Sobre el porque los hermanos "regulares" no reconocen a las hermanas

Nuestro mundo ha experimentado grandes progresos, aunque muchos de ellos se han materializado de manera desigual en diferentes aspectos.

Uno de los grandes adelantos sociales y de valores lo representa la conquista por parte de la mujer de la igualdad de derechos cívicos y de oportunidades con los hombres, con todavía numerosas y desgraciadas excepciones por ahora.


Muchos de quienes se oponen a la admisión de la mujer en la Masonería esgrimen como únicos argumentos, unas veces el de la "tradición", otras "las Constituciones de 1723", y algunos van mucho más allá recurriendo a teorías antropológicas de nula base científica y de fascistas reminiscencias que ahora me ahorraré comentar.

Estas posturas intentan impedir que más del 50% de la humanidad beba de las mismas fuentes del conocimiento que los hombres "libres" y nacidos de mujer.

La Constitución de Anderson salida de la imprenta de Willian Hunter, representa unos de los puntos discordantes. Es en su Sección Segunda (Obligaciones de un Francmasón, apartado III), dónde está el origen de lo que todavía hoy continúa sembrando la polémica:

"Los candidatos admitidos como miembros de la Logia, deben ser buenos y leales, nacidos libres, de edad madura y discreta, no esclavos, ni mujeres, no inmorales o escandalosos, sino de excelente reputación".

Resulta a todas luces incomprensible que una fraternidad que ha luchado contra toda clase de "dogmas", acabe por "crear" y "mantener" uno, para justificar la no participación de la mujer.

Esta postura "dogmática" se fundamenta en un párrafo de un documento producto de la mentalidad de aquellos años y elaborado por hombres de iglesia (no olvidamos la calidad de pastores protestantes de Anderson y Désaguliers), puritanos y con un concepto sobre la inteligencia y aptitudes de la mujer de su época totalmente diferente al nuestro.

Anderson excluye a las mujeres, no por una cuestión iniciática o relacionada con la "tradición", sino por un hecho histórico constatable en aquella época: las mujeres vivían y morían bajo la tutela masculina y prácticamente nadie las consideraba libres.


Refiriéndonos nuevamente a esta lectura dogmática, resulta curioso, que en el Artículo XXXIX (último de ellos) de los Reglamentos Generales, recopilados por George Payne (Segundo Gran Maestre de la Logia de Londres) el año 1.720 (tres años antes de las Constituciones de Anderson), se diga:

"Cada sesión anual de la Gran Logia, tiene poder inherente y autoridad para hacer nuevas reglamentaciones o alterarlas, para el beneficio real de esta antigua Fraternidad".

La aparición de la Masonería moderna o especulativa en 1717, con la organización de la Gran Logia de Londres supuso una desviación de la tradición masónica anterior.

Años más tarde este hecho generó la revuelta de los masones operativos liderados por el hermano Laurence Dermott, quien constituyó la Gran Logia de los "Antiguos" según las viejas instituciones.

Es innegable que la fuente de la "tradición" masónica radica en la Masonería operativa anterior a 1717, de donde se deduce que la Gran Logia de Londres era cismática e irregular "ab initio". Por lo tanto, hablar de los conceptos de regularidad y legitimidad resulta un tanto compleja y delicada.

Sin embargo la evolución es absolutamente necesaria siempre que se conserve aquello que es "esencial" para determinar el pensamiento masónico, y curiosamente, algunas propuestas concretas que pueden parecer innovadoras, ya eran de aplicación en la tradición masónica antigua.

Pero ahora vemos que el problema generador de división masónica alrededor del concepto "regularidad", responsable entre otras diferencias, de la no aceptación de la mujer como miembro de nuestra Augusta Orden, se reduce a la clasificación que ciertas Obediencias reservan para otras en función de su origen, Ritos y creencias.

Dejemos estas prácticas de lado y volvamos a las bases del ideario masónico, reconozcamos y devolvamos los derechos que pertenecen a la mujer tanto por sus cualidades como por justicia universal, y hagamos operativo este sentimiento igualitario para todos los seres humanos en cualquier situación que así lo requiera.

Si se pudo evolucionar hacia nuevas prácticas en 1717 solo la voluntad impide reconocer a las hermanas en 2007. ¡Féliz año nuevo!

Christian Gadea Saguier
© Blog Los Arquitectos

3 comentarios:

  1. Precisamente porque somos hombres libres y de buenas costumbres debemos aceptar que la mujer tiene los mismos derechos que nosotros y el mismo derecho de recibir esos rayos de luz.

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  2. la masonería es un rito solar, fálico. esto queda claro con mayor detalle conforme uno va adquiriendo grados. saludos.

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  3. Q.·.H.·. Jorge Pedro, de nada serviría el falo sin mujer, se perdería el principio de "generación", latente en todas las cosas que nos rodean, y en lo solar, seguramente se refiere a "Dios" como antaño, es decir "Luz Creadora". Concuerdo plenamente con la opinión de Christián, y sería el primer paso para anular definitivamente la odiosa e injusta división entre regular e irregular, que solo daña a la Mas.·. Universal.

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