La religión en la política

En el mundo posterior al 11 de setiembre de 2001, la religión ha salido de lo privado para estar presente en el espacio público más que nunca. El retorno de lo religioso exige un fortalecimiento de la presencia de la laicidad en las repúblicas.

Ya en la nota anterior mencionamos que la idea de Dios ha vuelto a la política, decide elecciones y baja candidatos, impulsa temas de campaña y determina la agenda internacional. Por ejemplo: en las elecciones de EEUU, la religión fue un factor más fiable de predicción de voto que el sexo o la edad.

Después del furor del secularismo, cuando muchos proclamábamos la desaparición de la religión del ámbito público, los hechos demuestran que la fe, lastimosamente, es hoy una pieza clave en el rompecabezas del mundo.

Tal repercusión está generando el tema que desde la “guerra contra el terrorismo” se está iniciando una nueva cruzada contra la idea de Dios. En pleno auge de lo religioso, les propongo leer el libro del francés Michael Onfray –Tratado de Ateología- donde se aboca a desconstruir a los tres grandes monoteísmos: el cristianismo, el judaísmo y el islamismo. Pero ojo, no arremete contra los creyentes, sino contra las teocracias.

Propone en fin que ingresemos en una era pos cristiana, al igual que la Constitución Europea, donde la humanidad no se someta a los valores morales propuestos por la religión, basados en la obediencia dogmática y la mortificación del cuerpo, a cambio de un imprevisible paraíso. Hedonista al fin, apunta a un paraíso en la tierra.

Un paraíso en la tierra fruto del trabajo comprometido del hombre con su sociedad y la naturaleza, porque por más diferencias que existan entre culturas, en la base somos todos humanos y el planeta que llamamos Tierra es hasta ahora el único mundo habitable para nuestra especie.

Ante el miedo que no depara un mundo globalizado donde la única certeza es la incertidumbre, la población vuelve, como antaño, a refugiarse en las oraciones, abandonando su tarea como ser humano, una especie pensante y racional.

Desde nuestros talleres y con una ejemplar actitud ante la vida, nosotros los masones, debemos invitar al mundo a que se atreva a pensar, a trabajar por el progreso social por medio del saber e instalar de una vez y para siempre el reino de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Un trabajo donde la sabiduría discierne el rumbo, la fuerza la determina y la justicia nos permita construirlo en paz, tolerando nuestras diferencias y fortaleciendo nuestros vínculos.

Hermanos, hagamos fuerza para que lo religioso vuelva a su estado natural, el interior de cada uno y demostremos cómo los valores masónicos dan forma al progreso humano.

Christian Gadea Saguier
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Cinco puntos sobre la relación entre el laicismo y la sociedad democrática actual

Este debate ya se viene planteando en los últimos tiempos y probablemente cobrará nuevo vigor en los que se avecinan porque “Dios” ha vuelto a la escena política.

En cuestiones como ésta, en que la ceguera dogmática decide elecciones, sube y baja candidatos, impulsa temas de campaña y determina la agenda internacional, conviene intentar clarificar los argumentos para dar precisión a lo que se plantea.

El propósito de esta nota es contribuir con cinco puntos sobre el valor del laicismo, postulados que no pretenden inaugurar nada nuevo, sino sólo ayudar a no meternos en los peores charcos.

Durante siglos, ha sido la tradición religiosa -institucionalizada en la iglesia de Roma- la encargada de vertebrar moralmente las sociedades. Pero las democracias modernas basan sus acuerdos axiológicos en leyes y discursos legitimadores no directamente confesionales, es decir, discutibles y revocables, de aceptación en último caso voluntaria y humanamente acordada. Este marco institucional secular no excluye ni mucho menos persigue las creencias religiosas: al contrario, las protege a las unas frente a las otras.

1. La mayoría de las persecuciones religiosas han sucedido históricamente a causa de la enemistad intolerante de unas religiones contra las demás o contra los herejes. En la sociedad laica, cada iglesia debe tratar a las demás como ella misma quiere ser tratada y no como piensa que las otras se merecen. Convertidos los dogmas en creencias particulares de los ciudadanos, pierden su obligatoriedad general pero ganan en cambio las garantías protectoras que brinda la Constitución democrática, igual para todos.

2. En la sociedad laica tienen acogida las creencias religiosas en cuanto derecho de quienes las asumen, pero no como deber que pueda imponerse a nadie. De modo que es necesaria una disposición secularizada y tolerante de la religión, incompatible con la visión integrista que tiende a convertir los dogmas propios en obligaciones sociales para otros o para todos. Lo mismo resulta válido para las demás formas de cultura comunitaria, aunque no sean estrictamente religiosas, tal como dice Tzvetan Todorov: “Pertenecer a una comunidad es, ciertamente, un derecho del individuo pero en modo alguno un deber; las comunidades son bienvenidas en el seno de la democracia, pero sólo a condición de que no engendren desigualdades e intolerancia”.

