de autoridades políticas del mismo rango en actos de otras confesiones religiosas.
Me parece bien que el Gobierno y el PSOE respondieran "poniendo las cosas en su sitio" a las provocaciones de algunos obispos que en la concentración del 30 de diciembre cuestionaron el Estado de derecho. También que reaccionaran críticamente a la nota de la Permanente de la Conferencia Episcopal Española emitida el pasado 30 de enero, que pedía implícitamente que no se votara al PSOE. Pero no es suficiente.
Hay que pasar de las palabras a los hechos y avanzar hacia la construcción del Estado laico, que no es contrario a ninguna religión o ideología, sino que respeta la libertad de conciencia y la libertad religiosa. El primer paso ha de ser, a mi juicio, la revisión de los Acuerdos con la Santa Sede y con las confesiones de notorio arraigo (islam, judaísmo, iglesias evangélicas), que hoy resultan a todas luces anacrónicos. Anacronismo que será más acusado cuanto más se tarde en revisarlos. Así se liberaría al Gobierno, a cualquier Gobierno, de la atadura de pies y manos a la que se ve sometido ahora en materia religiosa.
La revisión lleva derechamente a suprimir la financiación a la Iglesia católica y a no extenderla a otras religiones, y a sustituir la enseñanza confesional de la religión en la escuela por la enseñanza laica de la historia de las religiones, que contribuirá, sin duda, a superar el analfabetismo religioso, a eliminar el carácter confesional de la escuela, a fomentar el respeto y la actitud crítica hacia las religiones.
Es necesario, asimismo, elaborar una nueva Ley de Libertad de Conciencia y Libertad Religiosa, que sustituya a la actual Ley Orgánica de Libertad Religiosa, superada por los profundos cambios sociorreligiosos producidos en la sociedad española en los últimos treinta años, entre los que cabe citar: la secularización de la sociedad española, el avance de las distintas manifestaciones de la increencia, el crecimiento numérico de otras religiones distintas de la católica, la implantación de nuevos movimientos religiosos, etcétera.
A estas dos medidas habría que sumar una tercera: la elaboración de un estatuto de laicidad en todos los ámbitos de la función pública, nacional, autonómico y municipal, que evitaría la confusión entre religión y política actualmente reinante cuando las autoridades políticas en cuanto tales participan -e incluso presiden- ceremonias religiosas.
Con estas propuestas no se pretende eliminar a las religiones de la vida pública, sino hacer realidad el Estado laico, marco político donde caben las diferentes creencias y no creencias en igualdad de condiciones. Todavía es posible corregir el camino y enfilar la senda del laicismo. Para ello hacen falta voluntad política, apoyo de la ciudadanía y colaboración de las propias religiones.
Este artículo de Tamayo es imprescindible para conocer cuánto queda por lograr implementar y sostener la laicidad en nuestros países. Ya que está terminando de leer este post, sería interesante que comente cómo va la laicidad en su país. El diálogo queda abierto.
Christian Gadea Saguier
Tampoco es un Estado laico que haya logrado la total separación entre la Iglesia y el Estado y la autonomía de la política respecto a toda tutela religiosa. Quedan todavía importantes restos de confesionalidad en la vida pública y continúa el trato de favor de los distintos Gobiernos de la democracia hacia el catolicismo, incluido el actual, como reconocen los propios dirigentes socialistas.
El ejemplo más palmario contra la laicidad del Estado ha sido el acuerdo estable e indefinido de financiación firmado por la Santa Sede y el Gobierno español, por el que se incrementó la asignación a la Iglesia católica a través de la recaudación del IRPF. ¡Sorprende la facilidad con que la Iglesia católica ha conseguido lo que, tras años de lucha, no han logrado las organizaciones no gubernamentales, que vienen reclamando en vano el 0,7% para proyectos de desarrollo en el Tercer Mundo!