3. Las religiones pueden decretar para orientar a sus creyentes qué conductas son pecado, pero no están facultadas para establecer qué debe o no ser considerado legalmente delito. Y a la inversa: una conducta tipificada como delito por las leyes vigentes en la sociedad laica no puede ser justificada, ensalzada o promovida por argumentos religiosos de ningún tipo ni es atenuante para el delincuente la fe (buena o mala) que declara. De modo que si alguien apalea a su mujer para que le obedezca o apedrea al sodomita (lo mismo que si recomienda públicamente hacer tales cosas), da igual que los textos sagrados que invoca a fin de legitimar su conducta sean auténticos o apócrifos, estén bien o mal interpretados, en cualquier caso debe ser penalmente castigado. La legalidad establecida en la sociedad laica marca los límites socialmente aceptables dentro de los que debemos movernos todos los ciudadanos, sean cuales fueren nuestras creencias o nuestras incredulidades. Son las religiones quienes tienen que acomodarse a las leyes, nunca al revés.

4. En la escuela pública sólo puede resultar aceptable como enseñanza lo verificable (es decir, aquello que recibe el apoyo de la realidad científicamente contrastada en el momento actual) y lo civilmente establecido como válido para todos (los derechos fundamentales de la persona constitucionalmente protegidos), no lo inverificable que aceptan como auténtico ciertas almas piadosas o las obligaciones morales fundadas en algún credo particular. La formación catequística de los ciudadanos no tiene por qué ser obligación de ningún Estado laico, aunque naturalmente debe respetarse el derecho de cada confesión a predicar y enseñar su doctrina a quienes lo deseen. Eso sí, fuera del horario escolar. De lo contrario, debería atenderse también la petición que hace unos meses formularon medio en broma medio en serio un grupo de agnósticos: a saber, que en cada misa dominical se reservasen diez minutos para que un científico explicara a los fieles la teoría de la evolución, el Big Bang o la historia de la Inquisición, por poner algunos ejemplos.

5. Se ha discutido mucho la oportunidad de incluir alguna mención en el preámbulo de la venidera Constitución de Europa a las raíces cristianas de nuestra cultura. Dejando de lado la evidente cuestión de que ello podría entonces implicar la inclusión explícita de otras muchas raíces e influencias más o menos determinantes, dicha referencia plantearía interesantes paradojas. Porque la originalidad del cristianismo ha sido precisamente dar paso al vaciamiento secular de lo sagrado (el cristianismo como la religión para salir de las religiones, según ha explicado Marcel Gauchet), separando a Dios del César y a la fe de la legitimación estatal, es decir, ofreciendo cauce precisamente a la sociedad laica en la que hoy podemos ya vivir. De modo que si han de celebrarse las raíces cristianas de la Europa actual, deberíamos rendir homenaje a los antiguos cristianos que repudiaron los ídolos del Imperio y también a los agnósticos e incrédulos posteriores que combatieron al cristianismo convertido en nueva idolatría estatal. Quizá el asunto sea demasiado complicado para un simple preámbulo constitucional.

El combate por la sociedad laica no pretende sólo erradicar los pujos teocráticos de algunas confesiones religiosas, sino también los sectarismos identitarios de etnicismos, nacionalismos y cualquier otro que pretenda someter los derechos de la ciudadanía abstracta e igualitaria a un determinismo segregacionista. No es casualidad que en nuestras sociedades deficientemente laicas (donde hay países que exigen determinada fe religiosa a sus reyes o privilegian los derechos de una iglesia frente a las demás) tenga Francia el Estado más consecuentemente laico y también el más unitario, tanto en su concepción de los servicios públicos como en la administración territorial.

Christian Gadea Saguier
© Blog Los Arquitectos

La fraternidad es una deuda pendiente

La Toma de la Bastilla consagró, hace 217 años, los valores de libertad, igualdad y fraternidad. Pero si los “privilegios” y “herencias” de orden familiar y nacional no son reemplazados por una “herencia social universal”, esa fraternidad no será auténtica.

Un balance de lo sucedido desde 1789 no puede sino destacar cómo la libertad y la igualdad han ocupado un lugar de privilegio en el imaginario político de la modernidad y cómo dio origen a las dos tradiciones que han sido su motor político: el liberalismo progresista y la izquierda democrática; mientras que la fraternidad, tercer valor del tríptico fundacional, fue reducida primero a la idea de “solidaridad” y destacada luego como residuo anacrónico de la caridad cristiana. Sin embargo, la apelación de los revolucionarios franceses a la fraternidad no era eclesiástica ni superficial. Más bien invocaba un orden de hermanos, una fraternidad universal que no se contentaba con proclamar los derechos particulares de los ciudadanos franceses sino que instituía los derechos universales del hombre y el ciudadano, y estaba destinada a acabar con la verticalidad del orden patriarcal monárquico, reemplazándolo por otro de tipo horizontal e igualitario.

Cuando la monarquía fue decapitada y el poder político se repartió entre hermanos, la modernidad política nació. En ella, las relaciones fundamentales dejaron paulatinamente de estar sostenidas por la filiación y pasaron a basarse en la hermandad. El poder político, hasta entonces concebido como don hereditario que descendía, fue fraternizado. La Toma de la Bastilla inauguró así un tiempo en que la fraternidad fue extendida como trama posible de las relaciones entre seres humanos. Si bien excluyó inicialmente a los de sexo femenino, piel no blanca, religiones inconvenientes y hasta a los no propietarios, el impulso que sus proclamas despertaron fue incorporado a todas y cada una de las categorías excluidas al ejercicio de los derechos y deberes políticos, en un proceso que no ha terminado pero tampoco se ha detenido. Sin embargo, la subsistencia del derecho a la herencia política y del derecho a la herencia económica, viejas excrecencias del orden patriarcal, hereditario y antifraternal, se constituyen hoy como el mayor obstáculo a un orden mundial plenamente democrático.