Este incremento contradice el propio acuerdo económico entre la Santa Sede y el Gobierno español de 1979, en el que "la Iglesia católica declara su propósito de lograr por sí misma los recursos necesarios para la atención de sus necesidades" (artículo 2.5). Con la fórmula actual vamos en dirección contraria a la autofinanciación. Además, el actual modelo de financiación incumple el principio de igualdad, reconocido en la Constitución, y es discriminatoria para con las otras confesiones religiosas, a las que los declarantes que lo deseen no pueden destinar el 0,7% en su declaración de la renta. Si el Acuerdo de 1979 era anticonstitucional, el incremento actual lo es por partida doble.
La elección del cardenal Rouco Varela como presidente de la Conferencia Episcopal Española va a dificultar todavía más el camino hacia el laicismo en nuestro país, asegura Tamayo. Así lo demuestran su oposición numantina al Gobierno socialista, su alianza con el PP y su cruzada contra determinadas leyes adoptadas en la legislatura recién terminada, como la del matrimonio homosexual, la de Memoria Histórica, la de Educación para la Ciudadanía, el divorcio exprés o la LOE.
Hace un par de meses, José Blanco afirmaba que el comportamiento del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero con la Iglesia católica "ha sido exquisito", y que el acuerdo de financiación "ha sido cuestionado por buena parte de la sociedad y por muchos votantes del PSOE, y nada tiene que ver con el trato a la Iglesia católica en la Unión Europea". José Bono ha ido más lejos todavía al declarar que "no hay ningún país en el mundo que trate a la Iglesia católica mejor que España".
Otro ejemplo de trato favorable al catolicismo es la Ley Orgánica de Educación, que mantiene la oferta obligatoria de la religión en todos los colegios -públicos, concertados y privados-, y que en todos los niveles de la enseñanza escolar, desde la infantil hasta el bachillerato, considera la asignatura evaluable y mantiene la alternativa.
En una muestra más de injerencia clerical y de transgresión de las normas de acceso del profesorado a la docencia, los obispos siguen detentando el privilegio de nombrar y cesar a los profesores de religión, cuando es el Estado el que los contrata y paga.
La influencia de la Iglesia católica en el Parlamento se ha demostrado en la elaboración de la ley que regula la asignatura de Educación para la Ciudadanía que, según confesión del embajador de España en el Vaticano, Francisco Vázquez, fue negociada con la Santa Sede "para obtener una pax con Roma" (¡Ya sabemos lo que implicaba la pax romana!). Para ello hubo que eliminar del temario de la nueva asignatura los puntos que pudieran entrar en colisión con la doctrina y moral católicas, como el aborto o el matrimonio homosexual. A estas concesiones hay que sumar otra más preocupante todavía: la adaptación de la asignatura al ideario de los centros católicos para evitar el boicot con el que amenazaron los colegios confesionales.
Tampoco dice mucho a favor de la laicidad del Estado la reiterada presencia de representantes de las distintas instituciones públicas -estatales, autonómicas y municipales- en ceremonias religiosas de profundo significado simbólico, como procesiones, funerales católicos llamados "de Estado", elevación de obispos españoles al cardenalato, canonizaciones, beatificaciones, etcétera. Esa presencia choca con la no menos reiterada ausencia de autoridades políticas del mismo rango en actos de otras confesiones religiosas.
Me parece bien que el Gobierno y el PSOE respondieran "poniendo las cosas en su sitio" a las provocaciones de algunos obispos que en la concentración del 30 de diciembre cuestionaron el Estado de derecho. También que reaccionaran críticamente a la nota de la Permanente de la Conferencia Episcopal Española emitida el pasado 30 de enero, que pedía implícitamente que no se votara al PSOE. Pero no es suficiente.