Derecho de herencia político
A pesar de que importantes campañas antidiscriminatorias continúan hoy centradas en la raza y el género, la más regresiva de las discriminaciones, la nacional, sigue siendo la base del orden político y jurídico de un mundo globalizado por la tecnoeconomía. Dos seres humanos nacerán mañana: el que lo haga en Europa tendrá excelentes posibilidades de acceder a buena alimentación y excelente educación, y de gozar, ya adulto, de derechos sociales, económicos y políticos de primer orden. El otro, nacido en Sudamérica, digamos, tendrá escasas posibilidades de todo esto. Y si intenta emigrar al mundo desarrollado en busca de lo que el azar del nacimiento le ha negado, deberá enfrentarse a las barreras que un apartheid global levantó en nombre de las soberanías nacionales.

¿Adónde fue a parar la idea de igualdad de nacimiento que todas las declaraciones y constituciones proclaman en sus primeros artículos? ¿Adónde, el principio de igualdad de oportunidades? ¿Podemos hablar de Derechos Humanos cuando todos ellos son otorgados de acuerdo al feudal derecho de la tierra y de la sangre? ¿No son estas discriminaciones tan hereditarias y antiigualitarias como los blasones que consagraban los privilegios de la nobleza y la monarquía.

Los ideales democráticos no podrán ser consumados plenamente hasta que los Derechos Humanos sean considerados inherentes a la condición de “ser humano”, en vez de ser otorgados por el azar nacional del nacimiento, y hasta que la libre circulación y residencia de las personas sea reconocida como complementaria a la libre circulación de mercancías, capitales e información abierta por la globalización. Pero más que de destituir al monarca representado a nivel global por los Estados Unidos, se trata hoy de demoler las bases políticas y jurídicas de la monarquía, reemplazando el orden de los soberanos nacionales por otro basado en la igualdad republicana y en instituciones democráticas y liberales extendidas en todos los niveles de decisión política.

La “común posesión del planeta” proclamada por Kant en 1795, y que la caída del Muro de Berlín inauguró como reivindicación ciudadana universal, debe manifestarse también en la creación de un sistema democrático global en el que cada ciudadano del mundo posea voz y voto en las crecientes cuestiones globales que afecten su vida. Sólo entonces el proceso abierto por la Toma de la Bastilla se acercará a su consumación.

Christian Gadea Saguier
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La piedra bruta o las características del profano



La Masonería es una institución de elite, le interesa la calidad por sobre la cantidad, en definitiva es una institución selectiva. De este concepto viene su concepción iniciática. ¿A qué obedece esta circunstancia, por qué no todo el mundo puede ser masón si postulamos que el hombre es perfectible?

Si bien reconocemos tal postulado, debe existir un mínimo de condiciones, una materia prima susceptible de tal perfección, por fructífero que pueda ser el proceso docente, no es posible transformar en iniciado a quien no quiere serlo, a quien no posee la voluntad decidida de ver claro, de hacer luz en su espíritu.

La construcción masónica requiere de una mezcla, de una argamasa con condiciones básicas de ricos materiales que, en el trabajo a fuerza de mazo y cincel, den forma al hombre iluminado.

La práctica de la selección de los profanos como candidatos para ingresar a la Masonería nos viene de lejano; los iniciados en los misterios de la antigüedad debían ya reunir excepcionales cualidades personales, entre las que se hallaban la constancia, el ejercicio de la observación, la discreción, honradez y conocimientos sistemáticos en determinadas materias y artes.

En esta sociedad en la cual vivimos, la gran industria, los grandes capitales requieren de un hombre masificado que consuma lo que los demás consumen, que vista lo que los demás visten, que piense lo que los demás piensan, que usen su tiempo libre en lo que la industria del ocio determina.

El consumismo es el signo de la sociedad presente, los shopping son las catedrales del hombre moderno, donde se compra no por necesidad, sino por notoriedad. La cuantificación caracteriza la vida actual. El hombre de hoy quiere “tener” más y no “ser” más.

Así se provoca el fenómeno de la enajenación, por el cual el sujeto se experimenta a sí mismo como ajeno; se observa como una mercadería que debe ser bien puesta en el mercado; su vida misma juzga conforme a las leyes de la oferta y la demanda, el éxito lo mide en términos comerciales de debe y haber; tanto es así que cuando fracasa comercialmente prefiere suicidarse.

De esta forma se da nacimiento al hombre masa, incapaz de vincularse a los demás mediante el amor, así se hace narcisista, incapaz de trascender mediante la creación, prefiere destruir para ser recordado; incapaz de obtener seguridad social a través de la fraternidad, prefiere hacerse miembro de cualquier secta o grupo que le otorgue seguridad; incapaz de lograr su identidad por medio de la individualidad, prefiere la conformidad, el slogan e incapaz de obtener una estructura ideológica que lo oriente mediante la racionalidad, prefiere la irracionalidad del dogma fácil.

En ese mundo, se hace difícil encontrar al hombre selecto; por ello la Masonería es de selección; sólo quienes son capaces de escapar de esa masificación pueden con derecho golpear las puertas del templo.

No deseamos curiosos o mal intencionados, infieles que no pueden comprenderla, desocupados de oficio que sólo pueden medrar haciendo reír, ya que no pueden hacerse agradecer una enseñanza seria o un acto fecundo.

No debo disimular aquí uno de los cargos que se hacen a la Orden en el mundo profano; se dice que la Masonería es una institución en la cual el que ingresa pronto asciende en los cargos civiles o en los escalafones institucionales, merced a la ayuda que le prestarían sus cofrades, sin más consideración que el de la hermandad, desconociendo las capacidades y atropellando los méritos de quienes no son masones.

Cuantos llegaron con esta creencia a decorar las columna de un templo, pronto se han ido decepcionados al comprobar que los beneficios son sólo espirituales y de orden ético y que, en el orden material, hay que dar más que lo que se recibe.

Demuestra también, aunque sea penoso decirlo, que los patrocinantes y auspiciadotes de tales profanos considerados indignos de pertenecer a la Institución, actuaron erróneamente porque, en el fondo, no poseen los conocimientos de todo masón, o no tuvieron el necesario interés para adentrarse en el sereno examen de nuestros Ritos y aún acaso, no dan a los símbolos toda la trascendencia e importancia que entrañan en la vida real.

Ya podrán notar que no se trata de adeptos, simpatías personales o conveniencias particulares, sino de calidad y eficiencia para la gran obra, el hombre. La Masonería centra su interés en él y mediante el conocimiento pretende por una parte, hacer de cada masón, un elemento útil y eficaz, preparado para el cumplimiento de una elevada, constante y renovada actividad, encaminada a la conquista del bien colectivo, al mejoramiento y elevación de las formas de vida de la sociedad humana para que en ella imperen la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Christian Gadea Saguier
© Blog Los Arquitectos

¿Cuándo un hombre es un Masón?

Conocí a Joseph Fort Newton, autor de esta nota durante mis primeros pasos como masón. Su libro "Los Arquitectos" fue una pieza clave para mi construcción personal y constituyó un elemento primordial para conocer las herramientas que se necesitan para "ser un arquitecto".

La nota que les presento en esta oportunidad, justamente habla sobre los momentos, circunstancias y modos en que un ser humano se transforma en un ser iluminado, en un constructor de la sociedad, en resumen, en un masón.

¿Cuándo un hombre es un Masón?
Cuando puede examinar con cuidado los ríos, las colinas y el lejano horizonte con un sentimiento profundo de su propia pequeñez en el vasto esquema de las cosas y aún tener fe, esperanza y coraje, los cuales son las raíces de toda virtud.

Cuando conoce que en el fondo de su corazón cada hombre es tan noble, tan vil, tan divino, tan diabólico y tan solitario como él mismo y busca conocer, perdonar y amar a su compañero.

Cuando sabe como simpatizar con un hombre en sus tristezas y aun en sus pecados, conociendo que cada hombre pelea una dura batalla contra muchas desventajas.

Cuando ha aprendido cómo hacer amigos y mantenerlos y sobre todo, cómo ser amigo consigo mismo.

Cuando ama las flores, puede perseguir aves sin un arma y siente el escalofrío de una antigua diversión olvidada, cuando escucha la risa de un pequeño niño.

Cuando puede ser feliz y orgulloso en medio de las infelicidades de la vida.

Cuando los árboles coronados de estrellas y el reflejo de la luz del sol sobre las corrientes de agua lo seducen como la idea de una muy amada y anhelada muerte.

Cuando ninguna voz de sufrimiento llega a sus oídos en vano y ninguna mano busca su ayuda sin respuesta.

Cuando puede mirar un charco al lado del camino y ver algo más allá del barro y a la cara del más miserable mortal y ver más allá del pecado.

Cuando ha mantenido la fe consigo mismo, en su mano una espada contra la maldad, en su corazón un pedazo de canción; felíz por vivir, pero no temeroso de morir.

Este hombre ha encontrado el único secreto de la masonería y el único que debe tratar de dar a todo el mundo.

Christian Gadea Saguier
© Blog Los Arquitectos

El modelo de hombre al cual aspira la masonería

En varias oportunidades, y sobre todo al publicar este blog, me han llegado muchos mail pidiéndome información sobre cómo uno/a puede convertirse en masón. Pensando en aquellas personas y recordando a mis hermanos nuestro compromiso como humanos, les presento este modelo de ser humano al cual aspira la masonería. El modelo está implícito en diversos documentos doctrinarios de carácter universal y que podríamos resumir así.

La orden aspira a conseguir alguien capaz de no reconocer jerarquías sociales ni de fortuna; honrado, libre de preocupaciones y dispuesto a trabajar por el bien de la humanidad, fiel a la obligaciones que contrae voluntariamente, dedicado al cultivo de la virtud y a la adquisición de la verdad, apto par elegir los elementos útiles de ambiente en que se desenvuelve, purificado por el esfuerzo, por medio del estudio de la ciencia, por el ejercicio de la justicia y por la actividad del trabajo.