Hay que pasar de las palabras a los hechos y avanzar hacia la construcción del Estado laico, que no es contrario a ninguna religión o ideología, sino que respeta la libertad de conciencia y la libertad religiosa. El primer paso ha de ser, a mi juicio, la revisión de los Acuerdos con la Santa Sede y con las confesiones de notorio arraigo (islam, judaísmo, iglesias evangélicas), que hoy resultan a todas luces anacrónicos. Anacronismo que será más acusado cuanto más se tarde en revisarlos. Así se liberaría al Gobierno, a cualquier Gobierno, de la atadura de pies y manos a la que se ve sometido ahora en materia religiosa.
La revisión lleva derechamente a suprimir la financiación a la Iglesia católica y a no extenderla a otras religiones, y a sustituir la enseñanza confesional de la religión en la escuela por la enseñanza laica de la historia de las religiones, que contribuirá, sin duda, a superar el analfabetismo religioso, a eliminar el carácter confesional de la escuela, a fomentar el respeto y la actitud crítica hacia las religiones.
Es necesario, asimismo, elaborar una nueva Ley de Libertad de Conciencia y Libertad Religiosa, que sustituya a la actual Ley Orgánica de Libertad Religiosa, superada por los profundos cambios sociorreligiosos producidos en la sociedad española en los últimos treinta años, entre los que cabe citar: la secularización de la sociedad española, el avance de las distintas manifestaciones de la increencia, el crecimiento numérico de otras religiones distintas de la católica, la implantación de nuevos movimientos religiosos, etcétera.
A estas dos medidas habría que sumar una tercera: la elaboración de un estatuto de laicidad en todos los ámbitos de la función pública, nacional, autonómico y municipal, que evitaría la confusión entre religión y política actualmente reinante cuando las autoridades políticas en cuanto tales participan -e incluso presiden- ceremonias religiosas.
Con estas propuestas no se pretende eliminar a las religiones de la vida pública, sino hacer realidad el Estado laico, marco político donde caben las diferentes creencias y no creencias en igualdad de condiciones. Todavía es posible corregir el camino y enfilar la senda del laicismo. Para ello hacen falta voluntad política, apoyo de la ciudadanía y colaboración de las propias religiones.
Este artículo de Tamayo es imprescindible para conocer cuánto queda por lograr implementar y sostener la laicidad en nuestros países. Ya que está terminando de leer este post, sería interesante que comente cómo va la laicidad en su país. El diálogo queda abierto.
Christian Gadea Saguier
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La Biblia, Hiram y la Serpiente
Recurrí a la Biblia para buscar a los antepasados de Hiram, el arquetipo de maestro masón, pero que quede claro que el aborde a este libro es con ojos filológicos, filosóficos, simbólicos y alegóricos. Jamás se me ocurriría pensar que sus textos fueron inspirados y elaborados bajo el dictado de algún dios. Ninguno de sus libros fue revelado. ¿Por quién, además? Esas páginas no descienden del cielo, como tampoco las fábulas persas o las sagas mesopotámicas que aparecen en él.
El Antiguo Testamento no es tan antiguo como lo afirma la tradición. Yahvé no dictó nada a nadie, y menos en una escritura desconocida en esos tiempos. La Biblia, que no es más que un conjunto de textos, según su propia etimología, fue compuesta en varios procesos de amalgamas de fuentes originalmente separadas, o por añadidos de fuentes originales, realizados por varias o numerosas manos, quizá durante un largo periodo, pero no es preocupación de este autor la datación de aquella.
La parte de la Biblia que hoy conocemos como Antiguo Testamento es un conjunto de una cuarentena de libros que pretende recoger la historia y las creencias religiosas del pueblo hebreo que, aglutinado bajo la nación de Israel, apareció en la región de Palestina durante el siglo XIII a.C. Los análisis científicos han demostrado que buena parte de los libros legislativos, históricos, proféticos o poéticos de la Biblia son producto de un largo proceso de elaboración durante el cual se fueron actualizando documentos antiguos, añadiéndoseles datos nuevos e interpretaciones diversas en función del talante e intereses de los nuevos autores/recopiladores.