El masón integro ha de ser un luchador a favor de la verdad y contra la mentira, de la sinceridad contra la hipocresía, de la libertad y la tolerancia, contra la tiranía y el fanatismo. En el orden filosófico debe tener una libertad de conciencia acerca del origen del universo, así como debe conocer las distintas tendencias que se disputan el mundo de los creyentes en los sistemas religiosos, políticos y filosóficos.

Se desea al hombre con doctrina, con valor para sobreponerse al desfallecimiento y desarrollar las fuerzas necesarias para suprimir, en lo posible, los males que engendran los mezquinos impulsos del egoísmo y las malas instituciones políticas y sociales. Se aspira a un luchador digno y amante del derecho, a favor de la virtud y de la inocencia ultrajadas, y en apoyo de los ofendidos por la mentira, la calumnia o la injusticia, que no retrocede ante ningún peligro cuando cumple con los dictados de su conciencia ilustrada; que permanezca puro y limpio de toda iniquidad y dedicado sólo a obras meritorias y especialmente, de inteligencia purificada de prejuicios por medio del estudio. Así, por la perseverancia en la adquisición de la virtud allanará los tropiezos.

Con amor al prójimo, incapaz de hacer a otro lo que no quisiera que hicieran con él; arrastrando con ánimo esforzado toda clase de peligros en defensa de la verdad y la justicia. En otras palabras, que no convierta su vida en fuente de pasatiempos, sino de austeros sacrificios; sin contemplar pasivamente el bien sino constituido en activo combatiente contra el mal y el error.
El hombre en quien la educación masónica logra su fin, es aquel que hace la caridad, entendida no como la limosna vergonzante y ostentosa, sino como convicción ilustrada y la voluntad decidida de contribuir a que los hombres vean claro y cumplan con su destino, suministrando a los demás los medios que les faltan para que, a su vez sean útiles a sus semejantes. Sin olvidar que nunca las viudas o los huérfanos deben llamar vanamente a sus puertas; o de darle un consejo al ignorante o al que va descaminado.

Busca la Orden, a quien propague la tolerancia, para evitar horrores y lágrimas. En fin, alguien capaz de socorrer a sus hermanos aunque sea vertiendo su propia sangre, que ponga en sus acciones el sello del honor y la virtud; que huya del vicio y siga la senda de los hombres que han esclarecido, con sus méritos y servicios a la humanidad.

Todo este programa se resume en la aspiración de la Augusta Orden, de formar un hombre de inteligencia esclarecida, de sentimientos ennoblecidos y de voluntad intrépida.

Christian Gadea Saguier
© Blog Los Arquitectos

Los masones del siglo XVIII y la transformación del mundo

La Masonería moderna, nacida en el siglo XVIII, es una institución sensiblemente diferente de la Masonería antigua, en donde el arte de construcción se transforma del artesanato expresado en la arquitectura, a la sociología de formación del hombre, separándose de todas las prácticas manuales que habían hecho la gloria de sus cofradías. Con la entrada masiva de aristócratas, humanistas y racionalistas, la Orden masónica cambia de rostro y desde 1620, los antiguos masones operativos se vuelven minoritarios en relación a los intelectuales. Poco a poco, la antigua cofradía operativa se vuelve una sociedad de pensamiento. Sin embargo en este periodo el secreto, la fraternidad y la tolerancia son todavía rastros sobresalientes de las logias que empiezan a profundizar la práctica de las ciencias herméticas y el estudio de la creación de un mundo más humano y natural que dará nacimiento al iluminismo.

El mundo entero admite hoy que la propagación de los principios masónicos durante el siglo XVIII preparó una profunda transformación en todo el mundo, constituyendo las bases sobre las cuales se liberaron los pueblos del mundo y se instala la democracia. Estos principios de fraternidad obrando en la construcción del bien humano, con el objeto que cada uno de sus miembros se vuelvan los constructores del edificio social, dio lugar a un vasto movimiento cultural extendido por toda Europa con el nombre de Ilustración.

Según muchos historiadores, los límites de la Ilustración alcanzan la mayor parte del siglo XVII, aunque otros prefieren llamar a esta época la era de la Razón. Ambos periodos se encuentran en cualquier caso unidos y emparentados, e incluso es igualmente aceptable hablar de ambos periodos como de uno sólo.

Precedentes de la Ilustración
A lo largo del siglo XVI y XVII, Europa se encontraba envuelta en guerras de religión. Cuando la situación política se estabilizó tras la Paz de Westfalia y el final de la guerra civil en Inglaterra, existía un ambiente de agitación que tendía a centrar las nociones de fe y misticismo en las revelaciones individuales como la fuente principal de conocimiento y sabiduría. En lugar de esto, la era de la Razón trató entonces de establecer una filosofía basada en axiomas, como base para el conocimiento y la estabilidad.

Este objetivo, alcanzó su madurez con la ética de Baruch Spinoza, que exponía una visión panteística del universo donde Dios y la Naturaleza eran uno, expresada magníficamente en su ensayo Ética demostrada según el orden geométrico (1677). Esta idea se convirtió en el fundamento para la Ilustración, desde Newton hasta Jefferson.