De este proceso provienen anacronismos tan sonados como el del libro de Isaías, profeta del siglo VIII a.C., donde aparece una serie de oráculos fechables sin duda en el siglo VI a.C. (dado que se menciona al rey persa Ciro); la imposible relación de Abraham con los filisteos (descrita en Gen 21,32), cuando ambos están separados aún por muchos siglos de historia.
La Iglesia católica oficial, así como sus traductores de la Biblia, sostienen que todos los textos incluidos en el canon de las “Sagradas Escrituras” han sido escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, y son, por tanto, obra divina. Tienen a Dios por autor principal, aunque sean al mismo tiempo obra humana, cada uno del autor que, inspirado, lo escribió. Más información al respecto lo encontrarán en Mentiras fundamentales de la Iglesia católica. Ediciones B. Barcelona, 1997, o en el iracundo ensayo de Fernando Vallejo, La puta de Babilonia. Planeta, Buenos Aires, 2007.
Nos cuenta el libro primero de Reyes que Hiram, el fundidor de Tiro, era hijo de una viuda de la tribu de Neftalí. En otro libro, el segundo de Crónicas, relata que el mismo personaje es hijo de una danita. También el libro nos cuenta que esas dos tribus hebreas fueron las que volvieron al Becerro de Oro y renunciaron al elaborado por Moisés. Según la tradición hebrea, el estandarte de la tribu de Neftalí es una serpiente, y particularmente considero que esto pudo suceder por la herencia hebrea en Egipto, pues la tradición bíblica indica que Neftalí era el hermano elegido de José para representar a la familia del faraón. También la tribu de Dan, según el relato bíblico, representaba a la serpiente, y entre los hijos de Jacob era el hijo que debía juzgar.
A los autores del Antiguo Testamento no les agradaban los danitas, a los que llamaban serpientes (Génesis 49:17). Sin embargo, adoptaron a Dani-El o Daniel, un dios fenicio, y lo transformaron en un profeta hebreo. Sus poderes mágicos eran como aquellos de los danitas que emanaban de la diosa Dana y sus serpientes sagradas. Daniel no era un nombre de persona sino un título. Los judíos habrían realizado un sincretismo entre las creencias de la India, Egipto y Fenicia.
De acuerdo con el libro de las Crónicas, este hijo de Dan, Hiram, era un hombre muy ingenioso y con gran habilidad para el trabajo con la plata, el oro, el latón y la piedra. También disponía de ciertas herramientas que podían perforar la piedra. Se decía que en la construcción del Templo no se habían empleado hachas, martillos o herramientas de hierro. Entonces, ¿cómo se construyó, al menos, simbólicamente?
En el Éxodo se pide a Moisés que levante un altar al Señor sin utilizar herramientas: parece emplearse aquí el mismo simbolismo que en el Templo. De acuerdo con las enseñanzas rabínicas, la prefabricación del Templo de Salomón la llevó a cabo el Shamir, un gusano o serpiente gigante que podía cortar la piedra.
Se cuenta que Naga (asociado a la serpiente) escapó de su país llevándose consigo la sabiduría de la arquitectura. La asociación de lo esotérico y los principios de la autoiluminación manifestados en el simbolismo arquitectónico dieron, eventualmente, origen a la Masonería moderna.
Los “dioses arquitectos” como Thoth o Hermes se encuentran fuertemente asociados a la sabiduría de la serpiente. Otras referencias también asocian el Shamir a la serpiente, tales como el Testamento de Salomón.
La visión gnóstica de la serpiente y del papel que juega al inducir a Eva a tomar el fruto del árbol se expresa por medio de un juego de oposiciones. Teniendo en cuenta que es la serpiente la que convence a Adán y Eva a que prueben el fruto del conocimiento y, por tanto, que desobedezcan a su creador, ella se convierte en un símbolo de redención. Se trata del primer éxito del principio trascendente frente al principio del mundo, el cual está interesado en impedir que el hombre adquiera conocimiento y se convierta en el huésped intramundano de la luz. Este acto de la serpiente determina el comienzo de la gnosis en la Tierra, en la cual, por medio de su origen, se convierte en una forma de oposición al mundo y a Yahvé, siendo sin duda una forma de rebelión.
Más de un movimiento gnóstico derivó su nombre del culto a la serpiente: Ofitas, del griego ophis; Naasenos, del hebreo nahas, recibiendo el grupo en su conjunto el nombre Ofítico. Un ejemplo de este culto lo tomo del relato sobre los Peratas de Hipólito: “La serpiente universal es precisamente el sabio oráculo de Eva. Este es el misterio del Edén; este es el río que fluye del Paraíso; este es el signo con el cual fue marcado Caín. Caín es aquel cuya ofrenda no fue aceptada por el dios de este mundo, quien en cambio recibió el sangriento sacrificio de Abel, pues el dueño de este mundo se deleita en la sangre. Esta serpiente es la que en los últimos días, en tiempo de Herodes, ha aparecido bajo la forma de hombre…”.
Este optar por el “otro”, por lo que tradicionalmente se considera infame, constituye un método herético, algo mucho más serio que un mero y sentimental tomar partido por el más débil.
La figura del Caín, cuyo nombre fue utilizado por una secta gnóstica (los cainitas) es solo el ejemplo más prominente del funcionamiento de este mundo. En la construcción de una serie completa de estos pares de opuestos, que se extiende a través del tiempo, se opone concientemente a la visión oficial, una visión rebelde de la historia en su conjunto. La alianza con Caín crece y abarca a todas las figuras bíblicas que han sido “rechazadas”.
El culto a la serpiente
Tal vez la serpiente sea el animal simbólico y emblemático que más ha desempeñado un papel importante en la mitología y en el simbolismo de casi todas las culturas. El Sol, el Universo, la eternidad, Dios, el mundo, en todas las grandes concepciones del hombre de las primeras edades, ningún animal ha disfrutado de tanta estima, ni ha sido más constante y diversamente empleado en el lenguaje metafórico que la serpiente.
Un ejemplo muy importante de su culto lo tenemos con el mismo Moisés que, condolido de los males que afligían a su pueblo, subió a la cima del Sinaí para implorar a Yahvé que acudiera en su favor. Concluida su plegaria, observó que a corta distancia del sitio en que se hallaba yacía una serpiente muerta al parecer. A poco sobrevino otra serpiente, que amparándose en la primera, la arrastró contra unas hierbas de euforbio que crecían en abundancia en aquel lugar, a cuyo contacto el desfallecido reptil recobraba instantáneamente sus perdidas fuerzas. Moisés vio en esto una revelación de Yahvé, y apresuradamente fue a coger buena provisión de aquella salutífera hierba; bajó entre los suyos y la aplicó a los enfermos, que curaron sus heridas en el acto. En conmemoración a este acto, instituyó la Serpiente de Bronce, de la que nos habla la Biblia, para recordar a los hebreos el poder y las inagotables bondades del Eterno.
Así, la serpiente es el símbolo de la vida que se desprende del pasado y sigue viviendo. El poder de la vida hace que la serpiente se desprenda de su piel para volver a nacer. A veces, también es representada por un círculo comiéndose la cola, símbolo arcano de la alquimia llamado Ouroboros.
Christian Gadea Saguier
El Antiguo Testamento no es tan antiguo como lo afirma la tradición. Yahvé no dictó nada a nadie, y menos en una escritura desconocida en esos tiempos. La Biblia, que no es más que un conjunto de textos, según su propia etimología, fue compuesta en varios procesos de amalgamas de fuentes originalmente separadas, o por añadidos de fuentes originales, realizados por varias o numerosas manos, quizá durante un largo periodo, pero no es preocupación de este autor la datación de aquella.