La Ilustración estaba influenciada en muchos sentidos por las ideas de Pascal, Leibniz, Galileo y otros filósofos del periodo anterior. El pensamiento europeo atravesaba por una ola de cambios, ejemplificados por la filosofía natural de sir Isaac Newton, un genio matemático y físico brillante. Las ideas de Newton, que combinaba su habilidad de fusionar las pruebas axiomáticas con las observaciones físicas en sistemas coherentes de predicciones verificables, proporcionaron el sentido de la mayor parte de lo que sobrevendría en el siglo posterior, tras la publicación de sus Philosophiae Naturalis Principia Mathematica.

Pero Newton no estaba solo en su revolución sistemática pensadora, sino que era simplemente el más famoso y visible de sus ejemplos. Las ideas de leyes uniformes para los fenómenos naturales se reflejaron en una mayor sistematización en una variedad de estudios. Si el periodo anterior fue la era del razonamiento sobre los principios básicos, la Ilustración se dedicó a buscar en la mente de Dios, mediante el estudio de la creación y por la deducción de las verdades básicas del mundo. Esta visión de algún modo puede haber llegado hasta nuestros días, en la que creencia de los individuos en las verdades es más provisional, pero en aquel momento, la verdad era una noción poderosa, que contenía las nociones básicas sobre la fuente de la legitimidad de las cosas.

Estos precedentes de la Ilustración en Inglaterra a fines del siglo XVII, fuerzan el movimiento iluminista que se considera francés. Desde Francia, donde madura, se extiende por toda Europa y América y renovó especialmente las ciencias, la filosofía y la Política; sus aportaciones han sido más discutidas en el terreno de las artes y la literatura.

La Luz que iluminó al mundo
Este movimiento constituyó el nuevo sistema filosófico masónico que propone ilustrar, con la luz de la humana razón, la realidad toda, combatiendo los errores y prejuicios que se atribuían en la Edad Media.

Los líderes intelectuales de este movimiento se consideraban a sí mismos como la élite de la sociedad, cuyo principal propósito era liderar al mundo hacia el progreso, sacándolo del largo periodo de tradiciones, superstición, irracionalidad y tiranía (periodo que ellos creían iniciado durante la llamada "Edad Oscura"). Este movimiento trajo consigo el marco intelectual en el que se producirían las revoluciones americana y francesa, así como el auge del capitalismo y el nacimiento del socialismo.

Christian Gadea Saguier
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El proceso histórico de la masonería en Chile

Conocí al autor de este artículo durante el I Simposio Internacional de la Masonería en América. Es un prestigioso historiador, profesor y directivo de la Universidad La República en Chile. Durante los tres días de mayo de 2005 que duró el encuentro en Santiago (Chile), intercambiamos interesantes nociones sobre la influencia de la Masonería en esta parte de América. En esta oportunidad, les presento la perspectiva masónica en la República chilena, de manos del querido Alfredo Lastra.

La historia de la Masonería en Chile está íntimamenterelacionada con el proceso de la Independencia; se trata de una relación lógica, puesto que las ideas emancipadoras de los patriotas americanos comenzaron a germinar en su contacto con las logias masónicas inglesas a comienzos del siglo XIX.

La Masonería no es una secta, una religión o un partido político, sino una organización de hombres libres que tienen por divisa la libertad, la igualdad, la fraternidad, la solidaridad, que privilegia la tolerancia entre sus miembros y en la sociedad. Por lo tanto, no es una institución dogmática y, como consecuencia de ello, el fanatismo le es ajeno. Propicia la justicia social y la dignidad de las personas. Educa a sus miembros en esos postulados, los cuales influyen individualmente y no como cuerpo en la sociedad con las herramientas dadas por la Orden, que respeta las opciones de cada uno de sus miembros.

Antes de la constitución formal de la Gran Logia de Chile ya había masones y logias en Chile. El primer Presidente de la República, Manuel Blanco Encalada, fue uno de ellos. Fundó en Santiago, en 1827, la primera logia de la cual se tiene conocimiento, la "Logia Filantropía Chilena", de corta existencia.

Futuros masones regulares echaron las bases de la actividad intelectual y cultural del Chile decimonónico. José Victorino Lastarria fundó la "Sociedad Literaria", Ventura Blanco Encalada, la Facultad de Filosofía y Humanidades. Francisco Bilbao, con su artículo Sociabilidad Chilena, publicado en El Crepúsculo el 1 de junio de 1844, planteó por primera vez la necesidad de reformar la educación y romper con el pasado conservador español aún presente en la sociedad chilena. Asimismo, reivindicó a la mujer al denunciar su condición dependiente en el matrimonio según las normasimpuestas por la religión única del estado (según la Constitución de 1833, la religión oficial era la católica, apostólica, con exclusión del ejercicio público de cualquier otra). Por ese artículo, Bilbao fue procesado por sedicioso, excomulgado y acusado de blasfemo, viéndose obligado a emigrar de Chile. Volvió al país en 1850, y junto a Santiago Arcos fundó la "Sociedad de la Igualdad", institución que hizo suyas las divisas de libertad, igualdad y fraternidad.

En Valparaíso funcionaron dos logias constituidas por extranjeros residentes: la "Bethesda" por anglosajones y la "Etoile du Pacifique" por franceses. Allí también se constituyó, el 27 de julio de 1853, la logia "Unión Fraternal" que será la fundadora de la Masonería en Chile regularmente constituida. En 1862, las logias existentes constituyeron la Gran Logia de Chile, como único poder regulador de la Masonería Simbólica en el territorio.