La parte de la Biblia que hoy conocemos como Antiguo Testamento es un conjunto de una cuarentena de libros que pretende recoger la historia y las creencias religiosas del pueblo hebreo que, aglutinado bajo la nación de Israel, apareció en la región de Palestina durante el siglo XIII a.C. Los análisis científicos han demostrado que buena parte de los libros legislativos, históricos, proféticos o poéticos de la Biblia son producto de un largo proceso de elaboración durante el cual se fueron actualizando documentos antiguos, añadiéndoseles datos nuevos e interpretaciones diversas en función del talante e intereses de los nuevos autores/recopiladores.
De este proceso provienen anacronismos tan sonados como el del libro de Isaías, profeta del siglo VIII a.C., donde aparece una serie de oráculos fechables sin duda en el siglo VI a.C. (dado que se menciona al rey persa Ciro); la imposible relación de Abraham con los filisteos (descrita en Gen 21,32), cuando ambos están separados aún por muchos siglos de historia.
La Iglesia católica oficial, así como sus traductores de la Biblia, sostienen que todos los textos incluidos en el canon de las “Sagradas Escrituras” han sido escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, y son, por tanto, obra divina. Tienen a Dios por autor principal, aunque sean al mismo tiempo obra humana, cada uno del autor que, inspirado, lo escribió. Más información al respecto lo encontrarán en Mentiras fundamentales de la Iglesia católica. Ediciones B. Barcelona, 1997, o en el iracundo ensayo de Fernando Vallejo, La puta de Babilonia. Planeta, Buenos Aires, 2007.
Nos cuenta el libro primero de Reyes que Hiram, el fundidor de Tiro, era hijo de una viuda de la tribu de Neftalí. En otro libro, el segundo de Crónicas, relata que el mismo personaje es hijo de una danita. También el libro nos cuenta que esas dos tribus hebreas fueron las que volvieron al Becerro de Oro y renunciaron al elaborado por Moisés. Según la tradición hebrea, el estandarte de la tribu de Neftalí es una serpiente, y particularmente considero que esto pudo suceder por la herencia hebrea en Egipto, pues la tradición bíblica indica que Neftalí era el hermano elegido de José para representar a la familia del faraón. También la tribu de Dan, según el relato bíblico, representaba a la serpiente, y entre los hijos de Jacob era el hijo que debía juzgar.
A los autores del Antiguo Testamento no les agradaban los danitas, a los que llamaban serpientes (Génesis 49:17). Sin embargo, adoptaron a Dani-El o Daniel, un dios fenicio, y lo transformaron en un profeta hebreo. Sus poderes mágicos eran como aquellos de los danitas que emanaban de la diosa Dana y sus serpientes sagradas. Daniel no era un nombre de persona sino un título. Los judíos habrían realizado un sincretismo entre las creencias de la India, Egipto y Fenicia.
De acuerdo con el libro de las Crónicas, este hijo de Dan, Hiram, era un hombre muy ingenioso y con gran habilidad para el trabajo con la plata, el oro, el latón y la piedra. También disponía de ciertas herramientas que podían perforar la piedra. Se decía que en la construcción del Templo no se habían empleado hachas, martillos o herramientas de hierro. Entonces, ¿cómo se construyó, al menos, simbólicamente?
En el Éxodo se pide a Moisés que levante un altar al Señor sin utilizar herramientas: parece emplearse aquí el mismo simbolismo que en el Templo. De acuerdo con las enseñanzas rabínicas, la prefabricación del Templo de Salomón la llevó a cabo el Shamir, un gusano o serpiente gigante que podía cortar la piedra.
Se cuenta que Naga (asociado a la serpiente) escapó de su país llevándose consigo la sabiduría de la arquitectura. La asociación de lo esotérico y los principios de la autoiluminación manifestados en el simbolismo arquitectónico dieron, eventualmente, origen a la Masonería moderna.
Los “dioses arquitectos” como Thoth o Hermes se encuentran fuertemente asociados a la sabiduría de la serpiente. Otras referencias también asocian el Shamir a la serpiente, tales como el Testamento de Salomón.