A partir de entonces se constituyeron logias masónicas a través de toda la geografía nacional siendo un elemento característico de la idiosincrasia chilena, de su vida social, cultural, política, en la educación y la ciencia, en todas las manifestaciones de la vida diaria.

Los masones forman parte del alma de Chile y se han destacado en todas las actividades ciudadanas. No es extraño por lo tanto encontrar entre sus miembros a muchas de las más importantes personalidades que han marcado rumbos en la República.

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© Alfredo Lastra

La fundación de la masonería en el Río de la Plata*

Dicen que la masonería apareció en el Río de la Plata allá por 1735, claro está sin una estructura orgánica, cuando recién comenzaba a organizarse en Europa en la figura de las nuevas Grandes Logias independientes en cada país. Así fue que, un comerciante portugués mientras viajaba entre Portugal, América del Norte, Brasil y Argentina, mencionaba a sus amigos y relaciones la aparición de esta nueva organización, que abogaba por la difusión de la libertad.

En pleno Virreinato, allá por 1795 funcionaba en Buenos Aires la Logia "Independencia", primera semilla que difundía los ideales pregonados por el enciclopedismo y la ilustración. Las invasiones inglesas que llegaron a esas tierras en los albores del siglo XIX (1806 y 1807) trajeron la fuerza del trabajo ordenado y disciplinado de las Logias inglesas, que esparcieron entre un selecto núcleo de criollos las ideas y los principios de la masonería.

En las décadas siguientes, luchando por nuestra independencia, aparecen en todo nuestro territorio muchas logias masónicas, de distintos orígenes de lo que hoy llamamos regularidad, pero todas luchando por la difusión de nuestros ideales. Todos sus miembros ayudaron a otros masones en su crecimiento y en su defensa de la libertad.

Cuando, la dictadura rosista comenzó a asolar las tierras bonaerenses y prohibió la existencia de logias, los más granados representantes de la cultura buscaron refugio para su vida y digno es destacar que la mayoría lo hizo en Montevideo, donde la generación del 37' trabajó junto a los orientales por la recuperación de sus libertades. En el territorio que después fue la Argentina, florecieron muchas Logias, sobre todo en provincias, como la "Constante Unión" en Corrientes, la "Jorge Washington" en Concepción del Uruguay o la "San Juan de la Fe" en Paraná, de la misma forma que "Tolerancia"; después Logia Madre de la Masonería Uruguaya, y "Asilo de la Virtud", se establecieron en Montevideo seguidas de la "Constante Amistad".

Montevideo fue en esos años el centro del movimiento cultural, permitiendo que argentinos como los hermanos Varela, Juan Bautista Alberdi, Esteban Echeverría, Juan María Gutiérrez, Vicente Fidel López, Bartolomé Mitrre, Miguel Cané y tantos otros que aquí se exiliaron, dieran vida a brillantes páginas de la literatura rioplatense y al movimiento antirrosista.

Mientras Rosas afirmaba por la fuerza su dominio, y mantenía sitiada a Montevideo, fue finalmente el masón entrerriano Justo José de Urquiza quien organizó la reconquista y liberación de estas tierras para los orientales. En Octubre de 1851 los masones Gral. Lucas Moreno, en representación del Gral. Manuel Oribe y el Gral. Justo José de Urquiza firman la Paz de Quiebrayuyos, destacándose que el art. 8º disponía "Que no habrá vencidos ni vencedores" como típico acuerdo masónico. Logrado su objetivo, fueron los criollos orientales quienes le aportaron a Urquiza, su caballería y sus fuerzas para retornar a Buenos Aires y derrotar finalmente en Caseros a Rosas.

Inmediatamente resurgieron logias y llegó el momento de organizarlas creando las estructuras administrativas que en aquella época eran las Grandes Logias y Supremos Consejos, en una sola estructura. ¿Cómo llegamos a ellas?

En la República Oriental del Uruguay en esa década del 50' son organizadas o reorganizadas la "Asilo de la Virtud", la "Constante Amistad", la "Perseverancia", la "Cristóbal Colón", la "Fe" y otras. El 21 de Noviembre de 1854 se funda, en instancia, el "Supremo Consejo y Gran Oriente de Montevideo", que tenía bajo su jurisdicción siete Logias en el Uruguay y dos en territorio argentino, por lo que solicita su reconocimiento al "Gran Oriente de Brasil". El 24 de junio de 1855 se funda, en instancia, el "Gran Oriente del Uruguay" creándose el 3 de julio de 1856 el "Supremo Consejo Gran Oriente del Uruguay" que el 17 de julio de 1856 recibe la Carta Patente que le otorga el "Supremo Consejo del Brasil" reconociéndolo como Potencia Masónica regular en su territorio geográfico.

En Buenos Aires se establecen entre 1855 y 1857 las hoy consideradas siete primeras, constitutivas de la hoy Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones. Son ellas la "Unión del Plata", la "Confraternidad Argentina", la "Consuelo del Infortunio", la "Tolerancia", la "Regeneración", la "Lealtad" y la "Constancia". En Noviembre de 1855 la primera, "Unión del Plata" es constituida en instancia, bajo la Veneratura del Dr. Miguel Valencia, quien ostentaba el Grado 33 otorgado tiempo antes por un Supremo Consejo de Brasil. De inmediato solicita el auspicio del "Gran Oriente del Uruguay" recibiéndose la respuesta afirmativa de su entonces Venerable Gran Maestro, el Dr. Gabriel Pérez. Sobre esta base, el 9 de marzo de 1856, se firma el acta fundacional de esta Logia y se eligen sus primeras autoridades, siempre bajo la ratificada Veneratura del Dr. Miguel Valencia, que solicita al "Gran Oriente del Uruguay" la entrega de su Carta Patente. Valencia era federalista, y a principios de 1857 se apresura a constituir el "Gran Oriente de la Confederación Argentina", mientras espera recibir la citada carta patente.

Pero subsistían rivalidades entre porteños y provincianos, unitarios y federales. Valencia se apoyaba en el masón Urquiza, Presidente de la Confederación. Aquí aparece la figura del Dr. José Roque Pérez, porteño, que desconoce la autoridad y la labor de Valencia, y en pocos meses logra que varias Logias de Buenos Aires que inicialmente apoyaron a Valencia, más otras nuevas, o sea todas las citadas y regulares que en el ínterin recibieron las cartas patentes uruguayas, fundaran el 11 de Diciembre de 1857 la "Gran Logia Central de la Argentina" con el Dr. José Roque Pérez como su Gran Maestre.

El 22 de abril de 1858, o sea cuatro meses después, se constituye el "Supremo Consejo y Gran Oriente de la República Argentina", designándose como primer Soberano Gran Comendador al citado Dr. José Roque Pérez. Solicitado su reconocimiento, el 23 de julio de 1858 el "Supremo Consejo y Gran Oriente de Uruguay" dispuso otorgarle las Patentes Constitucionales y "reconocerlo como regularmente fundado e independiente y conferirle las instrucciones de los 33 grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para que los goce y haga disfrutar de ellos a todos los Masones que juzgare dignos,….". Años después pasó lo mismo con el Supremo Consejo de Paraguay, y desde entonces argentinos y paraguayos se sienten honrados reconociéndose todos como miembros de esta maravillosa institución universal, defensora de la libertad, de los derechos del hombre, de la naturaleza y de la vida.

Desde entonces luchamos juntos y nos apoyamos mutuamente en todas nuestras necesidades y vicisitudes.

Christian Gadea Saguier
© Blog Los Arquitectos

*edición del trabajo presentado por Sergio H. Nunes, Gran Maestro de la Masonería argentina, en conmemoración del aniversario de la masonería uruguaya

Temas de la renovación masónica para el siglo XXI

Por su propia naturaleza, la masonería siempre se ha adaptado a las circunstancias del momento y del lugar donde opera. Aunque así se pretenda ver por algunos mal informados, la masonería no se ha quedado estancada en 1717, y muestra de ello es la revolución industrial, las guerras de independencia de nuestros países, las revoluciones del siglo XX y la gran cantidad de corrientes, organizaciones, avances científicos, tecnológicos, democráticos, culturales generados por muchos de nuestros miembros.

La Masonería, al igual que otras muchas entidades y colectivos humanos transcendentes, necesita redefinir sus objetivos y a través de estos sus metas. Y ello, sin hacer violencia a su esencia fundamental. Visión del escenario, audacia y tenacidad son virtudes necesarias e indispensable en el proyecto que pilote el alumbramiento de la Masonería en el siglo XXI, como motor de progreso y perfeccionamiento humano.

Cuando se habla de la necesidad de que tipo de Masonería es la apropiada en los albores del siglo XXI, no sé esta cuestionando la esencia inalterable e invariable, el corpus básico de común coincidencia establecido en Anderson y en los Landmarks, sino se interroga sobre que Masonería es la que debe afrontar los retos de hoy en una crisis de carácter universal que difícilmente nadie podría negar. Una crisis que por otra parte no es potestad exclusiva de nuestra época o de nuestra generación por cuanto la fisonomía de la humanidad es heredera en si misma de las sucesivas crisis que la convulsionaron con características peculiares de cada momento.

En tal sentido, hay un común acuerdo en la necesidad de un nuevo acoplamiento a nuestros principios, fines y organización, a las nuevas necesidades y requerimientos de nuestras sociedades para el presente siglo. EL asunto esta en el qué y en el cómo. Para encontrar estas preguntas, presento el pensamiento del hermano José Ramón González.

“¿Cuáles son las fronteras y relaciones entre lo sagrado y lo profano en este momento que nos ha tocado vivir; qué papel juega la mujer en la orden; los grupos mixtos; qué significa regularidad; qué significa independencia de la masonería simbólica de los ritos; qué papel juega la Internet en la organización, en el trabajo masónico y cómo retroalimenta los trabajos en logia; cómo abandonar los prejuicios de nacionalidad, clase social, pertenencia a una logia obediencia o rito en particular, para construir una visión realmente universal de la orden?”.

Estas y otras cosas deberían construir la temática y el fondo de nuestras reflexiones sobre el presente y el futuro de la orden, y así de seguro estaríamos avanzando en su concreción, de lo contrario caeríamos en convertirnos en una simple organización social que se reúnen en torno a un banquete o para practicar algún deporte. Recuerde la masonería está para construir el mundo.

Christian Gadea Saguier
© Blog Los Arquitectos