La visión gnóstica de la serpiente y del papel que juega al inducir a Eva a tomar el fruto del árbol se expresa por medio de un juego de oposiciones. Teniendo en cuenta que es la serpiente la que convence a Adán y Eva a que prueben el fruto del conocimiento y, por tanto, que desobedezcan a su creador, ella se convierte en un símbolo de redención. Se trata del primer éxito del principio trascendente frente al principio del mundo, el cual está interesado en impedir que el hombre adquiera conocimiento y se convierta en el huésped intramundano de la luz. Este acto de la serpiente determina el comienzo de la gnosis en la Tierra, en la cual, por medio de su origen, se convierte en una forma de oposición al mundo y a Yahvé, siendo sin duda una forma de rebelión.
Más de un movimiento gnóstico derivó su nombre del culto a la serpiente: Ofitas, del griego ophis; Naasenos, del hebreo nahas, recibiendo el grupo en su conjunto el nombre Ofítico. Un ejemplo de este culto lo tomo del relato sobre los Peratas de Hipólito: “La serpiente universal es precisamente el sabio oráculo de Eva. Este es el misterio del Edén; este es el río que fluye del Paraíso; este es el signo con el cual fue marcado Caín. Caín es aquel cuya ofrenda no fue aceptada por el dios de este mundo, quien en cambio recibió el sangriento sacrificio de Abel, pues el dueño de este mundo se deleita en la sangre. Esta serpiente es la que en los últimos días, en tiempo de Herodes, ha aparecido bajo la forma de hombre…”.
Este optar por el “otro”, por lo que tradicionalmente se considera infame, constituye un método herético, algo mucho más serio que un mero y sentimental tomar partido por el más débil.
La figura del Caín, cuyo nombre fue utilizado por una secta gnóstica (los cainitas) es solo el ejemplo más prominente del funcionamiento de este mundo. En la construcción de una serie completa de estos pares de opuestos, que se extiende a través del tiempo, se opone concientemente a la visión oficial, una visión rebelde de la historia en su conjunto. La alianza con Caín crece y abarca a todas las figuras bíblicas que han sido “rechazadas”.
El culto a la serpiente
Tal vez la serpiente sea el animal simbólico y emblemático que más ha desempeñado un papel importante en la mitología y en el simbolismo de casi todas las culturas. El Sol, el Universo, la eternidad, Dios, el mundo, en todas las grandes concepciones del hombre de las primeras edades, ningún animal ha disfrutado de tanta estima, ni ha sido más constante y diversamente empleado en el lenguaje metafórico que la serpiente.
Un ejemplo muy importante de su culto lo tenemos con el mismo Moisés que, condolido de los males que afligían a su pueblo, subió a la cima del Sinaí para implorar a Yahvé que acudiera en su favor. Concluida su plegaria, observó que a corta distancia del sitio en que se hallaba yacía una serpiente muerta al parecer. A poco sobrevino otra serpiente, que amparándose en la primera, la arrastró contra unas hierbas de euforbio que crecían en abundancia en aquel lugar, a cuyo contacto el desfallecido reptil recobraba instantáneamente sus perdidas fuerzas. Moisés vio en esto una revelación de Yahvé, y apresuradamente fue a coger buena provisión de aquella salutífera hierba; bajó entre los suyos y la aplicó a los enfermos, que curaron sus heridas en el acto. En conmemoración a este acto, instituyó la Serpiente de Bronce, de la que nos habla la Biblia, para recordar a los hebreos el poder y las inagotables bondades del Eterno.
Así, la serpiente es el símbolo de la vida que se desprende del pasado y sigue viviendo. El poder de la vida hace que la serpiente se desprenda de su piel para volver a nacer. A veces, también es representada por un círculo comiéndose la cola, símbolo arcano de la alquimia llamado Ouroboros.
Christian Gadea Saguier
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